La primera lectura de seguridad en el Mundial 2026 deja un dato central para México: las ciudades sede mantuvieron los homicidios dolosos a raya durante el arranque de la justa y concentraron apenas 10 por ciento de los asesinatos reportados a nivel nacional entre el jueves 11 y el jueves 18 de junio, aun con la presión de estadios llenos, traslados masivos, zonas de convivencia y festejos por las dos primeras victorias de la Selección Mexicana.
- El corte diario del Gabinete de Seguridad colocó la semana federal que cubrió la inauguración, del domingo 7 al sábado 13 de junio, en el nivel más bajo de la serie a nivel histórico. En esos siete días, el país registró 247 víctimas de homicidio doloso, equivalentes a 35.3 casos diarios. La cifra quedó por debajo del promedio de mayo, que el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP) ubicó en 47.3 al día.
- A escala sede, el comportamiento confirmó una contención visible en las tres entidades que albergan partidos del torneo internacional: sumaron 31 homicidios dolosos en ocho días, dentro de un total nacional de 300 víctimas. Ciudad de México y Jalisco acumularon 12 casos cada una y Nuevo León reportó siete, con varias jornadas sin homicidios. La proporción resulta relevante porque esas entidades representaron apenas una décima parte de los homicidios registrados en el país durante el periodo analizado.
No se trata de una postal sin matices. La misma semana dejó dos días negros. El domingo 14 y el jueves 18 alcanzaron 49 víctimas cada uno, los puntos más altos del periodo analizado. El segundo pico coincidió con el triunfo de México ante Corea del Sur en Guadalajara, una noche de afluencia en espacios públicos y celebraciones simultáneas.
- Miriam Campos Blanchet, experta en seguridad, señaló que la coincidencia no permite atribuir los asesinatos al partido ni a los festejos, pero sí muestra la tensión entre el éxito operativo en las sedes y la persistencia de focos letales fuera del perímetro mundialista.
- Para la experta, la clave de los grandes eventos no está sólo en evitar incidentes dentro del estadio. Explica que la literatura internacional sobre megaeventos deportivos describe una lógica más amplia en cuanto a su relación con el delito. Los torneos producen concentración policial, monitoreo de multitudes, cambios de movilidad, vigilancia en corredores turísticos y control de accesos; al mismo tiempo pueden modificar rutinas sociales y horarios de consumo. Esa mezcla, según Campos, puede reducir algunos delitos en zonas vigiladas y dejar otros riesgos sin lectura inmediata.
Richard Giulianotti y Francisco Klauser, dos investigadores centrales en seguridad de megaeventos, han advertido que desde el periodo posterior al 11 de junio la seguridad pasó al centro de la organización deportiva global. Su trabajo no presenta los torneos como espacios naturalmente seguros, sino como operaciones que combinan policía, inteligencia, prevención, tecnología, control urbano y coordinación.
Campos Blanchet sostiene que en ese marco, el dato mexicano importa menos como lectura de la celebración, y más como señal de capacidad para sostener presencia territorial.
- También hay evidencia que ayuda a explicar por qué los partidos pueden alterar el mapa delictivo sin modificar de fondo las causas de la violencia. Un estudio de Aubrey M. Stewart y Nicholas A. Wright encontró que durante días con eventos internacionales televisados, como la Copa del Mundo o los Juegos Olímpicos, la actividad criminal general disminuyó 16.3 por ciento en las principales ciudades de Estados Unidos. Los autores ubicaron el fenómeno en cambios temporales de rutina, atención pública y presencia de víctimas o agresores en determinados espacios.
Otra investigación sobre Juegos Olímpicos, elaborada por Yue Chen, mostró que el efecto de un mega evento depende del lugar y del delito. En Beijing 2008 bajaron de forma significativa todos los crímenes, mientras que en Londres 2012 sólo descendieron las agresiones. De manera contraria, en Río 2016 los delitos patrimoniales tuvieron un aumento considerable.
Esa comparación, según Campos Blanchet, sirve para el caso mexicano. Un torneo como el que ahora se está desarrollando en México puede ordenar la seguridad en lugares específicos, pero no cancela por decreto la violencia homicida nacional, aunque impacta en su comportamiento general.
- Bajo esa lógica, las sedes mexicanas reportan un arranque favorable. El dato no descansa en la ausencia total de asesinatos, sino en la baja participación de las entidades anfitrionas dentro del total nacional. Los datos demuestran que la mayor carga recayó en estados totalmente ajenos al circuito principal de partidos.
- La lectura territorial refuerza una conclusión política y operativa. México logró que el escaparate mundialista no se convirtiera, en su primera semana, en un foco central de homicidios dentro de sus sedes. El desafío se movió a otro plano. La violencia letal no desapareció, sólo quedó más marcada la diferencia entre los espacios sometidos a vigilancia extraordinaria y las zonas donde el homicidio mantiene dinámicas propias.
El resultado también debe leerse frente al mes previo. Entre el 11 de mayo y el 10 de junio, las tres entidades sede promediaron 4.48 homicidios diarios. Durante la primera semana mundialista, del 11 al 18 de junio, el promedio bajó a 3.88. La reducción no prueba un efecto directo del torneo, pero sí muestra que la operación no vino acompañada de un deterioro inmediato en las sedes.
- Las guías internacionales de seguridad para grandes eventos deportivos insisten en el mismo punto. La prevención eficaz no depende sólo de más agentes visibles, sino de análisis de riesgos, coordinación, intercambio de información, rutas de evacuación, respuesta rápida y protección de públicos distintos. En México, ese modelo se puso a prueba desde la inauguración, con sedes que recibieron partidos, fanáticos extranjeros y celebraciones masivas.
Para la experta, el balance inicial permite afirmar que México cumple en seguridad homicida dentro de sus ciudades sede al mantenerlas por debajo de su propio promedio previo y lejos del centro nacional de asesinatos, pero el mismo corte impide una lectura triunfalista.
Remarcó que esas dos jornadas de 49 víctimas muestran que el país aún tiene picos severos de violencia, incluso mientras se ofrece una imagen de control en los espacios más vigilados. La experta insiste en que las cifras totales sólo mostraron que, bajo presión internacional y vigilancia reforzada, las ciudades anfitrionas pudieron mantenerla fuera del centro de la violencia cotidiana a la fiesta deportiva./Agencias-PUNTOporPUNTO























