Comprar votos

 

Se han vertido dos tesis relativamente nuevas o renovadas: la compra de votos es consustancial a la pobreza y la compra de votos es una práctica esencial de todos los partidos. Estamos otra vez frente a errores graves que alargan la ya larga lista de análisis desviados.

Primero: la compra del voto es uno de los elementos de la corrupción pública y con mucha mayor fuerza está presente en el Estado corrupto. En tanto la corrupción invade las diversas esferas de lo público y lo privado, la coacción del voto se incorpora como instrumental de una mercancía llamada sufragio personal, es decir, el voto llega a tener un determinado precio de mercado. Hay Estados con economías muy pobres pero con menor corrupción que tienen menos sufragio comprado sobre todo en tanto que éste no tiene un carácter tan acentuado como mercancía.

Segundo: el partido histórico de la compra del voto es el PRI como partido-Estado que fue durante muchos años. Ahora, como

partido con fuertes ligas económicas con capitalistas que invierten en la política, el PRI sigue comprando votos en cantidades significativas y a veces decisivas. La cuestión central, ligada al anterior elemento de la conversión del voto en mercancía, consiste en la existencia de fuertes inversiones en la política, es decir, en la colocación de gobernantes y legisladores, una vez que el partido-Estado ya no es el sistema dominante. Como es natural, en tanto que la compra de votos ha sido tan amplia en México, otros partidos también recurren a esta práctica pero en forma marginal. Para los partidos diferentes al PRI, la compra de votos es algo más vinculado a la capacidad económica personal del candidato, en especial cuando existe un gobierno que le provee fondos, pero tiene diferencias por cuanto a que tales partidos no están dentro del mercado de compra de puestos por parte de inversionistas privados, con la excepción del llamado Partido Verde.

Repartir el fenómeno de la compra de votos entre el fenómeno estructural de la pobreza y el actual sistema de partidos de México es una manera perversa de declarar la imposibilidad de combatir la

coacción electoral. La pobreza, como se sabe, no es algo que pueda superarse con facilidad y rapidez; la creación de un nuevo sistema de partidos tampoco es algo tan fácil de lograr aunque eso sí podría ser súbitamente. Por tanto, se trata de dejar sentado como tesis política que la compra de votos no es superable pero, en tanto esto fuera así, tampoco es combatible con los instrumentos que la ley brinda actualmente. De este tamaño son las dos nuevas tesis de Lorenzo Córdova que ya nos tiene acostumbrados a la politología más vulgar que puede haber en el Continente. De la idea de que las elecciones no resuelven problema alguno a ésta de que la compra de votos la determina la pobreza no hay ninguna distancia para declarar por fin la imposibilidad de la democracia o, al menos, su completa inocuidad.

Que estas tesis pudieran acunarse en el PRI sería del todo natural pero, como provienen del consejero presidente del Instituto Nacional Electoral, el asunto es mucho más grave. ¿Es el INE una institución para encontrar excusas a un delito como es la compra de

votos? Parece que sí a juzgar por las muy frecuentes opiniones falsas procedentes de tan alta investidura.

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