El cambio climático está acelerando la destrucción de sitios del patrimonio cultural del Ártico y ya degradó de forma visible el yacimiento ballenero de Likneset, en Svalbard, donde un estudio publicado en PLOS One halló que el deshielo y la erosión costera no solo amenazan restos arqueológicos del siglo XVII, sino también información científica sobre la vida, la enfermedad y la muerte de los primeros balleneros europeos en la región.
- El trabajo, firmado por Lise Loktu del Instituto Noruego de Investigación del Patrimonio Cultural y Elin Therese Brødholt del Hospital Universitario de Oslo, compara excavaciones hechas en la década de 1980 con otras realizadas en la década de 2010. Ese contraste mostró un aumento marcado del daño erosivo en los cementerios ubicados a lo largo de la costa, según el estudio.
El hallazgo se inscribe en una tendencia más amplia: el Ártico se está calentando más rápido que el promedio mundial. Ese aumento de temperaturas y del nivel del mar está vinculado al deshielo acelerado del permafrost y a una erosión costera cada vez mayor, procesos que ponen en riesgo yacimientos arqueológicos árticos y amenazan tanto el patrimonio cultural como el conocimiento científico, según el texto del estudio.
Los investigadores señalaron que esos riesgos no habían sido examinados de manera exhaustiva. Por eso centraron su análisis en Likneset, un sitio funerario de la actividad ballenera del siglo XVII en el archipiélago de Svalbard.
Los textiles pasaron de estar bien conservados a quedar casi destruidos
El deterioro más marcado apareció en los materiales orgánicos. De acuerdo con el estudio, los textiles que en las excavaciones de la década de 1980 estaban en buen estado aparecieron casi completamente degradados en la década de 2010.
- Ese cambio ofrece una medida concreta de la velocidad con la que se está perdiendo el registro material. Los contextos funerarios de la era moderna temprana vinculados con la caza de ballenas en Svalbard son especialmente vulnerables por su riqueza en materia orgánica y por la exposición costera, escribieron los expertos en el estudio.
- Los autores describieron el proceso en términos más amplios: “El rápido calentamiento del Ártico está acelerando la degradación de los yacimientos arqueológicos conservados en el permafrost, amenazando tanto el patrimonio cultural como la información científica que contiene”. En esa misma explicación añadieron que los sitios de enterramiento asociados a la caza de ballenas en Svalbard son particularmente frágiles por la combinación entre materia orgánica y exposición a la costa.
La investigación también confirmó que las tumbas de Likneset conservan información detallada sobre enfermedades, mortalidad y condiciones de trabajo de los primeros balleneros del Ártico. Esa capacidad de los entierros para preservar datos biológicos e históricos convierte a ese sitio en un archivo sobre una etapa temprana de la expansión económica europea hacia el norte.
Los restos óseos analizados correspondían principalmente a hombres jóvenes. Según el estudio, esos esqueletos revelaron un fuerte desgaste físico y signos de desnutrición, y sugieren que esas condiciones probablemente causaron la muerte de los balleneros más que un traumatismo puntual.
“A medida que el permafrost se descongela y la erosión costera se acelera, estamos perdiendo archivos enteros de vidas humanas que jamás podrán recuperarse. No solo estamos perdiendo paisajes, sino también las historias humanas que se conservan en ellos”, añadieron los investigadores.
Esa lectura se completa con otra observación incluida en el material del estudio. “Lo que vemos en estos esqueletos es la huella física de una de las primeras industrias globales de Europa. Podemos observar cómo el trabajo, la dieta, las enfermedades y la movilidad dejaron rastros físicos en las personas que participaron en la caza de ballenas en el Ártico en sus inicios. Muchos de estos hombres murieron muy jóvenes, pero ya muestran claros signos de un gran esfuerzo físico, enfermedades y deficiencias nutricionales”, escribieron los expertos.
- El estudio sostiene que la degradación observada en Likneset no es un caso aislado. Los resultados apuntan a una rápida pérdida impulsada por el clima en un valioso yacimiento arqueológico de Svalbard, en línea con tendencias ya registradas en otras regiones del Ártico.
Esa comparación lleva a una conclusión sobre la gestión del patrimonio. En conjunto, los datos sugieren que las prácticas actuales de administración cultural en el Ártico, basadas en priorizar una selección limitada de sitios patrimoniales, no podrán responder al ritmo de los impactos climáticos, según los autores.
Los investigadores reconocieron una limitación metodológica: el tamaño de la muestra analizada fue reducido. Por eso plantearon que futuras investigaciones comparen otros yacimientos funerarios de la región para medir con mayor alcance la magnitud del deterioro.
A partir de esa cautela, también formularon una recomendación concreta sobre políticas públicas. Los autores propusieron revisar las políticas de patrimonio cultural del Ártico y prestar atención especial a los bienes arqueológicos que hoy están gravemente amenazados, de acuerdo con los expertos.
La advertencia combina dos pérdidas simultáneas: la de objetos y restos físicos, y la de la información que esos materiales contienen. En el caso de los cementerios balleneros del siglo XVII en Svalbard, esa información incluye datos sobre enfermedades, condiciones de trabajo, dieta, movilidad, mortalidad y desgaste corporal de hombres jóvenes vinculados a la caza de ballenas.
Los tres posibles escenarios del Ártico frente al cambio climático
El Ártico atraviesa un proceso de transformación acelerada. El calentamiento global afecta a esta región con una intensidad sin precedentes: la temperatura allí aumenta cuatro veces más rápido que el promedio mundial. Las consecuencias de este fenómeno no solo alteran los ecosistemas, sino que también reconfiguran el tablero geopolítico internacional y la vida de las comunidades que habitan el extremo norte del planeta.
Frente a este panorama, una publicación de Nature presenta el análisis de los geógrafos políticos Mia Bennett y Klaus Dodds, quienes identifican tres posibles escenarios para el futuro del Ártico. Estos caminos no se excluyen entre sí, sino que se entrelazan y muestran cómo sociedades y Estados negocian las normas y el orden en un espacio que se vuelve cada vez más accesible. Los próximos años serán decisivos para entender qué rumbo tomará una región cuyo deshielo redefine tanto el clima como la política global.
Extracción, peligro y conflicto: los tres caminos del Ártico
Nature divulgó los hallazgos de Bennett y Dodds, quienes identifican tres escenarios clave para el Ártico: un escenario extractivo, uno de peligro ambiental y otro de adversidad geopolítica. “El Ártico es un lugar útil para observar cómo las sociedades y los Estados negocian un orden ambiental y geopolítico”, afirman los autores.
En un Ártico extractivo, el desarrollo de petróleo y gas emerge como el motor principal, impulsado por países como Rusia y Estados Unidos. Según los expertos, existe la posibilidad de que estas actividades generen beneficios económicos para las comunidades indígenas de Alaska, Canadá y Groenlandia, fortaleciendo su posición política en las demandas de soberanía.
El escenario del Ártico en peligro se relaciona con el llamado “paradigma del Ártico”, donde los cambios ambientales provocados por el cambio climático abrirían la puerta a nuevas extracciones de recursos. Así, se profundizaría la crisis climática y se aceleraría el círculo vicioso de la explotación, lo que acercaría la región a un océano completamente libre de hielo.
- Por último, el Ártico adversarial describe un contexto de mayor conflicto y competencia geopolítica. En este escenario, actores como China e India buscarían influencia en la región, más allá de los países tradicionalmente árticos. Aunque los autores no anticipan un conflicto total en el norte, detectan una variedad de vulnerabilidades y antecedentes históricos que mantienen latentes estos riesgos.
Cambios acelerados: del deshielo al impacto global
El análisis de Bennett y Dodds, presentado en su libro Unfrozen, destaca que el Ártico se calienta cuatro veces más rápido que el promedio mundial y hasta siete veces más en algunas zonas, como las islas rusas de Novaya Zemlya. Nature recoge proyecciones incluidas en este libro que señalan que el Océano Ártico podría quedarse sin hielo durante el verano en la década de 2050, aunque algunas investigaciones citadas por los autores sostienen que esto podría alcanzarse incluso en la década de 2030.
- La obra de Bennett y Dodds recopila voces de comunidades locales, responsables políticos y científicos. El climatólogo Dirk Notz, de la Universidad de Hamburgo, confiesa que le resultó “emocionalmente muy difícil” escribir “Ya es demasiado tarde” en un informe del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático, al reconocer que “era imposible salvar el hielo marino ártico en verano”. Según Notz, “ya no es el verdadero Ártico”.
A pesar de los riesgos, los autores de Unfrozen resaltan la capacidad de adaptación de los pueblos indígenas, la flora y la fauna del Ártico ante los cambios ambientales y políticos. “El destino del Ártico no está sellado”, afirman, y subrayan la importancia de proteger esta región única, cuyo futuro sigue abierto./Agencias-PUNTOporPUNTO
Documento íntegro a continuación:
https://journals.plos.org/plosone/article/file?id=10.1371/journal.pone.0347033&type=printable




















