Hasta 1989 y todavía en los tiempos de la guerra fría se procuraba que la titularidad de las carteras de las secretarías de Estado del gobierno federal fuera ocupada en la mayoría de los casos, por personajes notables de la academia en todas sus disciplinas, las ciencias o la investigación, de tal manera que esto en cierta medida garantizaba cierta calidad en la prestación de los servicios públicos o de las oficinas públicas.
El Partido Revolucionario Institucional (PRI) gobernaba sin oposición en todas las entidades federativas y municipios, quedaban muy pocos integrantes de los llamados cachorros de la revolución, esa clase política o militar que había participado de manera directa con los protagonistas de la revolución mexicana, o bien, con sus colaboradores cercanos, como Hermenegildo Cuenca o Marcelino García Barragán, quienes para 1917 eran militares con rangos menores y que se desempeñaban como ayudantes de Estado Mayor.
- A la par se distinguían personajes en el desempeño de sus encargos, elevando las instituciones mexicanas a ser notables y respetadas. Por ejemplo, José Vasconcelos, secretario de educación pública de 1921 a 1924 y su modelo de educación pública que persistió hasta la década de 1970.
- Guillermo Soberón Acevedo como modernizador del sistema de salud mexicano; Manuel Velasco Suárez, como fundador del Instituto Nacional de Neurología o Jesús Kumate Rodríguez, luchador incansable en contra de enfermedades infecciosas en el país.
- La diplomacia mexicana tuvo sus luces con Genaro Estrada Félix siendo titular de la Cancillería Mexicana en 1930 y creador de la doctrina que lleva su apellido. Posteriormente vinieron mentes y personajes como Gilberto Bosques Saldivar y su gran desempeño como cónsul de México en Francia o Alfonso García Robles, secretario de Relaciones Exteriores de 1975 a 1976 y ganador en 1982 del premio Nobel de la paz.
Pero, así como el sistema político mexicano reconocía los méritos para hacer nombramientos, así los retiraba por algún improperio o impertinencia política, tal fue el caso del secretario de educación con el presidente Ernesto Zedillo, que tuvo que renunciar por firmar con un grado académico que no le correspondía.
La nación mexicana les reconoce que antepusieron la decencia académica en política y hoy sus méritos son reconocidos por propios y ajenos a estos cuadros creados o impulsados durante la vigencia de los gobiernos del PRI, pero en esta misma tesitura se encuentran pensadores de la izquierda mexicana, como Ifigenia Martínez, Porfirio Muñoz Ledo, Arnoldo Martínez Verdugo, Arnaldo Córdova, Pablo
- González Casanova, Enrique González Pedrero, Adolfo Gilly, Heberto Castillo o Cuauhtémoc Cárdenas, que con su pensamiento movieron los hilos finos del sistema político mexicano para la incorporación de la izquierda en la vida política del país y quienes algunos de ellos enarbolaron célebres debates en el Congreso mexicano al lado de personajes como José Luis Lamadrid Sauza o Juan de Dios Castro.
Hoy en día una de las principales carencias de la administración pública es, la insuficiencia de cuadros formados en las ciencias, las artes o las disciplinas que sigan impulsando todos los avances para aplicarlos en las políticas públicas, y con ello, permitir la consolidación de un segundo piso de la Cuarta Transformación. Pero no sucede, ni ha sucedido.
Si Enrique González Pedrero o Arnaldo Córdova, hubieran sido titulares de Educación, quizás no hubieran permitido los terribles errores en los libros de texto, o mejor aún, e invocando los honores con que la Cuarta Transformación ha honrado a liberales como Benito Juárez, en su calidad de ministro de la Corte, no hubieran permitido que alguien acusado de robo de tesis, sin carrera judicial o con un pobre conocimiento del derecho y con un mediocre desempeño fuera ministro.
*Es Maestro en Seguridad Nacional por la Armada de México
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