Las marchas domingueras

Por Eduardo Ibarra Aguirre

La plausible Marcha del Silencio no fue silenciosa, pues hasta el Cielito lindo entonaron los participantes –la cifra que usted guste pero siempre miles–, y el “¡México! ¡México!” fue otra de las expresiones que más fueron coreadas y acompañadas de los respectivos aplausos.

Los participantes, incluidos ciudadanos que en sus playeras anunciaron que votaron por Andrés Manuel López Obrador, marcharon sin hacer una sola “pinta” ni destruir un solo cristal y menos aún pintarrajearon monumentos de Paseo de la Reforma, lo cual muestra que es posible expresar todo el malestar que se tiene sin desquitarse con lo que formal y realmente es de todos.

Plausible dije porque si presunta o realmente la oposición partidista –no así la legislativa en el Senado– se encuentra en un estado tal que le impide desempeñar sus elementales obligaciones políticas, la manifestación dio cauce a expresiones disímbolas de ciudadanos en varias ciudades del país, incluida la exigencia de “AMLO renuncia” –con las siglas en rojo y la palabra en ¡azul!– y que, por cierto, recuerda los maximalismos del siglo pasado y el divorcio con la realidad nacional.

Pero ese es asunto de los convocantes y organizadores que dieron la cara y protestaron a la luz del día y sin cubrirse el rostro, como lo hicieron Vicente Fox, Felipe Calderón y Javier Lozano, adulador profesional del segundo y que se ocupó de sobreponer en las redes sociales fotos de la marcha blanca de junio de 2004 contra la inseguridad y también contra el jefe de Gobierno del Distrito Federal (AMLO), movilización impulsada abiertamente por el duopolio de la televisión con sus figuras estelares a cuadro, hoy bastante desacreditadas.

Por supuesto que quienes se expresaron en contra del gobierno en su día número 155 están en todo su derecho, como reconoció el presidente Andrés Manuel, incluso celebró que se organizara la manifestación y “ojalá se sigan manifestando con libertad”. Y obviamente lo harán y cada vez más. Sin embargo, a renglón seguido se ocupó del conservadurismo corrupto, corrupción que no es privativa de ningún “ismo” en México ni en la aldea global, agrego yo, pero reconoció que la existencia del conservadurismo “es legítimo” y “siempre ha existido”.

Tan es legítimo, que una tercera parte (33.9%) de los encuestados para SDP Noticias “las marchas resultaron un éxito” y para el resto (66.1%) “un fracaso”.

En dependencia de la perspectiva para observar las marchas domingueras, si hace un par de meses marcharon un centenar de “chalecos mexicanos” (qué falta de creatividad) al Zócalo y el domingo lo hicieron miles, pues es notable el cambio y qué bueno, porque la democracia política avanza y se consolida con partidos políticos sólidos, movimientos sociales consistentes y una sociedad civil robusta, donde cada organismo asuma su papel sin atribuirse la representación de todos, ni hacer de los derechos humanos una franquicia familiar, partidista o patrimonio personal como cada vez resulta más frecuente.

Y en el importante ámbito de la mediocracia y los analistas, el gobierno de la 4T no sólo no acaba de soltar el presupuesto para comunicación social –50% menor respecto del que utilizó para sus socios y amigos el derrochador Enrique Peña Nieto durante en 2017–, sino que ya lo redujo en una tercera parte para destinar más recursos al rescate de Petróleos Mexicanos. Y como es natural, las encuestas y sus intérpretes en los medios colocan gustosos a la baja el apoyo ciudadano para AMLO, en promedio en 64% “que sigue siendo muy alta, pero ya viene cayendo”.

Olvidan los colegas que el capital político del presidente es para invertirse en proyectos gubernamentales, no para acumularse.

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