México requiere 1.7 billones de pesos anuales para cumplir con sus compromisos de mitigación y adaptación al cambio climático, aseguró María del Carmen Bonilla Rodríguez, titular de la Unidad de Crédito Público y encargada de Asuntos Internacionales de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP).
- Durante su participación en la Cátedra SHCP 2025 organizada por la Facultad de Economía de la UNAM en mayo pasado, Bonilla Rodríguez estimó que para 2030, el financiamiento necesario ascenderá a 13.6 billones de pesos.
- En su ponencia titulada Deuda Pública y Desarrollo Sostenible, la funcionaria explicó que México ha desarrollado una Estrategia de Movilización de Financiamiento Sostenible que vincula el presupuesto de egresos con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).
Para 2025, el 84.5% del presupuesto federal estará alineado con al menos uno de estos objetivos, entre ellos salud, educación, reforestación y agua.
- Bonilla también destacó el uso de instrumentos financieros innovadores como los Bonos ODS y los bonos catastróficos, los cuales permiten financiar proyectos con impacto ambiental y social.
La funcionaria destacó que nuestra nación también participa en la Plataforma Regional de Cambio Climático de Ministerios de Hacienda, Economía y Finanzas de Latinoamérica, con el apoyo del Banco Interamericano de Desarrollo, y es líder del Grupo de Trabajo de Gestión de Deuda y Financiamiento Verde.
Buenas prácticas
- Además, ha intercambiado experiencias en la estructuración de instrumentos temáticos con Honduras, Guatemala, Colombia, Brasil, entre otros, y ha sido reconocida internacionalmente con 10 premios por las buenas prácticas en instrumentos temáticos.
- Bonilla Rodríguez subrayó que hay bonos para implementar acciones transversales como la inclusión de las mujeres en la fuerza laboral.
- Sobre el panorama fiscal, Bonilla informó que, hasta marzo de 2025, la deuda pública nacional representa el 49.2% del PIB, una reducción respecto al 51.4% registrado el año anterior. De esta cifra, el 12.9% corresponde a deuda externa y el 36.3% a interna.
Comparativamente, la deuda de México es menor que la de países como Corea (56.6%), España (109.5%) y Canadá (105.1%).
La onda de calor afectó a 26 estados
La onda de calor que azotó a la República Mexicana afectó a 26 estados que registraron temperaturas que fueron desde 30 a más de 45 grados, informó el Servicio Meteorológico Nacional (SMN) en su reporte del mes de mayo.
El pronóstico del SMN, estableció que se mantuvieron el ambiente de caluroso a muy caluroso sobre el territorio nacional y que las temperaturas extremas se extiendan hacia Tabasco y prevalezcan en Sinaloa (centro y sur), Nayarit, Jalisco, Colima, Michoacán, Guerrero, Oaxaca y Chiapas (centro y oeste).
Además de Durango (noreste, este y sur), Coahuila (centro y sur), Nuevo León (centro y sur), Tamaulipas (centro, oeste y suroeste), San Luis Potosí, Zacatecas, Aguascalientes, Guanajuato, Querétaro, Hidalgo (oeste y suroeste), Tlaxcala, Estado de México (norte y suroeste), Ciudad de México, Morelos, Puebla (sur y suroeste), Veracruz (centro y sur), Campeche (noroeste) y Yucatán (suroeste).
El rol de la deuda pública en la estrategia climática nacional
- La deuda pública de México, que al primer trimestre de 2025 representó el 49.2% del PIB, es un factor clave para entender el margen financiero con el que se cuenta para enfrentar el costo del cambio climático en México.
La reducción del endeudamiento es positiva, pero la asignación eficiente y sostenible de los recursos debe ser prioridad para evitar riesgos fiscales que comprometan los compromisos climáticos.
- La estrategia de financiamiento sostenible busca precisamente vincular la deuda pública con los ODS y proyectos de impacto ambiental y social, maximizando el retorno social de cada peso invertido.
Instrumentos temáticos, como bonos verdes y sociales, ya han recibido reconocimiento internacional, destacando las buenas prácticas del país.
- Este enfoque permite a México acceder a mercados de capitales con mejores condiciones, impulsar la inversión privada y fortalecer alianzas regionales para el desarrollo sostenible, elementos indispensables para un modelo fiscal que soporte la transición climática.
Movilización y gobernanza
Uno de los grandes desafíos en la gestión del cambio climático en México es la coordinación interinstitucional y la articulación con el sector privado y la sociedad civil. La participación en plataformas regionales y la colaboración con organismos multilaterales fortalece la gobernanza, permitiendo la movilización eficiente de recursos financieros y técnicos.
- El liderazgo en grupos de trabajo sobre deuda y financiamiento verde posiciona a México como un referente en América Latina, pero también exige mantener la transparencia y rendición de cuentas para evitar riesgos de corrupción o mala gestión de fondos públicos.
- El fortalecimiento de capacidades locales y el empoderamiento de comunidades vulnerables deben acompañar estas acciones para garantizar que los beneficios del financiamiento climático se traduzcan en impactos reales y equitativos, cerrando brechas sociales y económicas.
Buenas prácticas financieras para mitigar el costo del cambio climático en México
- Las innovaciones financieras como los Bonos ODS y los bonos catastróficos son ejemplo de cómo México está diversificando sus herramientas para hacer frente al costo creciente del cambio climático. Estas modalidades permiten que el financiamiento se dirija a proyectos tangibles en salud, educación, reforestación y adaptación hídrica.
Además, la inclusión de criterios sociales, como la incorporación de mujeres en la fuerza laboral, fortalece la dimensión de justicia social en las estrategias climáticas, alineándose con un enfoque integral de responsabilidad social empresarial.
- El reconocimiento internacional recibido por estas buenas prácticas no solo impulsa la credibilidad del país en mercados globales, sino que sirve de inspiración para otras naciones, mostrando que el costo del cambio climático en México puede gestionarse con innovación, compromiso y colaboración multisectorial.
- El costo del cambio climático en México es inminente y monumental, con un impacto que va mucho más allá de cifras económicas. El país enfrenta una encrucijada donde la estrategia financiera, la gobernanza efectiva y la innovación deben converger para evitar que esta carga comprometa el bienestar social y ambiental.
La respuesta está en la articulación entre gobierno, sector privado y sociedad civil, impulsando un financiamiento sostenible que no solo mitigue riesgos, sino que también abra caminos hacia un desarrollo resiliente y equitativo.
Estar listos implica transformar el desafío en oportunidad, con una visión integral de responsabilidad social que asegure un futuro viable para las próximas generaciones.
ONU insta a México un plan «ambicioso» para Combatir el Cambio Climático
A finales de mayo, el secretario ejecutivo de ONU Cambio Climático, Simon Stiell, instó al gobierno de México a presentar una Contribución Determinada a Nivel Nacional (NDC 3.0) ambiciosa antes de la COP30, al tiempo que exhortó al sector privado a garantizar financiamiento suficiente para combatir el cambio climático y aprovechar el potencial económico de la transición energética.
- Durante su primera visita oficial a México, Stiell sostuvo reuniones con representantes del Comité de Finanzas Sostenibles, instituciones financieras, sector privado y funcionarios de alto nivel, con el objetivo de reforzar la cooperación y subrayar que la acción climática es una inversión estratégica.
“Financiar la lucha contra el cambio climático no es un gasto, sino una inversión en crecimiento económico, empleo y resiliencia, tanto para las empresas como para las instituciones financieras”, expresó.
- El responsable de ONU Cambio Climático recordó que en 2024 la transición energética global alcanzó los 39.2 billones de pesos señaló que México puede convertirse en líder regional si aprovecha su potencial en energías renovables, especialmente solar y eólica.
- “Ya hay una carrera por captar mercados verdes e inversión. Este es el momento de México para liderar y asegurar que su población comparta estos enormes beneficios: mayor inversión y crecimiento, más empleos, menos contaminación, mejor salud y seguridad energética”, dijo.
- Stiell también se reunió con Alicia Bárcena, titular de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), y con la Comisión Intersecretarial de Cambio Climático, integrada por más de 14 dependencias del gobierno mexicano.
En el encuentro, reiteró que el NDC 3.0 debe colocar el desarrollo nacional y el bienestar de la población en el centro de la política climática mexicana, previo a la COP30, que se celebrará en noviembre próximo en Belém, Brasil.
- “El nuevo plan climático de México será clave para detonar la prosperidad del país en la próxima década: más empleos, más innovación, comunidades más fuertes y una ciudadanía más saludable, todo respaldado por una vía creíble para reducir la contaminación que está destruyendo el planeta”, afirmó Stiell.
Cambio climático exige inversión récord para proteger países vulnerables
El financiamiento para combatir el cambio climático marcará el pulso de la acción global en este 2025. Tras años de promesas incumplidas, los países tienen una nueva oportunidad de demostrar su capacidad para invertir en soluciones reales y el reto ya no es solo movilizar recursos, sino garantizar que lleguen a quienes más lo necesitan.
- En la Cumbre Climática de la ONU del 2024 (COP29), las naciones acordaron por primera vez en 15 años aumentar el capital destinado a la mitigación y adaptación al cambio climático.
- Se estableció una meta de 300,000 millones de dólares anuales para países en desarrollo hacia 2035 —comparado con los 100,000 millones de dólares acordados en el 2020—.
- Además, se fijó el objetivo de movilizar 1.3 billones de dólares anuales para apoyar a los países más vulnerables a los impactos del cambio climático. Estos recursos estarían enfocados en construir resiliencia y fomentar un crecimiento económico bajo en carbono.
Según un análisis del Instituto de Recursos Mundiales (WRI, por sus siglas en inglés), estos compromisos reflejan una brecha crítica entre lo que los países en desarrollo pueden financiar por sí mismos y lo que deberán recibir de fuentes externas, en sectores como energía limpia y agricultura resiliente.
“Será extremadamente difícil asegurar esos 1.3 billones de dólares. Pero que no haya duda: es necesario hacerlo. Si no se logra, ya sabemos lo que pasará: las comunidades más afectadas por sequías, inundaciones, incendios forestales y olas de calor sufrirán aún más, a pesar de ser las menos responsables de causar el problema”, indicó el instituto.
- El WRI estima que los países más vulnerables enfrentarán pérdidas de más de 500,000 millones de dólares anuales hacia 2030 debido al cambio climático. A pesar de ello, la financiación disponible es insuficiente:
- Hay una brecha de 360,000 millones de dólares al año entre lo que se necesita y lo que realmente se proporciona. Menos del 20% de estos recursos llega a las comunidades que más lo requieren.
¿Cuáles serían las fuentes del financiamiento climático?
Aunque la meta de 1.3 billones de dólares puede sonar elevada, representa menos del 1% del Producto Interno Bruto (PIB) global proyectado para el 2035. En este contexto, según el WRI, existen diversas vías para alcanzarla.
- Desde donaciones bilaterales entre países, participación de bancos de desarrollo, como el Banco Mundial y fondos climáticos multilaterales, hasta financiamiento privado apalancado, que “debería cubrir al menos la mitad de los recursos”, según el instituto.
- Además, se requerirá implementar impuestos al carbono en sectores altamente contaminantes, como la aviación, el transporte marítimo y los hidrocarburos.
- “También es fundamental explorar soluciones innovadoras como los canjes de deuda por naturaleza y los instrumentos financieros verdes. Para lograrlo, hacen falta políticas públicas inteligentes que reduzcan el riesgo para inversionistas y que faciliten el uso de plataformas de inversión climática”
Invertir en adaptación al cambio climático tiene un regreso de 10 dólares a uno
El equipo de investigación del WRI analizó 320 inversiones en adaptación y resiliencia en 12 países (entre ellos, los latinoamericanos Brasil y Colombia) por un total de 133 mil millones de dólares, y encontró que cada dólar invertido en este tipo de proyectos genera más de 10 dólares en beneficios al cabo de 10 años. En total en estos casos, fueron mil 400 millones de dólares.
- Otra de las conclusiones importantes del estudio de WRI, fue que, en contra de lo que podría suponerse, más del 50% de los beneficios documentados de estas inversiones en adaptación y resiliencia se producen incluso si no ocurren desastres relacionados con el clima.
- El retorno de inversión promedio de los 320 proyectos evaluados “es del 27 %, lo cual es extremadamente alto, pero probablemente aún subestimado”, señala el reporte, y explica que muchos de los beneficios no se monetizan; además, sólo el 8% de los proyectos evaluaron todos los beneficios.
Algunos de los beneficios que sí se contabilizaron incluyen los que se tuvieron en los subsectores de salud y gestión del riesgo de desastres, en los cuales se produce una reducción de la mortalidad y la morbilidad.
Por su parte, los proyectos de agricultura y silvicultura sostenibles, así como los de conservación de la naturaleza, “muestran una alta rentabilidad basada en los altos beneficios de reducción de la pobreza”, además de la mitigación en la emisión de gases de efecto invernadero, se señala en el reporte.
De hecho, casi el 50% de las inversiones en adaptación analizadas por el WRI reducen las emisiones de carbono. /Agencias-PUNTOporPUNTO