Hace 100 años sólo 6% de las mujeres participaban en el mercado laboral, ese panorama ha cambiado mucho. En 2025 la proporción de participación económica femenina alcanzó 46% en México, pero lo que permanece es la desigualdad de condiciones, revela una investigación del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO).
- El estudio Mujeres en la economía: 100 años de datos de la organización destaca el crecimiento de la fuerza laboral femenina en el último siglo, principalmente en la década de 1960 con el proceso de industrialización. En 10 décadas su presencia en el mercado de trabajo creció 7.6 veces.
A decir de Fernanda García, directora de Sociedad del IMCO, aunque se trata de un avance importante, la brecha de participación económica con los hombres “aún es distante”.
La investigación muestra que el crecimiento de las mujeres en el mercado laboral ha estado impulsado por un mayor acceso a la educación, la industrialización del país y la crisis de 1994, cuando se demandó su mano de obra en el comercio. Sin embargo, la ausencia de políticas públicas vinculadas con los cuidados ha generado un estancamiento en la participación económica femenina.
“En otros ámbitos, como en la política, en la que sí hay intencionalidad con las cuotas y otras medidas afirmativas, el resultado es completamente distinto. En el mercado laboral no ha sucedido algo similar, no hay una meta de tener más mujeres en un determinado periodo, y tampoco políticas de cuidados articuladas para llegar a ello”, afirma la especialista.
Mayor participación económica femenina, oportunidades desiguales
El crecimiento de la fuerza laboral femenina tiene una paradoja: más oportunidades en el mundo del trabajo no han estado acompañadas de mejores condiciones laborales. La brecha salarial persistente y la alta proporción en la economía informal evidencian el reto estructural.
La investigación también destaca que en tres décadas la brecha salarial de género se ha reducido de 27% a 13 por ciento. Esto significa que las mujeres aún ganan 13 pesos menos por cada 100 que perciben los hombres.
- Esta reducción en la desigualdad de ingresos no ha tenido una línea totalmente descendente; es decir, ha fluctuado en el tiempo. Por ejemplo, entre 1995 y 1996, se presentó la disminución más pronunciada (de 27% a 19%), pero posteriormente hiló dos años con repunte, para cerrar en 23% en 1998.
- La informalidad es un sello de la ocupación femenina. En buena medida, este factor se conecta con la desigualdad de ingresos. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), la tasa de informalidad de las mujeres cerró el 2025 en 55.8%, esto 1.4 puntos porcentuales por arriba del nivel del empleo masculino.
“Las condiciones laborales son un indicador que no sólo se relaciona con una mayor entrada, sino con permanencia y crecimiento, y cuando las mujeres están en una etapa de maternidad, tienden a salirse del mercado laboral o buscar opciones más flexibles, que usualmente las brinda el mercado informal. Pero eso no sólo penaliza los ingresos, hay falta de seguridad social y certidumbre jurídica”, expone Fernanda García.
Educación mejora el acceso al mercado laboral
A medida que mejoró el acceso a la educación de las mujeres, su participación económica también se elevó. En 1950, sólo 12% de las mujeres contaba con educación superior y la presencia femenina en el mercado laboral era de 13 por ciento.
- Para el 2020, el 53% de las mujeres tenía educación superior, y la tasa de participación económica de las mujeres se posicionó en 40 por ciento.
- Si bien la formación universitaria ha sido un factor de impulso, aún es baja la presencia femenina en el mundo del trabajo, lo que refleja que el reto no es sólo educativo. “Los avances en la educación no se han traducido en una participación económica equivalente, y las condiciones que enfrentan siguen siendo precarias”, puntualiza Fernanda García.
Además, aunque la educación superior ha facilitado el acceso al mercado laboral, hay una brecha entre el ingreso al empleo y la permanencia y desarrollo de carrera, otros dos desafíos que en muchas ocasiones no se vinculan con las competencias, sino con factores estructurales que limitan el crecimiento profesional.
“Sólo 3% de las direcciones generales son ocupadas por mujeres, y ese sigue siendo el gran reto en México y a nivel global, cómo impulsar las carreras de las mujeres para que tengan un crecimiento profesional y al interior de estas empresas, no sólo que participen sino que puedan llegar más lejos, y eso es parte de una dinámica de mercado que demanda mucha presencialidad y un rezago en la redistribución de la carga de cuidados”, concluye la directora de Sociedad del IMCO.
Las brechas estructurales de género impiden el desarrollo económico de las mujeres en México
La desigualdad por cuestiones de género en México ha generado una estructura que plantea una amplia desventaja socioeconómica para las mujeres, así lo confirman los datos.
Poco puede hacer una mujer mexicana para lograr una condición de plenitud económica si las responsabilidades del hogar recaen en ella antes de atender cuestiones como su trabajo o algún emprendimiento en el que participe.
Y es que hay cuatro veces más mujeres excluidas que hombres en el mercado laboral mexicano, principalmente por la asignación de roles de género dirigidos al cuidado del hogar, de acuerdo con lo detectado por la organización Acción Ciudadana Frente a la Pobreza.
- “La principal razón de exclusión de las mujeres es la falta de servicios públicos de cuidado suficientes, accesibles, asequibles y de calidad, que abran la opción de cuidar a niñas y niños menores o en edad escolar y a otras personas que requieren cuidado”, planteó en su reciente investigación sobre el tema.
- Cuestión que también se refleja en el hecho de que las mujeres destinan 41 horas semanales en promedio a trabajo doméstico y de cuidados no remunerado, mientras que los hombres aportan 19, una diferencia de casi un día entero de diferencia.
“Muchas mujeres se emplean en trabajos informales, en los que encuentran mayor flexibilidad para cumplir con sus roles familiares y de crianza, pero que a su vez las colocan en posiciones de mayor riesgo y vulnerabilidad frente a un despido injustificado, sin acceso a la seguridad social en caso de enfermar, sin acceso a un sistema de guarderías y con menores ingresos en promedio”, de acuerdo con el observatorio económico México, ¿Cómo Vamos?
En ese sentido, la desigualdad por condición de género se amplía al mercado laboral, ya que las mujeres cuentan con un menor acceso a puestos de trabajo, que en más de la mitad de las ocasiones lo hacen bajo condiciones precarias y marcadas por la informalidad, tal como lo retratan los datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía.
La gran brecha
Aunque las mujeres mexicanas logren acceder al mercado de trabajo no hay una garantía de que ello elimine la brecha de género que históricamente les ha reprimido, ya que suelen hacerlo con un salario hasta 25% menor al que perciben los hombres; cuestión que incluso se expresa con mayor crudeza dependiendo del grado de escolaridad.
“La desigualdad persiste incluso entre quienes cuentan con estudios superiores. Entre personas con licenciatura, por ejemplo, los hombres aún perciben ingresos alrededor del 26% mayores que los de las mujeres, mientras que la diferencia supera el 22% entre quienes tienen posgrado”, especificó en ese sentido el Observatorio Social del Centro de Estudios Espinosa Yglesias (CEEY).
“La desigualdad persiste incluso entre quienes cuentan con estudios superiores. Entre personas con licenciatura, por ejemplo, los hombres aún perciben ingresos alrededor del 26% mayores que los de las mujeres, mientras que la diferencia supera el 22% entre quienes tienen posgrado”, especificó en ese sentido el Observatorio Social del Centro de Estudios Espinosa Yglesias (CEEY).
- Un contexto que, según el equipo de analistas anteriormente citado, se recrudece dada la baja movilidad social vigente en México y que deriva de la menor participación que tienen millones de mujeres en el mercado laboral debido a la distribución desigual del trabajo de cuidados.
“Aunado a esto, las brechas salariales también se reflejan en desigualdades estructurales del mercado laboral, como el «piso pegajoso», que mantiene a muchas mujeres concentradas en empleos de menor remuneración, y el «techo de cristal», que dificulta su acceso a puestos mejor pagados y de mayor jerarquía”, sostuvo el CEEY.
Otras brechas
Además de la salarial, existen diversas brechas por cuestión de género en el país, que incluso se expresan en la forma en la que las mujeres emprendedoras acceden a financiamiento o la cantidad de mujeres que logran acceder a puestos de mando.
“Las mujeres tienen menor participación en cuentas de nómina, ahorro y contratadas por internet. En cambio, destacan en apoyos del gobierno, pero tienen baja presencia en productos de inversión”, alertó recientemente la Comisión Nacional Bancaria y de Valores.
Sube a 786 mil cifra de mujeres desempleadas en México
El desempleo entre mujeres aumentó en septiembre de este año respecto al mismo periodo de 2024. Así lo reveló el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), con la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE).
- De acuerdo con los resultados de la encuesta, la tasa de desocupación se ubicó en 3.0%, ligeramente por encima del 2.9% registrado el año anterior. En donde sí hubo un cambio significativo fue en la cifra de mujeres desempleadas.
- Si bien la población ocupada alcanzó el valor de 60.2 millones de personas (820 mil personas más que en 2024), el aumento no fue equitativo. La ocupación de mujeres fue de 24.4 millones y la de hombres, de 35.9 millones: lo que representa una caída anual en ellas de 125 mil y un incremento en ellos de 945 mil.
- La tasa de desocupación refleja una situación similar: el año pasado se contabilizaron 759 mil mujeres desempleadas, número que incrementó a 786 mil en 2025. En términos porcentuales, la cifra fue de 3.1% en mujeres y de 2.9 en hombres, lo que representa un crecimiento de 0.1 en el caso de ellas.
Sumado a ello, la participación de los hombres en el mercado laboral sigue siendo mayor a la de las mujeres. Mientras que la tasa de participación económica de ellos es de 75.4%, la de ellas es de 45.6 %, 0.9 puntos porcentuales por debajo del periodo anterior.
A mayor nivel educativo, más desempleo
La ENOE del INEGI también arrojó datos sobre las características de las personas desempleadas en México: nivel de estudios y edad.
- Respecto al nivel educativo, resalta que personas con un nivel educativo superior a secundaria representaron 87.5% del total de desempleados contabilizados en septiembre de 2025, mientras que aquellas con estudios de secundaria terminados representaron el 12.3 por cierto.
En relación con la edad, el INEGI informó que la mayor proporción de desempleo se concentró en el grupo de 25 a 44 años, con 49.0%, seguido del grupo de 15 a 24 años, con 32.6 por ciento.
Mujeres ganan 34% menos que hombres en México
A pesar de algunos avances en los últimos años, la desigualdad en los ingresos entre hombres y mujeres continúa siendo una de las brechas más visibles en el mercado laboral mexicano. Datos recientes de la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH) muestran que, en promedio, los hombres perciben ingresos considerablemente mayores que las mujeres, una diferencia que sigue superando el 30 por ciento.
- De acuerdo con la información correspondiente a 2024, el ingreso promedio de los hombres alcanzó los 36 mil 47 pesos, mientras que el de las mujeres se ubicó en 23 mil 714 pesos. Esta diferencia representa una brecha salarial de 34.2 por ciento. Aunque el indicador muestra una reducción frente a años anteriores —en 2016 llegó a registrar hasta 42.2 por ciento—, la distancia entre los ingresos de ambos grupos todavía es considerable.
- El cálculo de esta brecha no se limita únicamente a los sueldos o salarios obtenidos por actividades laborales. También incluye otras fuentes de ingreso dentro del hogar, como transferencias gubernamentales, remesas enviadas desde el extranjero o apoyos económicos de familiares. Aun considerando estos recursos adicionales, la diferencia en los ingresos promedio entre hombres y mujeres se mantiene marcada.
Especialistas en temas laborales señalan que este fenómeno tiene múltiples causas estructurales. Una de ellas es la llamada segregación ocupacional, que se refiere a la concentración de mujeres en sectores económicos que suelen ofrecer salarios más bajos. Actividades relacionadas con servicios, comercio minorista o trabajo doméstico son algunos ejemplos donde la presencia femenina es mayor, pero las remuneraciones suelen ser más limitadas.
Otro factor relevante es la alta participación de mujeres en el sector informal. En México, una proporción importante de trabajadoras se desempeña en empleos sin prestaciones laborales o contratos formales, lo que impacta directamente en sus ingresos y estabilidad económica.
Además, las responsabilidades de cuidado dentro de los hogares siguen recayendo principalmente en las mujeres. Las tareas relacionadas con el cuidado de niñas, niños, personas mayores o familiares enfermos pueden provocar interrupciones en su trayectoria laboral o limitar su acceso a empleos de tiempo completo.
Diversos análisis han advertido que estas condiciones influyen en la posibilidad de que las mujeres accedan a mejores puestos o incrementos salariales. Aunque en las últimas décadas se han impulsado reformas legales y políticas públicas enfocadas en la igualdad laboral, los datos muestran que la brecha salarial de género aún representa un reto importante para el país./Agencias-PUNTOporPUNTO
Documento íntegro a continuación:
https://imco.org.mx/wp-content/uploads/2026/03/Mujeres-en-la-economia_100-anos-de-datos_03032026.pdf
























