América Latina y el Caribe se está convirtiendo en líder en la transición energética. Nuestro informe insignia en Ember, el Global Electricity Review 2025, reveló que el 65% de la electricidad generada en América Latina y el Caribe en 2024 procedía de fuentes limpias, muy por encima de la media mundial, que es del 41%.
- No es casualidad: gran parte de la generación limpia de nuestro territorio descansa sobre sistemas eléctricos que se desarrollaron durante décadas alrededor de la hidroelectricidad. A lo largo del siglo XX, grandes represas permitieron cubrir buena parte de la demanda eléctrica con una fuente baja en emisiones.
- Sin embargo, la presión de un consumo creciente, sumada a una mayor exposición a fenómenos climáticos como El Niño y una menor disponibilidad de agua, han obligado en los últimos años a diversificar las matrices de generación eléctrica, incorporando cada vez más energía solar y eólica.
Pero, a pesar de estos éxitos, queda trabajo por hacer. No alcanza con expandir la generación eléctrica limpia si el resto del sistema sigue dependiendo de combustibles fósiles, en su mayoría importados.
La región tiene una oportunidad histórica. Pero necesita pensar más allá de las energías renovables y transformar el sistema energético en su conjunto. Aprovechar la generación renovable para descarbonizar otros sectores de la economía puede fortalecer la independencia energética de los países de la región y reducir la dependencia de los combustibles fósiles. Esto podría suponer un ahorro de miles de millones para las economías latinoamericanas, al tiempo que proporcionaría una energía más barata y segura para la población.
Una historia de éxito latinoamericana
Países como Uruguay, Brasil y Chile vienen mostrando avances particularmente notables en el despliegue de la generación eléctrica basada en energías renovables.
- Uruguay consolidó una matriz eléctrica con un 95% de generación renovable, que complementa de forma eficiente la generación hidroeléctrica y la eólica.
- Brasil, la mayor economía de la región, multiplicó por cinco su generación eólica en los últimos diez años y casi por siete su generación solar en los últimos cinco años Además, en agosto pasado, las energías eólica y solar alcanzaron una tercera parte de la generación eléctrica mensual por primera vez en el país.
- Chile, por su parte, alcanzó una participación combinada de la generación solar y eólica del 34%, además se convirtió en el líder regional en almacenamiento de energía en baterías con 1,8 GW de capacidad en operación, impulsado por políticas estables y una fuerte caída de los costos tecnológicos.
Potencial sin explotar
Otras economías relevantes de la región, como Argentina y México, también han incorporado renovables no convencionales en la última década, pero a un ritmo menor, alcanzando cerca de un 13% de participación de la generación solar y eólica, mientras Perú está por el 8% y Colombia no llega al 4%.
En estas economías, la historia es la de un potencial sin explotar.
Un caso que refleja este potencial no aprovechado es el de México: en 2024 más de la mitad de la electricidad del país se generó con gas importado de Estados Unidos. Pero, si México triplicara su generación renovable, para 2030 podría disminuir su necesidad de importar gas en alrededor de un 20% y evitar desembolsar unos 1.600 millones de dólares anuales en costos de importación de combustibles.
Así mismo, México podría crear más de 400.000 empleos directos e indirectos en las fases de construcción y operación de los proyectos, dinamizando las economías locales y brindando oportunidades de desarrollo a comunidades que generalmente han sido marginadas en los grandes proyectos del sector eléctrico. Una gran oportunidad para un país con uno de los mejores recursos solares a nivel mundial, que tiene un potencial técnico para suministrar el 90% de la generación total de electricidad con energía solar y baterías.
Ahora bien, a medida que la generación solar y eólica alcanza mayores niveles de penetración, es fundamental que los sistemas eléctricos de la región estén preparados para aprovechar al máximo el potencial que pueden aportar estas tecnologías. Es en este punto donde se debe crear un entorno político y regulatorio para que entre en juego la llamada “flexibilidad limpia”: soluciones como el almacenamiento en baterías, la participación activa de los usuarios en mercados de respuesta a la demanda, las redes eléctricas más inteligentes y una mejor integración regional, que aseguran que los sistemas de generación renovable que se instalen puedan funcionar sin restricciones técnicas.
- En Chile, donde la energía solar tiene la mayor participación en la generación eléctrica (23%) –liderando incluso récords globales–, se está trabajando fuertemente en aumentar el aprovechamiento de su generación renovable con mejoras en la capacidad de transmisión y almacenamiento. De acuerdo a datos de Ember, por cada punto porcentual que Chile logre reducir sus vertimientos de energía renovable, podría inyectar a la red suficiente energía para satisfacer la demanda eléctrica de 120.000 familias.
Solo las renovables no alcanzan
América Latina y el Caribe puede ir más allá de las energías renovables y reformar el sistema energético en su conjunto. Existen incentivos económicos para hacerlo.
- Colombia ofrece un ejemplo concreto: aumentar en 14% la eficiencia energética en la industria y electrificar el 30% de los calentadores de agua y el 10% de las estufas a gas en los hogares, podría acortar la brecha en el déficit en el suministro de gas esperado para la próxima década y reducir en diez años importaciones de gas por unos $2.000 millones de dólares.
- Esto demuestra que la región puede acelerar la modernización y transformación integral de sus sistemas energéticos, teniendo las energías renovables como punto de partida, al mismo tiempo que genera ahorros significativos y fortalece la seguridad energética.
La región tiene el potencial para seguir avanzando para convertir su liderazgo en beneficios directos para sus habitantes como generación de empleo, tarifas eléctricas asequibles, aumento de los niveles de acceso a energía y desarrollo de industrias locales.
Sin embargo, para que la transición energética se sienta “en casa”, es fundamental que los países pongan en el centro a las personas, incluyendo proyectos renovables con participación local, asegurando condiciones laborales de calidad y promoviendo el desarrollo regional, para que la energía limpia y la electrificación se conviertan en la palanca para reducir desigualdades e impulsar un desarrollo social y económico transformador.
Latinoamérica, epicentro de la transición energética mundial
La energía se perfila como un actor clave para elevar la productividad en América Latina con un papel que combina los sectores PowertoX, como hidrógeno verde, combustibles sintéticos, bioenergía y minerales críticos, junto con el petróleo y gas, así lo señaló el informe Aprovechando el momento. La oportunidad de productividad de América Latina, elaborado por McKinsey & Company.
El informe reveló que la región podría generar ingresos de hasta por 288 mil millones de dólares (mdd) hacia el año 2040 en sectores como PowertoX, petróleo y gas, y minerales críticos, siempre y cuando reciban una fuerte inyección de capital. En el caso de Power-to-X se requerirían 275 mil mdd de inversión, en petróleo y gas 785 mil mdd y en minerales críticos 495 mil mdd.
En cuanto al sector Power-to-X, Chile sobresale por su alta irradiación solar y su capacidad de producir queroseno sintético, gracias a su la disponibilidad de dióxido de carbono (CO2) biogénico. También sobresalen Uruguay y Brasil, este último segundo productor mundial de hierro para la fabricación de acero verde; mientras que México sobresale como productor de hidrógeno azul.
El petróleo y gas aún mantienen relevancia como energía de transición hasta 2050, con América Latina aportando 20% de las reservas globales de crudo y 5% de gas natural. Brasil concentra 45% de la producción regional, México 20%, mientras Argentina y Guyana se perfilan como polos de expansión.
- En el caso de los minerales críticos, la región concentra 58% de las reservas de litio y 35% del cobre mundial, lo que la ubica como proveedor clave para tecnologías limpias. Las proyecciones estiman ingresos de 120 mil mdd en 2040, con Chile, Bolivia y Argentina en litio; Chile y Perú en cobre; y Brasil en hierro.
La bioenergía representa otro componente relevante dentro del panorama energético regional. América Latina produce 27% de los biocombustibles líquidos a nivel mundial, con Brasil concentrando 93% de esa producción mediante etanol de caña y maíz. Argentina y México desarrollan industrias de biodiésel y etanol, además de proyectos de combustible de aviación sostenible (SAF), que podrían generar entre 40 y 80 mil mdd hacia 2040.
Finalmente, la demanda digital abre un nuevo frente con centros de datos que requieren electricidad renovable. Se estima que para 2030 América Latina podría cubrir entre 25% y 50% del déficit proyectado en Estados Unidos, generando 30 mil mdd adicionales. La combinación de energía limpia, proximidad geográfica y baja latencia refuerza esta oportunidad.
El informe señala que América Latina enfrenta una oportunidad histórica para consolidarse como un centro energético global hacia 2040. Este escenario dependerá de la capacidad de establecer regulaciones adecuadas, fortalecer la infraestructura y atraer inversión. La región se encuentra en un punto decisivo que podría definir su papel dentro de la transición energética mundial.
Biohidrógeno: un combustible clave para América Latina
La transición energética es el camino que establecen los países para pasar del modelo actual de producción de energía basado en combustibles fósiles, que emiten gases de efecto invernadero, a un nuevo modelo energético descarbonizado que no genere esas emisiones. En la actualidad, los planes de transición energética involucran la masificación de las energías renovables, la electromovilidad, la electrificación de todos los procesos posibles y el uso de hidrógeno de bajas emisiones, conocido como hidrógeno verde.
Éste es un vector energético muy prometedor para descarbonizar, directamente o a través de compuestos derivados de él, procesos industriales y agrícolas, así como el transporte pesado, marítimo y aéreo.
- El hidrógeno verde se produce utilizando energía limpia, como la solar o eólica, para separar el agua en sus dos componentes: hidrógeno y oxígeno. Y se usa directamente como combustible en motores de combustión interna y turbinas, sin emitir carbono a la atomósfera, o alimentándose a dispositivos electroquímicos que producen electricidad directamente, conocidos como pilas de combustible, que solo emiten agua como subproducto.
El hidrógeno también se puede usar para producir combustibles sintéticos como el e-metanol, el amoníaco verde y los combustibles sostenibles de aviación, reduciendo las emisiones globales de carbono de estos procesos. Sin embargo, el hidrógeno verde es un combustible costoso que sólo se produce mediante electricidad renovable, como solar o eólica. Por eso, los países deben primero masificar las energías renovables y luego construir instalaciones para producirlo.
El potencial y los retos del hidrógeno verde
La producción de hidrógeno verde será costo-efectiva sólo en regiones de alto potencial solar o eólico, como Chile, el norte de África, Medio Oriente y algunas zonas de Asia, pero estos países deben avanzar decididamente en el despliegue de las energías renovables base. Además, este combustible deberá transportarse a las regiones del norte global, con agendas ambiciosas de descarbonización, y a otros países tradicionalmente productores de combustibles fósiles, que deberán reestructurar su economía.
Muchos de estos países, ubicados en la franja del trópico, cuentan además con una gran producción agrícola, lo que puede ayudarles a ser protagonistas de la transición energética global. Sus residuos agroindustriales suponen una fuente estratégica para producir hidrógeno de bajas emisiones y combustibles derivados, como amoníaco, metanol, biojet (usado en aviación) y biohidrógeno.
- Este nuevo tipo de hidrógeno es abundante y asequible en muchas regiones, pero aún no figura en la mayoría de las hojas de ruta energéticas ni en las estrategias de importación del norte global. Su producción se basa en tecnologías maduras, ya consolidadas y fiables, y puede incluso alcanzar una emisión netamente negativa de carbono.
- Es una oportunidad para que países como Colombia, Brasil, India y Malasia, entre otros, impulsen sus economías de hidrógeno mediante soluciones locales, accesibles y alineadas con la transición energética mundial.
Como ejemplo, Colombia podría desarrollar una estrategia de producción energética pionera combinada, con el 37 % de su hidrógeno producido a partir de energías renovables, como la solar y la eólica, y el 63 % restante como biohidrógeno a partir de residuos de su agroindustria, proveyendo de esta forma el 1,2 % del mercado de hidrógeno mundial estimado para 2050.
Hacia una transición energética justa
Finalmente, al establecer convenios de oferta y demanda de biohidrógeno desde el sur al norte globales se abordarían dos pilares fundamentales de la COP: la justicia ambiental y la responsabilidad diferenciada. A través de esta última, los grandes emisores de gases de efecto invernadero adquieren la responsabilidad de acompañar la transición energética de los países menos productores pero más afectados por el calentamiento global.
- Si bien la COP30 no otorgó un protagonismo directo al biohidrógeno, el marco de acción acordado sí creó un espacio para su desarrollo futuro. Para América Latina –una región rica en recursos de biomasa– este biocombustible podría convertirse en un vector energético clave, complementario al hidrógeno verde producido por la solar y la eólica, así como en una oportunidad para transformar residuos en energía limpia mientras se impulsa el desarrollo rural y la economía circular.
El biohidrógeno es un energético abundante y económico que puede aportar justicia ambiental y responsabilidad diferenciada en la transición energética global. Por ello, debería incluirse cuanto antes./Agencias-PUNTOporPUNTO
Documento íntegro a continuación:
Latin America and Caribbean _ Ember





















