EXPEDIENTE POLÍTICO
JOSÉ CONTRERAS
Si de por sí ya era cuestionable que una minoría en el Congreso recurriera a una acción de fuerza para tratar de impedir el trabajo legislativo y que la mayoría tomara decisiones, ahora es más cuestionable que la minoría de esa minoría haya logrado alargar el conflicto.
De los tres partidos que forman el FAP en el Senado, el PRD tiene una aplastante mayoría con 26 senadores, mientras que el PT y Convergencia poseen cinco cada uno de ellos.
En realidad el PT sólo tiene dos senadores, pero la bancada del PRD, le “prestó” a los petistas tres senadores para que este partido pudiera formar un grupo parlamentario y así tuviera acceso a las prerrogativas.
Aún así, el PT, con esos dos únicos senadores propios y los tres perredistas “prestados”, impidió que el FAP liberara la tribuna el jueves como lo tenía contemplado.
Esa minoría de la minoría, a la que luego se unió la bancada de Convergencia —minoría también— decidió seguir en la línea de obedecer a ciegas los mandatos del ex candidato presidencial, Andrés Manuel López Obrador, quien exige que se mantengan tomadas las tribunas.
En la bancada del PRD ya se había tomado la decisión de dar por concluidas las acciones de resistencia civil en el transcurso del jueves, para dar fin al mismo tiempo al gran desgaste mediático y político a que se han sometido los legisladores en los 16 días de conflicto.
Los senadores más ligados a López Obrador, incluso quienes se vieron directamente involucrados en la organización de la toma de la tribuna, daban por hecho el jueves por la mañana que era “cuestión de horas” el desalojo de la tribuna.
René Arce, senador integrante de Nueva Izquierda que no estuvo de acuerdo con la toma de la tribuna, aseguró que si el FAP como tal no acordaba liberar la tribuna, al menos 17 senadores lo harían a título personal.
Pero los coordinadores del PT y de Convergencia, Alejandro González Yáñez, y Dante Delgado Ranauro, respectivamente, pidieron hacer “más consultas” y al final de ese jueves, el petista salió a decir a los medios que la tribuna no sería liberada ese día.
El pretexto de González Yáñez para no liberar la tribuna fue que el acuerdo para la realización del debate nacional sobre la reforma petrolera no se había firmado y que éste aún no había sido ratificado por la Junta de Coordinación Política.
Sería redundante escribir nuevamente con quién hicieron sus “consultas” los coordinadores del PT y de Convergencia, pero lo cierto es que ambas bancadas lograron frenar la intención de los perredistas de desalojar la tribuna.
El coordinador de la fracción abrumadoramente mayoritaria del FAP, el perredista Carlos Navarrete, nuevamente quedó atrapado entre las posturas radicales de las minorías y tuvo que hacer él mismo el anuncio de que las cosas seguirían igual en el Congreso.
En pláticas informales con los coordinadores del PRI y del PAN, los dirigentes del FAP aumentaron —por enésima vez— sus exigencias y ahora pidieron sumar otros cuatro temas al debate sobre la reforma petrolera: renta petrolera, corrupción, tratados internacionales y excedentes petroleros.
Puede ser válido que el FAP pida incluir nuevos temas en el debate, pero en realidad, y ellos lo saben, se trataba de una estrategia para alargar lo más que se pueda la crisis.
Es el comportamiento que ha mostrado el FAP a lo largo de estas dos semanas. Primero pidieron debate nacional; el PRI propuso uno de 50 días y no lo aceptaron. Luego la oferta se extendió a 70 días. El PRD firmó el acuerdo de la Comisión de Energía pero los otros dos partidos fapistas exigieron referéndum.
Al final pidieron la inclusión de cuatro temas adicionales a los que ya forman parte del esquema para el debate y finalmente aceptaron entregar la tribuna porque no aguantaron la presión.
En los últimos días de la crisis, la bancada del PRD en el Senado y especialmente su coordinador, Carlos Navarrete, se mantuvo como rehén del PT y de Convergencia, partidos que le apuestan más —y es entendible— al liderazgo de López Obrador que al cobijo de los perredistas.
Lo que no se entiende es qué obtuvo el PRD y en especial el coordinador de sus senadores con mantener esa sumisión, bastante documentada en los últimos días, hacia el ex candidato presidencial.
OFF THE RECORD
Al correo de Expediente Político llegó un mensaje de Max Mendizábal, militante del PRD quien asegura que sus denuncias sobre corrupción en este partido han sido ignoradas por Cuauhtémoc Cárdenas, Rosario Robles, López Obrador y Marcelo Ebrard, a quienes llama “dioses inalcanzables”.
Max sostiene que los gobiernos del PRD en el DF han favorecido la corrupción al otorgar contratos a la iniciativa privada para la distribución de gas, en especial a la empresa Gas Natural México, S.A. de C.V.
¿Y ahora se dicen defensores del petróleo y de la soberanía? Se pregunta Max Mendizábal.