La economía mexicana atraviesa una fase de estancamiento y necesita un empujón. Este es el consenso entre los expertos sobre el futuro económico de México. Las propuestas son diversas pero todas ponen la atención en el Plan México —diseñado por el Gobierno de Claudia Sheinbaum para impulsar el desarrollo a través de proyectos de infraestructura—, como una palanca que tiene un diseño próspero, pero que carece de claridad.
- La incertidumbre sobre la extensión del tratado de libre comercio con Estados Unidos y Canadá (TMEC), así como los cambios en el mapa geopolítico global, y la caída de la nueva inversión en el país son el telón de fondo sobre el que el Gobierno mexicano tiene que maniobrar en los próximos meses para reactivar el dinamismo económico.
- Sheinbaum se ha reunido en los últimos meses con economistas de distintos sectores para conocer su diagnóstico sobre la economía mexicana. Hace un año, recibió en Palacio Nacional a Mariana Mazzucato, directora del Instituto para la Innovación y el Propósito Público de la University College London, y le encargó un estudio sobre la perspectivas que el Plan México puede abrir para impulsar el desarrollo. Mazzucato ha publicado este miércoles, de la mano de la economista Lara Merling, sus resultados.
En Transformación del Estado para el Plan México: un enfoque orientado por misiones para lograr la prosperidad compartida, las investigadoras apuntan a que el impulso del plan desde el Estado es fundamental, pero que es necesario establecer un financiamiento público y privado que lo sostenga, y la cohesión de parte de diversas instituciones gubernamentales para que sus objetivos se logren.
El reporte sugiere que el Gobierno de Sheinbaum ponga la diana en cuatro áreas fundamentales para echar a andar el proyecto: la seguridad hídrica, la salud, la soberanía energética y la soberanía alimentaria.
“México ha marcado un rumbo. Lo que resta es la transformación estatal necesaria para construir una estructura capaz de implementarla: una que pueda coordinar entre los distintos niveles de gobierno, configurar los mercados en torno a los objetivos públicos, aprender y adaptarse, y movilizar la inversión pública y privada hacia una transformación productiva”, señala el informe.
Mazzucato pone el dedo en la llaga del financiamiento del Plan México, si bien la Administración de Sheinbaum ya ha anunciado su apertura a la celebración de inversiones mixtas, con capital público y privado, aún es una incógnita los criterios y las prioridades que estos proyectos tendrán en los próximos meses. “El Plan México requiere financiamiento paciente y a largo plazo orientado a la transformación. México no carece de financiamiento. Carece de un sistema financiero organizado para dirigir el financiamiento hacia la producción. Lo que el sistema financiero decide financiar determina lo que se construye, qué empresas crecen, qué tecnologías maduran y qué regiones se desarrollan”, añaden las economistas en su estudio.
Sheinbaum también recibió en enero a un grupo de ocho economistas mexicanos para tomar la temperatura del entorno económico, ante un evidente enfriamiento reflejado por los principales indicadores. Los expertos de ese grupo se han reunido este miércoles en Ciudad de México con colegas de la academia, tanto del sector público como del privado, para hacer un diagnóstico sobre el impulso que la economía mexicana necesita para crecer. En el Foro para el crecimiento sostenible y equitativo, pusieron el foco en las relaciones internacionales con los principales jugadores de la economía mundial, el ambiente de negocios para la inversión, el financiamiento para la innovación y el desarrollo, las políticas públicas sociales, el panorama fiscal y las condiciones de las pequeñas y medianas empresas (pymes).
- Los economistas han explicado que las conclusiones del foro serán presentadas a Sheinbaum y al Congreso, de cara a la evaluación de los presupuestos de 2027 que comienza en septiembre. Los expertos han coincidido que buena parte del estancamiento de la economía proviene de una caída en la inversión provocada por la incertidumbre y que el Gobierno podría comenzar por apuntalar los sectores que considera prioritarios en su plan con un aumento en la inversión pública.
“La inversión, si está bien hecha y alineada con los objetivos del país, genera una capacidad de crecimiento”, señala Juan Carlos Moreno-Brid, profesor de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). “Hay instrumentos que no están siendo usados, como la banca de desarrollo”, añade.
Los diagnósticos coinciden en que es urgente tomar acción y echar mano del presupuesto de 2027 para desatascar la economía.
“Pedimos responsabilidad fiscal y que se cuide la estructura macroeconómica”, ha mencionado Ana Aguilar, directora ejecutiva del Consejo Mexicano de Negocios (CMN). El Congreso recibirá el 8 de septiembre la propuesta de Sheinbaum para el gasto del próximo año y las miradas estarán concentradas en las decisiones fiscales de su Administración para entender dónde estará enfocado el gasto público.
“El sistema fiscal ya dio de sí y hay un gasto muy petrificado”, apunta Héctor Villarreal, investigador y profesor del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM), sobre la previsibilidad de los presupuestos.
“El marco fiscal actual de México no distingue entre el gasto que genera capacidad productiva y el que no: las normas centradas en los déficits generales y la deuda registran el pasivo generado por el endeudamiento, sin dar suficiente importancia a los activos y capacidades creados mediante la inversión” apunta Mazzucato en su reporte.
México creció un 0,8% en 2025. La previsión de Citi para el cierre de año es que la economía crezca un 1,3% y reconoce que para conseguir un crecimiento más alto y sostenible será necesario disipar la incertidumbre sobre el comercio exterior y materializar el plan de infraestructuras propuesto por Sheinbaum dentro del Plan México. “Nos gustaría ver mecanismos claros de financiamiento para los proyectos del Plan México”, indica Felipe Juncal, economista para México y América Latina de Citi.
México necesita una nueva arquitectura de ejecución
De acuerdo con el análisis, las dependencias federales, bancos, organismos reguladores, empresas públicas y gobiernos estatales participan en objetivos relacionados con el Plan México, pero sus presupuestos y atribuciones continúan operando de manera separada.
Esta fragmentación provoca que los proyectos puedan recibir recursos individualmente, aunque sin integrarse en una cartera de inversiones vinculada con objetivos nacionales de largo plazo.
Mazzucato explicó que México ya trazó una dirección, pero requiere desarrollar las capacidades, mecanismos de coordinación e instrumentos económicos necesarios para convertir esa visión en una ruta sostenida de crecimiento.
Entre las principales recomendaciones del informe destacan:
- Proteger la inversión pública productiva mediante una revisión de las reglas fiscales.
- Convertir objetivos como seguridad hídrica, energía limpia, salud y soberanía alimentaria en misiones nacionales.
- Coordinar a los bancos de desarrollo para otorgar financiamiento de mayor plazo.
Utilizar las compras gubernamentales para impulsar a pequeñas empresas y proveedores nacionales. - Condicionar apoyos, contratos y concesiones públicas a compromisos de inversión, empleo digno y reinversión.
- Fortalecer las capacidades del gobierno para evaluar, experimentar y modificar políticas.
- Incluir a comunidades, productores y gobiernos locales en el diseño y evaluación de los proyectos.
Plan México busca impulsar industria e inversión
El Plan México, presentado por el gobierno de Claudia Sheinbaum en enero de 2025, plantea una estrategia para fortalecer la producción nacional, atraer inversiones y ampliar las cadenas de suministro mexicanas.
Entre sus objetivos se encuentra atraer hasta 277,000 millones de dólares en inversiones, generar alrededor de 1.5 millones de empleos formales y aumentar la participación de empresas mexicanas en las compras gubernamentales.
- La estrategia también contempla aprovechar el nearshoring, impulsar la sustitución de importaciones y desarrollar polos regionales de bienestar, con proyectos vinculados con sectores como automotriz, farmacéutico, textil y electromovilidad.
- Mazzucato sostuvo que México debe alejarse de alianzas público-privadas basadas en relaciones clientelistas y avanzar hacia esquemas de reciprocidad.
- Su propuesta consiste en que los recursos públicos destinados a empresas —mediante créditos, subsidios, contratos o concesiones— estén vinculados con obligaciones que generen beneficios económicos para el país.
La especialista también planteó aprovechar recursos estratégicos, como el litio, no únicamente para exportarlos, sino para desarrollar industrias nacionales alrededor de ellos.
Además, consideró indispensable elevar la inversión en investigación e innovación, pues señaló que el gasto mexicano en investigación y desarrollo cayó de cerca de 0.4% del PIB a 0.25% en 2024.
Finalmente, el informe propone probar un modelo de ejecución mediante un “sandbox de misiones” en la cuenca del Tula, cuya restauración para 2030 forma parte de los compromisos presidenciales.
El objetivo sería utilizar este espacio como laboratorio para coordinar gobierno, empresas, comunidades y autoridades locales, evaluar resultados y posteriormente replicar las estrategias que funcionen en otras regiones del país.
Un PIB estancado: por qué México no crece
La promesa era que México aprovecharía su cercanía con Estados Unidos y la reorganización del comercio global para dar el salto económico que se le había escapado durante décadas. Pero, en lugar de acelerar, el país está perdiendo algo más que velocidad: capacidad de crecimiento. La economía mexicana se mueve entre pronósticos recortados, inversión débil y productividad estancada. Y mientras el mundo estrena nuevos motores de expansión, México sigue empeñado en crecer a “fuerza bruta”.
- El gobierno federal mantiene entre sus objetivos colocar a México entre las 10 mayores economías del mundo. Pero los datos recientes apuntan en otra dirección. Aunque la Secretaría de Hacienda mantuvo en abril una previsión de crecimiento del 1.8 al 2.8% para 2026, el FMI estimó 1.6%, el Banco Mundial, el 1.3%, la OCDE, el 0.8%, y el Banco de México recortó su pronóstico puntual a 1.1%, con un intervalo del 0.5 al 1.7%. Todos por debajo del límite inferior de la dependencia. Y no solo eso, todos por debajo del crecimiento al que México se había acostumbrado en las primeras dos décadas del siglo XXI.
Además, el último dato real disponible del PIB fue todavía más débil, con una caída trimestral del 0.6% en el primer trimestre de 2026 y un avance anual marginal del 0.4%. Esta combinación sugiere que el centro de gravedad de las proyecciones se desplazó hacia un rango entre el 1 y el 1.3%, no hacia el punto medio del escenario de Hacienda.
La discusión entre los economistas no es si México crece poco, en eso hay consenso. La diferencia está en si la desaceleración actual es un episodio cíclico, provocado, principalmente, por la incertidumbre alrededor del T-MEC, o si la economía ya entró en una etapa de menor crecimiento potencial.
En los últimos seis años, México ha crecido a un ritmo cercano al 1% anual, por debajo del promedio del 1.9% observado entre 2000 y 2018, una tasa que varios analistas toman como referencia del crecimiento de largo plazo del país. Y si se cumplen las previsiones más bajas para 2026 y 2027, México acumularía cuatro años consecutivos creciendo por debajo del 2%, considerado por parte del mercado como su PIB potencial.
¿Crecer sin invertir?
Paulina Anciola, subdirectora de Estudios Económicos de Banamex, señala que México lleva ya tres años creciendo por debajo del promedio histórico, y advierte que el problema de fondo es que el crecimiento reciente se ha sostenido más en el consumo que en la inversión o en la productividad. “No puedes regresar a crecimientos potenciales más altos si no estás invirtiendo en el país”, dice.
De hecho, la inversión total en México representa el 22.9% del PIB, todavía lejos de romper de forma sostenida la barrera del 25%, un nivel que el país no supera de manera persistente desde 1981. Además, la inversión fija bruta acumulaba hasta marzo 19 meses en contracción anual, con debilidad en maquinaria, equipo y construcción, los componentes que más inciden en la ampliación de la capacidad productiva y el crecimiento de largo plazo. Abril, sin embargo, marcó un cambio de ritmo.
Gabriela Soni, líder de Estrategia de Inversión para UBS en México, considera que esa es la señal más preocupante. “El principal desafío que estamos viendo en México no es un tema de estabilidad macroeconómica, sino que esta baja inversión termina condicionando el crecimiento”.
- La especialista distingue entre el buen desempeño de la inversión extranjera directa (IED) y la debilidad de la inversión productiva dentro del país. La IED se mantiene en niveles elevados, pero ha perdido fuerza frente a sus máximos recientes, de hecho, con cifras revisadas de Banxico, pasó de 27,216 millones de dólares en el primer trimestre de 2024 a 24,413 mdd en igual periodo de 2025 y a 23,591 mdd en 2026, este último, como dato preliminar. Bajo esa serie, el dato de este año implica una caída anual del 3.4% y, si no es revisado al alza en los próximos reportes, sería el menor flujo para un inicio de año desde 2022. Además, sigue concentrado en reinversión de utilidades, mientras que las nuevas inversiones son limitadas.
“La inversión fija bruta es la que más nos interesa, la realmente importante, porque incorpora compra de maquinaria, equipo y construcción”, agrega Soni. “Esa es la que tiene una relación más directa con el PIB y la que tenemos que ver que recupere su dinamismo”.
La debilidad de la inversión se combina con otro problema de largo plazo: la baja productividad. Según la medición de Productividad Total de los Factores –que estima si la economía avanza por usar mejor el capital, el trabajo, la energía, los materiales y los servicios–, México registró entre 1991 y 2024 una contribución negativa promedio del 0.51% anual, de acuerdo con cálculos de Gerardo Leyva, exdirector del Área de Investigación del INEGI.
- El dato implica que el país ha crecido principalmente por acumulación de factores, como más trabajadores, más capital o más insumos, pero no por una mejora sostenida en la eficiencia con la que combina sus recursos productivos. En 2024, la Productividad Total de los Factores retrocedió 0.35%. Al realizar un corte entre 2018 y 2024, su contribución promedio fue prácticamente nula, de apenas el 0.01% anual. Estos datos denotan un fenómeno de crecimiento por “fuerza bruta”, a raíz de la falta de innovación en los procesos y un uso más eficiente de los recursos.
- Para Anciola, esa es la mayor preocupación. “La productividad es, si no el principal, por lo menos sí de los principales problemas que tiene México, porque de aquí parte todo”, afirma. “No acompañada de inversión pública y privada es uno de los principales focos rojos que tendría que atender México para regresar a una senda de crecimiento más alta y sostenible”.
La economista advierte que México corre el riesgo de entrar en un círculo de baja inversión, baja productividad y menor capacidad de crecimiento. Los aumentos salariales pueden mejorar el ingreso de los hogares, pero si no están respaldados por mejoras productivas, elevan los costos de operación y reducen el margen para crecer sin presiones inflacionarias.
- Alejandro Saldaña, economista en jefe de Grupo Financiero Ve por Más, coincide en que varios años de baja inversión ya parecen reducir el techo de expansión. A su juicio, el problema se refleja en rezagos de infraestructura energética y logística que limitan la producción industrial y el comercio. Añade que las inversiones que ayuden a subsanar esos cuellos de botella podrían redirigir al país hacia una senda de mayor crecimiento, pero también se requiere fortalecer el Estado de derecho, la seguridad pública, la educación y la salud para contar con una fuerza laboral más robusta.
Durante la presentación de un reporte de previsiones económicas en abril, expertos de Banco Base describieron este entorno como una “trampa de estancamiento”, marcada por menor inversión, caída de la productividad, mayor informalidad y debilitamiento institucional. El banco señala que, bajo este contexto, el crecimiento potencial de México se habría reducido a alrededor del 1.4%, lo que limita la capacidad de expansión sin generar más inflación y eleva el riesgo de estanflación, un estado de bajo crecimiento acompañado de inflación persistente.
- La inversión pública tampoco compensa la debilidad privada. El gasto público en inversión física se desplomó 44.9% real en el primer bimestre de 2026, de acuerdo con el INEGI, y la consolidación fiscal limita el espacio del gobierno para impulsar infraestructura, mientras la inversión privada espera señales más claras sobre el entorno comercial e institucional.
- El poco dinamismo de una economía tiene sus repercusiones al recaudar impuestos. Tan solo en el primer trimestre del año, marcado por una contracción trimestral, la llegada de ingresos tributarios disminuyó 0.6% a tasa anual, y estuvo 1.6% por debajo de lo proyectado en la Ley de Ingresos de la Federación.
De acuerdo con Hacienda, un punto porcentual adicional de crecimiento en 2027 elevaría la recaudación en 65,700 millones de pesos. Pero el efecto también opera en sentido contrario, si la economía crece menos de lo previsto por la dependencia, los ingresos públicos podrían resentir una pérdida similar.
“No crecer económicamente se vuelve un círculo vicioso porque tus ingresos por impuestos se estancan, lo que a su vez presiona al gasto, y terminas gastando menos en proyectos de inversión, los cuales son los que impulsan mayormente a la economía y representan beneficios para la población”, explica Christopher Cernichiaro, profesor e investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) Xochimilco./Agencias-PUNTOporPUNTO
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