CULTURA Y OTROS CHUCHOS
EL RATON B.
Cuando la vejez llega, siempre pensamos con pesar, porque evocamos a los ancianos solos, enfermos, y la mayor de las veces pobre, en un asilo de ancianos, en sillas de ruedas, sin poder atenderse por sí mismos, etc., pero no siempre es así, veamos porqué.
Cuando los adultos entran en una etapa final de la vida, según Erickson, su tarea consiste en contemplar su vida en conjunto y con coherencia, y necesitan aceptar su propia vida tal y como la han vivido y entender que la hicieron lo mejor que pudieron según sus circunstancias.
Si logran hacer esto, habrán desarrollado la integridad del ego, que sólo puede obtenerse después de haber luchado contra la desesperación, si no lo logran, entonces temen a la muerte, y aunque digan que ya vivieron y que no les queda nada por hacer, se continúa anhelando volver a vivir la vida.
Cuando el adulto mayor posee integridad del ego, la persona tiene la fuerza de su edad, que es la sabiduría, y con la sabiduría sabe aceptar sus limitaciones, y eso le hará saber cuando aceptar los cambios, o cuando oponerse al mismo, así como cuando sentarse en silencio y cuando luchar por algo más.
El paso a la tercera edad (considerada de los 65 a los 100 años de edad), no pone fin a la productividad de una persona, a medida de que la categoría de las personas mayores aumenta, éstas permanecerán implicada en los asuntos del mundo durante más tiempo.
En la etapa de reflexión de su vida, las personas de edad avanzada enfrentan una necesidad de aceptar su vida con el fin de aceptar su muerte próxima, luchan por lograr un sentido de integridad, coherencia y totalidad de la vida, en lugar de la desesperación que genera la incapacidad de volver a vivirla de manera diferente.
Las personas que aceptan su vida, ganan un sentido más amplio del orden y del significado de sus vidas dentro de un ordenamiento social más grande, la virtud que se desarrolla en esta etapa es la sabiduría, “un despreocupado e informado interés por la vida de cara a la muerte en sí misma”.
Esto incluye aceptar lo vivido, sin arrepentimientos importantes sobre lo que pudo haber sido diferente, implica aceptar a sus padres como las personas que hicieron lo mejor que se podía y por tanto merecen amor, aunque no fueran perfectos, y viene la otra etapa, la de ser abuelos.
La edad adulta mayor según Erickson, es también una época para jugar, para rescatar esa cualidad infantil esencial para la creatividad. El tiempo de procreación ha pasado, pero la creación puede tener lugar todavía, aún cuando las funciones del cuerpo se debilitan y la energía disminuye, se puede disfrutar de experiencias enriquecidas corporal y mentalmente.
Ahora bien, algunos cambios en las condiciones actuales de vida han limitado la función de los abuelos dentro de la familia, pero aún con todo eso, Bryce J. Christensen en su estudio publicado en “The Family in América”, explica el papel tan importante que tienen los abuelos en la vida de los niños.
Gracias al aumento de la longevidad, actualmente hay más personas que nunca con posibilidad de ser abuelos, y de serlo por más tiempo, a principios de siglo, sólo había 14 abuelos por cada 100 padres, en la actualidad hay 48 por cada 100, sin embargo, muchas veces se desaprovecha su valiosa contribución a la vida familiar.
Los abuelos ocupan un lugar destacado en la vida de los niños, ya que para un niño, en la jerarquía del afecto, sólo el de los padres está por encima del de los abuelos. Los abuelos son como “libros vivientes y archivos de la familia”, transmiten experiencia a sus nietos y les inculcan valores.
Esta función es primordial, especialmente en la actualidad, ya que los abuelos al pertenecer a una generación en la que había menos divorcios y más familias numerosas, están en condiciones de ayudar a los padres y a los nietos a comprender principios hoy olvidados con tanta frecuencia, pero que son esenciales para una buena vida familiar.
Decía alguna vez un periodista, “se aprende más de diez abuelos que de diez expertos en temas familiares”, esto es claro, porque muchas veces los “expertos”, son personas estudiadas en un tema, pero que no han vivido muchas situaciones que toman como hipotéticas, y sólo se guían por lo que dicen los libros sin una vivencia real.
En particular, los abuelos pueden ser excelentes transmisores de la herencia religiosa. Para los niños, los abuelos son símbolos vivientes de la tradición y de la trascendencia, sus historias familiares despiertan la curiosidad y la admiración de sus nietos, y aún de sus hijos que a su vez son padres.
También los abuelos son como el tesoro de la familia, porque la mayor parte de las veces, nos maravillamos con lo que guardan, tienen cosas de cuando sus hijos eran niños, fotografías de la familia, objetos personales de cuando eran jóvenes, cartas de cuando andaban de novios, etc., esto es maravilloso cuando los dan a conocer a la familia.
Quien no a estado en una reunión familiar en que los abuelos son rodeados por sus nietos y les platican sus “pato aventuras” de cómo llegaron a la ciudad cuando no había nada y ellos fueron los pioneros, cuando pasaba el tranvía, de aquellos trajes de pachuco que usaba Tin tan en las películas, de cuando iban a los salones de baile a divertirse el sábado en la noche.
En fin, como dice la canción de Cri Cri, dime abuelita porqué eres viejita, porqué sobre la cama ya no te gusta brincar, y el gato, que siempre está junto al fuego igual que tú, porqué son tus cabellos como la espuma del mar, o aquella de toma el llavero abuelita y enséñame tu ropero, aunque no prometamos estarnos quietos y no tocar lo que saques tú.
La vejez, no hay porqué verla con tristeza, ni con melancolía, hay que aceptarla como lo que es, la edad de sabiduría y comprensión del porqué de la vida del ser humano, y hay que tratarla como el oro que es, la edad de oro de las personas.
Comentarios y sugerencias joel630121@yahoo.com.mx