CIUDAD ENFERMA

La principal misión de toda comunidad es la felicidad de sus ciudadanos. Existen diversas definiciones de felicidad, pero invariablemente una de las principales características de ésta es la tranquilidad o la paz. Por ello, el mayor bien público con que un gobernante debe estar comprometido es con garantizar y tutelar que sus gobernados vivan en concordia y con tranquilidad. Decía Salustio: con la concordia las cosas pequeñas crecen, con la discordia las más grandes se desbaratan.
Pero eso al gobierno de nuestra ciudad capital parece no importarle. La construcción de una ciudad de avanzada, en donde una de sus principales ventajas con otras entidades era la seguridad ciudadana, ha quedado en el pasado. La violencia es una noticia a la que nos hemos acostumbrado. La respuesta oficial es la frivolidad y el discurso fácil de políticos que se encuentran más ocupados por las relaciones diplomáticas o los eventos deportivos, que por la paz y la tranquilidad para sus ciudadanos.
La ciudad capital se encuentra enferma y parece que a nadie le importa: contaminación, violencia, inseguridad, pobreza, desempleo, vialidad, basura, calles privatizadas por grupos formales o informales y un sinfín de fenómenos que muestran la discordia y la falta de tranquilidad en los habitantes del Distrito Federal.
En materia legislativa pareciera ser que la principal meta ha sido una competencia con legislaturas anteriores para ver quién produce más leyes, aunque éstas se conviertan en letra muerta. Las herramientas que tienen los ciudadanos son: o el activismo social en movimientos y participación ciudadana o las elecciones en donde se cuenta con la oportunidad para premiar o castigar a los gobernantes que desdeñan el derecho de todos a la felicidad y su responsabilidad para generar las condiciones para ello. El peor error será la apatía e indiferencia.

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