La MUERTE de la VERDAD el uso de la POSVERDAD en el DISCURSO POLÍTICO

“Cada hombre toma los limites de su propio campo de visión como los limites del mundo”. Arthur Schopenhauer, filósofo alemán. 1788-1860.

El tema que me ocupa hoy es la posverdad que es un concepto que describe una situación en la que los hechos objetivos influyen menos en la opinión pública que las emociones, creencias personales o narrativas ideológicas. En otras palabras, lo que “se siente verdadero” pesa más que lo que puede demostrarse con datos.

El populismo usa la posverdad como una herramienta central de su gobierno, pero en este siglo XXI hemos visto un uso indiscriminado de la posverdad en el discurso, esto no implica que la verdad desaparezca, sino que se distorsiona o selecciona la información, se repiten mentiras o medias verdades hasta que parecen ciertas, se apela al miedo, resentimiento o esperanza, no a la evidencia, se deslegitima a expertos, instituciones y medios cuando contradicen el relato dominante.

Las características principales es evitar emocionalización del discurso (indignación, victimismo, épica), se usan noticias falsas o medias verdades (fake news), bots como cámaras de eco en redes sociales y personas que repiten el discurso del líder, a los opositores les cuesta mucho contrarrestar el discurso ya que es variado mientras que el discurso de los farsantes es siempre el mismo. El relativismo extremo, “cada quien tiene su verdad”, con uso político y propagandístico del lenguaje, se distorsiona las técnicas, la ciencia y los temas en específicos, todo es tratado en general, superficialmente y los actores expertos técnicos en las materias son desvirtuados, como académicos, universidades, ONG o son cambiados por actores que apoyan las teorías del gobernante o líder.

Anteriormente la posverdad era especialmente visible en campañas electorales,

regímenes autoritarios o populistas, polarización ideológica, ataques sistemáticos a la prensa libre y al Estado de derecho, hoy lo encontramos en democracias liberales que quieren hacer un cambio hacia modelos centralizados y autocráticos.

Aquí no se busca convencer con argumentos, sino movilizar emociones y construir fanáticos y enemigos. Muchos presidentes de países usan la posverdad en su discurso como herramienta para mantener y ampliar su base de seguidores políticos. Desde los nazis, con sus distintos formatos dentro del sistema de radio estatal llamado “Reichsrundfunk” bajo el ministerio de propaganda dirigido por Joseph Goebbels; en Argentina, Juan D. Perón fue pionero del uso de la TV como medio de propaganda; en Rusia vemos la evolución desde el uso de la radio por Stalin hasta el perfeccionamiento del uso de la TV y la creación de un efectivo ecosistema digital por Vladimir Putin. Los métodos varían hasta llegar al pragmático Donald Trump, que puede poner a temblar gobiernos o estados, bolsas de valores, con una opinión en su red social Truth Social.

Aunque no existe un estudio único y verificable de posverdad y “mentiras” señaladas a un presidente, al expresidente Andrés Manuel López Obrador se las contaron, siendo el líder en este tema en el siglo XXI con el programa “Las Mañaneras” (2018) que es una copia del programa venezolano “Aló Presidente” que creo Hugo Chávez el 23 de mayo de 1999 con asesoría del dictador cubano Fidel Castro, posteriormente Nicolás Maduro lo imita sin mucho éxito en 2013 por cuanto tuvo que cambiar formatos, con el programa “Dialogo Bolivariano”, “Contacto con Maduro”, “Los Domingos con Maduro”, Con Maduro, otro famoso también el tristemente celebre el programa que continua al día de hoy es “Con el Mazo Dando” en el cual el capo del Cartel de los Soles Diosdado Cabello anuncia la lista de futuros presos políticos entre otras amenazas a la población civil. Estos programas son ejemplo de un contacto directo con la población pero donde el gobernante trata de imponer su verdad, presenta datos que le convienen al gobierno, da noticias hacia donde va encaminada la política de su gobierno nuevos proyectos, inversiones, y se defienden o pre juzgan a los enemigos políticos, la ciencia las medidas lógicas no existen ellos construyen una nueva realidad y critican todo lo que no les conviene.

Aunque no existe un estudio único y verificable sobre la posverdad y las “mentiras” señaladas a un presidente, al expresidente Andrés Manuel López Obrador sí se las contabilizaron, siendo el líder en este tema en el siglo XXI con el programa “Las Mañaneras” (2018), que es una copia del programa venezolano “Aló Presidente” creado por Hugo Chávez el 23 de mayo de 1999 con asesoría del dictador cubano Fidel Castro. Posteriormente, Nicolás Maduro lo imitó sin mucho éxito en 2013, por lo que tuvo que cambiar de formatos, con los programas “Diálogo Bolivariano”, “Contacto con Maduro”, “Los Domingos con Maduro” y “Con Maduro”. Otro caso famoso, aunque tristemente célebre, es el programa que continúa hasta el día de hoy: “Con el Mazo Dando”, en el cual el capo del Cártel de los Soles, Diosdado Cabello, anuncia la lista de futuros presos políticos, entre otras amenazas a la población civil. Estos programas son ejemplo de una manipulación directa a la población, donde el gobernante trata de imponer su verdad, presentan datos que le convienen al gobierno, dan noticias sobre la dirección de la política de su gobierno, nuevos proyectos, inversiones y se defienden o prejuzgan a los enemigos políticos. La ciencia y las medidas lógicas no existen: ellos construyen una nueva realidad y critican todo lo que no les conviene.

Medir cuántas mentiras ha dicho un presidente depende de quién lo analice, qué criterios use y qué tipo de declaraciones se consideren (verdaderas, falsas, engañosas, imprecisas o no comprobables). Sin embargo, sí hay estimaciones y registros hechos por organizaciones de fact-checking y consultoras, especialmente sobre sus conferencias matutinas (“Las Mañaneras”), donde AMLO realizó la mayor parte de sus declaraciones públicas verificables y estimaciones de declaraciones falsas o engañosas:

⁠Primera etapa de gobierno (1er año)

Un análisis de Verificado encontró 538 frases verificables en las mañaneras del primer año, de las cuales 136 fueron consideradas falsas y 150 engañosas — es decir, alrededor de 286 declaraciones no verdaderas en ese primer año.

Informe prolongado de conferencias:

Según la consultora política SPIN, con corte al 30 de junio de 2021, Lopez Obrador dijo 56,181 afirmaciones falsas o engañosas solo en sus conferencias matutinas desde que inició su gobierno, con un promedio de 88 por cada mañanera.

⁠Promedios por conferencia:

Un análisis similar señalaba que al llegar a mil mañaneras Lopez Obrador proclamaba en promedio 94 afirmaciones falsas por conferencia.

⁠⁠Algunos análisis independientes han estimado cifras aún más altas, por ejemplo cerca de 86,917 declaraciones falsas, engañosas o no verificables en las mañaneras, aunque estas cifras varían según la metodología. No es una medición “oficial” del gobierno, estas cifras provienen de organizaciones externas (medios, consultoras, proyectos de fact-checking). Los métodos de verificación, definición de “mentira” y el contexto de cada afirmación influyen en los resultados.

Muchos datos son específicos a las mañaneras: la mayoría de estos conteos solo incluyen declaraciones hechas en conferencias matutinas, no todas las declaraciones públicas del presidente. Incluyen “falsedades” y “engaños”: no todas las frases calificadas de falsas son mentiras intencionales; algunas pueden ser datos imprecisos, sacados de contexto o desactualizados según la verificación. En el caso del chavismo vimos como las posverdad se aplico al principio, luego las mentiras y al final del mandato de Maduro se utilizaban las dos anteriores más la cruda verdad cuando no tienes limites en el poder: “Aquí quien manda soy yo” (poder absoluto), “La Constitución se puede adaptar a la realidad” (la ley se acomoda al poder no al revés), “Resistimos gracias a métodos creativos”(economía paralela, narcotráfico, contrabando, oro ilegal, alianzas opacas y crimen transnacional), “Yo no confío en elecciones tradicionales” (solo confía en procesos alterados donde el ganaba elecciones con trampas).

La posverdad se enfrenta con pensamiento crítico, verificación de fuentes, educación cívica y digital, defensa de instituciones independientes, cultura del debate basado en hechos, apoyo a la prensa libre, académicos, universidades, investigadores, ONG y organismos internacionales entre otros.

Otro campeón de la posverdad Nicolás Maduro en una entrevista de 17 minutos con Jorge Ramos, Univisión identificó al menos 7 afirmaciones falsas en ese segmento específico, en otros análisis mediático destacan mentiras o declaraciones engañosas sobre acuerdos o cumplimiento (por ejemplo, sobre cumplimiento de acuerdos de Barbados o interpretaciones de procesos electorales), pero no cuantifican un total.

Hay numerosas desinformaciones y narrativas engañosas que circulan en y fuera de Venezuela vinculadas al gobierno (bloqueos de fact-checking, control mediático, versiones oficiales de hechos ampliamente cuestionadas), pero muchas de ellas no han sido medidas públicamente en un registro único.

Informes y declaraciones de gobiernos extranjeros (por ejemplo, Estados Unidos calificando una carta de Maduro como “llena de mentiras” en el contexto de tensiones diplomáticas) hacen afirmaciones políticas sobre falsedades pero no resultan de una verificación independiente de todas sus declaraciones.

La filosofa Hannah Arendt es fundamental para entender la posverdad, en Verdad y política advierte que cuando los hechos dejan de importar, la mentira se vuelve estructural al poder, la negación sistemática de los hechos destruye la capacidad de juicio del ciudadano, sin verdad factual no hay política democrática, solo propaganda.

En Venezuela, la posverdad no es un fenómeno colateral, sino un mecanismo estructural del régimen desde la era Chávez y profundizado por Maduro, sus mecanismos centrales monopolio del relato oficial (cadenas, medios estatales, censura). Negación sistemática de hechos verificables (crisis humanitaria, resultados electorales, violaciones de DD.HH.). Creación de enemigos permanentes: imperio, oligarquía, sanciones, “traidores”, reescritura del pasado y manipulación de estadísticas públicas y criminalización de la verdad (ONGs, periodistas, académicos).

En México la posverdad como estrategia de polarización democrática y opera dentro de un sistema formalmente democrático, pero erosiona progresivamente sus contrapesos. Cada vez vemos más mecanismos centralizados de poder, un uso de narrativa emocional diaria (discursos, conferencias, redes). Sufrimos es legitimación selectiva de: la prensa crítica, desestructuración del Poder Judicial, exterminio de Órganos autónomos, poca o ninguna participación de la Sociedad civil, discursos de simplificación binaria: pueblo vs. élites, buenos vs. Corruptos, datos parciales o narrativos sustituyen evaluaciones técnicas. Apelación constante a la moral, no a la evidencia. En México no se niega toda la verdad, pero se administra políticamente.

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