EL NIÑO tiene 80% de probabilidad de que siga siendo MUY FUERTE durante el resto del año

En marzo, los sensores satelitales comenzaron a detectar una enorme ola que viajaba hacia el este a lo largo del ecuador bajo la superficie del océano Pacífico. Conforme se movía hacia la costa de América del sur, la ola elevó la altura y la temperatura del mar mientras calentaba y humedecía el aire encima de ella.

Se desarrollaron imponentes tormentas eléctricas, que produjeron ondulaciones a gran escala en la atmósfera. Las ondulaciones pronto se extendieron por el planeta y comenzaron a alterar la temperatura, las precipitaciones y el movimiento de los sistemas de tormentas.

  • El Niño, generado por esa colosal ola, ha calentado desde entonces una porción del océano Pacífico ecuatorial central y oriental más de tres grados Celsius por encima de su promedio. Los pronósticos indican una probabilidad superior a 80 por ciento de que este fenómeno climático natural, que ocurre cada pocos años, siga siendo muy fuerte durante el resto del año y pueda convertirse en el más fuerte del que se tenga registro.
  • Hay más de dos decenas de modelos climáticos de agencias de todo el mundo que pronostican las condiciones de El Niño, y a menudo no concuerdan. Pero este año están más alineados que nunca al predecir que las condiciones del fenómeno durarán hasta finales de 2026.

Este alto nivel de certeza significa que muchos de los impactos esperados —lluvias intensas en algunas regiones, sequías e incendios forestales en otras y un aumento en el calentamiento global— muy probablemente ocurrirán.

También significa que los gobiernos, las empresas y las comunidades pueden beneficiarse de esta previsión científica inusualmente clara. Aún hay tiempo para prepararse.

El Niño podría registrar altas temperaturas

Por los fenómenos de El Niño pasados, conocemos muchos de los resultados probables. Es más probable que el sur de África e India experimenten una reducción de las precipitaciones y sequías que podrían ejercer presión sobre los suministros de alimentos e interrumpir la generación de energía hidroeléctrica.

Las condiciones secas sobre Indonesia ya han provocado incendios forestales, y es muy probable que este riesgo persista.

El próximo verano, para el hemisferio sur, nuestro invierno puede ser muy caluroso, con una probabilidad elevada de olas de calor para Australia y partes de Brasil.

  • Otras áreas, como Kenia, el este de China y el sur de Estados Unidos, tienen más probabilidades de experimentar más lluvias que el promedio. Los pronósticos actuales predicen una probabilidad superior a 70 por ciento de que las precipitaciones estén por encima de lo normal en secciones del sureste de Estados Unidos de octubre a diciembre, lo que aumenta el riesgo de inundaciones y deslizamientos de tierra.
  • Los eventos de este fenómeno climatológico también están asociados con saltos en la temperatura de la superficie de la Tierra. El 70 por ciento de la superficie es océano, por lo que las aguas absorben una gran parte de la energía atrapada por los gases de efecto invernadero y, como resultado, se calientan. Los eventos de El Niño permiten una liberación de parte de esa energía de regreso a la atmósfera.
  • Los últimos tres grandes eventos —en 1997, 2015 y 2023— estuvieron acompañados de marcados aumentos de la temperatura de la superficie. Cada uno de esos años fue el más cálido registrado en su momento, y las temperaturas en los años posteriores se mantuvieron elevadas. De hecho, cada uno de los años siguientes (1998, 2016 y 2024) fue aún más cálido que esos máximos históricos anteriores.

Estas temperaturas más cálidas pueden producir un clima más extremo. Las olas de calor son más comunes e intensas, hay más oportunidades de sequía y un mayor riesgo de incendios, y la actividad de las tormentas se intensifica, lo que produce lluvias más intensas y frecuentes. Todo el planeta se ve afectado, y esto significa que el clima durante 2027 podría ser duro para muchos de nosotros.

Los cambios provocados por el llamado súper Niño afectarán la agricultura, la seguridad energética e hídrica, los ecosistemas, las cadenas de suministro, las finanzas, los viajes y la salud. Los gobiernos, las comunidades y las empresas deben evaluar su resiliencia ante tales alteraciones e implementar recursos y planes para responder.

Viene un 2027 climáticamente complicado

Podemos asumir que el verano de 2027 será inusualmente caluroso en el hemisferio norte. Ante esto, los sistemas de atención médica y los hospitales deben prepararse para oleadas de pacientes con golpes de calor, eventos cardiovasculares y enfermedades renales.

  • Los gobiernos de los condados y municipios deben revisar sus procedimientos de respuesta al calor extremo, incluyendo sistemas para verificar el estado de las personas mayores y enfermas, planes para refugios comunitarios de enfriamiento y protocolos para advertir a sus habitantes cuando sea riesgoso estar al aire libre. Necesitarán planes para gestionar el suministro eléctrico y garantizar que los residentes más pobres no se queden sin electricidad por falta de pago durante los peores momentos de calor.
  • En el oeste de Estados Unidos, el Mediterráneo occidental, Indonesia y otras partes del mundo, el riesgo de incendios forestales puede aumentar sustancialmente. La preparación podría incluir una mayor coordinación interinstitucional, un mayor financiamiento para los equipos de extinción de incendios y mejores sistemas de alerta para las comunidades en riesgo.

Los estados y los gobiernos también pueden alentar o incentivar a los propietarios de viviendas a proteger sus propiedades eliminando la maleza inflamable o instalando techos más resistentes al fuego.

  • La inseguridad alimentaria regional puede interrumpir las cadenas de suministro y provocar acaparamiento, especulación de precios e inestabilidades en el mercado. El Programa Mundial de Alimentos de la Organización de Naciones Unidas ya ha liberado fondos para áreas de África en previsión de pérdidas de cultivos.
  • De manera similar, California ya ha desplegado materiales como sacos de arena y bombas de agua para combatir las inundaciones a lo largo de sus ríos y costas en previsión de las inundaciones asociadas a El Niño.

Estos pronósticos del fenómeno no son abstracciones de un calentamiento en un futuro lejano, son predicciones concretas de condiciones climáticas y meteorológicas, algunas de las cuales serán sumamente disruptivas durante los próximos 18 meses. Aún hay tiempo para prepararse, planificar y hacer que nuestros sistemas sean más resilientes. Pongámonos a trabajar./Agencias-PUNTOporPUNTO

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