TEXTO ÍNTEGRO: MEXICANOS nacidos dentro del 20% de los MÁS POBRES, condenados a VIVIR AHÍ por SIEMPRE

En 2020, México registró la mayor incidencia de pobreza y pobreza extrema multidimensional de los últimos años: 52.8% y 17.2% de la población, respectivamente, cifras ligeramente superiores a las observadas en 2016 y 2018.

A pesar de que la pobreza disminuyó en México durante los últimos años, la posibilidad de mejorar la situación económica sigue siendo muy limitada para millones de personas.

El Informe de Movilidad Social en México 2025, elaborado por el Centro de Estudios Espinosa Yglesias (CEEY), indica que 78% de quienes nacen en los dos quintiles con menores ingresos permanece en condición de pobreza por ingresos durante su vida adulta.

  • El estudio advierte que las oportunidades continúan dependiendo en gran medida de circunstancias ajenas al esfuerzo individual, como el patrimonio familiar, el nivel educativo de los padres y la región donde una persona nace, factores que siguen influyendo en las posibilidades de acceder a mejores ingresos.

Durante los últimos años México ha registrado una reducción en los niveles de pobreza, pero el informe sostiene que este avance no necesariamente se ha traducido en una mayor movilidad social.

Los resultados provienen de la Encuesta ESRU de Movilidad Social en México 2023 (ESRU-EMOVI), utilizada por el CEEY para analizar la forma en que cambian, o permanecen, las condiciones económicas entre generaciones.

¿Qué significa el “suelo pegajoso” de la pobreza?

El informe identifica un fenómeno conocido como “suelo pegajoso”, que describe la dificultad que enfrentan las personas para abandonar las condiciones de pobreza.

Las cifras muestran que 50 de cada 100 personas nacidas en el 20% más pobre de la población permanecen en ese mismo nivel durante su vida adulta.

  • Además, solo dos de cada 100 personas que nacen en el quintil de menores ingresos logran llegar al grupo con mayores ingresos del país, lo que refleja las dificultades para ascender económicamente.
  • En el extremo contrario, 51 de cada 100 personas nacidas en el quintil más alto conservan esa posición, mientras que únicamente una de cada cien desciende hasta el grupo con menores ingresos.

¿Qué factores influyen en las oportunidades?

El CEEY concluye que casi 48% de la desigualdad de ingresos en México depende de circunstancias que las personas no pueden controlar, indica una publicación de Expansión.

Entre los factores que más influyen destacan:

  • El patrimonio familiar, considerado el principal determinante
  • La escolaridad de los padres
  • La región donde nació cada persona
  • El género y el tono de piel

Según el informe, estos elementos siguen condicionando las oportunidades educativas y laborales desde edades tempranas.

La educación también marca diferencias

  • Las diferencias comienzan desde el entorno familiar. El estudio señala que una persona cuyos padres tienen estudios profesionales cuenta con 63% de probabilidad de alcanzar ese mismo nivel educativo.

En contraste, cuando los padres únicamente cursaron la primaria.

  • Esa posibilidad disminuye a 9%, lo que implica que las oportunidades de terminar una carrera universitaria son aproximadamente siete veces mayores entre quienes provienen de hogares con mayor escolaridad.

El lugar donde se nace también influye

Las diferencias territoriales también aparecen en los resultados.

Mientras que en la región Centro-Norte 31% de las personas permanece en el quintil más bajo, en el sur del país esa proporción aumenta hasta 64%, reflejando una mayor dificultad para mejorar las condiciones económicas.

  • El informe también documenta diferencias relacionadas con el tono de piel. Entre las personas con tonos de piel más oscuros, 57% permanece en el quintil inferior, frente a 34% de quienes tienen tonos de piel claros.

Estas diferencias son todavía mayores entre las mujeres con piel más oscura, quienes presentan los niveles más altos de permanencia en condiciones de desventaja económica.

La pobreza disminuyó, pero persisten las desigualdades

De acuerdo con la Medición de la Pobreza Multidimensional 2024 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), 38.5 millones de personas vivían en situación de pobreza, equivalentes al 29.6% de la población, mientras que 6.9 millones se encontraban en pobreza extrema.

  • Esta medición mostró una reducción respecto a evaluaciones anteriores; sin embargo, el informe del CEEY advierte que disminuir la pobreza no significa necesariamente que existan mayores oportunidades para cambiar de nivel socioeconómico.

Para el centro de estudios, los datos muestran que las condiciones de origen siguen teniendo un peso determinante sobre el futuro económico de millones de personas, por lo que reducir la desigualdad de oportunidades continúa siendo uno de los principales desafíos del país.

Caída de la pobreza sin crecimiento económico

En 2020, México registró la mayor incidencia de pobreza y pobreza extrema multidimensional de los últimos años: 52.8% y 17.2% de la población, respectivamente, cifras ligeramente superiores a las observadas en 2016 y 2018. A partir de ese año se produjo una reducción pronunciada y sostenida.

  • En 2024, última fecha para la que se dispone de información oficial, la pobreza multidimensional descendió a 29.6% de la población y la pobreza extrema a 5.3%. En apenas cuatro años, la pobreza se redujo casi a la mitad y la pobreza extrema en poco más de dos terceras partes.
  • En términos generales, la disminución de la pobreza suele asociarse con periodos de expansión económica. Cuando aumenta la producción de bienes y servicios, se incrementan el empleo y los ingresos laborales, lo que fortalece la capacidad económica de los hogares y reduce la pobreza por ingresos.

Asimismo, una mayor actividad productiva tiende a favorecer el empleo formal en detrimento del informal, ampliando la cobertura de la seguridad social y de los servicios de salud.

  • El incremento de los ingresos mejora la alimentación, permite disminuir el trabajo infantil, favorece la permanencia escolar y facilita el mejoramiento de las condiciones de la vivienda.

En conjunto, el crecimiento económico suele traducirse en avances tanto en el bienestar material como en el ejercicio de los derechos sociales, reduciendo la pobreza multidimensional.

Sin embargo, las cifras oficiales del INEGI muestran un comportamiento que rompe con ese patrón.

  • El PIB por habitante en 2024 fue prácticamente del mismo nivel que en 2018 —poco más de 190 mil pesos anuales, a precios constantes de 2018—, mientras que la pobreza multidimensional pasó de 41.9% a 29.6% y la pobreza extrema de 7.0% a 5.3%.
  • Estos datos sugieren que la notable reducción de la pobreza observada en los últimos años difícilmente puede atribuirse al crecimiento de la actividad económica, cuyo desempeño ha sido insuficiente para generar un aumento real del ingreso por habitante.

¿Cómo explicar, entonces, la reducción de la pobreza con bajo crecimiento?

Una primera explicación apunta a la política social implementada desde 2019, caracterizada por la ampliación de programas de carácter universal y por el predominio de las transferencias monetarias directas.

Estos recursos incrementan el ingreso de los hogares, particularmente de aquellos en situación de mayor vulnerabilidad, contribuyendo a reducir la pobreza por ingresos y, por esa vía, la pobreza multidimensional.

  • En términos generales, este mecanismo implica una redistribución del ingreso, siempre que los impuestos sean progresivos y las transferencias se concentren en los sectores de menores recursos.
  • No obstante, diversos estudios muestran que, si bien estas transferencias reducen la pobreza, su efecto es relativamente limitado. También se ha señalado que el creciente flujo de remesas enviadas por mexicanos residentes en el extranjero ha contribuido a disminuir la pobreza.
  • Sin embargo, la evidencia disponible indica que, aunque las remesas ejercen un efecto favorable sobre los ingresos de numerosos hogares, su impacto agregado sobre la reducción de la pobreza es igualmente modesto.

Redistribución progresiva

Otro mecanismo ampliamente reconocido para disminuir la pobreza consiste en la redistribución progresiva del ingreso mediante impuestos y transferencias.

  • Al trasladar recursos desde los grupos de mayores ingresos hacia los de menores recursos, disminuye la pobreza por ingresos y aumenta la capacidad de los hogares para superar algunas privaciones sociales.
  • Sin embargo, durante los últimos años no se han registrado modificaciones sustanciales en la política fiscal, más allá de una mayor eficiencia en la recaudación derivada del fortalecimiento de los mecanismos de fiscalización.

Lo que sí ha ocurrido es una política sostenida de recuperación del salario mínimo, orientada a revertir la prolongada pérdida de poder adquisitivo acumulada desde 1986 y que se sostuvo hasta 2015 fechas en que su incremento se desvinculó del Índice Nacional de Precios al Consumidor.

A partir de 2019, los incrementos salariales han superado ampliamente la inflación, impulsando una recuperación acelerada del salario mínimo real hasta aproximarse, en 2024, a los niveles observados en 1982.

  • El aumento del salario mínimo ha repercutido no solo en los trabajadores formales, sino también en una parte importante de quienes laboran en la economía informal, ya sea por el denominado «efecto faro» o por el incremento de la demanda de bienes y servicios producidos en ese sector, que favorece el aumento de precios y remuneraciones.

Además, investigaciones del Banco de México y del Programa Universitario de Estudios del Desarrollo (PUED) muestran que los incrementos salariales han sido proporcionalmente mayores entre los trabajadores de menores ingresos que entre aquellos ubicados en los niveles salariales más altos.

  • La política de recuperación del salario mínimo, profundizada durante las dos administraciones federales más recientes, ha contribuido a redistribuir el ingreso en favor de los trabajadores con menores remuneraciones. Se trata de un doble proceso redistributivo: entre distintos grupos sociales y dentro de la clase de los trabajadores.

Al favorecer principalmente a los hogares de menores recursos, esta redistribución del ingreso reduce la pobreza por ingresos y, en consecuencia, la pobreza multidimensional.

  • Este efecto puede reforzarse cuando los incrementos salariales permiten mejorar el acceso efectivo a derechos sociales como la educación, la salud, la seguridad social, una vivienda adecuada y una alimentación suficiente y de calidad.
  • La experiencia reciente muestra que es posible reducir significativamente la pobreza en un contexto de bajo crecimiento económico mediante políticas redistributivas, particularmente a través de la recuperación del salario mínimo.
  • Pero la continuidad de esta estrategia dependerá de su viabilidad económica en el largo plazo. El desafío consiste en determinar hasta qué punto será posible seguir elevando los salarios reales sin afectar el empleo, la inversión y la estabilidad macroeconómica.

La sostenibilidad de este camino será, probablemente, uno de los temas centrales del debate económico en los próximos años./PUNTOporPUNTO

Documento Íntegro a Continuación:

https://drive.google.com/file/d/1XjFcWu1OeqIvx87qfQIXRrmXQfqeU638/view?usp=sharing

Recibe nuestro boletín informativo, suscríbete usando el formulario