NECESIDAD de COBRE subirá 50% ante la ELECTRIFICACIÓN de Nuevos CENTROS INDUSTRIALES

Según el Servicio Geológico de Estados Unidos, en 2014 la producción mundial de cobre era de 18.4 millones de toneladas; para 2023, esta cifra aumentó a 22 millones. La Agencia Internacional de Energía (IEA, por sus siglas en inglés) proyecta que para 2040 la producción podría alcanzar los 33 millones de toneladas.

La demanda mundial del cobre ha entrado a una clara conducta al alza, ante un mayor consumo de este metal en el desarrollo de productos relacionados con la inteligencia artificial y la transición energética hacia la descarbonización, lo que ha encendido las alertas de la industria.

  • De acuerdo con S&P Global, el seguir aumentando la demanda de cobre por actividades como el incremento en la demanda eléctrica por la electrificación de múltiples actividades, como el sector automotriz, implica un riesgo sistémico para las industrias globales, el avance tecnológico y el crecimiento económico.
  • Los requerimientos del cobre aumentarán un 50% respecto a los niveles actuales, para llegar a un total de 42 millones de toneladas métricas para 2040, generando un déficit considerable, pues se espera que la producción máxima se sitúe 10 millones de toneladas por debajo de la demanda, de acuerdo con el estudio titulado.

El cobre en la era de la IA: Los desafíos de la electrificación

“Se prevé que la oferta actual disminuya en los próximos años, ya que el sector minero enfrenta desafíos en toda la cadena de valor del cobre”, expone el documento, en el que también se proyecta que la producción mundial de cobre alcanzará su punto máximo en 2030, con 33 millones de toneladas métricas.

  • “A menos que se realicen ajustes significativos, la creciente desconexión resultará en un déficit de oferta de 10 millones de toneladas métricas para 2040, un 25 % por debajo de la demanda proyectada”, considera S&P.
  • Incluso considerando que exista una importante cantidad de cobre reciclado, la cual pase de las 4 millones de toneladas actuales a 10 millones en 2040, no será suficiente para cubrir el déficit que se genere.
  • Daniel Yergin, vicepresidente de S&P Global y copresidente del estudio, explica que el cobre es el gran impulsor de la electrificación, pero su ritmo acelerado representa un desafío cada vez mayor para la industria minera.

«La demanda económica, la expansión de la red, la generación de energías renovables, la computación con inteligencia artificial, las industrias digitales, los vehículos eléctricos y la defensa están creciendo a la vez, y la oferta no está en condiciones de seguir el ritmo. Lo que está en juego es si el cobre sigue impulsando el progreso o se convierte en un obstáculo para el crecimiento y la innovación”, puntualiza.

¿Mineral crítico?

Son considerados como metales críticos a aquellos que se vuelven indispensables para el desarrollo de ciertas industrias estratégicas, y su disponibilidad es escasa, tiene posibilidad de serlo o su suministro es complejo por temas geopolíticos, ya sea porque su proveeduría se concentra en un país o determinada región.

  • Un ejemplo de ello es el litio, cuya producción y tecnología para su explotación está concentrada por China, por lo que si su demanda mundial sigue aumentando, el país asiático tiene mayor control sobre el suministro.
  • Bajo esa premisa, el cobre puede convertirse en un mineral crítico, incluso algunos países lo han clasificado así en los últimos años, asegua Carlos Pascual, vicepresidente senior de Geopolítica y Asuntos Internacionales de S&P Global Energy.

“Varios países han considerado al cobre un ‘metal crítico’ durante el último lustro, incluyendo, en 2025, Estados Unidos.

  • El cobre es la arteria que conecta la maquinaria física, la inteligencia digital, la movilidad, la infraestructura, la comunicación y los sistemas de seguridad; la disponibilidad futura del cobre se ha convertido en importancia estratégica”, añade.

Concentración del cobre

Las actividades económicas que concentran el consumo del cobre a nivel mundial, también van en crecimiento masivo.

  • La demanda económica básica, es decir, su uso para la producción de electrodomésticos, vehículos con motor de combustión interna, ferrocarriles, transporte marítimo, la generación de energía, entre otros fines, es donde se concentran las necesidades del mineral en alrededor de 23 millones de métricas, y representará el 53% de la demanda mundial para el 2040.
  • Otros uso intensivo de cobre se concentra en las actividades relacionadas con la transición energética, como el desarrollo de vehículos eléctricos, almacenamiento en baterías, energías renovables, infraestructura de transmisión y distribución de energía, y electrificación masiva de países en desarrollo. Todas estás actividades podrían incrementar su demanda mundial de 7 millones a 15.7 millones de toneladas en 2040.

El cobre tampoco se escapa de ser utilizado en actividades de inteligencia artificial, centros de datos y demanda de defensa; e incluso ya se empiezan a considerar el desarrollo incremental de robots humanoides, aunque están todavía en sus primeras etapas.

¿Qué hay por hacer?

Para poder intentar hacer frente al déficit que se puede generar en los próximos años, unas de las alternativas propuestas por S&P es el desarrollo de nuevas minas y la expansión de las ya existentes para poder cubrir esas 10 millones de toneladas métricas adicionales que se van a requerir para satisfacer la demanda.

  • No obstante, lograrlo dependerá de consolidar inversiones millonarias y significativas; las cuales dependen de librar retos tanto en superficie como bajo tierra, es decir, simplificaciones en las leyes y reglamentos mineros ante condiciones de extracción cada vez más complejas, costos de mano de obra e insumos, así como oposiciones ambientales y presiones de inversores y gobiernos.

Los datos son claros. Para que una mina de cobre pase de su etapa de descubrimiento a su producción puede tardar, en promedio, 17 años, por lo que la carrera del cobre es una que se juega contra reloj, lo que vuelve en calidad de urgen el tomar cartas en el asunto.

El cobre se toma un respiro en su ascenso a los cielos

  • El 4 de septiembre de 1882, el Bajo Manhattan —hoy, una de las zonas más populares y acaudaladas de la ciudad de Nueva York— abandonó el parpadeo ámbar del gas por el brillo blanco de la incandescencia. Allí, en Pearl Street, la Edison Illuminating Company, creada por Thomas Alva Edison, comenzó a generar electricidad, alimentando unas 400 bombillas y brindando servicio a unos 80 clientes.

La instalación se convirtió en la primera planta de energía central de la historia, gracias a seis dinamos jumbo (los primeros generadores que convertían la energía mecánica en eléctrica) alimentados a carbón y convertidos en el corazón de la estación.

  • La maquinaria, sin embargo, no era nada sin los 24 kilómetros de cableado subterráneo, que exigieron una inversión que superó el coste de todo el sistema. En las entrañas de los filamentos de esta red se utilizó cobre —el segundo metal (después de la plata) con alta conductividad y maleabilidad— que, siglo y medio después, se ha consolidado como un recurso estratégico.

Consumo eléctrico

El vertiginoso crecimiento del consumo eléctrico global ha tensionado el suministro de este metal rojizo, que hoy lucha por seguir el ritmo de la demanda. Esta relevancia llevó a Estados Unidos a calificarlo en 2025 como un mineral crítico (la Unión Europea lo hizo en 2023).

“El cobre es el eje que conecta la maquinaria física, la inteligencia digital, la movilidad, la infraestructura, la comunicación y los sistemas de seguridad. Todo esto ha convertido la disponibilidad futura del metal en un asunto de importancia estratégica”, dicen los expertos de S&P Global.

  • Hoy, su valor está por las nubes. A principios de 2026, el precio del cobre alcanzó un hito histórico por encima de los 13.000 dólares por tonelada en el mercado inglés (superando el récord previo de 11.000 dólares establecido meses antes).
  • Mientras que en el mercado estadounidense, el precio de referencia ha saltado alrededor de un 40% desde octubre hasta alcanzar un máximo histórico de más de 14.500 dólares la tonelada a finales de enero, impulsado por el temor a nuevos aranceles estadounidenses, según coinciden los expertos consultados.
  • Pero la inestabilidad geopolítica, tras el estallido de la guerra en Irán, ha frenado la demanda de cobre, hundiéndolo en precio ante el temor de los inversores a la economía global.

Los expertos de ING indican que la relación cobre-petróleo, a menudo considerada un indicador de las expectativas de crecimiento global, ha caído drásticamente en las últimas semanas a medida que subían los precios del crudo, lo que pone de relieve el creciente lastre que suponen los mayores costes energéticos para los metales industriales.

“Una caída sostenida indicaría un contexto macroeconómico más complejo, con expectativas de crecimiento más débiles que lastran la demanda del metal”, resaltan en un informe. La última semana, la tonelada se cotizó por debajo de los 13.000 dólares.

  • Sin embargo, en el último ejercicio, la historia era distinta. Tras una investigación bajo la Sección 232 iniciada en febrero de 2025 por el Departamento de Comercio de EE UU, Trump anunció en julio de ese año un arancel del 50% sobre importaciones de productos semielaborados y derivados intensivos en cobre (como cables y tubos), excluyendo el mineral bruto, los cátodos y la chatarra. Esto desató compras anticipadas y volatilidad.
  • Ahora, la incertidumbre se centra en junio de 2026, cuando el Departamento de Comercio entregará un informe sobre la capacidad de refinado y podría justificarse un arancel. El escenario base de Goldman Sachs Research es que se implementará un gravamen del 25% sobre el cobre refinado importado. “Existe un gran temor a que no se salve de nuevos impuestos”, advierte Benchmark Mineral Intelligence.

A ello se suma que muchos inversores están colocando su dinero en bienes materiales. Aunque tradicionalmente este papel de refugio seguro les correspondía al oro y a la plata, cada vez más personas están moviendo sus capitales hacia el cobre, consolidándolo como la nueva alternativa de inversión.

“El precio del cobre se ha visto impulsado mucho más por los flujos financieros que por los fundamentos del mercado”, expone Carsten Menke, director de Investigación Next Generation de Julius Baer. Por ejemplo, el comercio especulativo en el mercado de futuros chino ha repuntado de forma masiva en un momento de debilitamiento de la demanda.

Ello significa que mientras las fábricas y constructoras en el gigante asiático (que consume la mitad de la demanda) están comprando menos cobre debido a la debilidad económica, los inversores y especuladores en las bolsas de futuros se han lanzado a adquirir contratos de este mineral para proteger su dinero ante la debilidad del dólar estadounidense que se ha visto afectado por las expectativas de recortes de las tasas de interés de la Reserva Federal y la incertidumbre en las políticas comerciales y fiscales de Trump.

  • Michael Widmer, jefe de metales en Bank of America, dice que ante la incertidumbre en el mercado, los compradores estadounidenses han adelantado compras de cobre por alrededor de un millón de toneladas. La cifra representa el 3,5% de la demanda mundial actual, que, según S&P Global, asciende a 28 millones de toneladas métricas.
  • Widmer indica que, en lugar de inundar el mercado y bajar los precios, ese metal se ha quedado guardado en almacenes bajo un esquema financiero llamado reporte o repo, en el que los dueños del metal obtienen beneficios al mantenerlo en lugar de venderlo de inmediato.

Esto ha provocado que en la Bolsa de Metales de Londres haya menos cobre disponible para entrega física, lo que fortalece los precios globales al dar la sensación de que el suministro es más ajustado de lo que realmente es.

  • Al mismo tiempo, abundan los fabricantes industriales que habían dejado de comprar el año pasado por miedo a la inestabilidad ahora están volviendo a la carga todos a la vez para reponer sus inventarios, generando una ola de demanda acumulada que empuja los precios todavía más hacia arriba y creando un efecto de escasez.
  • Lo que es una realidad es que no hay brecha entre la oferta y la demanda en este momento. “De hecho, el mercado del cobre parece contar con suministros suficientes para este año”, reconoce Menke. A partir del próximo año, podría tensarse la cuerda si el crecimiento mundial repunta y no se desarrollan nuevas explotaciones.

“Los riesgos de un desabastecimiento estructural son más altos entre 2027 y 2035 debido a la falta de nuevas minas de cobre y de proyectos de expansión. Esto podría elevar los precios muy por encima de los niveles actuales”, destaca el experto de Julius Baer.

  • Satisfacer la demanda en el futuro será todo un reto. S&P Global indica que hacia 2040, las necesidades de cobre serán un 50% mayores que las actuales debido a la creciente electrificación de la economía, al aumento de los centros de datos (impulsados por la inteligencia artificial) y al sector de la defensa.

Para entonces, quizás, el mundo sí que tendrá un déficit cercano a 10 millones de toneladas, en caso de que la oferta falle, dice la consultora. Para verlo, aún faltan algunos años.

El cobre: fundamental para la transición energética

En este proceso se involucra un metal que la humanidad ha utilizado por más de 10 mil años con distintos fines, pero que en la última década ha adquirido un papel clave en la generación de energía limpia: el cobre.

Gracias a su alta conductividad eléctrica y térmica, su maleabilidad y durabilidad, ha sido fundamental a lo largo de la historia, y hoy es esencial para el funcionamiento eficiente de tecnologías como los sistemas de generación renovable (paneles solares), vehículos eléctricos, estaciones de carga, almacenamiento de energía y redes de transmisión y distribución eléctrica.

  • Según el Servicio Geológico de Estados Unidos, en 2014 la producción mundial de cobre era de 18.4 millones de toneladas; para 2023, esta cifra aumentó a 22 millones. La Agencia Internacional de Energía (IEA, por sus siglas en inglés) proyecta que para 2040 la producción podría alcanzar los 33 millones de toneladas.

En el presente artículo, el Dr. Isidro Téllez Ramírez, investigador del Departamento de Geografía Económica del Instituto de Geografía de la UNAM (IGg), nos habla del panorama actual de este metal a nivel global y en México, así como de los desafíos que enfrenta: el impacto ambiental y social de su extracción, la necesidad de expandir su producción de manera responsable y la creciente competencia geopolítica por el control de sus reservas.

Importancia histórica y actual del cobre

El cobre ha sido históricamente fundamental para el desarrollo de las civilizaciones humanas. Fue clave en la transición de la Edad de Piedra a la de los Metales, ya que permitió fabricar herramientas más eficientes (como hachas, cuchillos y punzones) y objetos decorativos.

Más tarde, se usó en monedas y estructuras arquitectónicas; además, al combinarse con estaño, impulsó avances en armamento, en la agricultura y en el arte. El cobre es el tercer metal más utilizado en el mundo, después del hierro y el aluminio. Su relevancia actual se debe a varias ventajas frente a otros materiales. Téllez Ramírez apunta las tres principales:

  • Tiene una alta conductividad eléctrica (solo superada por la plata y el oro, cuyo uso es mucho más costoso).
  • Es reciclable casi en un 100%, lo que lo convierte en un material sustentable. Se puede producir a gran escala, a diferencia de otros sustitutos como el grafeno.

Estas propiedades hacen del cobre un elemento indispensable en la transición energética. Las tecnologías renovables —la eólica, la solar y la hidráulica— dependen en gran medida de él. Por ejemplo, se estima que una planta solar utiliza entre 2,450 y 6,985 kg de cobre por megavatio (MW) de capacidad instalada. La central fotovoltaica de Puerto Peñasco, en Sonora, tendrá una capacidad de 1,000 MW una vez completada.

  • Además, su uso se extiende a tecnologías comunes como los vehículos eléctricos y a sectores de vanguardia como la inteligencia artificial, que requieren grandes volúmenes de cobre para hardware, cables, chips y servidores.
  • Ante este escenario, BHP Billiton, una de las compañías mineras más grandes del mundo, señala que la demanda mundial total de cobre se ha incrementado a una tasa de crecimiento anual compuesta (TCAC) de entre 2 % a 2.6 % desde 2021.

Por ello se plantea el siguiente cuestionamiento: ¿qué futuro le depara al cobre en un mundo cada vez más dependiente de la innovación tecnológica y la transición energética?

En los últimos años, en la industria metalúrgica se ha sostenido un debate en torno a si se tiene o no suficiente cobre para cubrir la demanda con miras a cumplir la Agenda 2030 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible. De acuerdo con la Agencia Internacional de Energía, actualmente hay un déficit de suministro primario de cobre, mismo que se prolongará hasta el 2040.

El experto del Instituto de Geografía puso en contexto la cantidad del cobre

“Actualmente hay reservas estimadas para 40 años (y hasta 200 años si se consideran los recursos identificados y no identificados), pero concuerdo en que la producción actual de cobre es insuficiente para satisfacer la demanda proyectada para 20 años, porque no se están abriendo minas al ritmo necesario y para duplicar la producción actual se requerirían decenas de grandes minas nuevas. Entonces, abundancia tenemos, pero está limitada”.

  • La situación no es alarmante, pero, debido a la escasez relativa y el aumento de la demanda, se están buscando alternativas. Inicialmente, el reciclaje del cobre aparece como una solución viable.
  • Este proceso, donde la tasa de reciclaje mundial es de 25% a 30%, tiene como ventaja el ahorro de energía, ya que al reciclar el cobre se consume 85% menos de energía que al producirlo.

Sin embargo, esta alternativa también presenta dificultades técnicas, ambientales y logísticas:

  • El cobre suele estar mezclado con otros metales (latón, bronce, etc.), lo que complica su separación y purificación. Además, este proceso requiere de fundiciones y refinerías especializadas para recuperar cobre de alta pureza.
  • El cobre reciclado a menudo debe enviarse a largas distancias, principalmente a Asia, donde están la mayoría de las instalaciones de reciclaje. Las fundidoras y refinerías emiten gases contaminantes, incluso más que algunas minas.

Antes estos inconvenientes, se podría pensar en el uso de otros materiales, como el aluminio y el PVC (policloruro de vinilo).

  • Sin embargo, aunque el aluminio es muy abundante y más barato que el cobre, su conductividad eléctrica es menor. Por su parte, el PVC, que actualmente es usado para la canalización de agua en viviendas, es un material con menor resistencia y potencialmente contaminante.

En resumen, aunque hay suficiente cobre, no se cuenta ni con el ritmo de producción ni con la infraestructura necesaria para satisfacer la demanda futura.

  • La clave está en invertir en nuevas tecnologías de extracción, ampliar la capacidad de reciclaje y fomentar el desarrollo de sustitutos eficientes que permitan aliviar la presión sobre este recurso estratégico sin comprometer la transición energética, ni provocar problemas geopolíticos como guerras comerciales.

Evitar el extractivismo depredador

Aunque satisfacer la demanda de cobre para energías renovables requerirá abrir decenas de minas adicionales, Téllez Ramírez advirtió que explotar el cobre de forma desmedida será otra fuente de contaminación, especialmente del agua y la atmósfera, por lo que es necesario que la industria se adapte para ser más responsable.

  • En los últimos años ha habido accidentes en minas de cobre que han provocado la muerte de trabajadores en Zambia y el Congo. Por otro lado, en México, en 2014, ocurrió un derrame de sulfato de cobre en el río Sonora; esto impactó en la salud de las personas, se perdieron cultivos y ganado, hubo cierre de pozos y norias, y afectaciones económicas por 20 millones de pesos.
  • Si bien el cobre es clave para la transición energética, el experto universitario enfatizó que debe ser explotado de manera sustentable, con participación del Estado y de las comunidades locales, fiscalización estricta y una verdadera rendición de cuentas por parte de las compañías mineras, para evitar que el progreso tecnológico se construya a costa del deterioro ambiental y la desigualdad social.

De igual manera, es necesario que el consumo sea regional o continental, para evitar la contaminación que produce transportar el cobre desde largas distancias. Además, su uso debería enfocarse a necesidades indispensables y priorizar los productos duraderos.

Por ejemplo, dice Téllez Ramírez, tendríamos que buscar alternativas para dejar de usar el cobre en los celulares, puesto que estos dispositivos tienen una vida útil de solamente tres o cuatro años.

México y el cobre

Usualmente, México se ubica en el noveno o el décimo lugar mundial en la producción de cobre; la producción de Chile, el principal productor-exportador, es siete veces mayor. Por otro lado, nuestro país ocupa el quinto lugar en reservas, lo que cobra especial importancia de cara a una transición energética.

  • México también tiene potencial para sacarle más provecho al mercado de las aleaciones, debido a la ubicación geográfica (cercanía con Estados Unidos, que es uno de sus principales mercados).
  • Además, en nuestro país no solo se extrae el cobre, sino que éste también se procesa (fundición, refinación y manufactura de productos como alambres y tubos) y es clave para la industria automotriz, particularmente en el ámbito de la electromovilidad.

Sin embargo, en la opinión de Téllez Ramírez, el Estado debería tener un papel más activo para aprovechar este mercado.

“No hay ningún beneficio para la población. Hay una gran área de oportunidad, pero se debe impulsar una visión más pública o mixta sobre el control del cobre como recurso estratégico, algo similar a lo que se viene haciendo con el litio. Por tanto, México debe adaptar sus políticas mineras para aprovechar la coyuntura con el cobre”, expresó.

El mundo se encuentra ante una encrucijada ambiental y sólo puede seguir el camino de la transición energética. Por ello, el cobre, un material tan importante para el uso de tecnologías limpias como los paneles solares, los vehículos eléctricos y las redes inteligentes, emerge como un recurso estratégico. /PUNTOporPUNTO

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