PRESIONES fiscales en MÉXICO aumentaron por el Alza en el PRECIO de los HIDROCARBUROS

En México, el IEPS sobre combustibles funciona en la práctica como un amortiguador parcial: cuando suben con fuerza los precios internacionales, Hacienda puede reducir el impuesto para suavizar el traslado al consumidor.

El repunte del conflicto en Oriente Medio volvió a colocar al petróleo en el centro de la discusión macroeconómica global.

  • Los mercados esperan ahora un precio promedio del crudo Brent de 80 dólares por barril en 2026 y una posterior normalización parcial a partir de junio. No se trata de un choque tan severo como el de 2022, pero sí de uno con capacidad de reordenar precios relativos, presionar la inflación y modificar balances fiscales y externos de varios países.
  • Un repunte sostenido del crudo no golpearía a México como a un importador neto puro de energía, pero tampoco sería una buena noticia: elevaría presiones inflacionarias, encarecería combustibles clave y volvería a exhibir la fragilidad de una economía que exporta crudo, pero depende cada vez más de refinados importados.

Hay shocks externos cuya transmisión a México no pasa primero por Wall Street ni por el tipo de cambio, sino por algo más simple: el tanque de gasolina.

  • Eso ocurre cuando el foco de riesgo se coloca en el Estrecho de Ormuz, una ruta por la que en 2024 transitó alrededor de 20 millones de barriles diarios, equivalentes a cerca de una quinta parte del consumo mundial de líquidos petroleros, además de una porción relevante del comercio global de gas natural licuado.

Cuando ese corredor se vuelve incierto, el petróleo deja de ser sólo un commodity: vuelve a ser una variable macroeconómica de primer orden.

El escenario no es el de una crisis energética comparable a la de 2022, sino el de un encarecimiento relevante pero transitorio del crudo.

  • La Agencia Internacional de Energía estima para 2026 un crecimiento de la demanda mundial de 850 mil barriles diarios, con una expansión menos explosiva que en episodios recientes y con mayor peso de la demanda petroquímica que de los combustibles para transporte.

En esa combinación, un conflicto breve en Medio Oriente puede empujar el precio al alza sin necesariamente desatar un colapso global de actividad.

Para México, el problema exige más cuidado del que sugiere la intuición fácil de que “si sube el petróleo, gana el país”.

  • Es verdad que el sector público todavía se beneficia cuando mejora la cotización internacional del crudo. México sigue siendo exportador neto de crudo, y que por esa vía un aumento del precio internacional puede fortalecer los ingresos petroleros del gobierno. Pero esa no es toda la historia.
  • El país se ha vuelto un importador neto creciente de combustibles refinados: en 2024, las importaciones de gasolinas equivalieron a 397 mil barriles diarios y las de diésel a 137 mil. En términos estructurales, México exporta petróleo, pero compra una parte importante de la energía que necesita para mover autos y mercancías.

Ese doble carácter define el sentido del choque. Por un lado, el alza del crudo mejora la renta petrolera. Por otro, encarece los insumos refinados y presiona los costos internos.

  • El punto clave no está sólo en Pemex o en la balanza petrolera, sino en el hecho de que una economía con alta dependencia de gasolinas y diésel importados termina importando también parte de la inflación energética internacional. Eso es precisamente lo que vuelve tan delicada la coyuntura actual.

Aquí aparece el frente fiscal. En México, el IEPS sobre combustibles funciona en la práctica como un amortiguador parcial: cuando suben con fuerza los precios internacionales, Hacienda puede reducir el impuesto para suavizar el traslado al consumidor.

Esa lógica ha sido reconocida por la propia Secretaría de Hacienda en distintos ajustes al estímulo fiscal y también aparece con claridad en el documento analizado.

En el escenario planteado, mayores ingresos petroleros podrían compensar parcialmente el costo fiscal de contener el alza en gasolinas y diésel. Pero amortiguar no significa eliminar. El fisco puede repartir el golpe en el tiempo; no puede borrar el shock.

  • Por eso el canal más visible seguiría siendo la inflación. El escenario central del documento ajusta al alza la inflación de cierre para 2026 de 4.2% a 4.3%, mientras mantiene el crecimiento del PIB en 1.6%.
  • No parece un deterioro dramático, pero sí una combinación incómoda: menor margen para relajar la política monetaria, combustibles más caros y erosión del ingreso real de los hogares.

Además, el consumo privado ya mostraba un arranque débil al inicio de 2026. En ese contexto, un petróleo más caro no rompe la economía mexicana, pero sí la desgasta.

La enseñanza coyuntural es clara. México está mejor posicionado que un importador neto puro de energía, pero peor de lo que su retórica petrolera suele admitir.

  • Si Ormuz se convierte en un foco persistente de tensión, el país contará con un colchón fiscal parcial, no con inmunidad macroeconómica. Y esa diferencia importa: una cosa es beneficiarse del petróleo caro; otra, muy distinta, es poder vivir sin pagar su factura.

México no se beneficia del incremento de precios del petróleo

Las presiones fiscales en México aumentarán, debido a la intervención del gobierno federal para amortiguar el alza de los precios de los combustibles, por lo que el país enfrenta efectos negativos derivados del alza de los precios del petróleo, debido a su dependencia de productos refinados y gas natural importados, afirmó un estudio del Instituto de Finanzas Internacionales (IIF, por sus siglas en inglés).

  • Los efectos fiscales son mixtos. Un aumento de 10 dólares por barril en los precios del petróleo incrementa los ingresos relacionados con el petróleo, a través de las exportaciones de crudo y los ingresos de Petróleos Mexicanos (Pemex), en aproximadamente 0.5 puntos porcentuales del PIB.
  • Sin embargo, estas ganancias suelen verse contrarrestadas por medidas políticas destinadas a limitar la transmisión de la inflación, incluyendo ajustes al impuesto especial sobre los combustibles (IEPS).
  • Y es que el aumento de los precios del petróleo en México afecta la actividad principalmente a través del incremento de los costos de combustible y electricidad, lo que erosiona el poder adquisitivo de los hogares y eleva los costos de los insumos para la manufactura y los servicios, añadiendo riesgos a la baja en un entorno de crecimiento

“A pesar de seguir siendo exportador de crudo (México), su creciente dependencia de productos refinados y gas natural importados lo ha convertido en un importador neto estructural de energía.

  • En consecuencia, la actual crisis petrolera, –que se produce en medio de crecientes tensiones geopolíticas y condiciones financieras globales más restrictivas–, acentuará la divergencia entre las mayores economías de la región en lugar de generar el beneficio generalizado por materias primas que suele asociarse con América Latina”.
  • De acuerdo con el estudio: “Aumento de los precios del petróleo: Divergencia en los tres principales países latinoamericanos”, elaborado por el Institute of International Finance, el alza de los precios del petróleo no genera un impulso uniforme para América Latina; por el contrario, amplifica la divergencia entre países.

Tradicionalmente, explicó el Instituto, el aumento de los precios del petróleo se ha considerado un factor favorable para América Latina, dado el perfil de materias primas de la región. Sin embargo, esta narrativa se ha vuelto cada vez más engañosa.

En la última década, el panorama energético de la región ha cambiado sustancialmente, alterando la forma en que sus mayores economías responden a las crisis petroleras.

  • Por ejemplo, Brasil y Argentina han resurgido como exportadores netos de energía, beneficiándose de mayores ingresos por exportaciones y una mejora en sus balanzas externas cuando suben los precios. México, por el contrario, ha tomado el camino opuesto, se ha convertido en un importador neto estructural de energía.

Guerra en Irán complica la meta de déficit fiscal de México

Los estímulos fiscales a las gasolinas y el diésel, activados por el gobierno de México ante el alza del petróleo por la guerra en Irán, tras el objetivo de amortizar los incrementos de los combustibles, alejan a México de su meta de llevar el déficit fiscal, que son los ingresos públicos faltantes compensados con deuda, a 4.1% del Producto Interno Bruto (PIB).

  • El conflicto bélico de Estados Unidos e Israel con Irán ha elevado el precio del petróleo en aproximadamente 70% y el precio de fertilizantes en casi 20% desde el inicio de año. Esto significaría presiones para el alza en combustibles y alimentos en México.
  • Ante ello, la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) activó la reducción del Impuesto Especial sobre Producción y Servicios que se cobra en el precio final de los combustibles al consumidor.

De acuerdo con el Instituto Mexicano de Ejecutivos de Finanzas (IMEF), el gobierno mexicano tiene la flexibilidad de mantener estable el precio final de los combustibles, si el conflicto se prolonga varios meses, pues el litro de gasolina en México es más caro que en Estados Unidos, principalmente por un diferencial de más de 50% que es por la carga del IEPS.

  • Con esta ya van dos semanas que Hacienda activa los estímulos o descuentos al IEPS, en la primera fue de 35.2% o 2.59 pesos por cada litro de diésel, y para la segunda se amplió a 62%, es decir un descuento de 4.55 pesos por litro.
  • Además, aplicó un estímulo, por primera vez en el año, de 24% o 1.61 pesos para la gasolina regular, y para la Premium fue de 7.4% o 0.42 pesos. Estos apoyos se publican y actualizan cada viernes en el Diario Oficial de la Federación.

“El problema es que, según la encuesta mensual del IMEF (aplicada a 44 economistas de distintas instituciones financieras), los especialistas esperan un déficit ampliado de aproximadamente 4.5% del PIB, pero una reducción del IEPS de gasolinas que recibe el gobierno nos llevaría a un déficit cercano a 5%, como lo tuvimos en 2025.

  • Es más, nuestra encuesta arroja que esta situación permanecería el año que entra, aumentando más el apalancamiento del gobierno”, advirtió la presidenta de esta institución, Gabriela Gutiérrez Mora.
  • La encuesta también arroja que esta situación permanecería el siguiente año, aumentando el apalancamiento del gobierno. Advierten que es muy probable que este año la deuda alcance 60% del PIB, lo que puede detonar una acción crediticia por parte de alguna calificadora.
  • Cifras actualizadas de la SHCP refieren que el déficit fiscal o los Requerimientos Financieros del Sector Público representaron el 4.9% del PIB en 2025, el segundo nivel más alto de los últimos 10 años, pues en 2024 llegó a 5.8% de la economía.

El creciente gasto por conceptos ineludibles como el costo financiero de la deuda y pensiones, además de apoyos a Pemex y el destino de recursos para obras emblemáticas, fueron los principales factores que ampliaron este déficit. Para 2026, el objetivo de Hacienda, previo al conflicto armado, es de 4.1%.

  • El efecto en el alza de los precios del crudo y, por ende, de la mezcla mexicana, tiene un doble efecto en las finanzas de México. Por una parte, recibe más dinero por un mayor precio en dólares, el 65% del beneficio por mayores precios del petróleo los recibe Pemex, y el 35% el gobierno federal.
  • Pero por otra, el gobierno activa los estímulos al IEPS de las gasolinas, lo que significa la menor llegada de recursos a las arcas públicas, los cuales no serán o no pueden ser compensados con lo que captura la petrolera mexicana, explicó Víctor Gómez Ayala, economista en jefe de Casa de Bolsa Finamex.
  • Para el economista, este efecto llevaría el déficit fiscal de México a 4.5% del PIB, cuando su perspectiva a inicios de año era de 4.7%; es decir, que el alza de precios del crudo representa menos pasos para llegar a la meta de 4.1% que tiene Hacienda, pero todo dependerá, en gran medida, del tiempo que se extienda el conflicto en Irán y lo que Pemex haga con esos mayores ingresos por crudo.

“Aquí lo que podría ser un poco riesgoso para Pemex es que, si la duración del conflicto se extiende, la política de estímulos del gobierno federal se vuelve insuficiente, digamos, para contener un impacto, pues quizás Pemex tendría que entrar de alguna manera complementaria. Lo ha hecho en el pasado, pero eso va a depender muchísimo de la duración del conflicto”, dijo Gómez Ayala.

  • En la fórmula también juega el alza del gas natural, suministro para la generación de electricidad de CFE, pues en este caso, el gobierno federal otorga subsidios a la empresa para compensar el alza en los costos de producción.

“En el caso de CFE, los impactos vienen por los costos del gas natural, diésel y combustóleo, esos tres combustibles son relevantes para la generación de electricidad, entonces existe cierta presión al alza por el costo de generación de electricidad de la empresa.

  • Una vez que conozcamos los resultados de los balances financieros de la compañía, a finales de abril, sabremos la magnitud del impacto. Sabemos que cuando eso ocurre el gobierno federal compensa a la CFE, por esas presiones en precios, con mayores subsidios”, agregó el economista en jefe de Casa de Bolsa Finamex.
  • Si se multiplica el medio millón de barriles que se exportan diariamente por 365 días, y se considera que el petróleo subió 20 dólares en promedio, los ingresos adicionales para Pemex estarían en un nivel de 3,650 millones de dólares para el año, estima Víctor Manuel Herrera Espinosa, presidente del Comité Nacional de Estudios Económicos IMEF.

Lamentablemente México aún importa mucha gasolina, y eso entra en los libros del gobierno federal, no en los de Pemex. /PUNTOporPUNTO

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