TEXTO ÍNTEGRO: Latinoamérica registra alto COSTO de SALUD, debido al bajísimo GASTO SANITARIO

La venta de medicamentos genéricos está tomando ventaja en las farmacias de América Latina, donde ya concentra cerca de la mitad del volumen de recetas. El factor económico es el principal factor que explica esta preferencia.

Mientras que en los países de la OCDE el gasto en salud creció a un ritmo más acelerado que la economía entre 2019 y 2024, en América Latina y el Caribe los recursos avanzaron prácticamente al mismo paso que el PIB por habitante, según el informe Panorama de la Salud: América Latina y el Caribe 2026 de la OCDE.

  • El gasto real en salud per cápita aumentó 1.7 por ciento anual en promedio en los países de ALC, frente a un crecimiento de 2.7 por ciento en la OCDE. La diferencia es mayor en desempeño económico, pues mientras el PIB real per cápita creció 1.7 por ciento anual en ALC, en la OCDE lo hizo 1.1 por ciento.

La brecha también se refleja en los porcentajes destinados a salud: el gasto superó 10 por ciento del PIB en Chile y Argentina, mientras que Brasil, Cuba, El Salvador y Uruguay se ubicaron entre los países con mayores niveles.

  • Guyana, Haití, Venezuela y Antigua y Barbuda destinaron menos de 4 por ciento. En 2025, el organismo reportó que México destina mil 588 dólares por persona al gasto en salud, una cifra que se encuentra muy por debajo del promedio de la OCDE, de cinco mil 967 dólares, medidos en paridad de poder adquisitivo (PPA).
  • El gasto sanitario también representa una proporción menor de la economía mexicana. Equivale a 5.9 por ciento del PIB, frente a 9.3 por ciento en promedio en la OCDE, una diferencia de 3.4 puntos porcentuales en la participación que tiene la salud dentro de la economía.

En materia de prevención, el año pasado México destinó 3.6 por ciento del gasto corriente en salud, una proporción prácticamente similar al promedio de la OCDE (3.4 por ciento).

  • El dato contrasta con la brecha observada en el gasto sanitario total, ya que aunque México dispone de menos recursos, por habitante, la proporción destinada a prevención se mantiene cercana al promedio de los países de la organización.

Crisis de productividad sistémica del gasto en salud en América Latina

  • América Latina atraviesa una transformación silenciosa pero profunda en sus sistemas de salud. Durante décadas, el debate regional se ha concentrado en una pregunta dominante: cuánto dinero falta para financiar la cobertura universal. Esa pregunta sigue siendo válida, pero ya no es suficiente.

La región enfrenta una crisis más compleja: una crisis de productividad sistémica del gasto en salud. Esto significa que cada unidad adicional de gasto público, privado o de bolsillo produce menos cobertura efectiva, menos oportunidad, menos calidad y menos protección financiera de la que debería producir. El problema no es solamente gastar poco.

  • El problema es que una parte significativa del gasto se pierde en fricciones administrativas, modelos de pago mal alineados, fragmentación institucional, atención tardía de la enfermedad crónica, baja interoperabilidad de datos, duplicidades, glosas, cartera vencida, auditorías ex post y tecnologías de alto costo gestión del valor.

En América Latina, más gasto no siempre se traduce en más salud

  • La presión demográfica, el envejecimiento poblacional, el crecimiento de las enfermedades crónicas, la mayor demanda de tecnologías sanitarias, la judicialización, la informalidad laboral, la restricción fiscal y la alta participación del gasto de bolsillo están empujando a los sistemas hacia una ecuación de difícil sostenibilidad.
  • La tesis central de este documento es la siguiente: los sistemas de salud de América Latina requieren más inversión pública, pero esa inversión solo será sostenible si se acompaña de una transformación estructural de la productividad del gasto.
  • Sin rediseño de incentivos, compra estratégica, modelos de pago basados en valor, inteligencia operacional, gestión anticipatoria del riesgo y reducción de desperdicio, el incremento presupuestal puede terminar financiando la misma ineficiencia que pretende corregir.

No solo falta dinero, falta productividad

La conversación regional sobre salud suele organizarse alrededor de tres problemas: insuficiencia de recursos, inequidad en el acceso y fragmentación institucional. Todos son reales. Sin embargo, hay un cuarto problema que explica por qué muchas reformas no logran sus objetivos: la baja productividad sistémica del gasto.

La productividad del gasto en salud puede entenderse como la capacidad del sistema para convertir recursos financieros en resultados verificables:

  • Acceso efectivo, oportunidad, calidad, continuidad, protección financiera, reducción de mortalidad evitable, control de enfermedad crónica, satisfacción ciudadana y sostenibilidad institucional.

Cuando esa productividad cae, el sistema entra en una paradoja: gasta más, pero resuelve menos. Aumentan los presupuestos, pero también aumentan las listas de espera. Se amplían los planes de beneficios, pero persisten barreras de acceso.

  • Se incrementan los recursos para atención médica, pero crece la cartera hospitalaria. Se incorporan tecnologías, pero no necesariamente mejoran los desenlaces poblacionales. Se digitalizan algunos trámites, pero no se transforma la arquitectura de decisión.

La baja productividad del gasto no es un problema contable. Es un problema estructural de gobernanza sanitaria.

Las cinco presiones que están reduciendo el rendimiento del gasto

  • Subfinanciación pública persistente: América Latina sigue lejos de los niveles de gasto público recomendados para avanzar hacia cobertura universal efectiva. El gasto público en salud se mantiene por debajo de los umbrales sugeridos por los organismos internacionales, mientras los hogares continúan soportando una proporción alta del gasto mediante pagos directos.
  • Esta situación genera tres efectos: limita la capacidad redistributiva del sistema, debilita la mancomunación de riesgos y expone a los hogares a gasto catastrófico. Cuando el gasto de bolsillo es alto, la cobertura deja de ser plenamente protectora. El ciudadano puede estar afiliado, pero no necesariamente protegido.
  • Alto gasto de bolsillo y protección financiera incompleta: El gasto de bolsillo es uno de los indicadores más sensibles de falla sistémica. Mide cuánto deben pagar directamente las personas al momento de necesitar atención, medicamentos, diagnósticos, dispositivos o servicios complementarios.

Cuando el gasto de bolsillo supera niveles prudentes, los hogares aplazan consultas, interrumpen tratamientos, sustituyen medicamentos, se endeudan o sacrifican otros consumos esenciales.

En términos sanitarios, esto produce enfermedad más avanzada. En términos financieros, traslada el riesgo desde el sistema hacia la familia. En términos sociales, profundiza la desigualdad.

  • Envejecimiento acelerado y multimorbilidad: América Latina envejece a una velocidad superior a la que tuvieron muchos países desarrollados cuando consolidaron sus Estados de bienestar.

El envejecimiento no aumenta el gasto de manera lineal; lo multiplica a través de la multimorbilidad, la dependencia funcional, la polifarmacia, la demanda de especialistas, las hospitalizaciones evitables, los cuidados prolongados y la mayor intensidad tecnológica. La presión demográfica modifica la ecuación actuarial de los sistemas de aseguramiento y de prestación.

Aumenta la población con enfermedades crónicas, aumenta la demanda de seguimiento continuo y se reduce proporcionalmente la base laboral que financia los sistemas contributivos. Este fenómeno obliga a abandonar la lógica de atención episódica y avanzar hacia modelos de gestión longitudinal del riesgo.

  • Modelo asistencial curativo y tardío: La región sigue asignando una proporción mayoritaria de sus recursos a la atención curativa, mientras la prevención, la promoción, la detección temprana y la gestión del riesgo reciben una participación limitada.
  • Este patrón tiene una consecuencia económica directa: el sistema paga más por eventos que pudo haber evitado. Una diabetes mal controlada termina en enfermedad renal, amputaciones, hospitalizaciones y alto costo farmacológico.

Una hipertensión sin seguimiento termina en accidente cerebrovascular, falla cardiaca o enfermedad renal crónica. Un cáncer detectado tarde exige tratamientos más complejos, más costosos y con menor probabilidad de éxito. La atención tardía es clínicamente más dolorosa y financieramente más ineficiente.

  • Fricción operativa y pérdida administrativa: Una parte sustancial del gasto en salud no se pierde en la cama hospitalaria ni en el acto médico, sino en la fricción que existe entre instituciones.

Facturación manual, soportes incompletos, codificación inconsistente, auditorías redundantes, glosas recurrentes, demoras de conciliación, pagos tardíos, sistemas de información no interoperables y contratos con incentivos contradictorios deterioran el capital de trabajo de los prestadores y reducen la capacidad real de atención.

La fricción operativa es una forma silenciosa de desperdicio. No siempre aparece como costo clínico, pero consume talento humano, liquidez, tiempo gerencial, confianza institucional y oportunidad asistencial.

De la eficiencia aislada a la productividad sistémica

En salud, hablar de eficiencia suele generar resistencias porque puede interpretarse como recorte, racionamiento o presión financiera sobre los prestadores. Esa lectura es incompleta. La productividad sistémica no equivale a gastar menos. Equivale a producir más valor sanitario con los recursos disponibles y con los recursos adicionales que el sistema necesita.

La productividad sistémica incluye al menos seis dimensiones:

  • Productividad financiera: capacidad de transformar presupuesto en servicios oportunos, pagos previsibles, liquidez razonable y sostenibilidad institucional.
  • Productividad clínica: capacidad de producir mejores desenlaces, menor mortalidad evitable, menor complicación, menor hospitalización prevenible y mayor control de enfermedad crónica.
  • Productividad administrativa: capacidad de reducir tiempos, duplicidades, glosas, reprocesos, errores de facturación y costos de transacción.
  • Productividad tecnológica: capacidad de incorporar medicamentos, dispositivos, diagnósticos y soluciones digitales según valor demostrado, no solo por presión de mercado o demanda judicial.
  • Productividad poblacional: capacidad de anticipar riesgos, segmentar cohortes, intervenir tempranamente y evitar progresión de enfermedad.
  • Productividad institucional: capacidad de alinear incentivos entre regulador, pagador, prestador, industria, profesionales y pacientes.

La crisis actual no se resuelve optimizando una sola de estas dimensiones. Requiere intervenirlas de manera integrada.

Indicadores para medir productividad sistémica del gasto

  • Una agenda seria requiere métricas. Consultorsalud propone un tablero mínimo de productividad sistémica con cinco grupos de indicadores:

Indicadores financieros

  • Gasto público en salud como porcentaje del PIB
  • Gasto de bolsillo como proporción del gasto corriente en salud
  • Cartera vencida de prestadores
  • Días promedio de pago
  • Porcentaje de glosas sobre facturación
  • Tiempo promedio de conciliación
  • Razón de pasivos sobre ingresos operacionales en aseguradores y prestadores

Indicadores de acceso y oportunidad

  • Tiempo de espera para consulta especializada
  • Tiempo de espera para cirugía programada
  • Oportunidad diagnóstica en cáncer
  • Continuidad terapéutica en enfermedades crónicas
  • Tasa de autorizaciones pendientes
  • Reingresos evitables

Indicadores clínicos

  • Control de hipertensión
  • Control de diabetes
  • Hospitalizaciones evitables por condiciones sensibles a atención primaria
  • Mortalidad evitable
  • Adherencia farmacológica
  • Detección temprana de cánceres priorizados

Indicadores operativos

  • Porcentaje de facturación automatizada
  • Porcentaje de transacciones interoperables
  • Errores de codificación clínica
  • Reprocesos administrativos
  • Tiempo de radicación
  • Tasa de devolución documental

Indicadores de valor

  • Costo total por cohorte
  • Resultado clínico ajustado por riesgo
  • Costo por desenlace logrado
  • Variabilidad injustificada en práctica clínica
  • Uso de tecnologías con evidencia de costo-efectividad
  • Cumplimiento de rutas integrales de atención

Estos indicadores permiten desplazar la discusión desde el gasto bruto hacia el valor producido.

Medicamentos genéricos ganan terreno en América Latina

  • La venta de medicamentos genéricos está tomando ventaja en las farmacias de América Latina, donde ya concentra cerca de la mitad del volumen de recetas, reveló el estudio ¿Qué sigue para las farmacias en América Latina?, elaborado por la firma de consultoría McKinsey & Company.

El estudio, basado en una encuesta a 2,500 consumidores en 14 países de América Latina, expone que el factor económico es el principal factor que explica esta preferencia, dado el entorno económico actual marcado por la inflación y el aumento de los costos de salud.

  • El 75% de los encuestados aseguró que estaría dispuesto a cambiar un medicamento de marca por uno genérico, mientras que un 58% indicó que el precio más bajo es la razón principal para hacerlo.
  • También muestra que, después del precio, las recomendaciones médicas influyen en esta decisión en un 28% de los casos, seguidas por la mayor disponibilidad en inventario (8%) y las sugerencias del farmacéutico (6%), entre otros factores.

“El panorama económico de América Latina ha aumentado la sensibilidad a los precios de los consumidores, lo que está influyendo significativamente en sus decisiones de compra y lealtad a las farmacias”, expusieron los especialistas de McKinsey & Company.

  • Añade que aproximadamente el 40% de los consumidores han cambiado de farmacia en los últimos cinco años, en parte debido al incremento del precio de los fármacos.
  • Mientras que los medicamentos genéricos de bajo costo representan el 48% del mercado de fármacos con receta y el 45% de los pedidos en canales en línea.

Además, la encuesta encontró que los consumidores confían cada vez más en los medicamentos genéricos y los utilizan con mayor frecuencia debido a su eficacia.

  • Los especialistas explicaron que, aunque los medicamentos genéricos suelen generar márgenes de ganancia más altos y facilitan el manejo del inventario, el beneficio para las farmacias por unidad puede ser menor que el de los medicamentos de marca.
  • De ahí que sugieren que los farmacéuticos deben buscar un equilibrio entre genéricos, genéricos de marca y productos de laboratorio, de tal manera que puedan satisfacer las necesidades de los pacientes y, al mismo tiempo, mantener la rentabilidad.

También pueden apoyarse en datos para ajustar su inventario según la demanda de los clientes.

Aunque algunas farmacias ya ofrecen servicios accesibles sin previa cita, para atender afecciones simples como resfriados, erupciones o cortes menores, pueden ir más allá, ofreciendo vacunas, seguimiento de enfermedades crónicas y teleconsultas, así como promover programas de salud preventiva a través de membresía o centros que integren estos servicios.

  • El estudio destaca que el entorno demográfico y económico de la región, como el envejecimiento de la población, la caída de las tasas de fertilidad y la mayor demanda de salud personalizada, está cambiando la atención de la salud y la manera en que las farmacias pueden servir a los pacientes.
  • Otros resultados de la investigación muestran que los consumidores compran medicamentos en línea con más frecuencia, con alrededor del 25% de los encuestados que informan hacerlo siempre o con regularidad.
  • Mientras que la conveniencia sigue siendo el principal motor de lealtad en el sector farmacéutico, ya que la encuesta encontró que el 75% de los consumidores prefieren su farmacia más cercana y el 69% puede llegar a su unidad preferida en menos de diez minutos.

Además, los consumidores siguen enfrentándose a necesidades insatisfechas de servicios adicionales relacionados con la salud, tales como atención clínica básica y servicios de baja complejidad como fisioterapia, asesoramiento nutricional, apoyo en salud mental y diagnósticos dermatológicos, así como tratamientos dermocosméticos para acné, envejecimiento, sensibilidad y pigmentación./PUNTOporPUNTO

Documento Íntegro a Continuación:

https://www.oecd.org/content/dam/oecd/es/publications/reports/2026/09/health-at-a-glance-latin-america-and-the-caribbean-2026_19748f23/7f661a59-es.pdf

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