Garrotazo al avispero

Por Eduardo Ibarra Aguirre

Al comenzar el octavo mes del año, el presidente Andrés Manuel retomó un tema que dividió políticamente a los mexicanos a partir de julio 2006, pero que forma parte ineludible de la historia de México: la elección presidencial y lo que él denominó por innúmera ocasión “me robaron la Presidencia” de la República, sólo que ahora lo dice como titular del Ejecutivo y no es la primera vez.

En automático entró a escena Felipe Calderón, mas no para desmentirlo, que sería lo más natural 13 años después, sino para pedirle “que se ponga a trabajar”, a gobernar al país y atender los problemas que padece México, buena parte de los cuales, como la inseguridad pública, son herencia del ahora principal impulsor del partido México Libre que se suponía era iniciativa de Margarita Zavala, pero su marido ya se apropió de ella, como si el apoyo ciudadano figurara en su haber.

López Obrador sostuvo en la mañanera del día primero que si no se hubiese llevado a cabo el fraude de 2006, no estaría el país como está. “Ese fraude causó muchísimo daño porque impusieron a Calderón y su primera decisión fue declarar la guerra al narcotráfico, sin tener elementos, sin saber del porqué de la inseguridad y de la violencia, sin atender las causas, fue pegarle un garrotazo a lo tonto al avispero”.

Hombre de frases efectivas y efectistas, AMLO deslindó a su gobierno de toda actitud persecutora contra exfuncionarios –Rosario Robles vive en Santa Marta Acatitla por dos meses, Alonso Ancira (el rey del acero) está libre bajo fianza en España y Emilio Lozoya es prófugo de la justicia–, señaló que “ni siquiera a los que nos hicieron mucho daño, no sólo el daño personal, no sólo porque me robaron la Presidencia, sino porque por ese fraude hundieron al país. Ni contra ellos. No odiamos ni somos rencorosos”

Qué bueno que el tabasqueño de Macuspana no odia ni es rencoroso como Felipe del Sagrado Corazón de Jesús, pues tendría que refugiarse en los placeres del dios Dionisio u otra de las muchas adicciones, como es fama pública y documentada por parte del michoacano de Morelia y hombre de “mecha corta”, decía Carlos Castillo Peraza.

Cierto que el “garrotazo a lo tonto al avispero” fue para “legitimar” al “espurio” –como todavía lo llaman muchos–, y de acuerdo a José Antonio Crespo terminó legitimándose Felipe. Lo que para Lorenzo Meyer es un despropósito, pues no se requeriría hacer elecciones.

También lo fue para pagarle una factura a George W. Bush –el carnicero de Afganistán e Irak–, por el madrugador reconocimiento al “triunfo” de Calderón en sus urnas, muchísimo antes de que lo hiciera el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación. Pago que incluyó la Iniciativa Mérida y que los agentes gringos se movieran en México como Pedro por su casa y armados.

Y, finalmente, con la tan fallida como sanguinaria “estrategia de Calderón” Hinojosa –es un decir, porque sólo acató los lineamientos de Estados Unidos–, pretendió armar una respuesta al reclamo ciudadano, sobre todo en el noroeste y el noreste de México, de mayor y mejor seguridad pública, cuando su antecesor Vicente Fox se dedicó a las ocurrencias y balandronadas discursivas, mientras Marta Sahagún y sus hijos Manuel, Jorge Alberto y Fernando hacían su agosto, se enriquecían sin medida, “serían pendejos si no aprovechan”, dijo Manuel Bribiesca Godoy. También a organizar “desfiles militares”, como los llamó Arturo Solís Gómez, el muy destacado activista social, periodista y defensor de los derechos humanos, quien falleció en Reynosa, Tamaulipas.

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