CULTURA Y OTROS CHUCHOS
EL RATÓN B.
TOMADO DEL LIBRO: “LAURO LÓPEZ, VIDA, OBRA Y PALABRA” ESCRITO POR EL DOCTOR JULIO CESAR SCHARA.
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En los primeros años del siglo XX en México la situación de los artistas no era tan halagadora, ya que después de cinco décadas de turbulencia política tras la independencia de México pareciera que nadie necesitaba de ellos. Qué cosa más falsa.
Las cuatro administraciones consecutivas del presidente Porfirio Díaz, durante el último cuarto del siglo XIX produjeron un crecimiento económico sin precedentes acompañado de inversión e inmigración extranjera, así como el desarrollo de un sistema ferroviario eficiente y la explotación de los recursos naturales del país, pero de los artistas, ni quien se acordara.
El Producto interno bruto (PIB) per capita a principios de la década de 1900 estaba a la par del de Argentina y Uruguay, casi tres veces más que el de Brasil y Venezuela. Situación que de alguna manera se reflejaba en toda la vida social de la aristocracia mexicana, aunque no iba a durar mucho.
La represión política y el fraude, así como la enorme desigualdad del ingreso exacerbada por el sistema de la distribución de la tierra en grandes latifundios y haciendas donde trabajaban millones de campesinos en condiciones precarias fueron las principales causas que motivaron la Revolución Mexicana (1910-1917).
No bien se había cimentado la nueva nación, cuando en 1930 viene al mundo un bebe que daría de qué hablar en el arte mexicano, un artista único y personal donde lo que importaba era el arte por el arte, la felicidad de escribir y pintar sin ataduras de ninguna especie, sean éstas políticas, académicas, sociales, morales, y que de alguna manera los aspectos económico-sociales del país mercaran de alguna forma su arte y su forma de ser.
A partir de esta fecha nacen nuevas corrientes artísticas a las que se llamaron “las vanguardias”, que no eran otra cosa que las nuevas corrientes como el simbolismo, el dadaísmo, expresionismo, surrealismo, y ya mucho más cerca de esta fecha, lo que se ha dado en llamar “EL FUTURISMO”, mismas que marcaron una pauta de comportamiento artístico del país (Que Lauro López no siguió).
Lauro López
Nació en el barrio de Peralvillo, Cd. De México el 1º de agosto de 1930.
Murió en Temixco, Morelos el 3 de abril de 1996.
Contemporáneo de Los Hermanos Coronel, Aceves Navarro, Francisco Corzas, Rodolfo Nieto, Rodolfo Morales, etc.
“La biografía de un autor es importante porque rehace la escritura de la existencia humana” (Dr. Julio César Schara).
Además es imprescindible para comprender su estilo y su obra.
Autor representativo de la época, de los que estuvieron activos a partir de la 2da. Mitad del siglo XX.
Vivió apartado de las vanguardias y de los grupos que ejercieron liderazgo, rupturas, distancias, estilos, formas, etc.
Lauro López es el caso del autor solitario que dedicó su vida a la pintura del retrato, y después, al final de su vida, a la pintura de bodegón o naturaleza muerta.
Su producción fue desdeñada por los líderes de la vanguardia del arte mexicano, sin embargo sus pinturas tuvieron éxito en el mercado.
La importancia de la obra de Lauro López radica en que su pintura genera una reflexión en la investigación del problema forma-color.
Por este motivo se aparta de la pintura comercial.
El autor nos narra como conoció a Lauro a mediados de los setentas en Cuernavaca Morelos.
Su casa era punto de reunión de artistas de diferentes disciplinas artísticas y de hombres de negocios.
Hombre de gran corazón y generosidad, que no dudaba en ayudar a los más desprotegidos y humildes.
Se generaron ciertas dudas sobre la causa de su muerte, inclusive se especuló que había muerto de sida, posteriormente se supo que murió de una fibrosis pulmonar causada por el excremento de murciélagos que habitaban su casa.
Aunque finalmente su muerte fue un misterio, porque nadie pudo dar más noticias de él, ni siquiera la familia que habitaba su casa.
La obra de Lauro López es fundamental para entender que el arte de un país no se conforma únicamente con las obras de los líderes, los autores más destacados o los fundadores de una corriente artística particular.
El arte de un país lo hacen sus artistas, aún cuando existan rupturas, distanciamientos, rechazos, etc., el panorama artístico está formado por multitudes de artistas (escritores, músicos, bailarines, etc.) que hacen la producción de todo un pueblo y el espíritu de cada época.
Lauro López fue un pintor modesto que pintó retratos, alacenas y naturalezas muertas, casi todo para coleccionistas privados, su mundo se desarrolla junto a los mejores escritores y pintores del país, entre ellos Tamayo.
Saturnino Hernán se convierte en base fundamental de los nacionalistas pos revolucionarios, Ramón López Velarde se sobrepone a un autor con más fama que él, ambos cambian el desarrollo cultural del siglo XX.
La experiencia y testimonio que nos ofrece Lauro López nos da una nueva visión de los artistas marginales, ya que tiene un disfrute de la vida enorme, disfruta de la pintura-pintura, disfruta su actividad como artista, siempre de una forma modesta.
Paradoja de un artista que nunca perteneció a ninguna vanguardia, sin embargo, ejerció durante cuarenta años su derecho a pintar y a formar parte de la geografía artística del arte mexicano del siglo XX.
Ajenos a todos los movimientos sociales y culturales del siglo XX, los independientes sobreviven como antagonistas de los tres grandes maestros: Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros y José Clemente Orozco.
Ellos abren el debate de los estilos artísticos contemporáneos de México, y de alguna manera logran ampliar el estilo y formas de expresión artísticas.
En México, en los años pos revolucionario se fue creando un estado conservador, con dictadura de partido y tendencia hacia el industrialismo que importa ciencia y tecnología, generando un panorama transnacionalista.
El arte no es ajeno a estas tendencias, y ante la imposibilidad de normas estéticas válidas llegan nuevas propuestas, sobre todo las de Rufino Tamayo, convirtiéndose en líder cultural de los neomexicanos.
Octavio paz hace surgir un movimiento intelectual antagónico a los postulados tradicionales del estado patrimonialista cerrado en sí mismo, y en el que no existía la alternancia política (1968).
Max Weber demostraba a principios del siglo XX que la racionalización de la sociedad conduce a una enajenación del hombre en un sistema deshumanizado, de cual nadie puede escapar, ni siquiera el arte y la cultura mexicanos.
Los que escapaban a esta racionalización son los artistas cuya obra fue marginal a la producción que el Estado defendía y legitimizaba, que realmente fue el grueso de los artistas, entre ellos estaba Lauro López.
En esta perspectiva el caso de Lauro López es importante porque su trabajo lo realiza en solitario, aún cuando se vincula con la inteligencia mexicana, existe un verdadero desinterés por querer sobresalir en el medio artístico.
La paradoja de Lauro López es una emancipación de los sistemas enajenados del estado con la que manipuló toda la producción cultural de casi todo el siglo XX, y su arte se convierte de esta manera en la forma de ejercer el arte en forma libre de todas las relaciones de poder.
Lauro López, en libertad y solo, fue creando objetos de arte que tuvieron un mercado potencial y con ello la libertad económica para continuar su producción, pues de otra forma el estado no lo financiaría.
De esta forma, se da una especie de creación rectificada que nos revela que el mercado también determine que la obra de Lauro López nunca evolucione para quedarse en la relación galería-creador-comprador, que también puede ser coleccionista y su producción.
Con el nacimiento de las Instituciones, se institucionaliza el arte, lo que significa que todo aquel artista que quiera ver su obra evolucionada tiene que estar dentro del sistema, y los que no están de acuerdo con el sistema, simplemente no son difundidos ni dejan que sean conocidos.
Todos los artistas independientes se encuentran marginados al sistema, lo mismo que su arte, pero esto no preocupa en absoluto a Lauro López, que sigue produciendo por el placer de producir y trascender su obra.
Las claves para entender la vida y obra de Lauro López radica en la revisión crítica y cultural de sus propios orígenes, ya que no puede entenderse por la inteligencia de los líderes culturales, que seguían las pautas artísticas que el estado mandaba.
La vida y obra de Lauro López debe ser la punta de flecha sobre la cual se deberán redimir todos los artistas independientes y marginados del sistema, ya que no siguen sus órdenes, sino que siguen sus propias convicciones sobre el quehacer artístico.
La historia, la crítica y la sociología del arte, así como la sociedad en general deberá entender, revisar y darle una significación al trabajo de los artistas que permanecen en la oscuridad y de los que nadie se ocupa.
La vida y obra de Lauro López también se debe revisar porque permite conocer que el artista independiente puede vivir de su obra y hacer con ella un estilo y forma de vida, aún cuando no reciba los apoyos y demás mecenazgos del sistema de gobierno.
El arte seguirá como ha seguido, y la vida continuará como hasta nuestros días, pero el paso del hombre por la humanidad es efímero, y pasa más rápido que cae un meteoro a la tierra, lo que se queda son las obras, las obras que realizamos en nuestra comunidad, en nuestro ámbito y en nuestra sociedad, y actualmente con los conceptos tan globalizados, en nuestro mundo.
El caso de Lauro López me cautivo por dos razones, el libro está escrito en un lenguaje tan claro que es fácilmente entendible por todo aquel que lo aborde, nos lleva por un viaje imaginario hacia las tierras coloniales de Taxco, Cuernavaca y Temixco.
Nos lleva de la mano por los acontecimientos sociales y culturales de todo el siglo XX, quienes fueron los protagonistas, las cosas que hicieron y la impronta que le imprimieron a la historia de México.
Por el otro lado, nos narra de manera desenfadada y amena la vida de Lauro López, un artista al que no se le ha hecho justicia, y que tal parece que al artista ni siquiera le importó que se le hiciera, puesto que no lo necesitaba, un artista que a pesar de conocer y vivir de cerca las vanguardias artísticas que le tocó vivir, nunca quiso formar parte de ellas.
Vio pasar de cerca todos los “istmos” del siglo XX, expresionismo, dadaísmo, nacionalismo, surrealismo, etc. Manteniéndose impávido en su arte muy particular y propio, sin dejarse contaminar por los aparatos demagógicos y alienantes del Gobierno Federal, que la más de las veces “secuestraban” la creatividad del artista para hacer con ella lo que quisieran.
Lauro López, hombre de grandes convicciones nunca se dejó llevar por la parafernalia de las grandes exposiciones, más bien su trabajo fue para unos cuantos, y esos cuantos privilegiados fueron los que le dieron el suficiente dinero como para no depender del Gobierno, además de que no aceptaría ser su rehén, por lo que su arte fue duradero en todas las disciplinas en las que intervino.
“Un laurel para Lauro”, creo que debemos seguir el ejemplo del artista que es artista por el arte, no por lograr un lugar en la política, no por lograr un lugar en la “nata de la sociedad”, no por lograr un monumento ni cosas parecidas, sino por el simple placer de hacer arte, el formar parte de la mayoría silenciosa cultural, que lejos de todo el aparato ideológico del estado, hace el arte solo por el placer de hacerlo, motivo por el cual muchos de nosotros como artistas deberíamos seguir su ejemplo.
HASTA LA PROXIMA