La herencia del Presidente “el tata” Lázaro Cárdenas (Opinión)
PANORAMA POLÍTICO
ENRIQUE DAVIS MAZLUM
Hace 70 años el entonces Presidente Lázaro Cárdenas del Río anuncio la expropiación del petróleo mexicano y de ahí surge lo que hoy todos conocemos como PEMEX (Petróleos Mexicanos). Las compañías de Estados Unidos y Británicas eran las quienes tenían el mayor control del oro negro y enfrentaban una grave crisis con los trabajadores desde 1929.
Para mí el tema de la expropiación petrolera se desde un anécdota que cuentan las personas que eran cercanas al Presidente Cárdenas. Dicen que el “Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana” solicitaba un pago de 26 millones de pesos por sueldos caídos y por esta rezón el Presidente Cárdenas se reunió con los representantes de las compañías petroleras en México. El Presidente les pidió que pagaran los 26 millones de pesos y así se levantaba la segunda huelga de los trabajadores, a lo cual uno de los representantes de una de las compañías le preguntó que si quien garantizaba que la huelga se levantaría, el Presidente dijo: “Yo”. El representante de forma burlesca se rió y le dijo: “¿Usted?” y el Presidente Cárdenas dijo: “Sí y aquí termina esta conversación”.
Los representantes de las compañías petroleras extranjeras no tomaron en serio al Presidente y su alternativa fue nacionalizando el petróleo y por eso unos días después de esa reunión se llevó a cabo la expropiación. Esta decisión no fue fácil, el Reino Unido molesto por la situación y la decisión de México decidió romper relaciones diplomáticas, Estados Unidos no estaba tan lejos de hacer lo mismo.
Uno de los actos más impresionantes es ver como los mexicanos apoyaron la decisión del Presidente Cárdenas y había colas de ellos entregando joyas, gallinas, muebles, dinero y otras formas de donativos, para que el Presidente tuviera los recursos necesarios para indemnizar a las empresas afectadas y respaldar económicamente su decisión. Por esta razón la expropiación petrolera no fue sólo un acto del Presidente Lázaro Cárdenas, sino un acto de todos los mexicanos.
Desde este acto de participación ciudadana han pasado 70 años y hoy los mexicanos nos enfrentamos en un dilema muy fuerte: ¿permitir o no permitir la inversión extranjera? El Articulo 27 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, textualmente dice: "La propiedad de las tierras y aguas comprendidas dentro de los límites del territorio nacional, corresponden originariamente a la Nación, la cual ha tenido y tiene el derecho de transmitir el dominio de ellas a los particulares, constituyendo la propiedad privada", pero en el párrafo quinto del mismo artículo, se señala que: "Corresponde a la Nación el dominio directo de todos los recursos naturales de la plataforma continental y los zócalos submarinos de las islas; de todos los minerales o sustancias que en vetas, mantos, masas o yacimientos, constituyan depósitos cuya naturaleza sea distinta de los componentes de los terrenos, tales como...; los combustibles minerales sólidos; el petróleo y todos los carburos de hidrogeno sólidos, líquidos o gaseosos..."
Uno de los argumentos que más se han escuchado es que en México tenemos reservas para unos siete años más, si no explotamos nuestras reservas en las aguas, que aun están como probables y no como probadas. Los puntos de vista son que México no tiene la capacidad técnica y económica para realizar este tipo de inversiones y que es necesario que se permita a las compañías extranjeras invertir en este rubro. Unos grupos dicen que es necesario modificar la constitución para permitir la inversión extranjera, mientras otros dicen que no.
Para definir las posturas más recientes tenemos la de Andrés Manuel López Obrador, ex candidato del Frente Amplio (PRD, PT y Convergencia) a la Presidencia de México en el 2006, quien ha convocado una resistencia civil contra la privatización energética del país y por el otro lado tenemos al líder moral del PRD Cuauhtémoc Cárdenas, hijo del Presidente Lázaro Cárdenas del Río quien dice que no hay ninguna propuesta por parte del gobierno para privatizar el sector energético de México. Por un lado entiendo la postura nacionalista de López Obrador, un discurso que está basado en la historia de México y que define lo que es nuestro país, pero al mismo tiempo no creo que debamos aferrarnos al pasado sin pensar en el futuro. Mientras que el Gobierno del Presidente Felipe Calderón por un lado dice que no se va privatizar el sector energético, la discusión en el PRI tiene dos posturas, un grupo que están a favor de la inversión extranjera, mientras que otro se opone rotundamente. Pero dentro de estas distintas posturas, ¿Quién tiene la razón?
Yo pienso que México se debe modernizar en muchos aspectos, en donde se debe permitir la inversión tanto de nacionales como de extranjeros en ciertos niveles y procesos de la producción de energía. Estoy convencido que el gobierno debe mantener más del 60 por ciento de las acciones de cualquiera de los niveles de producción de energía, sin importar si la inversión es nacional o extranjera. Pensemos un poco, ¿Cuál es la diferencia si uno de los inversionistas es Carlos Slim o Bill Gates? La respuesta es: ninguna. El tema no debe ser si se permite o no la inversión nacional o extranjera, sino las siguientes preguntas: ¿Cuáles serán las condiciones de los trabajadores mexicanos? ¿Cómo se van utilizar los recursos por la producción de energía? ¿Cómo serán afectados los millones de mexicanos que utilicen los productos energéticos? ¿Cómo se van a invertir recursos en investigación para el desarrollo de otras alternativas de energía, como la eólica, solar, entre otras?
La discusión debe ser que vamos a hacer para dotar a México de energía en un futuro no muy lejano y que esté al alcance de todos los mexicanos. ¿De qué nos va servir proteger y no permitir la inversión nacional o extranjera si en 10 años no vamos a tener la capacidad de extracción de petróleo? Con esto no quiero decir que se debe privatizar el sector energético, sólo que nuestra discusión debe estar fundada con datos estadísticos actualizados y con distintas propuestas, no sólo decir no o si a la privatización.




