CULTURA Y OTROS CHUCHOS
EL RATÓN B.
(Parte II de III)
elratonb@yahoo.com.mx
Entendemos como violencia la presión psíquica o abuso de la fuerza ejercida por el sujeto activo sobre el objeto pasivo con el propósito de obtener fines contra la voluntad del sujeto pasivo. Continuamos con nuestra columna sobre los amores que matan, porqué no podemos dejarlos o porqué los aceptamos.
Los llamados “Crímenes pasionales”, constituyen una expresión viva de la violencia doméstica, generalmente hacia las mujeres, que en la definición anterior serían el objeto pasivo, y donde también generalmente el sujeto activo es la pareja sentimental, que la mayor parte de las veces tiene motivos de discriminación sexual, es decir es violencia machista.
Pero lejos de considerarse un problema social, se considera un problema psicológico o psiquiátrico de algunas personas, sobre todo las que permiten su maltrato, según las organizaciones de protección a la mujer, cada 72 horas una mujer en el mundo es asesinada por un hombre, cifra que nos tiene que dar algunas señales de que algo está pasando.
La Directora de Investigación Epidemiológica y Psicosocial del Instituto Nacional de Psiquiatría, Guillermina Natera Rey, en la revista Quo dice las personas codependientes no sufren trastorno mental, más bien se le debe llamar relaciones interpersonales conflictivas con violencia, por lo tanto no se deben atender en este nosocomio las personas que sufren de maltrato.
Más bien, lo que si se considera una Patología es la violencia por la violencia, no como resultado de una relación interpersonal, dice: “si las relaciones conflictivas se patologizan, se sacan de su contexto social, y la lucha debe ser desde la sociología. Si se ve desde la Psicología o la Psiquiatría, no debe quitársele el contexto social”. Luego la sociología las manda a la Psicología porque es un trastorno mental el que alguien se deje maltratar, el problema es que nadie quiere tomar el problema en sus manos.
Existen algunas personas inmersas en este tipo de amores que matan justificándolo de la siguiente manera, “la adicción que tenemos es a la adrenalina que nos hacen sentir las relaciones destructivas, los subidones y los bajones de las peleas y las reconciliaciones, somos adictos a las sensaciones que eso genera”
Algunos miembros del grupo Codependientes Anónimas afirman que se trata de una enfermedad lenta, progresiva y mortal, porque si no se atiende, se vive en un constante caos del que uno quiere salir pero no puede; pero este padecimiento, por decirle de algún modo se caracteriza por la inevitable necesidad de unirse a un enfermo, y tiene consecuencias dolorosas por una equivocada forma de amar, o concepción de amar a alguien.
La asamblea General de las Naciones Unidas ha definido la violencia contra la mujer como todo acto de violencia basado en la pertenencia al sexo femenino que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico para la mujer, así como las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, tanto si se producen en la vida pública o en la vida privada.
El problema es cuando uno lo acepta, cuando uno lo acepta es terrible, pues es muy difícil intervenir, es necesaria una denuncia de por medio, y la mayor parte de veces el o la maltratada no lo hacen, muchas veces por temor, otras por una amor y lealtad mal entendidos, y algunos otros por tradición familiar, “tienes que aguantar a tu esposo”.
Un caso: Mujer de 30 años, se casa repentinamente con un hombre del norte del país de 40 años, la familia lo conoce el día de la boda, la mujer irradiaba simpatía, siempre andaba sonriendo y alegre, y definitivamente hablaba muy bien de su marido, hasta el día que la golpeó hasta desfigurarle la cara y tirarle algunos dientes.
La familia de ella se dio cuenta de que en esa relación había golpes, pero ella siempre las escondía y les hacía creer que todo estaba bien, el marido fue denunciado y huyó al norte, pero regresaba para amenazarla y amedrentarla, ella nunca dijo nada, y aclaraba que todo se iba a arreglar, que ellos no lo conocían pero que pasaba un mal momento.
Un día sonó el teléfono de su hermano, era otro hermano, “acaban de matar a nuestra hermana”, el esposo la siguió al salir de su casa, discutieron, subió de tono la discusión y él la atacó con un cuchillo de cocina hasta que se rompió el cuchillo… otra muerte para las estadísticas.
De acuerdo al INEGI, el 67% de las mujeres mayores de 14 años han sufrido violencia familiar, comunitaria, patrimonial, escolar, laboral y de pareja, las entidades con mayor índice son Jalisco, Colima y el Estado de México, la entidad con más número de mujeres solas es Querétaro; casi todas las mujeres que mueren por homicidio son asesinadas por sus parejas.
En los amores del mal, el sufrimiento y el maltrato son factores comunes, y los constantes son la violencia y la desesperación, y el abuso es permitido con tal de no ser abandonado por la pareja, esposo, hijos, padres, incluso el maltrato laboral es permitido con tal de no separarse del jefe, estos amores son una intoxicación para los que lo sufren.
Viene de nuevo a nuestra mente, porqué lo permitimos, la situación emocional del que recibe el maltrato puede ser: Pérdida de la autoestima; ambivalencia ante el sujeto activo (el que maltrata, puede ser hombre o mujer), porque siente miedo, agresividad, y cuando las cosas van bien siente amor; Ansiedad, porque siente la responsabilidad del fracaso familiar, y en la mayoría de los casos, hacerse cargo del mantenimiento de los hijos.
Presiones del medio, de la familia, de la sociedad, que muchas veces confunden a la víctima, mientras algunos la culpan, otros la instan a que abandone esa relación, por ejemplo, una víctima de maltrato le cuenta a sus amistades su problema, y le sugieren que abandone esa relación, pero la familia muchas veces le dice que se aguante, que tienen que resolver sus diferencias, y luego vienen los valores morales y religiosos, que si ya está casado, la iglesia dice que lo que unió Dios, no lo separe el hombre y por lo tanto no se puede separar.
También está la situación económica de que abandone esa relación, muchas veces cuando la mujer es ama de casa, no sabe que puede mantenerse sola, y aprovechando eso, el marido la maltrata, no sólo física, sino mentalmente, que es una de las más difíciles de sobreponer, porque menoscaba su autoestima y la persona maltratada se lo cree.
Y por otro lado, están las leyes, que realmente no tiene apoyo jurídicos para proteger al maltratado, y la mayor parte del tiempo se la pasa con el temor a ser nuevamente maltratada por la pareja que sigue persiguiéndole, cuando acuden al ministerio público a denunciar, casi siempre dicen “es un asunto familiar, resuelvan sus diferencias, vayan a su casa y platiquen, luego deciden si vienen de nuevo”.
El codependiente es una persona que vive obsesionada y afectada por controlar la conducta del otro, y su adicción se desencadena cuando se relaciona de forma poco sana mediante la sumisión, el apego y el afecto, que conllevan al abuso físico, mental, psicológico, económico, sexual, en un pacto mutuo y a veces inconsciente.
Lo más curioso es que el codependiente no sabe o no cree estar en una relación destructiva, para él es amor, aunque sabe que algo no está bien él ama, aunque sabe que no es respetado él ama, pero a pesar que lo que haga su pareja para cambiar él ama, pero está frustrado permanentemente, y este nivel de sufrimiento lo obliga a darse cuenta de su situación, lo que lo desespera más y cae en depresión, y esa depresión lo hace seguir aguantando, es un círculo maligno y abismal cada vez más grande.
Algunos de los aspectos que se viven en una situación de agresión pueden ser malestar, incomodidad, tristeza, vergüenza, retraimiento, resistencia al intercambio de opiniones o experiencias, desvalorización, sentimiento de culpa, depresión, insomnio, automedicación exagerada, problemas de adicción, actitud temerosa, indecisión, agresividad hacia las personas que cuestionan su posición, aislamiento social y familiar etc.
Quien sale de esa codependencia o de ese maltrato tiene que recuperar todas las pérdidas que sufrió en esa relación, lo peor es que muchas relaciones de este tipo son inclusive cuando las parejas son novios, y aún así lo aceptan, ¿Cuánto vale una persona para aceptar este tipo de relación?, o bien, ¿Qué tipo de vida ha llevado para saberse recompensada con este tipo de dependencia?, son preguntas que quizá no podamos contestarnos.
Pero bueno, volviendo a nuestro tema del porqué no se denuncia un amor del mal, las condicionantes pueden ser muchas, y muy valiosas o justificantes para el que lo sufre, podemos comenzar con la dependencia económica y afectiva de la víctima con el agresor, el miedo, el no aceptar que fracasamos en la elección de pareja, el peso de la religión en nuestra vida, la falta de conciencia de estar siendo maltratado (a), el que no existan lesiones porque el maltrato es psicológico, el pensar que no servirá de nada. Etc.
Cuando se trata de violencia intrafamiliar debemos estar consientes de que la misma se produce en todas las clases sociales, incluso en aquellos de alto nivel cultural, no es privativo de clases económicas medias medias, medias bajas o bajas, solo que en ocasiones los de nivel económico alto el maltrato que ejercen es de tipo psicológico, no tanto físico.
El problema de este tipo de violencia que es la familiar, es que casi siempre se da sin testigos a la vista, por lo tanto es muy difícil de probar una agresión, y cuando llega el momento del remanso, viene la reconciliación y las denuncias son retiradas porque existe una promesa de cambio del sujeto activo al sujeto pasivo, lo malo es que estas promesas casi nunca se cumplen y la situación se vuelve a presentar, pero esta vez es más fuerte.
El maltrato físico puede estar combinado con el maltrato emocional, y algunas de las causas para generarlo son desajustes emocionales, educación machista, haber padecido malos tratos en la infancia, falta de habilidades sociales, celos, frustración, odio, amargura, desesperación económica, repetición de patrones de comportamientos, que si se juntan con el deterioro de una relación amorosa o sentimental, desembocan en la codependencia.
Las relaciones destructivas están llenas de sentimientos intoxicantes en la pareja, que poco a poco se van volviendo tolerantes al dolor, pierden su identidad y se confunde el cariño y la protección con el chantaje y la sumisión, quizá la razón de no separarse puede ser el miedo a ser independiente, a estar solo o no saber como asumir sus propias necesidades.
FIN DE LA SEGUNDA PARTE
HASTA LA PROXIMA