«Vamos a empezar a atacar en tierra en lo que se refiere a los carteles», aseguró el jueves 8 de enero Donald Trump en una entrevista con la cadena ‘Fox News’.
Sus declaraciones se producen menos de una semana después de una operación estadounidense en la que se capturó a Nicolás Maduro en Caracas para traerlo ante un Tribunal Federal en Nueva York y juzgarlo por «narcoterrorismo».
- Tras ese operativo, Trump apuntó a otros objetivos, como Colombia, Groenlandia y México. Sobre este último país, acaba de anunciar ataques terrestres contra los carteles de narcotráfico, a los que acusa de estar «matando a 250.000 o 300.000 personas” en su país cada año.
- En respuesta y tras varias declaraciones de rechazo esta semana, la presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, señaló este viernes 9 de enero que buscará “estrechar la comunicación” con Trump.
“Vamos a estrechar la comunicación. Le pedí al secretario (de Relaciones Exteriores), Juan Ramón de la Fuente, que pueda si es necesario verse con el secretario del departamento de Estado (Marco Rubio). Y si es necesario hablar con el presidente Trump”, señaló la mandataria.
¿Hay una posibilidad de intervención en México?
“La última vez que Estados Unidos vino a México con una intervención, se llevó la mitad del territorio”, recordó la presidenta Claudia Sheinbaum el 18 de noviembre pasado, al reaccionar a la primera insinuación de Donald Trump sobre una posible intervención en territorio mexicano para combatir al narcotráfico como parte de su estrategia de seguridad nacional.
En ese momento, la advertencia parecía retórica. Washington apenas había autorizado ataques contra presuntas embarcaciones de narcotraficantes en el Caribe, no había apuntado a una captura de Nicolás Maduro y su interés por anexar Groenlandia se había enfriado. Pero con el paso de las semanas, el contexto cambió. Las declaraciones de Trump comenzaron a tomarse con mayor seriedad en México, especialmente tras la operación en Caracas, que alteró los cálculos regionales.
- La retórica del mandatario estadounidense —incluida su sugerencia reciente de que Washington podría verse obligado a “hacer algo” frente a los cárteles que, según él, “controlan México”— reactivó en su vecino latinoamericano el temor a una acción unilateral. Frente a ese escenario, el Gobierno de Sheinbaum apostó por reafirmar su tradición diplomática: defensa del derecho internacional, rechazo a la intervención y llamado a la desescalada. “Cooperación, sí; subordinación e intervención, no”, subrayó la presidenta esta semana, al tiempo de buscar bajar el tono a los escenarios más extremos.
“No creo en una invasión; ni siquiera creo que sea algo que se estén tomando muy en serio”, aseguró. Recordó que Trump ha insistido en varias ocasiones en que se permita la entrada del Ejército estadounidense a México, una propuesta que el Gobierno de Sheinbaum ha rechazado de forma categórica. “Primero, porque defendemos nuestra soberanía; y segundo, porque no es necesario”, argumentó.
Sin embargo, para Carlos Vilalta Perdomo, profesor e investigador en temas de seguridad, el umbral del riesgo ya se ha desplazado. “Las amenazas han pasado de ser simple palabrerío a una probabilidad”, advirtió.
En su lectura, el escenario más plausible no es una invasión convencional, sino acciones quirúrgicas: ataques con drones y operaciones de fuerzas especiales. Incluso un aumento de la ofensiva de Sheinbaum contra el crimen organizado, sostiene, no garantizaría evitar una acción unilateral, debido a la desconfianza estructural de Washington hacia el Estado mexicano.
“Tanto en el Capitolio como para gran parte de la opinión pública estadounidense, la idea de intervenciones quirúrgicas de ‘seguridad nacional’ está siendo aceptada sobre la premisa de que el fin justifica los medios”, dice. En ese contexto, afirma, México ha ganado tiempo, pero “los intereses políticos y electorales de Estados Unidos son más fuertes que cualquier cosa que haga México o cualquier otro país de la región”.
- Para Víctor Sánchez, investigador de la Universidad Autónoma de Coahuila, las señales que llegan desde Washington deben leerse más como un mecanismo de presión política que como un plan operativo inmediato.
En su análisis, las acciones en Venezuela tienen un fuerte componente simbólico. “Se trata de una reacción que genera un impacto psicológico, no solo en México, sino en otros liderazgos de la región”, explica. Ese efecto, añade, se amplifica en la medida en que la figura de Donald Trump aparece reforzada, lo que termina traduciéndose en mayor presión sobre la presidenta mexicana y su equipo.
¿Intervención militar?
Sánchez considera poco viable una acción militar unilateral de Estados Unidos contra los carteles en México. “La situación mexicana es muy distinta a la de Venezuela”, subraya.
Aunque reconoce que Trump ha demostrado ser más proclive que otros presidentes a cruzar ciertos límites, el académico cree que ese escenario sigue siendo marginal. “No se puede descartar del todo, pero sigue siendo una posibilidad menor”, señala. A su juicio, la amenaza cumple otra función: servir como palanca para arrancar concesiones a México. Una dinámica delicada en el contexto de la renegociación del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (TMEC).
- Según Sánchez, algunos de los límites que México había logrado sostener podrían debilitarse. “La combinación de lo ocurrido en Venezuela y el proceso de renegociación comercial le da al Gobierno de Estados Unidos herramientas suficientes para aumentar la presión”, explica.
- Entre las posibles exigencias de Washington, el experto menciona más extradiciones, un mayor énfasis contra ciertas organizaciones criminales, más despliegue en la frontera y niveles más profundos de cooperación, incluso con operativos conjuntos.
En materia de seguridad, el investigador reconoce avances bajo el Gobierno de la izquierdista Sheinbaum. Señala que los decomisos relacionados con el robo de combustible (huachicol fiscal) se han duplicado respecto a gobiernos anteriores, sin embargo, matiza: “Eso no significa que no haya áreas de oportunidad”. Y advierte que esos resultados, aunque reducen el riesgo de una intervención, no garantizan que Washington se dé por satisfecho y mantendrá una estrategia de presión gradual.
El escenario que debe evitarse es algo similar a lo que ocurrió con Maduro, pero aplicado a narcotraficantes mexicanos”
- Para el académico, la frontera más clara que México debe trazar es evitar cualquier acción unilateral en su territorio. “El escenario que debe evitarse es algo similar a lo que ocurrió con Maduro, pero aplicado a narcotraficantes mexicanos”, advierte.
Aclara que eso no excluye la cooperación o la asistencia estadounidense, pero sí marca un límite político y jurídico. En ese contexto, menciona que el uso de drones se mueve en una “zona gris”, recordando que ya se han registrado sobrevuelos estadounidenses sobre territorio mexicano. De cara al futuro, el investigador insiste en que la mejor defensa pasa por resultados sostenidos en seguridad. “Mientras más avances haya, menos argumentos existen para justificar una intervención”, señala.
Vilalta coincide. “Hay que contrarrestar esta doctrina intervencionista con éxitos contundentes en aduanas y puertos, y publicitarlos internacionalmente”. Sobre las “líneas rojas”, afirma: “Si hablamos de acciones no negociables, me temo que México está hoy en un territorio gris”.
“Una línea roja nunca es estática, siempre es de fricción de fuerzas. Y esto es lo que vamos a ver, más fricción”, prevé.
- Desde el ángulo jurídico, Moisés Montiel, abogado especialista en Derecho Internacional, explica que una incursión atribuible a Estados Unidos podría ser calificada por México como un acto de agresión bajo el marco de Naciones Unidas. Ello permitiría invocar la prohibición del uso de la fuerza recogida en la Carta de la Organización de Naciones Unidas, y, eventualmente, activar el derecho de legítima defensa, siempre bajo los principios de necesidad y proporcionalidad, con la obligación de notificar al Consejo de Seguridad.
Pero, “en un escenario donde intentemos responder con las armas podría terminar mal para el país”, advierte Sánchez.
Montiel advierte que el derecho internacional se aplica en un terreno profundamente desigual. En ese marco, Washington podría apelar a doctrinas controvertidas como la del “unwilling and unable” (“no dispuesto ni capaz”), un principio invocado por algunos Estados para justificar el uso de la fuerza en territorio ajeno contra actores no estatales —como grupos terroristas— bajo el argumento de que el Estado anfitrión no quiere o no puede neutralizar la amenaza.
El riesgo, señala el jurista, es que esa lógica se extienda para equiparar el narcotráfico a un “ataque armado”, abriendo la puerta a acciones militares unilaterales. Para Montiel, se trata de justificaciones endebles y, en muchos casos, sin base legal, ya que el régimen internacional contra el crimen organizado transnacional no autoriza el uso de la fuerza sin el consentimiento del Estado territorial.
El precedente peligroso del uso unilateral de la fuerza
Según Montiel, esa lógica ya se ha manifestado en más de 30 operaciones de Estados Unidos contra embarcaciones que Washington consideró vinculadas al tráfico de drogas, acciones llevadas a cabo fuera de un conflicto armado y sin un proceso judicial, y que el jurista califica como “ejecuciones extrajudiciales” por el uso letal de la fuerza sin las garantías exigidas por el derecho internacional.
- Pero casos recientes muestran que grandes potencias han violado la prohibición del uso de la fuerza sin enfrentar consecuencias proporcionales. “Tampoco hay que ser inocentes, Rusia hizo lo mismo con Ucrania y no enfrentó mayores sanciones, también lo hizo Israel con los palestinos, EE. UU. con Irán, y un montón más de ejemplos”, afirma Montiel.
“Lo que sí observamos, que indica un agravamiento de la robustez de la prohibición de uso de fuerza, es que los intentos discursivos por presentar como legales estos usos de fuerza cada vez se vuelven más endebles y, ante la inexistencia de mecanismos legales de efectiva coerción, la tendencia pinta peor”, lamentó.
Montiel enmarca todo esto en un tablero mayor: una visión de seguridad continental de EE. UU. que él vincula con un “Corolario Trump” a la Doctrina Monroe, una idea que —según él— reintroduce una lógica de zonas de influencia y competencia entre potencias, con ecos de la Guerra Fría.
En ese esquema, “drogas” o “terrorismo” pueden funcionar como argumentos operativos para sostener decisiones estratégicas más amplias. La consecuencia, advierte, es que esos motivos podrían volverse pretextos secundarios dentro de una narrativa geopolítica más grande.
Las declaraciones de Trump responden más a intereses políticos
El sociólogo Juan Manuel Alarcón Sánchez aseguró que, no existe un riesgo real e inmediato de que esto ocurra.
“Hay que dejar claro dos cosas: una invasión de Estados Unidos a México no conviene al país y, además, no sería por los motivos que Estados Unidos está planteando”, afirmó Alarcón Sánchez, quien consideró que el tema del narcotráfico está siendo utilizado sólo como pretexto.
El sociólogo señaló que desde una visión social y política, las amenazas no están sustentadas en una verdadera estrategia contra el crimen organizado. “La respuesta que pretende dar Estados Unidos no está realmente fundamentada en la lucha contra el narco, corresponde a otro tipo de intereses”, sostuvo.
Además explicó que la relación económica entre México, Estados Unidos y Canadá hace poco viable cualquier intento de intervención. “No existen condiciones para una ruptura, porque el Tratado de Libre Comercio beneficia directamente a América del Norte, especialmente a Estados Unidos”, indicó.
- Alarcón Sánchez advirtió que una intervención tendría consecuencias graves para la población mexicana. “Los alcances de un proceso de intervención serían lamentables para todos los ciudadanos, primero porque pondría en peligro la soberanía nacional y segundo porque permitiría una apropiación casi directa por parte del país vecino”, expresó.
Asimismo criticó a quienes ven con buenos ojos una posible intervención extranjera. “Pensar que una intervención resolvería el problema del narcotráfico es una postura de desconocimiento que podría llevar a consecuencias muy graves”, dijo.
Alarcón consideró que el discurso de Trump responde también a una agenda política ideológica. “Es un gobierno de ultraderecha que está alineando a sus aliados y desconociendo a gobiernos más progresistas en América Latina”, afirmó.
Finalmente señaló que México debe continuar apostando por la vía diplomática y el respeto al derecho internacional.
“Hasta ahora, el camino diplomático es la única forma de frenar una amenaza de esa magnitud”, agregó, aunque reconoció que los organismos internacionales, como la ONU, han perdido peso frente a decisiones unilaterales de Estados Unidos.
Concluyó que, pese al clima de incertidumbre que generan estas declaraciones, “no creo que exista una posibilidad real de intervención; más bien se trata de lo que se dice y se susurra en un panorama de tensión política, pero no de una salida inmediata”.
«La delincuencia organizada también viola la soberanía»
Tras el ataque a Venezuela y la captura de Nicolás Maduro, el 3 de enero de 2026, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, dijo tener en la mira a organizaciones criminales transnacionales como el Cartel de Sinaloa o el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), de México, que extienden sus tentáculos por toda América Latina, con empresas y conglomerados transnacionales del crimen organizado.
De acuerdo con DW quien entrevisto al investigador y académico Edgardo Buscaglia, experto en Derecho y Economía de la Universidad de Columbia, en Nueva York, y asesor antidelincuencia organizada, con experiencia en 118 países desde 1990.
- ¿De qué hablamos cuando nos referimos a las empresas multinacionales del narcotráfico?Edgardo Buscaglia: Son empresas legalmente constituidas que cometen 23 tipos de delitos económicos tipificados, desde la compraventa de seres humanos al tráfico de migrantes, desde el tráfico de armas y de estupefacientes hasta delitos cibernéticos.
Tienen un rol no solo en el lavado del dinero sucio que surge de esos delitos, sino también en brindarles a los delincuentes la capacidad de transporte, flotillas de camiones, aviones, barcos, a nombre de empresas registradas legalmente, que en su mayoría son multinacionales legales formales.
¿Cómo logran esos conglomerados del crimen organizado asentarse en los diferentes países? ¿Qué rol juegan las instituciones y la política en ello?
- Reciben protección de la clase política. Un ejemplo es Genaro García Luna, exministro de Seguridad del expresidente mexicano Felipe Calderón. García Luna era miembro del Cartel de Sinaloa, lavaba dinero para ellos y ayudaba en el transporte de drogas.
Sin esa protección, esas empresas transnacionales del crimen organizado no se pueden expandir con la facilidad que lo hace, por ejemplo, también el Primeiro Comando Vermelho de Brasil.
La dimensión política es la más importante para esas organizaciones, que aspiran ya no a disputar poderío entre ellas, sino a transformarse en empresas legales. En el caso de México, gobernado por la delincuencia organizada, hay siete grupos criminales transnacionales que controlan gran parte del territorio. Lo que permite eso es la protección política que reciben esos grupos criminales.
¿Qué resultados podría tener la presión del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sobre la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, para que desmantele la «protección política» de los carteles?
- El experto aseguró que el mecanismo que usa Trump es informarle a Sheinbaum que si no desarma esa protección política, él se va a ver obligado a actuar. La presidenta Sheinbaum responde que el Estado mexicano no quiere tropas estadounidenses en su territorio, porque eso violaría la soberanía nacional.
«Pero si Trump ve un beneficio político tangible, va a seguir adelante. Lo va hacer de manera subrepticia o abiertamente. Pero dado que la relación de EE. UU. con México es mucho más sensible en lo comercial y financiero, la metodología de Trump va a ser militarmente más diplomática, eliminando quirúrgicamente esa protección política y a esos grupos de empresarios legales que le permiten a los carteles mexicanos operar con impunidad dentro del territorio y más allá. Porque además le conviene tener una presidenta mexicana estable, dependiente de él, como sucedió en cierta forma con López Obrador».
«Pero la metodología de Trump es transaccional y mercantilista, no se queda en la dimensión de la seguridad nacional. Sheinbaum se encuentra ante un tsunami de demandas de Trump, que van desde lo comercial de cara a China, hasta la seguridad. Con él no será posible cooperación judicial. Sheinbaum es tan débil como lo eran Calderón, Fox, Peña Nieto y López Obrador para desmantelar a la estructura criminal de su propio partido».
Necesita que haya un pacto de acuerdo entre los partidos para limpiar a todos al mismo tiempo, como hicieron los colombianos, como hizo Italia en los años 90. México todavía no está en ese estadio de un pacto político de integridad para comenzar a atacar a la ciénaga política relacionada con la delincuencia organizada. Tampoco se le puede achacar la culpa a MORENA, esto es algo que viene desde la tradición mexicana del partido único del Estado, el PRI./Agencias-PUNTOporPUNTO




















