La guerra en Oriente Próximo entró en una fase de alta intensidad tras el ataque iraní contra el mayor complejo de gas natural licuado del mundo, en Qatar, un hecho que confirmó los peores temores del sector energético: que el conflicto impactara directamente la infraestructura crítica de suministro global.
- El consejero delegado de QatarEnergy, Saad al-Kaabi, informó que el ataque destruyó dos plantas de GNL, lo que podría reducir alrededor de un 17 por ciento las exportaciones del país durante un periodo de entre tres y cinco años.
- La magnitud del daño abre la posibilidad de que la empresa declare fuerza mayor en contratos a largo plazo con países como Bélgica, China, Italia y Corea del Sur. “Jamás en mis sueños más descabellados hubiera imaginado que Qatar sufriría un ataque armado”.
- El impacto fue inmediato en los mercados. El precio del gas en Europa se disparó hasta un 35 por ciento y el petróleo llegó a subir un 10% antes de moderarse, en medio de la incertidumbre sobre la continuidad del suministro.
La ofensiva confirma un escenario largamente temido por la industria: que la guerra no solo se limite al plano militar, sino que afecte el sistema energético global.
El ataque contra el complejo de Ras Laffan en Qatar se produjo tras una ofensiva israelí sobre instalaciones gasísticas en Irán, lo que desencadenó represalias en toda la región.
- Analistas consideran que este intercambio marca un punto de inflexión en el conflicto. “Estamos muy cerca de un escenario catastrófico de crisis del gas”, advirtió Saul Kavonic, al señalar que las interrupciones podrían extenderse incluso después del fin de la guerra.
- Las hostilidades se han expandido a varios países del Golfo. Refinerías en Arabia Saudita, Kuwait y Emiratos Árabes Unidos fueron blanco de ataques, provocando incendios y cierres temporales. En el puerto saudí de Yanbu, una instalación clave para exportaciones, se registraron interrupciones tras el impacto de un dron.
- Al mismo tiempo, el bloqueo de facto del estrecho de Ormuz por parte de Irán ha agravado la situación logística. Por esta vía transita cerca del 20 por ciento del petróleo y gas natural licuado del mundo, por lo que su cierre ha disparado los precios del crudo por encima de los 110 dólares y complica el abastecimiento internacional.
Las consecuencias económicas ya son visibles
- El Banco Central Europeo advirtió que la guerra tendrá un impacto significativo en la inflación a corto plazo, que podría acercarse al 4 por ciento en la zona euro, con efectos prolongados antes de volver a los niveles objetivo.
Un funcionario del Fondo Monetario Internacional estimó que cada aumento del 10 por ciento en el precio del petróleo añade presión inflacionaria global y reduce la producción económica. A su vez, los precios de la gasolina en Europa se han duplicado desde finales de febrero, reflejando el impacto directo del conflicto.
- Ante este panorama, Alemania, Francia, Reino Unido, Italia, Japón y Países Bajos pidieron moratoria inmediata sobre los ataques a instalaciones energéticas y expresaron su disposición a contribuir a la seguridad del tránsito en el estrecho de Ormuz.
Tensiones políticas
Por su parte, el gobierno de Irán prometió ayer una “contención cero” en su respuesta militar en caso de un nuevo ataque contra su infraestructura energética, después del ataque lanzado el miércoles contra la zona industrial de Ras Lafan, en Qatar, en lo que supuso un contraataque al bombardeo de Israel contra el campo gasístico de South Pars.
- “Nuestra respuesta al ataque israelí contra nuestra infraestructura empleó solo una fracción de nuestro poder. La única razón para la moderación fue el respeto a la petición de desescalada”, dijo el ministro de Exteriores iraní, Abbas Araqchi. “Habrá contención cero si nuestra infraestructura es golpeada de nuevo”.
- Mientras tanto, la Quinta Flota de la Armada de Estado Unidos, desplegada en Oriente Medio, fue blanco de un ataque con misiles de medio alcance por parte de Irán, al igual que objetivos energéticos en Israel, informó la Guardia Revolucionaria iraní (IRGC) en un comunicado.
En tanto, la refinería de Haifa al norte de Israel fue alcanzada en un ataque iraní, informan medios locales. Por su parte, el ministerio de Energía de Israel, Eli Cohen, indicó que “el ataque no causó daños significativos a la infraestructura”.
- El primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, aseguró que no influyó en la decisión del mandatario estadounidense, Donald Trump, de iniciar la guerra contra Irán y afirmó que ambos gobiernos actúan con objetivos comunes. “¿Alguien se cree que le puedo decir a Trump qué hacer?”, expresó.
Desde Jerusalén, sostuvo que fue el magnate quien le pidió impedir que Teherán obtuviera armas nucleares. También afirmó que Washington “no lucha por Israel, está luchando junto a Israel”.
Reconoció que su país actuó en solitario en el ataque contra instalaciones gasísticas iraníes en Pars Sur y aseguró que la ofensiva ha debilitado significativamente a Teherán, al afirmar que ya no puede enriquecer uranio ni desarrollar misiles balísticos.
Evitó fijar plazos para el fin de la guerra. Los ataques iraníes han dejado 15 muertos en Israel y cuatro en territorios palestinos.
La infraestructura energética se convierte en primera línea del frente de la guerra
- Cuando la guerra israelo-estadounidense contra Irán cumple tres semanas, la infraestructura de extracción y distribución de hidrocarburos se ha convertido en primera línea del frente, donde se dirime la capacidad de los contendientes para continuar con un conflicto que amenaza con extender sus efectos por todo el planeta.
Terminales de carga de petróleo y campos gasísticos de Irán han sido bombardeados, así como plantas de procesamiento de gas en Qatar o refinerías en Arabia Saudí, Baréin, Emiratos, Kuwait e Irak, en un ojo por ojo que amenaza con disparar aún más los precios de la energía, ya que Oriente Próximo produce un tercio del crudo mundial y en torno a un quinto del gas natural.
- A la táctica iraní de estrangular el estrecho de Ormuz —una de las principales vías para la salida de los hidrocarburos a los mercados internacionales—, para aumentar la presión contra sus agresores, se ha añadido durante la última semana el ataque a infraestructura clave.
El pasado sábado, la aviación estadounidense bombardeó la isla de Jarg, principal terminal de carga petrolera iraní en el Golfo Pérsico, a lo que Irán respondió atacando el yacimiento gasístico Shah de Emiratos Árabes Unidos y las principales instalaciones de almacenamiento de petróleo de este país en Fuyairah, así como el campo petrolífero de Majnun en el sur de Irak y la refinería de Lanaz, en el norte kurdo del país.
- Pero el bombardeo —israelí con supuesto visto bueno de Washington, que luego ha negado— del campo gasístico Pars Sur, el mayor del mundo y que está situado entre aguas iraníes y qataríes, supuso el miércoles una nueva vuelta de tuerca.
En represalia, la Guardia Revolucionaria anunció que la infraestructura energética de los países vecinos —aliados de EE UU— se ha convertido en “objetivo directo y legítimo”. Teherán cumplió su amenaza y desde la noche del miércoles al jueves lanzó una lluvia de misiles y drones contra instalaciones de sus vecinos en la orilla sur del golfo Pérsico.
- El punto más afectado fue la Ciudad Industrial Ras Laffan, en Qatar, donde los impactos provocaron grandes incendios y daños sin precedentes, según las propias autoridades cataríes.
Ras Laffan es el centro de procesamiento de gas natural licuado más grande del mundo, por lo que el ataque ha elevado los temores a una escasez de suministro: el consejero ejecutivo de QatarEnergy, Saad al Kaabi, confirmó a Reuters que se tardará un mínimo de tres años en reparar los daños sufridos y que el ataque reducirá en un 17 % la capacidad de exportación de gas catarí durante los próximos cinco años, por lo que su empresa tendrá que cancelar contratos de suministro a largo plazo con Italia, Bélgica, Corea del Sur y China por razones de “fuerza mayor”.
- Como consecuencia el precio de referencia del gas en Europa llegó a elevarse más de un 30% durante el día y el Banco Central Europeo reconoció que la guerra “tendrá un impacto en la inflación” a corto plazo, a través de unos “precios más elevados de la energía”, y, a medio plazo, si el conflicto continúa, extendiendo ese alza de precios a otros sectores de la economía.
- En las primeras horas del jueves también fueron alcanzadas con drones iraníes las refinerías de Mina Abdulá y Mina al Ahmadi, en Kuwait, provocando incendios pero no daños significativos.
- Y un misil golpeó la refinería de Haifa, la más importante de Israel. Los gobiernos emiratí y saudí aseguraron que los ataques contra sus refinerías habían sido interceptados por sistemas defensivos, si bien en este último país algunos vídeos publicados en redes sociales mostraron dos explosiones en una zona industrial cerca de Riad.
Mientras caían los proyectiles, los ministros de Exteriores de doce países musulmanes, entre ellos Turquía, Pakistán, Qatar y Egipto, estaban reunidos de emergencia en la capital saudí para evaluar el estado del conflicto en la región.
- En un duro comunicado publicado la mañana del jueves, exigieron a Irán que “detenga de inmediato” sus ataques con drones y misiles balísticos contra la infraestructura civil y petrolera en la región; que cese el bloqueo y las amenazas sobre el estrecho de Ormuz y el de Bab al Mandeb, y que “respete el derecho internacional como primer paso para poner fin a la escalada bélica”.
Los jefes de la diplomacia de esta docena de países dijeron que los ataques iraníes que han sufrido los vecinos de Irán, incluidos también Turquía y Azerbaiyán, “no tienen justificación alguna” y subrayaron su derecho a la legítima defensa bajo la Carta de Naciones Unidas.
El comunicado añade mucho más por lo que calla: en ninguna parte se menciona a Estados Unidos, y a Israel solo en relación con su agresión sobre Líbano.
- Si bien en las primeras dos semanas de guerra varias capitales del Golfo habían mostrado su malestar con Washington por iniciar una guerra contra Irán que los pone en la diana –la mayoría acogen bases militares estadounidenses– ahora el enfado se dirige hacia Teherán por amenazar directamente su principal vía de ingresos: los hidrocarburos.
Y además hacerlo sin distingos: ni con Qatar, el país considerado más pro-iraní por sus vecinos –hasta el punto de que en 2017 el resto de los miembros del Consejo de Cooperación del Golfo establecieron un bloqueo sobre el emirato–; ni con Omán, país que ha ejercido de mediador, pero que ha visto atacados sus terminales petrolíferas; ni con Irak, cuyo Gobierno es favorable a Irán, pero ha visto cómo milicias pro-iraníes lanzaban drones contra sus puertos, obligando a suspender las operaciones de carga de petróleo.
- Este jueves, tras el ataque a Ras Laffan, Qatar ordenó expulsar a los agregados militares y de seguridad de la Embajada de Irán en Doha, y el primer ministro del emirato, Mohammed bin Abdulrahman Al Thani, dijo que el ataque “plantea muchos interrogantes” sobre la relación de vecindad que pretende Teherán.
- Pero el Gobierno de Irán, consciente de su inferioridad militar respecto a EU e Israel, parece haber decidido que la única manera de tener una mínima posibilidad de sobrevivir es infligir el máximo daño en la región y el mayor coste posible en la economía global a fin de que haya suficiente presión mundial para que cesen los ataques
- La Organización Mundial de Comercio ha advertido de que la situación “amenaza la seguridad alimentaria” mundial, no sólo por el incremento en los costes energéticos, sino también porque a través del estrecho de Ormuz se suministra un tercio del nitrógeno usado como fertilizante a nivel mundial.
“Es hora de poner fin a esta guerra que amenaza con salirse totalmente de control, causando un inmenso sufrimiento a civiles y con una propagación a la economía global de potenciales consecuencias dramáticas, especialmente para los países menos desarrollados”, exigió el secretario general de la ONU, António Guterres, a Washington y Tel Aviv desde Bruselas, donde asistió al Consejo Europeo.
Para tratar de aliviar ligeramente este cuello de botella y diversificar las vías de salida de los hidrocarburos del Golfo, algunos países han incrementado el uso de oleoductos en dirección oeste.
- Por su parte, el ministro de Energía turco, Alparslan Bayraktar, ha propuesto extender hasta los campos petrolíferos del sur de Irak el oleoducto que comunica los yacimientos de Kirkuk y el Kurdistán iraquí (en el norte del país) con la terminal turca de Ceyhan, en el Mediterráneo.
- “Actualmente, las exportaciones iraquíes son de aproximadamente tres millones de barriles de crudo por día. En torno a 1,5 millones podrían ser transportados por ese oleoducto, que tiene potencial de alcanzar a nuevos clientes en la cuenca del Mediterráneo”, dijo Bayraktar el miércoles en una entrevista con la cadena turca NTV.
- Precisamente esta semana, el Gobierno central de Irak y el Gobierno Regional del Kurdistán iraquí han pactado retomar el uso conjunto del oleoducto Kirkuk–Ceyhan y otras tuberías asociadas después de que años de atentados, disputas y demandas internacionales hubieran limitado su uso.
El martes, las autoridades centrales de Irak anunciaron que se han comenzado a bombear 170.000 barriles por día que se prevé aumenten gradualmente hasta los 250.000. Además, la petrolera estatal SOMO ha firmado contratos con diversos compradores internacionales para exportar crudo a través de Turquía, Jordania y Siria, según informó la agencia Reuters.
Los bancos centrales de Europa se preparan para lo peor
En este escenario, los bancos centrales del Viejo Continente han empezado a mover ficha y a revisar su estrategia de política monetaria. Este jueves el Banco Central Europeo (BCE) ha decidido mantener los tipos de interés en el 2%, dejando atrás nuevas bajadas de tasas y preparándose para futuras subidas.
- El guardián del euro contempla en su escenario de referencia una subida de la inflación por encima de lo anticipado previamente, así como un ritmo de crecimiento del Producto Interior Bruto (PIB) de la zona euro más débil de lo avanzado en diciembre pasado.
- Las nuevas previsiones de los técnicos del BCE apuntan a que la tasa de inflación se situará, en promedio, en el 2,6% en 2026, frente al 1,9% del anterior pronóstico.
- Mientras que el año que viene la subida de los precios en la eurozona será del 2%, dos décimas más de lo proyectado en diciembre; y del 2,1% en 2028, por encima del 2% de la previsión anterior.
El eurobanco explica que “la inflación se ha revisado al alza en comparación con las proyecciones de diciembre, especialmente para 2026, debido a la subida de los precios de la energía como consecuencia de la guerra en Oriente Próximo”.
Menor crecimiento
El conflicto también penalizará el crecimiento de la eurozona. Los expertos del BCE prevén que la expansión del PIB se situará, en promedio, en el 0,9% en 2026, tres décimas menos de lo anticipado en diciembre; el 1,3% en 2027, por debajo del 1,4% de la proyección anterior; y el 1,4% en 2028, confirmando en este caso la previsión precedente.
Esta revisión a la baja, sobre todo para 2026, reflejaría los efectos de la guerra en los mercados de materias primas, en las rentas reales y en la confianza en todo el mundo, apuntan desde el BCE.
- Vaticinan que una alteración prolongada del suministro de petróleo y gas “elevaría la inflación por encima y reduciría el crecimiento por debajo de las proyecciones del escenario de referencia”. También el Banco Nacional de Suiza ha mantenido sin cambios sus tipos de interés en el 0% este jueves.
- Considera que las perspectivas de que los precios suban han aumentado debido al alza del coste de la energía derivada del conflicto en Irán, por lo que seguirá vigilando “de cerca” la situación y ajustará su política monetaria “si es necesario”, con el fin de garantizar la estabilidad de precios a medio plazo.
- En la misma línea y por los mismos motivos, el Banco de Inglaterra mantuvo este jueves los tipos de interés en el 3,75%. El Comité de Política Monetaria de la entidad decidió por unanimidad dejar los tipos intactos, al prever que el índice de precios al consumo (IPC) “subirá a corto plazo por este nuevo choque a la economía”.
La entidad constató que “el conflicto en Oriente Medio ha provocado un aumento significativo de los precios globales de la energía y de otras materias primas”, lo que afectará al combustible doméstico e incidirá en los costes de las empresas británicas.
El banco se refirió especialmente a las consecuencias del cierre de facto del estrecho de Ormuz, controlado por Teherán, que afecta no solo el 20% del tránsito marítimo de petróleo y gas natural licuado, sino también de otras mercancías, con un impacto significativo en las cadenas de suministro. /PUNTOporPUNTO




















