Las OPERACIONES MILITARES de EU e ISRAEL en Gaza, Líbano e Irán son GUERRA contra civilizaciones

Nuevas pruebas refuerzan la afirmación de que Estados Unidos mintió sobre otra masacre de iraníes por un ataque aéreo. Los expertos en armamento dicen que el atentado con bombas perpetrado en febrero, en el que murieron 21 personas –entre ellas al menos cinco niños–, se utilizó un misil estadounidense diseñado para causar el máximo número de víctimas.

  • Y mientras, en Gaza, los ataques de Israel continúan y reconstruir es un sueño iluso. Y mientras, Líbano está en llamas. Las denuncias contra Israel por usar armas ilegales (como el fósforo blanco) no han movilizado a nadie: ni a Naciones Unidas (ONU), ni a Europa, ni a América Latina, ni a nadie, aunque Amnistía Internacional lo denuncia desde 2023.
  • Como en Gaza, dice Eskandar Sadeghi-Boroujerdi, profesor adjunto de relaciones internacionales de Oriente Medio en la Universidad de St. Andrews, la de Estados Unidos e Israel es una guerra contra civilizaciones. Contra el desarrollo, contra el progreso de los pueblos. Líbano, Palestina y ahora Irán se enfrentan a un enemigo que quiere desaparecerlos, señala. A ellos, a su gente y a su historia.

“La guerra actual no es el comienzo de la campaña de Israel contra la soberanía y el conocimiento iraníes, sino más bien su fase más abierta y extensa hasta la fecha. Durante más de 15 años antes de que comenzaran los bombardeos, Israel llevó a cabo un programa sistemático de asesinatos contra científicos e ingenieros iraníes”, explica en un texto publicado en Jacobin.

“Entre 2010 y 2012, en el punto álgido de la presión internacional sobre el programa nuclear iraní, al menos cuatro físicos e ingenieros nucleares fueron asesinados en las calles de Teherán, víctimas de bombas magnéticas colocadas en sus coches o de sicarios en motocicleta que operaban a plena luz del día. Entre ellos se encontraban Massoud Ali-Mohammadi, profesor de física de partículas en la Universidad de Teherán; Majid Shahriari, ingeniero nuclear; y Mostafa Ahmadi Roshan, supervisor en la planta de enriquecimiento de Natanz. Israel no confirmó ni negó su responsabilidad, pero el exministro de Defensa israelí, Moshe Ya’alon, explicitó la lógica estratégica subyacente en una entrevista con Der Spiegel , en la que declaró no ser responsable ‘de la esperanza de vida de los científicos iraníes’”, agrega.

Paralelamente a los asesinatos, el gusano informático Stuxnet, desarrollado conjuntamente por Israel y Estados Unidos y detectado por primera vez en 2010, “destruyó cientos de centrifugadoras en la planta de enriquecimiento de Natanz al provocar que los propios motores de las máquinas las desintegraran desde dentro; este fue el primer caso conocido de un arma cibernética desplegada contra infraestructura crítica física a gran escala. Posteriormente, apareció el malware Flame, que mapeó y monitoreó las redes informáticas iraníes durante años”.

Tristeza por todas partes

“En noviembre de 2020 –afirma Sadeghi-Boroujerdi–, el científico nuclear Mohsen Fakhrizadeh —‘recuerden ese nombre’, había instado Netanyahu al público israelí— fue asesinado en un elaborado ataque a distancia en una carretera al este de Teherán. Luego, en la noche inaugural de la guerra actual, en lo que los medios israelíes denominaron Operación Narnia, nueve de los científicos nucleares de más alto rango de Irán fueron asesinados simultáneamente en sus hogares, entre ellos Fereydoon Abbasi, quien había sobrevivido a un intento de asesinato en 2010 antes de morir dieciséis años después en los ataques israelíes de junio de 2025”, sostiene Eskandar Sadeghi-Boroujerdi, también autor del libro “Revolución y sus descontentos: pensamiento político y reforma en Irán”.

Concluye: “En esencia, la lógica subyacente es colonial: la conocida ambición de mantener a una nación subordinada en dependencia, de negarle la capacidad de forjar su propio futuro material, de garantizar que su población siga siendo consumidora de la tecnología de otras naciones en lugar de productora por derecho propio”.

“Los escombros de Gaza son la tumba de nuestro futuro”, escribe por su parte Ghada Abdulfattah. Es escritora. Vive en lo que queda de Gaza. Su artículo, triste y conmovedor, se puede encontrar en la edición de hoy de The New York Times.

  • “Escombros por todas partes. En Gaza, hay de todo tipo. Torres que alguna vez albergaron a decenas de familias se han reducido a colinas: losas rotas apiladas en capas, barras de acero retorcidas como nervios expuestos, hormigón aplastado sobre los muebles. A veces, los restos de una casa se inclinan, como la Torre de Pisa. Otros edificios están huecos desde abajo, los pisos inferiores borrados mientras los superiores cuelgan en una pausa torcida, sostenidos por alguna varilla de refuerzo obstinada y la suerte. Las calles se estrechan convirtiéndose en corredores de escombros. La gente camina más despacio, mirando dónde pisa, buscando algo firme antes de dar el siguiente paso”, dice Abdulfattah.

“No se trata sólo de la tristeza por lo que fue demolido. Ver interminables montones de concreto añade una segunda capa de violencia: la violencia de verse obligado a vivir con la destrucción. Los escombros no solo destruyen el pasado; borran el futuro. Obligan a la mente a dejar de imaginar, a dejar de pensar, a dejar de soñar con la vida después de hoy”, agrega./Agencias-PUNTOporPUNTO

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