Un equipo internacional de científicos identificó una nueva retroalimentación climática en la Antártida Occidental que podría influir notablemente en la capacidad del océano Austral para absorber carbono.
- Según detalló un estudio publicado en Nature Geoscience, el retroceso de la capa de hielo antártica, acelerado por el calentamiento global, altera el flujo y la composición química del hierro que alcanza el océano, lo que afecta el papel regulador de este sistema sobre el clima global.
- Los investigadores, dirigidos por Torben Struve de la Universidad de Oldenburg y colaborador de la Columbia Climate School, demostraron que durante intervalos cálidos, el deshielo intenso en la Antártida Occidental favorece la exportación de sedimentos ricos en hierro mediante icebergs hacia el sector pacífico del océano Austral.
Aunque el aporte de sedimentos por derretimiento glaciar es abundante, la mayor parte llega en una forma meteorizada, es decir, químicamente erosionada.
“Un mayor retroceso podría acelerar la erosión de las capas rocosas meteorizadas por los glaciares y los icebergs. Esto, a su vez, podría reducir la absorción de carbono en el sector Pacífico del Océano Antártico en comparación con la actualidad, una retroalimentación que podría agravar aún más el cambio climático”, escribieron.
- Hasta hace poco, se suponía que un mayor aporte de hierro estimularía el desarrollo de fitoplancton y la absorción de dióxido de carbono por el océano Austral. Sin embargo, como señaló Struve, el equipo se sorprendió al comprobar que en esta zona la cantidad total de hierro no era el factor que controlaba el crecimiento de las algas.
- El grupo analizó muestras de sedimento extraídas a 4.981 metros de profundidad en el Pacífico sur (62° S, 116° O), cubriendo un registro de hasta 500.000 años de historia. Encontraron que los máximos de aporte de hierro coincidieron con grandes retrocesos del hielo, pero no impulsaron un aumento en la productividad de las algas ni en la exportación de carbono.
La madurez química del hierro como factor decisivo
Los análisis geoquímicos publicados en Nature Geoscience subrayan que la madurez química, el grado de meteorización del hierro, resulta decisiva. Durante los periodos de mayor exportación de sedimento a través de icebergs, característicos de climas cálidos y de retroceso glaciar, las partículas transportadas estaban altamente erosionadas, con una elevada presencia de minerales como la caolinita y bajo potencial de disolución.
- Esta combinación reduce la fertilización natural del fitoplancton, limitando la función de sumidero de carbono del océano Austral. De forma opuesta, el hierro aportado por polvo mineral durante épocas glaciales era más soluble y utilizable biológicamente.
A diferencia de mecanismos señalados por estudios previos, que atribuían la fertilización marina principalmente al aporte de polvo atmosférico, los nuevos datos demuestran que en el sur del Frente Polar Antártico, el hierro de los sedimentos transportados por icebergs supera en cantidad al procedente del polvo, pero llega en una forma mucho menos biodisponible durante los episodios interglaciales y de retroceso rápido de la capa de hielo.
Evidencias históricas del fenómeno
El registro sedimentario reveló que hace unos 130.000 años, cuando las temperaturas eran similares a las actuales, la Antártida Occidental perdió grandes extensiones de hielo, generando enormes volúmenes de icebergs y arrastrando sedimentos meteorizados hacia el océano.
Este proceso, sin embargo, no se tradujo en una mayor producción de algas ni en una exportación incrementada de carbono, tal como señala Nature Geoscience.
Las conclusiones del estudio advierten sobre una vulnerabilidad adicional del ciclo del carbono ante el cambio climático. Si continúa el retroceso de la capa de hielo de la Antártida Occidental, es probable que el océano Austral reduzca aún más la captación de dióxido de carbono, lo que contribuiría a amplificar el calentamiento global. Struve indicó que estos hallazgos permiten comprender la sensibilidad de la capa de hielo occidental antártica frente al calentamiento global.
- El área de estudio se sitúa en el Pacífico sur, justo al sur del Frente Polar Antártico. Allí, el equilibrio entre la formación de icebergs y el aporte de sedimentos determina la importancia global del sumidero oceánico de carbono. Este mecanismo interviene en la capacidad del océano Austral para actuar como regulador del clima, sobre todo durante intervalos cálidos.
Para Gisela Winckler, geoquímica de la Columbia Climate School y coautora del estudio, este descubrimiento cambia la percepción tradicional sobre el control del carbono en el océano Austral.
“El océano no tiene una capacidad de absorción de carbono fija”, advirtió. Por encima del volumen total de hierro que llega al mar, la forma química que adquiere tras el transporte glaciar resulta crítica para el crecimiento del fitoplancton y, en consecuencia, para el ciclo del carbono.
- Los expertos coinciden en que la clave no está solo en la cantidad de hierro que desemboca en los océanos, sino en el estado químico con el que entra en contacto con los ecosistemas marinos. Esta perspectiva redefine el entendimiento de la captación de carbono en el océano Austral y refuerza la idea de que pequeñas variaciones en los procesos de erosión y transporte sedimentario pueden tener repercusiones globales sobre el clima.
El nuevo rostro del deshielo acelerado por el cambio climático
El paisaje ártico se está transformando a un ritmo sin precedentes. Más allá del aumento de las temperaturas, el cambio climático está dando lugar a episodios de fusión acelerada que se concentran en pocos días pérdidas de hielo que antes requerían semanas o meses.
- Estos eventos, cada vez más frecuentes, están alterando la dinámica tradicional del deshielo y modificando profundamente el estado de la nieve y el hielo, los elementos más vulnerables del sistema climático polar.
La acumulación de nieve durante el invierno ya no compensa la pérdida estival: desde hace décadas, el balance anual es claramente negativo. Los episodios de fusión extrema –que pueden durar días o semanas– provocan tasas de derretimiento muy superiores a las habituales. Son auténticas olas de calor, pero no definidas por la temperatura del aire, sino por la fusión con la que desaparecerán el hielo y la nieve.
Un Ártico que se derrite con episodios masivos de fusión
Lo que antes era excepcional ahora ocurre con creciente regularidad. Este patrón se observa en todo el Ártico, aunque con notables diferencias regionales. Las mayores tasas de fusión extrema se registran en el noroeste y norte de Groenlandia , así como en las islas Ellesmere y Devon, en el Ártico canadiense. En cambio, el sector oriental –incluyendo Islandia y el archipiélago Nueva Zembla (Rusia)– muestra aumentos de menor magnitud .
- A pesar de esta variabilidad, Groenlandia concentra los impactos más significativos. Alberga la mayor reserva de hielo del hemisferio norte, con suficiente agua como para elevar el nivel del mar más de siete metros, y su localización geográfica la hace especialmente sensible a los patrones atmosféricos que disparan la fusión extrema.
- Durante los últimos veranos en Groenlandia se han registrado algunos de los episodios más intensos jamás documentados –como en julio de 2012, agosto de 2019 y agosto de 2021– cuando más del 90 % de su superficie se encontraba simultáneamente en estado de fusión , en algunos casos superando registros paleoclimáticos.
¿Por qué ocurren estos eventos extremos?
Estos episodios se desencadenan cuando el calentamiento general del Ártico se combina con patrones atmosféricos capaces de intensificar la fusión. El aumento progresivo de las temperaturas prepara el terreno, pero son ajustes meteorológicos concretos, como bloqueos anticiclónicos prolongados, las que pueden convertir un verano caluroso en un evento extremo.
Los bloqueos anticiclónicos se producen cuando un área de alta presión se mantiene estacionaria durante varios días, desviando los sistemas meteorológicos normales. Esto provoca estabilidad atmosférica y cielos despejados, permitiendo que el aire templado procedente del sur eleve rápidamente las temperaturas en la superficie.
- En algunos casos, la llegada de masas de aire húmedo genera nubes cálidas que irradian calor hacia el hielo, acelerando aún más el derretimiento. Estos bloqueos se han vuelto más frecuentes y duraderos , aumentando la probabilidad de que el mecanismo se repita.
Cada episodio deja además una huella física sobre el terreno: la fusión elimina la nieve reciente y exponen hielo más oscuro y menos reflectante. Esta disminución del albedo intensifica la absorción de energía solar, haciendo que la siguiente fusión actúe sobre una superficie aún más vulnerable. Así se establece un círculo de retroalimentación que acelera la pérdida de masa y contribuye al rápido calentamiento que caracteriza al Ártico contemporáneo .
- Además, desde alrededor de los años 1990, la fusión estival se ha intensificado y extendido espacialmente, afectando incluso a zonas elevadas que históricamente permanecían bajo cero durante todo el verano.
- En la actualidad, la isoterma, la línea que indica la altitud a la que la temperatura es de 0 ºC, asciende a mayores altitudes, lo que desplaza la zona de fusión hacia el interior de los glaciares y reduce áreas que antes accionaban como reservorios de acumulación.
Repercusiones de la fusión extrema
La fusión extrema tiene efectos inmediatos sobre los glaciares y consecuencias que trascienden el ámbito polar. A nivel local, reestructura la nieve, debilita la superficie del hielo y genera picos de escorrentía capaces de movilizar grandes volúmenes de agua en muy poco tiempo. Esta agua superficial acelera la fusión y termina desembocando en el océano como un pulso concentrado de agua dulce.
- A escala global, el impacto también es notable. El Ártico funciona como un regulador climático clave: su superficie blanca refleja gran parte de la radiación solar entrante. Cuando el hielo disminuye, esa capacidad se reduce y la región absorbe más calor, amplificando el calentamiento. Los episodios extremos intensifican este efecto al oscurecer la superficie y acelerar la pérdida de hielo.
Además, el aporte de agua dulce al Atlántico Norte contribuye directamente al aumento del nivel del mar, altera la salinidad oceánica y puede afectar la circulación meridional de vuelco del Atlántico (AMOC) , corriente marítima que actúa como un elemento fundamental para la estabilidad climática de Europa y otras regiones.
La fusión extrema no es solo un fenómeno polar sino que afecta a todo el planeta: conecta el destino del Ártico con el equilibrio ambiental global. /PUNTOporPUNTO
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