EL SILENCIO SÍ IMPORTA

“La proximidad de la tortura, después de todo, provoca silencio. Cuando se acallan los clamores del horror y la indignación, de la repulsa y la denuncia, lo que queda es el silencio…” (Fernando Savater)

Por. Francisco J. D’Angelo Ohep

El ritual medieval de las torturas con máquinas de flagelación, la aplastación de cabezas, las ruedas de despedazar, entre otras terribles maquinarias, que pensamos son recuerdos de una época lejana que quedó atrás, como una oscura costumbre del pasado, pero no es cierto, como dice el jurista Claus Roxin: “hoy asistimos a nuevas y diferentes formas de tortura, apartadas del ritual medieval”. Uno de los crímenes más espantosos es el secuestro, pero la tortura, una práctica que aún existe en el siglo XXI, implica el secuestro; es un homicidio lento con la finalidad de acelerar la muerte de la víctima y generar terror, siendo una violación a la dignidad humana que convierte al ser humano en un objeto. Es injustificable en cualquier caso, pero cuando se habla del tema y existe denuncias con pruebas, se escucha el silencio de la sociedad, y más preocupante aún es el apoyo a los mandatarios de países donde se lleva a cabo esta abominable práctica.

Como el problema de la violación de los Derechos Humanos de los ciudadanos no se soluciona de raíz, hoy tenemos 8 millones de venezolanos emigrantes fuera del país y cada venezolano que vemos en plazas, caminando, pidiendo dinero es un grito de desesperación a la comunidad internacional, es un llamado de atención, porque hay que hacer algo en contra del régimen de Maduro, culpable de la masiva migración venezolana entre otras violaciones de Derechos Humanos. Como ejemplo del terror que le tiene la población al régimen, las personas prefieren salir del país arriesgando sus vidas, migrar dejando todo atrás, a continuar en un país con un gobierno que los persigue, los encarcela, los tortura; un régimen que ya les ha robado todo y ahora quiere arrebatarles lo único que les queda, que es la vida, y desean arrebatarla con persecución, tortura y cárcel.

La tortura es una practica utilizada por distintos regímenes fascistas y comunistas, con la idea de torcer voluntades, dar castigos ejemplares, y en el caso que nos ocupa, mantener con miedo a la población, sin protestar y en vilo, víctimas del hambre, falta de medicinas, sin atención médica, desnutrición infantil. El 81.5% de personas en Venezuela viven en situación de pobreza, según informe de la Universidad Catolica Andres Bello “ENCOVI” 2022, falta de servicios públicos básicos, devaluación, destrucción de la moneda, expropiación de empresas y medios de comunicación, inflación; un panorama desolador sin futuro, y son millones que aún viven atrapados bajo la bota de la cruel dictadura de Maduro.

El silencio de López Obrador, Petro, Lula, el Papa Francisco y otros líderes sobre la tortura en Venezuela es una señal de aceptación de estas prácticas y también un apoyo al régimen, por una supuesta cercanía ideológica que puede llegar hasta la complicidad, similar al triste papel de la Italia de Mussolini y la España de Franco con el apoyo al régimen Nazi en la II Guerra Mundial. Poco entendible es la simpatía hacia un cruel régimen criminal investigado por la Corte Penal Internacional, investigación a cargo entre otros de la abogada Tamara Sujo. Uno de los principales centros de tortura en Venezuela es el Helicoide, donde opera el Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN); aunque no es el único organismo denunciado por torturar, también están la Policia Nacional Bolivariana, Fuerzas de Acciones Especiales, Dirección General de Contrainteligencia Militar, y en los calabozos de este último también hay múltiples denuncias de torturas, entre ellas el testimonio ante la OEA del teniente Ronal Dugarte Silva.

La ONG Voces de la Memoria ha realizado un recorrido virtual del Helicoide otro centro de tortura y lo ha presentado a distintas personalidades como el presidente de la CPI, Piotr Hofmanski. El director de esta ONG, Víctor Navarro, fue preso en 2017 cuando el régimen de Maduro asesinó a más de 150 jóvenes que protestaban en su contra, entre ellos varios menores de edad. A Navarro, que realizaba trabajo social, lo acusaron de ser miembro de una célula terrorista financiada por Estados Unidos y fue víctima de tortura. Casos famosos de tortura están el de Lorent Saleh, que estuvo cuatro años preso en la Tumba, una cárcel en Caracas, en Plaza Venezuela, lo que antes fue un edificio del metro de Caracas, terminó convertido por el SEBIN en un centro de tortura moderna. Lorent fue sometido a aislamiento celular,  altas y muy bajas temperaturas y exposición a luz blanca 24 horas, no tuvo derecho a juicio. También fue trasladado al Helicoide, hasta 2018 cuando fue puesto en libertad; hoy en día vive con su familia en España y es activista pro Derechos Humanos, y recibió en 2017 el premio Sájarov del Parlamento Europeo a la libertad de conciencia.

Existe una probada injerencia de cubanos en estas terribles prácticas, milicianos del G2 cubano y Grupo Cruce, dirigidos en 2010 por Ramiro Valdés Menéndez, quien fue vicepresidente del Consejo de Estado de Cuba y fundador del G2 cubano. Se estima que en Venezuela hay 25 mil cubanos dedicados a represión, tortura e involucrados en el sistema de identificación e inmigración.

Hoy existen cientos de casos de tortura, como el del capitán Acosta Arévalo, muerto bajo tortura justo después de que Diosdado Cabello declarara que estaba bien cuidado. Otro famoso caso fue el del Capitán de Navío Luis Humberto de la Sotta Quiroga, a quien la CIDH solicitó al gobierno venezolano que tomara las medidas necesarias para proteger sus derechos a la salud, vida e integridad. Este capitán fue apresado el 18 de mayo de 2018, estuvo preso 5 años en el DGCM en Caracas, cárceles ubicadas en los sótanos sin ventilación natural con monóxido de carbono proveniente de vehículos es lo que los presos respiran, sin acceso a baños, acusado de instigación a la rebelión y traición a la patria, sin prueba alguna, estas acusaciones se van formando por motivos fútiles contra oficiales que no saluden con la consigna “Chávez Vive”, tengan fotos de Chávez, Maduro y la imagen de Bolívar que Hugo Chavez presentó el 24 de Julio de 2012 que es obligatoria en las oficinas de gobierno, o que simplemente no cumplan órdenes típicas del madurismo en contra de la población civil de persecución, detención y tortura. Por un milagro este oficial después que fue víctima de tortura por 5 años fue soltado con la ayuda de la OEA y el gobierno del Perú logró exiliarse  a aquel país, después de una tortuosa espera en la embajada de Perú en Caracas.

Estas prácticas de la dictadura de Maduro violan la convención de Derechos Humanos de 1950 “Nadie puede ser sometido a tortura”. Estando documentados los casos, el artículo 7 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos Aprobado  por la Asamblea General de las Naciones Unidad- la Resolución 2200 A(XXI) – del 16 de diciembre de 1966, y que entró en vigor el 25 de marzo de 1976 estipula: “Nadie será sometido a tortura o a trato o castigo cruel, inhumano o degradante”, este entre otros tratados fue fundamentales de derechos  fue adoptado por Venezuela en 1966 y ratificado en 1978.

Entre los cientos de casos de tortura documentados en Venezuela y más de 8 mil víctimas de torturas, detenciones arbitrarias, desapariciones forzosas y ejecuciones extrajudiciales cometidas desde 2014 en protestas contra el régimen y como parte de una política de persecución por motivos políticos. Según el Informe anual de CASLA Institute una ONG (Center for Studies and Analysis for Latin America) solo en 2019 el patrón de tortura en Venezuela incluye: múltiples golpes, puntapiés, asfixias y ahogamientos, descargas eléctricas, colgamientos, uso de sustancias psicotrópicas, tóxicas, inflamables o ácidos, lesiones producidas por las esposas y amarres, personas encapuchadas o vendadas por días o semanas, cortaduras o lesiones a pies o miembros inferiores, disparos cerca del oído, heridas, torturas psicológicas, violencia sexual y todo esto en complicidad con el silencio de los líderes de distintos países.

Los últimos días han aumentado las actuaciones ilegales; el 9 de febrero el régimen de Maduro apresaba ilegalmente a la activista venezolana Rocío San Miguel y cuatro de sus familiares, quien es directora de la ONG Control Ciudadano enviándola al centro de torturas del Helicoide, a los familiares los soltaron con libertad condicional y a todos se les acusa de una “presunta comisión de los delitos de traición a la patria, conspiración, terrorismo y asociación”. Además expulsaron a una agencia de la ONU de Derechos Humanos que supervisaba y defendía los DD.HH. en el país. El gobierno de Chile el 22 de febrero, confirmo el secuestro en ese país de un ex militar venezolano Ronald Ojeda, delito posiblemente perpetuado por militares venezolanos bajo las ordenes de  Maduro. Por cuanto estamos en el momento de mayor represión y el silencio se apodera de la comunidad internacional ante la dictadura del país que fue ejemplo en la Américas de democracia, progreso y libertad.

El Autor es Director Legal de Venemex, Asociación de Venezolanos en México, A.C.

www.venemex.org, Abogado por la Universidad Santa María de Caracas, Máster en Derecho Internacional por la Universidad Iberoamericana, Ciudad de México. Doctor Honoris Causa.

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