El informe de Moody’s Ratings del 11 de mayo de 2026 pinta un panorama sombrío para la economía mundial: la confrontación prolongada entre Estados Unidos e Irán, el frágil alto el fuego y los bloqueos en el Estrecho de Ormuz amenazan con una nueva crisis de precios energéticos.
En su escenario central, Moody’s prevé que los flujos de petróleo no se recuperen plenamente hasta después del primer trimestre de 2027, con el crudo Brent oscilando entre 90 y 110 dólares por barril, como consecuencia, el crecimiento del G-20 se recortaría al 2,4% en 2026 (frente al 2,8% proyectado antes del conflicto), con inflación persistente, menor inversión y presión sobre las finanzas públicas de los importadores netos de energía.
- América Latina, y México en particular, aparece “comparativamente protegida” gracias a su condición de exportador neto de crudo, sin embargo, la volatilidad ya se siente: mayores costos de refinados, inflación importada y una política monetaria más restrictiva. En este contexto, Petróleos Mexicanos (PEMEX) presentó el 30 de abril sus resultados del primer trimestre de 2026 (1T26), que revelan una empresa en transición: avances operativos notables, pero aún lejos de la autonomía financiera que exige el nuevo liderazgo.
- PEMEX mostró signos claros de recuperación en su núcleo operativo durante el 1T26. La producción de hidrocarburos líquidos alcanzó 1,652 mil barriles diarios (Mbd), un incremento de 2,3% (+38 Mbd) respecto al 1T25, impulsada por campos estratégicos como Maloob, Ixachi, Zaap, Ayatsil y Quesqui. La producción de gas natural subió 10% a 4,851 millones de pies cúbicos diarios (MMpcd).
El dato más relevante está en la refinación: el Sistema Nacional de Refinación (SNR) procesó 1,141 Mbd de crudo (+22,2%), el mayor volumen trimestral en 11 años, con destacada contribución de Tula y Dos Bocas (Olmeca), como resultado, la producción de petrolíferos creció 21,9% a 1,110 Mbd, de los cuales 65,7% fueron destilados de alto valor (gasolinas, diésel y turbosina). Esto permitió reducir un 23% las importaciones de estos productos y fortalecer la estrategia de autosuficiencia energética.
Además, PEMEX avanzó en proyectos clave: inició actividades en el campo Trión (aguas ultraprofundas con Woodside Energy), adjudicó 10 Contratos de Desarrollo Mixto y regresó al mercado local de capitales con una emisión de 31.500 millones de pesos (sobresuscrita 2,5 veces).
En el frente financiero, los logros son visibles pero insuficientes. La deuda financiera total se ubicó en 79.000 millones de dólares al 31 de marzo de 2026 (el nivel más bajo desde 2014) con una reducción de 7,3% frente al cierre de 2025 y un perfil de vencimientos más sano (deuda de corto plazo bajó al 16,4%). El costo financiero neto cayó 15%.
- Sin embargo, los ingresos totales descendieron -7,6% a 365.696 millones de pesos, afectados por menores ventas de exportación de crudo. El EBITDA fue de 117.788 millones de pesos (-5,3%), y PEMEX registró una pérdida neta de 45.993 millones de pesos (peor que los 43.329 millones del 1T25), explicada principalmente por deterioro de activos, efectos cambiarios y derivados. El flujo operativo se mantuvo positivo, pero el CAPEX ejercido (25.923 millones de pesos) solo representó el 20,4% del programa anual, y la empresa sigue requiriendo aportaciones gubernamentales para cubrir parte de sus necesidades de caja.
En resumen, PEMEX genera más valor operativo y reduce su apalancamiento, pero las pérdidas contables y la estructura de capital aún frágil limitan su autonomía financiera.
El 14 de mayo de 2026, la presidenta Claudia Sheinbaum anunció el relevo en la dirección general de PEMEX: sale Víctor Rodríguez Padilla (quien regresará a la academia) y entra Juan Carlos Carpio Fragoso, hasta ahora director de Finanzas de la petrolera y cercano colaborador de Sheinbaum desde su paso por el Gobierno de la Ciudad de México, economista por la UNAM con maestría en Gerencia Pública, Carpio es un “hombre de números” con profundo conocimiento de la deuda y la reestructuración de PEMEX.
Sheinbaum le encomendó una “misión de rescate”: incrementar producción de petróleo y gas, transformar las operaciones de refinación (downstream), consolidar asociaciones estratégicas (como con Petrobras) y sanear las finanzas para lograr mayor autonomía.
1. Volatilidad geopolítica y precios del petróleo (según Moody’s): Si el alto el fuego se rompe o el cierre de Ormuz se prolonga, PEMEX podría enfrentar un escenario pesimista de estanflación global que eleve subsidios a combustibles y presione las finanzas públicas mexicanas.
2. Deuda y sostenibilidad financiera: Aunque reducida, la deuda de 79.000 millones de dólares más 20.800 millones con proveedores sigue siendo elevada. Las calificadoras (S&P cambió outlook a negativa) vigilan de cerca la liquidez y el apalancamiento.
3. Producción y eficiencia operativa: Mantener el impulso en refinación y E&P mientras se ejecuta el CAPEX necesario para alcanzar metas de 1,8 millones de barriles diarios en el mediano plazo.
4. Riesgos operativos y ambientales: Derrames recientes en el Golfo y la presión por transición energética exigen mayor inversión en seguridad y sostenibilidad.
5. Dependencia del apoyo gubernamental: Lograr autonomía financiera real en 2027 dependerá de que los precios altos del crudo (escenario central de Moody’s) se traduzcan en flujo de caja suficiente sin necesidad de rescates recurrentes.
Carpio llega en un momento crítico: con el viento de cola de precios energéticos elevados, pero bajo la sombra de una incertidumbre global que Moody’s califica como “muy incierta”, su éxito definirá no solo el futuro de PEMEX, sino la contribución de la petrolera al crecimiento económico de México en 2026-2027./Agencias-PUNTOporPUNTO
























