De SERVIDORES de la NACIÓN a MALANDROS COLECTIVOS

Un reto más para la democracia y la paz en Venezuela. “Las dictaduras necesitan un enemigo constante y justifican la violencia como autodefensa revolucionaria” Karl Popper, filósofo austriaco-britanico, (1902-1994).

Desde niño cuando paseaba por las calles de Caracas, mi ciudad natal, una parte del paisaje lo formaban las grandes barriadas que integraban y rodeaban la ciudad. Nos acostumbramos a ver esa humildes casas que siempre fueron mayores cantidades que las casas o edificios de las urbanizaciones de clase media; esas viviendas improvisadas me llamaban la atención, les decían barrios y a las casas ranchos. Ya más grande, cuando jugaba en las calles béisbol, fútbol o andaba por la ciudad en bicicleta, empezabamos a conocer al pana del barrio con el que jugábamos.

Compartes, convives uno con el barrio hasta que eres joven y hasta en alguna fiesta con buena música salsa uno se vaciló en el barrio. Una extensión del barrio era el transporte público con música salsa a todo volumen que yo tomaba siempre para ir a la escuela; esa costumbre se me quedó y escucho salsa en mi coche para recordar aquellos tiempos y a Caracas.

De los barrios venezolanos salieron grandes profesionales, músicos, entre otros, como Gustavo Dudamel, Oscar de León, José Luis Rodríguez, Porfi Baloa, entre otros. Cuando fuimos creciendo, algunos amigos fueron a la universidad, a tecnológicos y otros pasaron a formarse en las lides del malandraje de los barrios y no los volvimos a ver.

Desde principios del siglo XX, los barrios populares de Caracas comenzaron como asentamientos de familias que venían del campo a la ciudad, debido a la migración interna, el crecimiento demográfico acelerado, la desigualdad socioeconómica y la ausencia histórica de políticas sostenidas de vivienda. Este fenómeno tuvo un cambio en 1958, cuando cayó la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, ya que los barrios populares se incrementaron exponencialmente. Los barrios más conocidos en Caracas como Catia, El Valle, Antímano, el 23 de Enero y Petare crecieron en población después de esta fecha. Venezuela tenía una población en esa época de 7,576,740 habitantes; hoy en día se estima que solo Petare tiene 720 mil habitantes de una población total de 28,600,000 habitantes en el país para 2026.

La guerra en Colombia con las guerrillas M-19, FARC y ELN, entre los años 70 y 90, llevó a Venezuela a recibir a más de un millón de colombianos desplazados, así como a personas de otras nacionalidades: peruanos, ecuatorianos, dominicanos, argentinos, bolivianos, unos 500 mil más. Aparte de los colombianos la mayor cantidad de migrantes en el siglo XX después de los colombianos fueron europeos; entre 1948 y 1961 llegaron 920 mil europeos, principalmente de España, Italia y Portugal. Después de los años 70 llegaron un millón más de Europa, de los mismos países, pero con la novedad de otras nacionalidades: alemanes, franceses, polacos, checos, rusos, griegos, entre otros. Los más pobres fueron a engrosar la densidad de las barriadas populares de Caracas y de otras partes del país, aunque, a diferencia de la mayoría, los europeos y sus descendientes tuvieron mejor suerte. Conforme mejoraba la situación en Europa, esta migración logró un ascenso social mayor y muchos se hicieron comerciantes, empresarios, técnicos y profesionales.

Desde 1958, el fenómeno del crecimiento de las barriadas populares generó una problemática social que, a mediano plazo, agravó la situación del país. La falta de integración de estos sectores populares a la riqueza petrolera creó problemas, aunque el sistema educativo y varios programas fueron exitosos, como el Sistema Nacional de Orquestas fundado en 1975, las Becas Gran Mariscal de Ayacucho (1974), el Programa Alimentario Estudiantil (PAE), que brinda alimentación gratuita para niños estudiantes desde 1989, y el Plan de Enfrentamiento de la Pobreza (PEP) de 1989, que consistía en hogares de cuidado diario para hijos de madres trabajadoras. Aunque el nivel de vida no llegaba a la pobreza de hoy en día, en los 90 se ubicaba en 40%; hoy, bajo la administración chavista, en 2024 según la encuesta ENCOVI, la pobreza estaba en cifras superiores al 70% de los hogares.

La alfabetización, el acceso a la educación, el desempleo, el acceso a medicinas, a hospitales y la alimentación se lograron hasta finales del siglo XX, así como la democracia funcionó con todos sus defectos: la corrupción, el desorden administrativo y la falta de una integración de estas personas a lo que fue en esos años un país exitoso en la producción de petróleo. No fue suficiente para que el ciudadano común quisiera un cambio radical y cayera fácilmente en las garras del populismo del siglo XXI, lo que definitivamente, a mediano plazo, agravó su situación y, a largo plazo, hizo que perdieran su valor más preciado: la libertad.

El término “malandro” en el uso popular venezolano se refiere, de forma coloquial, a un delincuente común, alguien asociado al hampa, a la violencia o a actividades criminales. Normalmente, hasta finales del siglo XX, no tenían tendencias políticas; era delincuencia común u organizada en bandas delictivas.

En un ensayo publicado por la Fundación Polar, llamado “En la penumbra de los días: el malandro”, de Patricia Márquez, explicó en el año 2000 la historia de los malandros en el siglo XX: desde su nacimiento en el barrio, su música, la salsa, el arma a la que le decían “hierro”, los espíritus a los que les hacían culto —parecido a la Santa Muerte mexicana—, la entrada de los menores en este fenómeno. Señala: “Para muchas personas, el malandro de barrio es el máximo y más genuino representante del terror cotidiano… Para otras personas, el malandro se mantiene dentro de los barrios como un héroe transgresor del orden existente”. En el siglo pasado, no estaban ligados los malandros a la política; esta integración para control social fue un invento del chavismo.

Con el tiempo se entendió que los Colectivos no hacían trabajo social comunitario, si no se dedicaban al control territorial, defensa política, control de programas sociales para general influencia partidista e ideológica.

Cuando el chavismo, un movimiento cívico-militar, empezó a excluir a los profesionales y técnicos desde la huelga petrolera de 2002, personas con méritos, y no tenía personas que tenían algún cargo de responsabilidad, en muchos puestos los ocuparon los malandros y esto le hizo un enorme daño al país. El chavismo creó los Círculos Bolivarianos, fundados por Hugo Chávez con asesoría cubana en 2001, coordinados por el PSUV y el gobierno bolivariano; en Cuba se llaman los Comités de Defensa de la Revolución (CDR), siempre confundiendo acciones partidistas con las del gobierno, como ocurre en México con los Siervos de la Nación que están a cargo de la Secretaría del Bienestar desde 2021. Recordemos que el Comisariado del Pueblo para el Bienestar fue creado por Vladímir Lenin en 1917 en Rusia.

En 2003, el chavismo, conjuntamente con sus socios cubanos, ideó integrar al malandro de barrios populares a los Círculos Bolivarianos, pero como no tenían capacidad de choque e intimidación real, es decir, armamento para controlar, neutralizar y perseguir al pueblo, empezaron a darles entrenamiento a los miembros más violentos y radicales, a armarlos para prever la supuesta defensa integral de la revolución, que duró hasta el 3 de enero de 2026; por las acciones del ejército norteamericano no tuvieron margen de acción, pero son muy efectivos para controlar a la población civil, por eso no se observaron mayores celebraciones en Venezuela por la captura de “El Carnicero” Nicolás Maduro. Disfrazados de operadores de misiones sociales, los miembros de los Círculos Bolivarianos se agruparon desde 2004 en grupos “colectivos”, muchos con base en el barrio 23 de Enero en Caracas, como los colectivos “La Piedrita”, “Tupamaros” o “Alexis Vive”.

Muchos de “los chavistas son malandros de origen”, quienes dirigen estos colectivos del terror que antes fueron el brazo armado de Nicolás Maduro; ahora están a cargo de Diosdado Cabello, Freddy Bernal, Valentín Santana del colectivo “La Piedrita”, Williams Benavides del Movimiento Revolucionario Tupamaro, Robert Longa del colectivo “Alexis Vive”. Otra malandra famosa es Iris Varela, quien fue la jefa histórica de las cárceles en Venezuela y actualmente es diputada a la Asamblea Nacional ilegítima chavista, pero ella forma parte de otro grupo delictivo muy poderoso, de donde proviene el Tren de Aragua, los PRANES, y esos serán materia de otro artículo.

Después de que se liberen los presos políticos, que quedan unos 644 según el Foro Penal, un reto en el país será que empiecen a mejorar las condiciones para lograr sentar las bases democráticas, preservar la libertad de tránsito (Artículo 50) y de propiedad (Artículo 115) de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela. Entre otros, hay que neutralizar a los más de 10 mil elementos que integran unos 46 grupos colectivos, que operan en al menos 16 de los 24 estados de Venezuela, y desarmarlos, cuestión que debería hacer las Fuerzas Armadas y que puede crear problemas de violencia. Hay información de que algunos han empezado a entregar sus armas, pero son muy pocos.

Informes de Human Rigths Watch, la ONU y ONG están documentados que los colectivos han asesinado, arrestado, perseguido, desaparecido y torturado cientos de manifestantes y transeúntes, con la complicidad de fuerzas de seguridad del estado venezolano. Estos grupos son un peligro para las libertades civiles y políticas del país, esperemos que se logren neutralizar, arrestar a sus integrantes y no me queda claro como quedan en la ley de Amnistía, pero que podemos esperar de una ley de Amnistía redactada por nuestros propios verdugos? Hay que recordar que los delitos de lesa humanidad no prescriben según el Artículo 29 del Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional, y el Artículo 29 de la Constitución de Venezuela

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