2025 marcó un nuevo ESCALÓN TÉRMICO; las proyecciones para 2026 apuntan a un refuerzo de esta tendencia

2025 fue el tercer año más cálido que se ha registrado. Las mediciones del Servicio de Cambio Climático de Copernicus indicaron que la temperatura media anual se situó “1.44 grados centígrados por encima del promedio preindustrial”, publicó el organismo europeo, un dato que se suma a una década completa de récords consecutivos. El aumento no ocurrió de forma aislada, sino como parte de una línea ascendente que los especialistas ya caracterizan como persistente, sostenida y estructural.

  • El promedio preindustrial es un valor de referencia que usan la ciencia del clima, la Organización Meteorológica Mundial (OMM), el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) y prácticamente todas las instituciones científicas del mundo para medir cuánto ha aumentado la temperatura del planeta.

Se refiere específicamente a la temperatura media global del periodo 1850–1900 porque corresponde a los años antes de que la actividad humana empezara a emitir grandes cantidades de gases de efecto invernadero, debido a la expansión masiva del uso de carbón, petróleo y gas.

“Este incremento de temperatura, presente en todas las regiones del planeta, deja claro que el calentamiento global avanza a un ritmo mayor al previsto en décadas anteriores y que, en algunos lugares específicos, es aún más alta”, aseguró el científico Jesús Vázquez Chabolla.

  • Carlo Buontempo, director de Copernicus, declaró que el mundo “se acerca rápidamente al límite de temperatura del Acuerdo de París”, en referencia al compromiso internacional de frenar el calentamiento por debajo de 1.5 grados. Sus palabras revelan una preocupación genuina y basada en datos verificables; el planeta supera ese umbral de manera temporal con una frecuencia creciente, lo que anticipa un futuro de mayor inestabilidad climática.

Mientras 2025 marcaba un nuevo escalón térmico, las proyecciones para 2026 apuntaban a un refuerzo de esta tendencia. El Met Office de Reino Unido estima que la temperatura media podría registrar un aumento de “1.46 grados por encima de la era preindustrial”, según su predicción anual publicada en diciembre. En ese mismo documento, el científico Adam Scaife afirmó que el planeta podría continuar experimentando valores extremos debido a la acumulación de gases de efecto invernadero. La advertencia se sustenta en modelos climáticos que muestran una continuidad en las anomalías térmicas, sin indicios de una moderación próxima.

El reporte de la OMM sobre la tendencia 2025-2029 señala una “probabilidad de 80% de que al menos uno de esos años sea el más cálido registrado”, cifra que acentúa la urgencia de una respuesta estructural. La declaración fue difundida por ONU Noticias y acompañada de otra advertencia: las temperaturas medias anuales podrían situarse entre “1.2 y 1.9 grados por encima de los niveles preindustriales”.

Ko Barrett, secretaria general de la OMM, señaló que “con cada fracción de grado adicional, los fenómenos extremos se vuelven más intensos y frecuentes”. Subrayó que las olas de calor, las precipitaciones extremas y las sequías ya no pueden considerarse eventos aislados, sino expresiones directas de un clima que se ha desplazado hacia un estado más inestable.

“El incremento térmico sostiene, amplifica y acelera los extremos meteorológicos; es decir, más inundaciones, sequías, más incendios forestales, más fenómenos de El Niño y La Niña”, dice Vázquez Chabolla.

  • A nivel regional, los análisis de Copernicus señalaron que la Antártida registró las mayores anomalías térmicas en décadas, mientras que el Ártico continuó calentándose a un ritmo más del triple del promedio global. Estas dinámicas, documentadas por medios europeos como Euronews y Deutsche Welle, muestran procesos acelerados de deshielo y pérdida de hielo marino. Las consecuencias trascienden a las regiones polares, pues afectan sistemas oceánicos y atmosféricos que regulan el clima global.
  • El impacto del calentamiento también se refleja en zonas tropicales, donde la pérdida de humedad y el aumento de temperaturas agravan condiciones de estrés hídrico. La OMM ha advertido que regiones como la Amazonía podrían experimentar reducciones adicionales de precipitaciones y una mayor vulnerabilidad a incendios forestales. Estas configuraciones climáticas modifican ecosistemas completos y ponen en riesgo funciones biológicas esenciales, como la capacidad de los bosques para absorber dióxido de carbono. El deterioro de estas regiones genera un círculo vicioso en el que los impactos climáticos se retroalimentan entre sí.

Las implicaciones económicas ya se observan en múltiples sectores. La ONU señaló que “el cambio climático se está convirtiendo en un factor de inestabilidad económica”, especialmente debido a los daños causados por fenómenos extremos. La agricultura, el transporte marítimo, la infraestructura urbana y los sistemas energéticos enfrentan costos crecientes relacionados con sequías, inundaciones y temperaturas elevadas. Los países más vulnerables también son los que enfrentan mayores barreras para adaptarse, lo que profundiza inequidades existentes.

Otro aspecto crítico es el impacto en la salud. Investigadores citados por la revista The Lancet han subrayado que las olas de calor prolongadas ya están asociadas con aumentos en la mortalidad, deshidratación severa y enfermedades respiratorias. “La presencia sostenida de calor extremo afecta el funcionamiento del organismo humano y genera riesgos particulares para adultos mayores, niños y trabajadores expuestos al exterior”, comenta Vázquez Chabolla.

Las ciudades concentran muchos de estos riesgos debido a la presencia de islas de calor urbanas, la densidad poblacional y la falta de infraestructura adaptada.

Disrupción económica

En el ámbito energético, la demanda de refrigeración crece de manera acelerada. La Agencia Internacional de la Energía apuntó que el uso de aire acondicionado podría duplicarse en las próximas décadas si la tendencia actual continúa. Este incremento genera mayor consumo eléctrico y presiona a los sistemas energéticos, especialmente en climas cálidos donde las redes ya operan cerca de su límite. La combinación de calor extremo y saturación de demanda aumenta la probabilidad de fallos eléctricos durante momentos críticos.

  • El calentamiento global también influye en fenómenos climáticos como ciclones, sequías prolongadas y precipitaciones intensas. Informes del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático han señalado que algunos de estos eventos ya muestran evidencia de intensificación, y mayor capacidad de destrucción, vinculada directamente al aumento de gases de efecto invernadero.

En sectores comerciales, las interrupciones derivadas de eventos climáticos extremos alcanzan puertos, rutas marítimas y carreteras. Las inundaciones en Asia y las sequías en África han generado disrupciones notables en el transporte de alimentos y bienes esenciales. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura ha advertido que la volatilidad climática aumenta la incertidumbre en la producción agrícola global, elevando el riesgo de crisis alimentarias.

Pese a la urgencia del tema, países como Estados Unidos, otrora líderes en la lucha contra el calentamiento global, hoy defienden las energías sucias. Apenas el pasado 12 de febrero el presidente Donald Trump revocó el dictamen de la era de Barack Obama que calificaba a seis gases de efecto invernadero como “nocivos” para la salud y restringía su uso.

Los informes enfatizan que cada año sin acción reduce el margen de maniobra contra el calentamiento global. “Aún existe la ventana de oportunidad para que, con mucho esfuerzo y dedicación, logremos revertir esta realidad; de no hacerlo, nos llevará a un caos mundial porque la oportunidad de reaccionar se estrecha rápidamente”, dice Vázquez Chabolla./Agencias-PUNTOporPUNTO

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