La revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) prevista para el 1 de julio de 2026 marca un punto de quiebre para la economía mexicana. Más que una actualización técnica, el proceso ocurre en un contexto de presiones geopolíticas, relocalización de cadenas productivas y ajustes internos en los tres países.
El resultado no solo definirá las condiciones del comercio regional, sino también el margen de maniobra de México para diversificar mercados, fortalecer su capacidad productiva y sostener el atractivo del país como plataforma manufacturera.
- De acuerdo con la Mtra. Cynthia Valeriano López, profesora de Economía del Tecnológico de Monterrey, campus Toluca, el debate no debe centrarse únicamente en si el tratado “se cae” o no, sino en qué tan costosa podría volverse su operación si no se alcanzan consensos en sectores estratégicos.
El T-MEC contempla una revisión obligatoria a los seis años de su entrada en vigor, lo que activa un periodo formal de consultas entre los tres países. Este mecanismo no implica automáticamente la cancelación del tratado, sino la evaluación de su funcionamiento y la definición de ajustes. Si alguno de los socios no manifiesta su intención de continuar, el acuerdo no se extingue de inmediato, sino que entra en una fase de revisiones anuales, cuyo objetivo es evitar su terminación antes de los 16 años pactados en el acuerdo, esto quiere decir, hasta el 2036.
Este esquema busca dar margen a la negociación política y técnica. En la práctica, si no hay acuerdos, el comercio no se detiene, pero ciertos sectores podrían quedar sujetos a aranceles o medidas extraordinarias, encareciendo flujos que hoy operan bajo preferencias.
Para Cynthia Valeriano, este escenario implicaría “un achicamiento del comercio, no un cierre de fronteras.
Si no se logra un acuerdo, el tratado entraría en una fase de negociación o revisión anual. No es que desaparezca, sino que el comercio se «achica» en los sectores donde no hay consenso y esos bienes tendrían que pagar aranceles o tarifas extraordinarias. El trabajo de México sería negociar las tarifas más bajas posibles para no afectar la producción nacional.
¿Cuáles son los sectores que México no debe perder de vista?
La especialista identifica cuatro frentes críticos en la revisión, el primero es el sector automotriz y reglas de origen
El punto más importante tiene que ver con las reglas de origen del sector automotriz, advirtió, ya que Estados Unidos busca reforzar el comercio regional y clarificar la proveeduría para limitar la entrada indirecta de insumos provenientes de Asia, particularmente de China.
- La relevancia es estructural, ya que aproximadamente 70% del comercio regional de bienes está vinculado al sector automotriz, que se consolidó como la “joya de la corona” del T-MEC. Como región, en 2024 96% de la producción automotriz correspondió a vehículos ligeros, y el sector empleó a 5.1 millones de personas en los tres países, de las cuales siete de cada 10 se localizan en Estados Unidos. México, además, se convirtió en el principal exportador de vehículos a ese mercado, con cadenas de suministro profundamente integradas.
A esto se suma que cerca de 20% del valor agregado de las exportaciones mexicanas del sector proviene de insumos fabricados en Estados Unidos, lo que refleja la interdependencia productiva. Cualquier endurecimiento en reglas de origen impactaría directamente costos, inversiones y empleo.
Compromisos laborales y mecanismos de respuesta rápida
Otro eje es el laboral, en donde México asumió compromisos para homologar condiciones de trabajo y salarios. Para Valeriano,
“Interesa mucho qué tanto hemos avanzado en la homologación salarial para evitar o reducir la migración por justo las asimetrías; y evidentemente el sector por lo estructurado que está, por lo bien integrado en términos de cadenas de valor en la región, es el sector automotriz que es donde quieren que inicie este proceso de homologación salarial”, señaló Cynthia Valeriano.
- Política energética: Aunque en los últimos meses se mostraron señales de mayor apertura a inversión privada y renovables, Estados Unidos busca garantías más claras de acceso al sector energético, lo que mantiene este rubro como uno de los más sensibles en la revisión, así como seguir el foco en las energías no renovables, siendo el petróleo un factor importante este año.
- Sector agropecuario: Persisten controversias en torno a semillas genéticamente modificadas y comercio de maíz, donde existen paneles en curso. Este punto sigue abierto porque México no ha presentado pruebas científicas contundentes que respalden ciertas restricciones al maíz transgénico.
¿Qué pasa si no se renueva el T-MEC?
Si el 1 de julio de 2026 no se logra un acuerdo integral, el tratado no se cancela automáticamente y entraría en una etapa de revisión anual, en la que los países buscarían rescatarlo. Durante ese periodo, podrían establecerse medidas arancelarias selectivas en los sectores sin consenso.
- El principal efecto sería económico: mayores costos, pérdida de eficiencia logística y presión inflacionaria. Para México, el riesgo no es solo comercial, sino estructural, ya que no existe hoy una economía capaz de sustituir completamente al mercado estadounidense en volumen, capacidad de consumo y cercanía geográfica.
“No hay un solo país, una economía completa que pueda sustituir al 100% a la norteamericana por capacidad de compra, población y nivel de consumo. Tendríamos que pensar de forma mucho más global y segmentar nuestra producción”, afirmó la académica.
Canadá, por su parte, envió señales de acercamiento a China, pero puede considerarse que se trata más de estrategias de negociación que de una intención real de abandonar el acuerdo, dada la imposibilidad de sustituir su integración con Estados Unidos, y esto se confirmó en una primera declaración del Primer Ministro Mark Carney a raíz de este rumor, mismo que ya sentenció que no buscará tratado comercial con China después que el presidente Donald Trump amenazara con un arancel del 100% si firmaba un acuerdo con el país asiático.
¿Qué mercados podría mirar México para reducir su dependencia?
La diversificación es una necesidad, pero no todas las regiones representan oportunidades inmediatas ya que México compite con economías como Brasil, Argentina o Chile en sectores industriales y automotrices, esto reduce incentivos de consumo mutuo y limita el potencial de estos países como mercados sustitutos.
Para el caso de China, si bien es un socio comercial relevante, una apertura total implicaría riesgos. China tiene la capacidad de desplazar producción local y capturar el mercado interno, por lo que la relación se mantiene con cautela.
¿Pero cuáles son los mercados que México podría mirar para reducir su dependencia?
Para la especialista en Economía internacional y maestra en Gobierno y Políticas públicas, México podría mirar más allá del océano para reducir su dependencia con Estados Unidos, en donde se destacan tres regiones:
- África, particularmente economías con déficits alimentarios y procesos de industrialización en marcha. En esta región destaca Sudáfrica que tiene una economía con resultados muy interesantes en los últimos años
- Oceanía, como plataforma para productos agroalimentarios y manufacturas hacia mercados de alto ingreso, sumado a la posición geográfica, podría ayudar en incrementar la presencia de México
- Asia y Europa, donde existe mayor valoración por cadenas de suministro industriales, tecnológicas y de valor agregado
Sector automotriz: entre riesgo y oportunidad
En el primer trimestre de 2025, México consolidó una participación récord de 43.3% como proveedor de autopartes para Estados Unidos. Al mismo tiempo, la Industria Nacional de Autopartes (INA) y la Corporación Financiera Internacional del Banco Mundial lanzaron un programa para integrar pymes mexicanas a cadenas globales, con potencial de elevar la eficiencia del sector hasta en 46% y fortalecer el contenido nacional.
Sin embargo, en el contexto actual, Donald Trump busca fortalecer el mercado interno sin tener consideración del costo político que esto pueda generar como es el presionar a empresas y gobiernos o encarecer la producción externa para disuadir al sector empresarial y esto ayude a generar empleos en su territorio.
Pero, ¿Le ha servido la estrategia a Trump? , para la especialista, realmente no…
“Si bien, algunas armadoras, tratan de reorientar la conversación hacia otro lado, manifestaron que van a incrementar inversiones (…) que quizá dejen de producir cierto tipo de vehículos o autopartes, o que van a reducir su producción en México o en Canadá, y que lo van a incrementar en Estados Unidos. Pero, lo que realmente nos dice es que esto todavía no se concreta y que muy probablemente vayan a hacer hasta lo imposible por tratar de esperarse hasta las elecciones intermedias”, mencionó.
Esto tiene una estrategia interesante, al considerar que la fuerza migrante participa mucho en agricultura, construcción y servicios, pero en el sector automotriz es menor; son empleos formales que él (presidente Trump) quiere reservar para la fuerza de trabajo norteamericana. Además, está incentivando la automatización y robotización del campo para depender menos de las personas y eficientar costos de producción.
Por lo tanto, se espera una revisión más intensa del T-MEC que buscará endurecer reglas de origen y reducir dependencia externa.
Para México implica repensar su política industrial, laboral y comercial. El tratado seguirá siendo el eje del comercio exterior, pero el resultado de 2026 definirá si los Estados Unidos transita hacia una integración más profunda o hacia un esquema más costoso y fragmentado. Lo que da como resultados que no se trata solo de mantener el acuerdo, sino de entender en qué términos y con qué capacidades internas México va a sostenerlo.
Los escenarios más probables que enfrenta México ante el T-MEC
Luis de la Calle, exsubsecretario de Negociaciones Comerciales Internacionales de la Secretaría de Economía y negociador de México para los acuerdos de libre comercio bilaterales, descarta una salida abrupta de Estados Unidos del acuerdo en el corto plazo. “La probabilidad de que Estados Unidos salga es muy baja”, señala, y recuerda que incluso durante el primer mandato de Donald Trump, cuando amenazó con abandonar el tratado, el resultado fue una renegociación y no una ruptura.
El punto de partida de la discusión es el mecanismo de revisión previsto en la llamada cláusula sunset, que se activa a seis años de la entrada en vigor del T-MEC. Este proceso contempla dos rutas: lograr un acuerdo para extender el tratado por 16 años o, en caso de no alcanzarlo, entrar en un esquema de revisiones anuales sucesivas sin que el acuerdo se cancele.
- Para De la Calle, el escenario más probable es que la revisión pase al 2027. “Lo más probable es que lleguemos a junio y probablemente no nos pongamos de acuerdo”, explica. En su evaluación, este resultado concentra la mayor probabilidad frente a una extensión inmediata o una renegociación profunda.
En esto coincide Oscar Ocampo, director de Desarrollo Económico del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO). A su juicio, alcanzar un acuerdo en unos cuantos meses resulta poco realista, sobre todo porque una revisión de fondo requeriría un mandato explícito del Congreso de Estados Unidos y se cruzaría con las elecciones intermedias, un contexto que “probablemente generaría demasiado ruido interno”.
Sobre la posibilidad de sustituir el acuerdo trilateral por tratados bilaterales, Ocampo la ve como una alternativa poco viable. Advierte que los costos y la complejidad operativa la vuelven difícil de implementar. “Es poco plausible”, afirma, al explicar que sería altamente problemático operar con esquemas arancelarios distintos entre México, Canadá y Estados Unidos y adaptar a acuerdos bilaterales todo lo que hoy funciona bajo una lógica trilateral.
Carlos Aguirre, profesor de la licenciatura en Negocios Globales de la Universidad Iberoamericana, coincide con la posibilidad de que la revisión del tratado se extienda más allá de este año, aunque esto podría cambiar dependiendo de “qué tan ambicioso o qué tanta crítica o qué tanta oposición vaya a presentar Estados Unidos” al momento de negociar.
“Como están ahorita las condiciones mes apostaría a que tal vez no lleguemos a a a un acuerdo en este año y eso lleve a que se hagan grupos de trabajo, de evaluación, de implementación, de rediseño, etcétera. Y que a lo mejor en el segundo año o en años posteriores si se llegue a un acuerdo”, opina Aguirre.
El riesgo: la incertidumbre prolongada
Desde el punto de vista económico, el mayor riesgo para México no es la desaparición formal del tratado, sino la prolongación de la incertidumbre. Víctor Gómez Ayala, economista en jefe de Finamex, considera que México, Estados Unidos y Canadá pueden alcanzar un acuerdo comercial este 2026, sin embargo, no descarta la posibilidad de que la revisión se aplace a los próximos años, lo cual podría afectar a las inversiones en nuestro país.
“Ese sería el escenario más crítico porque implicaría que los diferentes proyectos de inversión productiva que se puedan desarrollar en la región estarían sujetos a un horizonte de planeación demasiado corto”, explica Ayala sobre las consecuencias que tendría, por ejemplo, en sectores como el energético y el de infraestructura.
- El especialista de Finamex subraya que esta incertidumbre ya tuvo efectos visibles, pues, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), en 2025 la inversión en México se redujo 7 %.
El académico Carlos Aguirre también alerta sobre los riesgos de no acordar un T-MEC pronto. “El peor de los escenarios es que en diez años no nos pongamos de acuerdo … y creo que ahí serían evidentes las consecuencias para México, de que aún con sus puntos críticos … finalmente en una evaluación global sigue siendo un tratado que beneficia profundamente el desarrollo económico de nuestro país”.
La amenaza de salida: poco probable, pero real
Aunque el consenso entre los especialistas es que una ruptura formal del T-MEC tiene bajas probabilidades, la amenaza persiste como una herramienta de negociación y un riesgo latente.
- Luis de la Calle estima que la probabilidad de que Estados Unidos abandone el acuerdo es “cercana a cero”, y Víctor Gómez Ayala coincide en que, en la práctica, no es el escenario más probable, aunque sí constituye una “amenaza permanente” en el contexto político actual.
Sin embargo, Oscar Ocampo advierte que este escenario, aunque lejano, debe tomarse con “seriedad” y que México debe estar preparado: “Cuando Trump amenaza con ese tipo de cosas, uno tiene que tomarlas en serio“, subraya, alertando que el costo de ignorar estos riesgos puede ser muy alto.
Esta cautela es respaldada por Carlos Aguirre, quien explica que, si bien Trump suele iniciar con posturas excesivas para flexibilizarlas después, no se debe cometer el error de pensar que no cumplirá sus amenazas, ya que “en una de esas lo hace”. Aguirre recuerda que el mecanismo de denuncia existe y, ante un conflicto severo, cualquier país podría activarlo para terminar el acuerdo en seis meses.
No obstante, existen límites estructurales y económicos que frenan una ruptura. Tanto De la Calle como Gómez Ayala destacan el respaldo del sector privado estadounidense: en el proceso de consulta del USTR, de más de 1,500 comentarios recibidos, el 97 % fueron favorables a mantener el tratado tal como está.
Además, Ocampo señala que Trump no puede lograr su objetivo de reindustrializar Estados Unidos si rompe el T-MEC, ya que su industria depende de los insumos y la mano de obra de la región.
Asimismo, una salida tendría un costo político alto para los republicanos en estados clave del “cinturón del óxido” (Rust Belt) como Michigan. De la Calle recuerda que en el pasado mandato de Trump fueron los intereses agrícolas estadounidenses los que frenaron la salida al hacerle ver que México es un mercado vital para sus productos.
La extensión por 16 años: el escenario ideal, pero poco probable
Entre los especialistas existe un consenso claro: lograr la confirmación del tratado por un nuevo periodo de 16 años representa el “ambiente idóneo” para México. Este desenlace brindaría certidumbre y eliminaría la volatilidad.
De lograrse este acuerdo, el tratado se renovaría para extenderse 16 años más, evitando la necesidad de revisiones anuales, lo cual es visto por los especialistas como el desenlace óptimo para el país, aunque advierten que las condiciones actuales lo hacen difícil.
Sin embargo, Luis de la Calle estima que la probabilidad de alcanzar este escenario positivo y resolver la revisión exitosamente es apenas del 25 %, considerando que lo más factible —con un 60 % de probabilidad— es que no se llegue a un acuerdo en junio y se active la dinámica de revisiones posteriores.
- Coincidiendo con esta visión, Ocampo señala que el escenario “más plausible” es que la decisión se patee hasta el siguiente año, dado que lograr consenso en unos meses se ve “poco probable” en este momento. Carlos Aguirre respalda este pronóstico, apostando a que, tal como están las condiciones, no se llegará a un acuerdo este año.
Aunque los especialistas ven este riesgo de incertidumbre, Víctor Gómez Ayala encuentra optimismo en el hecho de que empresas mexicanas, estadounidenses y canadienses apoyan que el T-MEC continúe, lo que podría ayudar a consolidar el acuerdo.
“Hay un apoyo enorme al proceso de integración comercial porque ha traído como consecuencia beneficios económicos para todas las partes. El interés de extender el tratado sobre todo existe, a nivel yo te diría social, entre las empresas que se han beneficiado del proceso de integración”.
T-MEC y aranceles: armas de presión política para Trump
Aunque el T-MEC es un acuerdo exclusivamente comercial, factores políticos y sociales podrían provocar que su revisión se extienda por varios años, e incluso si ya hay un acuerdo en este 2025 esos temas podrían generar que el tratado se vuelva a tambalear.
- Un ejemplo de esto son los reclamos que Donald Trump ha hecho a México por el flujo migratorio y el tráfico de fentanilo. El presidente estadounidense ha amenazado en varias ocasiones a nuestro país con imponer aranceles o dar por terminado el T-MEC si no duplica sus esfuerzos para atender estas dos situaciones.
- Para Víctor Gómez Ayala, el uso de aranceles por parte de Estados Unidos como una herramienta de presión política “es la nueva regla”. Oscar Ocampo identifica esta estrategia como el “sello” de la segunda administración de Trump, utilizada para extraer concesiones no solo comerciales, sino en temas de seguridad y migración.
En este sentido, el académico Carlos Aguirre considera que Donald Trump ha utilizado el T-MEC como una moneda de cambio con México. Esto ha sido posible por un artículo de “seguridad esencial” que establece que el tratado no impide a los Estados parte aplicar las medidas necesarias para cuidar sus intereses esenciales de seguridad.
“De entrada yo no pienso que vaya a haber, que ni siquiera se va a tocar el artículo que se refiere al tema de seguridad esencial. Yo no creo que vaya a haber un replanteamiento”, prevé Aguirre sobre el artículo que Donald Trump ha utilizado para imponer aranceles pese al T-MEC.
- El economista Víctor Gómez Ayala coincide en que el T-MEC ha sido una moneda de cambio para Donald Trump, por lo que considera que lo mejor que podría hacer México es separar “el ruido político” de las mesas de análisis en las que se revisará el tratado.
“Si logra separar el proceso de revisión o eventual renegociación de las mesas técnicas del ruido político, México tiene muy buenas posibilidades de extender el tratado en aspectos que puedan ser benéficos para la economía mexicana”, indica el especialista.
Además, Estados Unidos no tiene incentivos para retirar estos aranceles en el corto plazo, pues le permiten iniciar cualquier negociación desde una posición de fuerza, dice Ocampo.
¿Qué pasaría sin acceso preferencial a Estados Unidos?
Para Carlos Aguirre el “peor de los escenarios” es visualizar a un México que pierda el acceso preferencial a Estados Unidos. Si bien el país no dejaría de exportar, tendría que hacerlo bajo una transición “profundamente compleja” hacia las reglas de la Organización Mundial del Comercio (OMC), lo que implicaría enfrentar aranceles generales, nuevas medidas sanitarias y procedimientos aduanales que hoy están facilitados por el tratado.
- Aguirre advierte que ni China, ni la renegociación con Europa, ni un acercamiento con Brasil permitirían a México conservar la “posición superavitaria” que hoy mantiene con Estados Unidos. Ningún otro acuerdo comercial vigente podría llegar a representar “ni siquiera la mitad” de lo que se exporta al vecino del norte.
Ocampo alerta que en una ruptura total, México tiene más que perder debido a que más del 80% de sus exportaciones dependen de ese mercado, aunque el costo político y económico para Estados Unidos —especialmente para su sector manufacturero y agrícola— sería también “muy grande”./Agencias-PUNTOporPUNTO






















