El cambio climático cambia lentamente nuestras vidas, al mismo tiempo que modifica el entorno. Un nuevo estudio revela que el deshielo de Groenlandia y la Antártida ha contribuido a que el nivel del mar ascendiera 3.1 centímetros desde 1979.
- Los datos son parte de un nuevo estudio elaborado por el Ejercicio de Intercomparación del Balance de Masa de las Capas de Hielo (IMBIE, por sus siglas en inglés). Esta iniciativa de la NASA y la Agencia Espacial Europea emplea satélites para medir el avance del deshielo en los polos del planeta Tierra.
No todos el derretimiento por culpa del calentamiento global tiene los mismos efectos en el planeta. La eventual desaparición del hielo perpetuo en el océano Ártico no se traduciría en un aumento en el nivel del mar. Esto se debe a que este hielo no se asienta en una capa de tierra.
- En cambio, el deshielo en Groenlandia y en la Antártida sí puede repercutir en el nivel del mar, pues esta capa de hielo se asienta sobre tierra. Al derretirse, el agua se incorpora a los océanos.
- Este efecto ya no es una hipótesis, sino un hecho que se suma a las consecuencias al cambio climático. Según el informe publicado en Scientific Data, una revista propiedad de la editorial Nature, entre 1979 y 2023, estas dos grandes masas perdieron hasta 11.3 billones de toneladas de agua:
“Las capas de hielo perdieron entre 11.309 billones y 565 mil millones de toneladas de hielo entre 1979 y 2023; el desequilibrio dinámico de los glaciares fue responsable del 84 % de esta pérdida, mientras que el balance de masa superficial explicó el resto”.
Toda esta agua se incorporó a los océanos y contribuyó a un aumento de hasta 3.14 centímetros en el nivel del mar. Se anticipa que estos efectos y su velocidad se recrudezcan en las próximas décadas, a medida que empeore el calentamiento global.
Este septiembre, la ONU dio a conocer que la Tierra superará el umbral de los 1.5 grados centígrados. Por encima de esta temperatura se encuentran los escenarios más adversos del calentamiento global. Al respecto, el comunicado señala:
“El escenario más optimista prevé que el aumento de la temperatura alcance un máximo de 1,8 grados respecto a los niveles preindustriales. Otros escenarios apuntan a un calentamiento superior a los 2 grados”.
La Organización de las Naciones Unidas advierte que la única manera de esquivar estos escenarios es con medidas que corten los actuales niveles de gases de efecto invernadero en la atmósfera.
- En su novela El Ministerio del Futuro (2020), el autor Kim Stanley Robinson imaginó una agencia internacional dedicada a revertir los daños del cambio climático. El autor que se hizo célebre por “terraformar” Marte en sus primeras novelas propuso en este ejercicio de especulación una manera en que la Tierra vuelva a ser apta para los humanos. Si algo advierte El Ministerio del Futuro es que solo la voluntad y la unión ante la emergencia pueden cambiar nuestro comportamiento.
La NASA detectó un cambio en la temporada de deshielo del Ártico
La temporada de deshielo del hielo marino del Ártico dejó de extenderse de forma sostenida a partir de 2010, tras varias décadas en las que se había alargado cerca de 40 días.
Así lo indicó un estudio liderado por la NASA y publicado en Communications Earth & Environment.
La investigación analizó observaciones satelitales obtenidas entre 1979 y 2023 para identificar el inicio del derretimiento en primavera y el regreso de la congelación en otoño.
Los datos muestran que el período de deshielo en el Ártico se amplió de forma marcada hasta la primera década del siglo XXI. Desde entonces, entró en una etapa de fuerte variabilidad anual, sin una tendencia definida de prolongación.
- El aumento acumulado del período sin hielo no respondió sobre todo a un inicio mucho más temprano del deshielo primaveral. Según el estudio, el derretimiento comenzó unos siete días antes que en 1979, mientras que la congelación otoñal se retrasó aproximadamente 34 días.
- Esa diferencia llevó la duración media de la temporada de deshielo a unos 108 días desde 2010. En la década de 2000, el período se expandió unos 25 días, el mayor salto observado en las series analizadas. Entre 2010 y 2023, en cambio, se redujo cerca de dos días, una variación que los autores no consideran concluyente.
La investigadora Linette Boisvert, del Centro de Vuelos Espaciales Goddard de la NASA y coautora del estudio, vinculó esa inestabilidad a la transformación de la cobertura helada. “Ahora que el hielo es más delgado y hay menos cantidad, la variabilidad es mucho mayor”, señaló.
Menos nubes y océanos oscuros aceleraron el cambio en los años 2000
Durante la década de 2000, la pérdida de hielo dejó más superficie oceánica expuesta. Como el agua oscura absorbe una porción mayor de la radiación solar que el hielo, el sistema acumuló calor adicional durante el verano y la congelación demoró más en comenzar.
Los investigadores estimaron que por cada vatio adicional por metro cuadrado de energía neta que llega a la superficie durante el verano, la estación de deshielo se extiende unos 2,13 días. La relación entre el balance energético estival y la duración de esa temporada explica cerca del 79 % de la variación registrada entre 2000 y 2023.
- Entre 2000 y 2009, la radiación solar neta sobre el Ártico creció 12,6 vatios por metro cuadrado. Esa suba estuvo asociada con una menor nubosidad y con la reducción del albedo, la capacidad del hielo de reflejar la luz solar. A menor extensión de hielo, menos radiación vuelve al espacio y más calor queda retenido en el océano.
Desde 2010, la nubosidad limitó la energía solar sobre el hielo
El panorama cambió a partir de 2010. El aumento de la cobertura nubosa en varias zonas del océano Ártico redujo la radiación solar que alcanzó la superficie y moderó el aporte neto de energía durante el verano.
Según el estudio, el balance energético superficial disminuyó levemente entre 2010 y 2023. La temporada de deshielo se mantuvo así en un nivel más largo que el de finales del siglo XX, aunque con oscilaciones interanuales de alrededor de 11 días.
Esa aparente estabilidad no implica una recuperación del hielo marino ni un freno del calentamiento regional. El Ártico continúa calentándose cerca de cuatro veces más rápido que el promedio mundial y su cobertura de hielo es más joven, fina y vulnerable a los cambios de temperatura, vientos, tormentas y nubosidad.
El hielo más grueso al norte de Groenlandia sigue bajo presión
Los autores advierten que el equilibrio actual puede ser transitorio. Las mayores reservas de hielo plurianual, el que sobrevive a más de un verano, persisten al norte de Groenlandia y del archipiélago ártico canadiense, aunque también muestran señales de adelgazamiento.
- En esas zonas, el aumento del balance energético desde 2010 podría haber provocado una pérdida adicional de hasta 18 centímetros de espesor de hielo. Si esa capa más resistente continúa debilitándose, el Ártico podría atravesar otra etapa de rápida reducción de su hielo marino y de prolongación de la temporada de deshielo.
El equipo planteó que el seguimiento satelital sostenido será clave para determinar si el comportamiento registrado desde 2010 representa un nuevo régimen climático o una pausa antes de otro período de cambios acelerados.
El calentamiento global cocinó a fuego lento el catastrófico colapso del glaciar nepalí
La catastrófica avalancha de rocas y hielo en la montaña Langtang Lirung, en la frontera norte de Nepal —que causó 1.300 fallecidos y que 22 días después todavía acumula más de 5.000 personas desaparecidas— fue resultado de una combinación de factores que se cocinaron a fuego lento hasta provocar un desastre sin precedentes en el Himalaya.
- Un informe elaborado por el World Weather Attribution (WWA), el grupo de científicos especializado en calcular la influencia del cambio climático en eventos meteorológicos extremos, arroja luz sobre el desastre. Entre los factores, los autores destacan que “el calentamiento ha provocado un retroceso considerable de los glaciares, eliminando el hielo estabilizador alrededor” del lugar en el que se produjo la rotura.
Pero esta historia tiene más protagonistas, porque “no fue un único evento desencadenante”, explica el profesor Walter Immerzeel, de la Universidad de Utrecht, sobre los factores que influyeron en el colapso producido en la ladera de la montaña, a 5.150 metros de altura, el 26 de agosto pasado.
Este experto en hidrología, que ha trabajado durante años en la zona y es uno de los autores del informe del WWA, explica que ese conjunto de factores “actuaron juntos a lo largo” de años y décadas. Al calentamiento global, se le uniría un terremoto ocurrido en abril de 2015 en la región que “podría haber preacondicionado la ladera” para su rotura.
“El terremoto tuvo una magnitud de 7,8 y también causó una devastación generalizada en Nepal, provocando numerosos deslizamientos de tierra en la parte central” del país, abunda. Lo que sospechan los científicos es que ese sismo “puede que haya debilitado la masa rocosa” sobre la que se asienta el glaciar.
- El colapso desencadenó una enorme inundación de agua, hielo y escombros que se propagó río abajo, causando esos daños catastróficos. Immerzeel sostiene que se trató de “un desastre sin precedentes en el Himalaya”: “El mecanismo por el que se produjo el desastre es comparable al que ocurrió en India, en Uttarakhand, conocido como el desastre de Chamoli [un glaciar también se desprendió en febrero de 2021]. Pero la cantidad de masa que cayó fue aproximadamente una quinta parte de la caída ahora, y el impacto también fue mucho menor”.
En el caso del reciente desastre en Nepal, la rotura del glaciar desencadenó una avalancha de roca y hielo que iba creciendo a medida que descendía por el cauce del río. “Un muro de agua, hielo, roca y sedimento alcanzó la frontera de Rasuwagadhi, 22 kilómetros río abajo, en siete minutos, moviéndose a una velocidad media de 188 kilómetros por hora, y arrasó la ciudad fronteriza de Timure y la localidad mercantil de Syabrubesi en el siguiente cuarto de hora, atrapando a peregrinos, a personal de la frontera y a trabajadores de una central hidroeléctrica”, relata en el informe de WWA.
“La inundación resultante fue probablemente causada por varias fuentes de agua, incluyendo el deshielo glaciar, el agua almacenada bajo el glaciar y en el permafrost, el hielo y el agua transportados dentro de los escombros, y el agua del río”, resume el análisis. A esa cantidad de agua contribuyeron las abundantes precipitaciones que se registraron en la zona en octubre y noviembre de 2025 en forma de nieve. Cuando luego en los meses posteriores subieron las temperaturas, esa nieve se convirtió en agua, cebando el desastre.
- El calor que llegó con el estío tampoco fue normal. Porque las temperaturas de julio y agosto fueron “sustancialmente más cálidas” que la media en la zona, según apunta el estudio. La huella del cambio climático se aprecia ahí, pero también en el deshielo que año a año hace retroceder los glaciares.
- “Los glaciares de toda esta región se han adelgazado aproximadamente medio metro al año desde el año 2000, y el glaciar que estaba cerca de la ladera que colapsó retrocedió más de 300 metros entre 2010 y 2026″, explica Immerzeel. “La presencia de este glaciar es muy importante porque, básicamente, sostiene la pared rocosa”, añade.
- Además, el calentamiento “ha elevado la altitud del umbral de congelación en el alto Himalaya, exponiendo el hielo y el permafrost en lo profundo de la roca madre a temperaturas de deshielo más altas y prolongadas, debilitando las laderas montañosas”, advierte el informe.
Los investigadores calculan que cada década se está dando un retroceso de 100 metros. Es decir, cada década el umbral de congelación —los 0 grados Celsius— asciende 100 metros por la montaña en las temporadas del monzón y posmonzón.
- El problema es que ese umbral no se supera durante todo el año, sino que varía con las estaciones. Esto incrementa “el número de ciclos de congelación y deshielo”. “El agua se vuelve líquida y luego vuelve a congelarse, lo que ejerce todo tipo de tensiones sobre las fracturas” en la roca, señala Immerzeel.
- Desde hace años, los países más vulnerables ante los impactos del cambio climático, que, además, suelen ser los menos responsables del problema, instan en el seno de la ONU a que se establezca un mecanismo de compensación que obligue a los países más ricos y que más combustibles fósiles usan.
En mayo pasado, la Asamblea de la ONU dio un simbólico paso adelante en este sentido al aprobar una resolución patrocinada por Vanuatu, una pequeña república insular del Pacífico, en la que se instaba a que los Estados que incumplan sus obligaciones de lucha contra el cambio climático ofrezcan una reparación a las naciones más golpeadas por el calentamiento.
Salió adelante con el apoyo de 141 países y a pesar del activo rechazo de EE UU y de un grupo de petroestados encabezados por Arabia Saudí. Pero esa resolución no tenía un carácter vinculante y se necesita que ese compromiso se traslade luego a los tratados climáticos./PUNTOporPUNTO
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