Por FRANCISCO RODRÍGUEZ
Pocos, muy pocos, conocen la génesis del mayor desabasto de medicamentos que las instituciones públicas del país aún sufren y que se generó en los últimos meses de 2018, justo cuando supuestamente se daba la transición del gobierno de Enrique Peña Nieto al que iniciaría López Obrador.
Porque mientras los presidentes saliente y el entrante caminaban sonrientes por los pasillos de Palacio Nacional que le mostraba el priísta al morenista, se daba una lucha que los peñistas perdían lastimeramente por la decisión del mexiquita de prácticamente soltar las riendas del gobierno desde la noche misma en la que AMLO festejaba en el Zócalo la victoria tras su tercera intentona de hacerse del poder.
Uno de quienes más padecía esa inédita situación era el entonces todavía secretario de Hacienda José Antonio González Anaya.
Por las mismas, paradójicamente, estaba el ya extinto Carlos Manuel Urzúa Macías, a quien cercanos a López le habían confiado, off the record, que iría a ocupar el principal despacho del ala norte de Palacio Nacional como titular de la SHCP. El Presidente Electo no se lo había comunicado todavía personalmente.
A González Anaya le urgía que el siguiente titular del Ejecutivo aprobara y firmara un par de importantes documentos. Uno de ellos era el del banderazo presupuestal para la licitación de medicamentos que el IMSS, el ISSSTE, Pemex, entre otras instituciones deberían tener en los anaqueles de sus farmacias a más tardar en marzo de 2019.
Urzúa Macías también tenía urgencia por conocer qué recibiría, en qué condiciones estaban las arcas, cuales los compromisos que no podían dejar de cumplirse por el cambio de mandos…
Ninguno de ambos sabía qué hacer. Sobre todo Urzúa, a quien los más próximos al tabasqueño le habían advertido de que no debía ni podía acercarse a ninguno de los integrantes de los equipos que estaban a punto de concluir sus respectivas gestiones. ¡Prohibido! ¡Con nadie!, le habían subrayado.
La transición PRI – Morena no fue lo tersa que presumían ciertos medios.
“¿Cómo le informo a López Obrador?”
Movido por la urgencia, Urzúa recordó tener un viejo y leal amigo de juventud del que sabía que tenía un hijo que ocupaba una posición importante en Hacienda y que, además, gozaba de la confianza del titular González Anaya.
Procuró al amigo. Le explicó la encrucijada en la que se encontraba. Y ambos buscaron al todavía funcionario y, casi en clave, le narraron la situación.
En la oficina del saliente secretario de Hacienda la buena nueva de haber encontrado quién hiciera llegar a manos de AMLO los documentos para su aprobación y firma la noticia cayó como bendición celestial.
Con gran sigilo, Urzúa acudió al domicilio particular del joven funcionario hacendario. Iniciaron la reunión a media tarde con café y galletas. Para la medianoche la caja de esas golosinas se había agotado, pues quien sería el siguiente titular las comía nerviosamente al tiempo que prácticamente se jalaba los cabellos.
Cuentan que decía, palabras más o menos, “¿y cómo le hago saber esto a quien será mi jefe?”… “se supone que no se que me va a invitar a formar parte de su equipo”… “si él no firma esto, ¡no habrá medicamentos!”…
¡Y no los hubo!
Negocio para los juniors del Bienestar
de contratación, sino que se extiende a la logística y al reparto diario. Ni la infraestructura tradicional del IMSS ni el involucramiento de la Secretaría de la Defensa Nacional en las labores operativas han logrado garantizar el abasto en el campo médico. A pesar de los recursos económicos destinados y la disciplina institucional, la falta de fármacos sigue afectando a cerca de la mitad de las recetas en diversos centros de salud.
Esta deficiencia constante trasciende los discursos oficiales y la retórica de gobierno, trasladando la carga directamente a las familias mexicanas, quienes terminan costeando de sus propios bolsillos los tratamientos que el Estado no provee.
Morena pagará el costo en las urnas
Las consecuencias sanitarias de esta escasez han rebasado los márgenes institucionales. En entidades como Veracruz, el descontento del personal médico y la ciudadanía ha detonado protestas e inconformidades incontenibles que superan la capacidad de contención de los gobiernos locales y federal, como se vio esta misma semana cuando las manifestaciones se generalizaron en todo el territorio nacional.
Lo que desde las tribunas oficiales se busca desestimar como activismo o “shows mediáticos” refleja en realidad la acumulación de carencias y recortes presupuestales. El fallido manejo en el abasto de medicinas no solo vulnera el derecho a la salud, sino que representa un foco de inestabilidad que compromete el capital político del proyecto político actual.
El costo lo pagará Morena en las urnas.
Indicios
Dos años y 13 días le llevó a la señora Sheinbaum reconocer que sí, que efectivamente, hay desabasto de medicamentos. Lo aceptó en su mentiñera de este martes reciente, ¡finalmente! Antes lo había negado en reiteradas ocasiones, incluso mostrando enojo cuando alguno de los asistentes matutinos al Salón Tesorería le tocaba el tema.
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