La contaminación del suelo por metales pesados tóxicos, que tiene su origen tanto en fuentes naturales como en actividades humanas, representa un riesgo para los ecosistemas y la salud humana.
- Algunas de las consecuencias de estos metales cuando se introducen en el suelo es que pueden persistir durante décadas, reducir los rendimientos agrícolas, poner en riesgo la calidad del agua, la biodiversidad o la seguridad alimentaria por la bioacumulación en animales de granja.
A pesar de la potencial gravedad de sus consecuencias y de haberse demostrado que es una problemática generalizada, no se conocía en profundidad su distribución global. Un estudio, publicado en la revista Science, aborda ahora esta evaluación a escala mundial en siete metales: arsénico, cadmio, cobalto, cromo, cobre, níquel y plomo.
- De todos ellos, el cadmio (Cd) sería de los más peligrosos para la salud humana porque afecta a la mayor superficie y es un potencial carcinógeno, además de estar asociado a otras dolencias.
- Estas grandes zonas de enriquecimiento en metales tóxicos se prevé que sigan aumentando debido al crecimiento de la demanda necesaria para apoyar la ‘transición verde’.- Steve McGrath, coautor del estudio
“Estas grandes zonas de enriquecimiento en metales tóxicos se prevé que sigan aumentando debido al crecimiento de la demanda de metales críticos necesarios para apoyar la ‘transición verde’ a cero emisiones netas y el desarrollo de dispositivos fotovoltaicos, turbinas eólicas y baterías para vehículos eléctricos”, dice a SINC Steve McGrath, coautor del estudio en el Instituto Rothamsted de Investigación (Reino Unido).
Para rellenar esta laguna de conocimiento, el autor principal Deyi Hou de la Universidad de Tsinghua en China y su equipo recopilaron datos de 1.493 estudios regionales que abarcan 796.084 muestras de suelo, con el fin de conocer su distribución en suelos agrícolas e identificar dónde se superan los umbrales de seguridad.
Bases de datos y aprendizaje automático
Los autores exploraron el rendimiento de diez modelos de aprendizaje automático para predecir el exceso de metales tóxicos según todas las variables predictivas.
- Sus estimaciones apuntan a que entre el 14 % y el 17 % de las tierras de cultivo a escala mundial —aproximadamente 242 millones de hectáreas— están contaminadas por al menos un metal tóxico, siendo el cadmio el más extendido, especialmente en el sur y este de Asia, partes de Oriente Medio y África.
- “Una parte importante de nuestro trabajo fue usar los mismos valores umbral para todos los países del mundo, de modo que el ‘referente’ para evaluar el estado de la contaminación del suelo sea el mismo, permitiendo comparaciones entre países y regiones por primera vez”, explica MacGrath.
Una parte importante de nuestro trabajo fue usar los mismos valores umbral para todos los países del mundo, señaló Steve McGrath
- El níquel, el cromo, el arsénico y el cobalto también superaron los umbrales en diversas regiones, debido en gran parte a una combinación de fuentes geológicas naturales y actividades humanas como la minería y la industrialización.
- Los umbrales regulatorios se obtuvieron de once países, incluidos Austria, Bélgica, Canadá, China, Dinamarca, Finlandia, Francia, Alemania, Italia, Países Bajos y Estados Unidos.
- “Incluimos tanto valores de referencia, que generalmente desencadenan una evaluación de riesgo para la salud específica del lugar, como valores de intervención, que suelen requerir esfuerzos de limpieza”, indica el científico.
Asimismo, los resultados revelaron la existencia ‘corredor enriquecido en metales’ de alcance transcontinental que se extiende a lo largo de Eurasia, lo que probablemente refleja los efectos acumulativos de la minería antigua y otros factores que han perdurado a lo largo del tiempo.
“Nuestro artículo muestra cómo la falta de control de algunos metales en el pasado ha causado problemas que perduran y son difíciles de remediar. Necesitamos más información y legislación basada en evidencia para controlar los ‘nuevos’ minerales que forman parte de la transición en curso. Esta carrera por los recursos está muy presente en la actualidad”, enfatiza el investigador del Instituto Rothamsted.
- Al superponer estos datos con la distribución de la población mundial, los investigadores estiman que entre 900 millones y 1.400 millones de personas viven en zonas de alto riesgo. “El reciclaje también es parte de la solución. El avance hacia una economía circular es muy importante”, recalca MacGrath.
- “Esperamos que los datos sobre la contaminación del suelo presentados en este informe sirvan como una alerta científica para que los responsables políticos y los agricultores tomen medidas inmediatas y necesarias para proteger mejor los valiosos recursos del suelo del mundo”, concluyen los autores.
Metales pesados y bacterias resistentes
- Se ha señalado que los metales pesados, como el plomo, el mercurio, el zinc y el cobre, no solo representan un problema en el ambiente y de salud pública, sino también están generan resistencia bacteriana a los antibióticos, así lo dio a conocer la UNAM.
- Estos metales son utilizados en varias industrias y están presentes en productos de uso cotidiano, que poseen características químicas que hacen que sean tóxicos y se acumulen en los ecosistemas.
¿Cuáles son los efectos a la salud?
La contaminación con metales pesados empieza con las actividades metalúrgicas desde el 900 d.C hasta el 1470 d.C, además de procesos naturales como las erupciones volcánicas que también liberan estos metales.
- Sin embargo, la contaminación humana ha multiplicado su presencia y concentración, contaminando el suelo, el agua y los alimentos, por lo que es posible que estos metales terminen en el cuerpo humano causando múltiples daños en los órganos.
- Las comunidades que se encuentran a la periferia de estos sitios son las más afectadas, ya que la contaminación es directa en el agua y en los alimentos, lo que provocan enfermedades como la arsenicosis, es decir, un padecimiento con el metaloide que se presenta con lesiones cutáneas.
La exposición constante a metales pesados no solo deteriora la salud, sino que también favorece la adaptación genética de bacterias, las cuales desarrollan mecanismos de resistencia frente a los antibióticos.
En otras palabras, el ambiente contaminado actúa como un laboratorio evolutivo, donde las bacterias mutan y se fortalecen frente a las amenazas químicas.
- Durante la Revolución Industrial, muchas personas utilizaban sales metálicas como tratamientos para enfermedades, debido a que los metales poseen propiedades antimicrobianas.
- Sin embargo, esta práctica provocó que las bacterias empezaran a desarrollar mecanismos de defensa frente a estas sustancias, es decir, surgieron sus genes de resistencia.
Esa resistencia se transfiere fácilmente entre bacterias mediante estructuras especializadas como los plásmidos y los pili. Esto significa que una bacteria resistente puede compartir rápidamente su capacidad con otras, propagando el problema.
- Aunque es usual pensar que este fenómeno podría limitarse a zonas mineras o industriales, donde se trabaja a diario con metales pesados, lo cierto es que estamos en contacto constante con ellos.
- “Productos como amalgamas dentales (mercurio), dispositivos médicos como el DIU (cobre) y utensilios de cocina pueden contener metales pesados.
- Este contacto constante contribuye al desarrollo de bacterias resistentes incluso en personas sin exposición médica directa a antibióticos”, manifestó el experto de la FES Zaragoza.
Además, investigaciones han encontrado genes de resistencia tanto en ambientes contaminados como en lugares apartados, entre ellos algunas playas o zonas polares descongeladas. Esto sugiere que la resistencia bacteriana es un fenómeno global, no limitado a hospitales o sitios industriales.
- La exposición a estos metales favorece a la adaptación de la genética de bacterias, las cuales desarrollan mecanismos de resistencia frente a los antibióticos evolutivos, donde las baterías se fortalecen ante las amenazas químicas.
La resistencia se transfiere fácilmente entre bacterias, lo que significa que una bacteria resistente puede compartir rápidamente su capacidad con otras propagando el problema.
- “Productos como amalgamas dentales (mercurio), dispositivos médicos como el DIU (cobre) y los utensilios de comida pueden contener metales pesados.
Este contacto constante contribuye al desarrollo de bacterias resistentes, incluso en personas sin exposición médica directa a antibióticos”, dijo experto de la FES Zaragoza.
La contaminación química crece de manera silenciosa
Mientras el mundo enfoca su atención en el cambio climático, una amenaza igual de peligrosa crece en silencio: la contaminación química.
Según un informe reciente de Deep Science Ventures (DSV), la exposición diaria a sustancias sintéticas representa un riesgo crítico tanto para los seres humanos como para los ecosistemas, aunque aún está muy rezagada en términos de acción pública y conciencia colectiva.
- De acuerdo con The Guardian, esta realidad invisible se esconde en lo cotidiano: en el aire que respiramos, los alimentos que comemos y los productos de higiene que usamos.
- Sin embargo, no existe una evaluación sistemática ni suficiente control sobre miles de químicos con los que convivimos, muchos de ellos con efectos devastadores en nuestra salud y el medio ambiente.
Es fácil imaginar la contaminación como humo o desechos visibles, pero la contaminación química opera de forma mucho más sutil.
- De las más de 100 millones de sustancias creadas por la economía industrial, entre 40,000 y 350,000 están activamente en uso comercial. Muchas de ellas nunca existieron en la naturaleza, y su toxicidad aún no está plenamente comprendida.
- El informe de DSV alerta sobre una falsa sensación de seguridad: creemos que si algo está en el mercado, es seguro.
- Pero en realidad, las pruebas de toxicidad son limitadas y obsoletas. Hoy sabemos que incluso el agua de lluvia contiene químicos permanentes (PFAs), detectados también en casi todos los cuerpos humanos analizados.
Los efectos ya son visibles: desde problemas respiratorios hasta alteraciones endocrinas y reproductivas, pasando por trastornos neurológicos como el TDAH.
El aire, el agua y los alimentos que deberían nutrirnos, están impregnados de amenazas silenciosas, sustancias químicas tóxicas.
El informe pone el dedo en una llaga incómoda:
La regulación actual simplemente no está funcionando. La mayoría de las evaluaciones de seguridad química ignoran los efectos acumulativos, las exposiciones prolongadas o las dosis bajas que pueden ser más dañinas de lo esperado.
- Esto es particularmente grave en el caso de los disruptores endocrinos, que no siguen un patrón lineal de toxicidad.
- La forma en que se evalúa la seguridad está obsoleta. Asume que “menos es menos”, cuando en realidad, algunas sustancias son más peligrosas en microdosis.
- Esto invalida muchos protocolos actuales de prueba y permite la circulación de productos potencialmente peligrosos sin una supervisión adecuada.
Esta falta de control también se traduce en una enorme disparidad de información entre industrias, autoridades y consumidores. La contaminación química sigue siendo una caja negra para la mayoría de la población.
Qué metales tóxicos fueron hallados en arroz vendido en EEUU
- Un estudio publicado en mayo de 2025 por la organización Healthy Babies Bright Futures (HBBF) detectó la presencia de metales pesados tóxicos en múltiples variedades de arroz disponibles en supermercados de Estados Unidos.
La investigación abarcó 145 muestras recolectadas en 20 áreas metropolitanas, incluyendo ciudades como Miami, Nueva York, Los Ángeles y Seattle.
- Según el informe, el 100% de las muestras analizadas contenían arsénico inorgánico, un compuesto químico que puede tener efectos adversos para la salud tras exposiciones prolongadas.
- También se encontraron cadmio, plomo y mercurio en distintas proporciones, lo que evidencia una exposición generalizada a contaminantes que carecen de una regulación estricta en productos de arroz para el público general.
- Los hallazgos plantean interrogantes sobre los estándares actuales de seguridad alimentaria en EE.UU., ya que sólo existe un límite federal específico para arsénico inorgánico en cereales de arroz destinados a bebés.
No hay regulaciones equivalentes para el arroz de consumo general, pese a que su ingesta es común en dietas familiares y de niños pequeños.
- El estudio de HBBF reveló la presencia de cuatro metales pesados: arsénico, cadmio, plomo y mercurio. El arsénico fue identificado como el metal de mayor prevalencia y concentración.
- De acuerdo con los datos recopilados, una de cada cuatro muestras superó el límite de 100 partes por billón (ppb) para arsénico inorgánico que la Administración de Alimentos y Medicamentos de EE.UU. (FDA) estableció en 2020 como guía no obligatoria para cereales infantiles a base de arroz.
El cadmio fue detectado en todas las muestras, excepto una. También se encontraron trazas de plomo y mercurio, aunque en niveles relativamente bajos.
- Según HBBF, estos metales pueden tener efectos acumulativos en el cuerpo humano, con potencial para causar cáncer, alteraciones neurológicas y afectaciones en el desarrollo cognitivo de los niños. Estas conclusiones coinciden con advertencias emitidas previamente por la Organización Mundial de la Salud.
- Los datos del informe indican que el arroz integral cultivado en el sureste de Estados Unidos presentó los niveles promedio más altos de arsénico y cadmio. En el caso del arroz blanco, también se observaron niveles elevados en productos procedentes del sureste, en comparación con los cultivados en California.
Las variedades internacionales mostraron diferencias relevantes. El arroz jazmín tailandés y el basmati indio exhibieron niveles bajos de arsénico. No obstante, algunas muestras de arroz basmati de India y de arroz arborio italiano presentaron los niveles promedio más altos de cadmio, según el estudio de HBBF.
Estas diferencias están vinculadas a las condiciones del suelo y el agua donde se cultiva el arroz, y también al tipo de procesamiento. En particular, el arroz integral tiende a acumular más metales pesados porque conserva su capa exterior, que es donde se concentran muchos contaminantes absorbidos del entorno. /PUNTOporPUNTO
























