“Cuando el DESTINO nos Alcance”

¿Cómo pudimos llegar a esto? ¿Cómo pudimos dejar que ocurriera? Película Soylent Green, 1973

Por Marcela Jiménez 

Todo orden internacional es, en esencia, un acuerdo sobre quién manda y dónde. Y cuando ese acuerdo se rompe, lo que sigue no es el vacío, sino un nuevo reparto y con ello tiempos peligrosos e inciertos.

Hoy, somos testigos de uno de esos momentos. Las potencias han vuelto a hablar abiertamente de “zonas de influencia”, eufemismo diplomático que nombra, léase bien, territorios ajenos sobre los que un tercero se arroga el derecho de decidir. A ese reacomodo se suma un fenómeno que no se presentaba desde el final de la Segunda Guerra Mundial: la coincidencia entre una redistribución del poder mundial y una tecnología capaz de poner en entredicho la continuidad misma de nuestra especie.

Cabe señalar que, la alerta no proviene solo de sus detractores, sino de sus propios constructores. Desde 2023, cientos de científicos y directivos de la industria, incluyendo a los dirigentes de OpenAI, Google DeepMind y Anthropic, suscribieron una declaración de una sola línea: “mitigar el riesgo de extinción derivado de la Inteligencia Artificial debe ser una prioridad global, al mismo nivel que las pandemias y la guerra nuclear”. Y más recientemente, en este mismo septiembre de 2026, los CEO’s de estas mismas compañías más Elon Musk, pidieron ralentizar el ritmo de avance de sus modelos de IA y advirtieron, en diferentes tonos, que la Superinteligencia Automejoradora, tiene el potencial de acabar con la raza humana antes del fin de esta década. Es decir, quienes están detrás de la construcción de estas nuevas tecnologías piden que se le trate como a la bomba nuclear y evitemos un Hiroshima a escala global.

EL CUADRILÁTERO DE LOS IMPERIOS

En el hemisferio occidental, Donald Trump ha rebautizado la Doctrina Monroe con su propio apellido. La llamada “Doctrina Donroe” retoma el “América para los americanos” volviendo a encarnar lo que en realidad siempre significó: América para los americanos… del norte.

Si bien los intereses económicos han estado presentes en prácticamente todas las intervenciones estadounidenses, lo cierto es que durante el siglo XX éstas se justificaron bajo las banderas de la contención del comunismo, la defensa de la democracia y los derechos humanos, amenazas contra la paz, o la guerra contra las drogas. La novedad no está en los intereses, sino en el cinismo de la narrativa: hoy se habla abiertamente de hacerse del control de los recursos petroleros, minerales, acuíferos, territoriales y de paso estratégico -Groenlandia y el Canal de Panamá-; de cerrar la puerta a la expansión comercial, tecnológica, de infraestructura y militar de China y de Rusia; de exigir y obligar a lealtades subordinadas; y varios etcéteras más.

China, por su parte, ensaya su propia versión desde hace más de una década. En 2014, Xi Jinping planteó que los asuntos, los problemas y la seguridad de Asia correspondían a los propios asiáticos. Esta “Doctrina Monroe asiática” adquirió escala planetaria en 2022 con la Iniciativa de Seguridad Global, estableciendo que ningún país puede fortalecer su propia seguridad a expensas de la de otros, constituyendo un abierto rechazo a las alianzas militares de Estados Unidos con Australia, Corea del Sur, Filipinas y Japón.

En el centro de esa ecuación se encuentra Taiwán. Para Pekín, la reunificación de la isla es un asunto interno, por lo que cualquier respaldo diplomático y militar de una potencia extranjera sería considerado una injerencia en su soberanía. El conflicto Taiwán-China es uno de los pendientes más peligroso para el planeta.

Rusia, a su vez, ha construido su propio andamiaje doctrinario imperialista a partir de tres piezas: la Doctrina Primakov, que postula un mundo multipolar en el que Rusia haga de contrapeso a Estados Unidos oponiéndose, a su vez, a la expansión de la OTAN hacia sus fronteras; el concepto de “Extranjero Cercano” que considera a las antiguas repúblicas soviéticas un espacio de interés geoestratégico para Moscú; y, el “Mundo Ruso” o “Doctrina Putin” que defiende el derecho del Kremlin a intervenir otros países para proteger a las minorías rusófonas aunque, el objetivo real es evitar que países limítrofes como Georgia, Ucrania y Moldavia se alineen con Occidente. Bajo estos principios, Rusia invadió Georgia, se anexó ilegalmente Crimea, alimentó la guerra en el Donbás, e invadió desde 2022 a Ucrania. Hacia otros países ha presionado con el suministro de gas, con campañas de desinformación, con la compra de votos en sus procesos electorales y con el uso de drones en ataques a aeronaves y embarcaciones en espacio y mar abiertos.

Con menor alcance territorial, pero con igual capacidad de desestabilizar su entorno, se encuentran Israel y Corea del Norte. Ninguno aspira a anexarse bastos territorios, pero si a que nadie en su vecindario pueda amenazarlos.

Israel se ha arrogado el derecho de decidir qué armas pueden poseer los demás, fundamento de los ataques a Irak, Siria, Líbano y, más recientemente, Irán, alcanzando su expresión máxima con la cruel embestida sobre la Franja de Gaza -bajo la cual, por tres años, ha aniquilado no solo a terroristas de Hamás sino a miles de civiles.

En tanto, Corea del Norte, amenaza con utilizar sus propias armas, particularmente las nucleares, ante cualquier amenaza. En 2022 el régimen de Kim Jong-un aprobó una ley autorizando su uso y ordenando un ataque nuclear “automático e inmediato” si fuese atacado por una fuerza externa.

TRES FRENTES SIN FRONTERAS

Ahora bien, a este reacomodo mundial evidente, habría que agregar tres fenómenos altamente volátiles que también operan bajo el principio de “zonas de influencia”. Con una diferencia: éstas no siempre tienen fronteras.

NÚMERO UNO. El islamismo radical en Europa. Cabe precisar, para evitar cualquier lectura equivocada, que el fenómeno no es el Islam ni los millones de musulmanes que ahí viven, trabajan, contribuyen y respetan las leyes de los países que los recibieron, sino las corrientes islamistas radicales que buscan y han construido “sociedades paralelas” en una gran cantidad de países europeos, cuyos modelos multiculturales han sido trastocados por la “tolerancia pasiva” de sus gobiernos que, durante años, provocaron una integración fallida y que, junto con el financiamiento y participación de algunos gobiernos y grupos musulmanes radicales, consiguieron incrementar su hegemonía cultural e influencia (soft power), desestabilizando a las sociedades de acogida, frenando la transculturización y asimilación cívica y, con ello, fragmentado y erosionado los valores democrático-liberales de los países receptores.

NÚMERO DOS. El surgimiento de emporios tecnológicos multimillonarios. Ya no se trata de empresas, sino de poderes que desbordan a los Estados que pretenden regularlos, en donde algunos de sus propietarios han dejado en claro que la democracia les estorba. Peter Thiel, cofundador de PayPal y de Palantir, escribió: “No creo que la libertad y la democracia sean compatibles”. Detrás de esa afirmación existe toda una corriente de pensamiento -la Ilustración Oscura-, cuyos teóricos más conocidos, Curtis Yarvin y Nick Land, proponen sustituir a los gobiernos electos por una suerte de monarca-director general al frente de Estados administrados como corporaciones, en los que los ciudadanos pasan a ser clientes y el poder reside en los accionistas.

Mientras unos teorizan, otros construyen. Y así, estas ideas han dado paso a proyectos de soberanía extraterritorial -fuera del planeta- y de gobernanza de espacios autónomos en la Tierra. SpaceX, de Elon Musk, encabeza la carrera hacia Marte, y Blue Origin, de Jeff Bezos, compite por llevar módulos a la Luna. Ambos con la férrea intención de establecer ahí espacios soberanos bajo su mando.

En la Tierra, el proyecto es el mismo. Patri Friedman —nieto del economista Milton Friedman— fundó, con financiamiento de Peter Thiel, el Seasteading Institute, cuyo propósito es construir ciudades flotantes en aguas internacionales, fuera del alcance de cualquier gobierno y, por tanto, de cualquier impuesto, legislación laboral o norma ambiental. Hasta el momento, no se avanzado más allá del prototipo: en 2019, Tailandia retiró una cápsula habitacional instalada frente a Phuket por atentar contra su soberanía.

Más avanzadas se encuentran las llamadas Ciudades Charter, idea popularizada en 2009 por Paul Romer –Premio Nobel-, como un experimento de buen gobierno, pero que abandonó cuando su proyecto en Honduras derivó hacia la opacidad. Entonces, al amparo de las Zonas de Empleo y Desarrollo Económico, surgió Prospera, encabezada por Erick Brimen e inversionistas de Pronomos –Patri Friedman y Thiel-, estableciendo un enclave privado en la isla hondureña de Roatán con reglas, tribunales y regulación propios. Cuando Honduras derogó las ZEDE, Prospera demandó al Estado por 10,700 millones de dólares, una tercera parte del PIB hondureño, por haber recuperado su soberanía.

Se sabe existen proyectos, con distinto grado de avance, para Argentina, Nigeria, Bután, Senegal, El Salvador y en el propio Estados Unidos, aunque seguro hay más.

NÚMERO TRES. La cada vez más cercana transición de la Inteligencia Artificial algorítmica hacia una Super Inteligencia Artificial enmarcada por entidades con capacidad de autoconstrucción y autonomía física que podrán, en menos de cinco años -según sus mismos creadores-: mejorarse a sí mismos; operar robots que fabriquen otros robots; prescindir de la mano y el cerebro humanos para su ensamblaje y perfeccionamiento; y, a partir de ese momento, competir por los mismos recursos que la humanidad necesita para subsistir: agua, energía y minerales estratégicos.

En síntesis, la democracia liberal enfrenta hoy un asedio en tres frentes simultáneos: el retorno de imperios autocráticos que se reparten territorios como botín; el empoderamiento de oligarquías facho-tecnológicas, y una Super Inteligencia Artificial autónoma que podría relegar a la humanidad a una posición de subordinación.

En 1973, el cine imaginó un escenario apocalíptico con la película que, en español, lleva el nombre de este artículo. En lo personal, no creo que el destino sea una fatalidad anunciada, sino un asunto de decisión. Si la humanidad ha sido capaz, hasta ahora, de contener la bomba nuclear, también puede ponerle reglas y freno a la Inteligencia Artificial; si construyó un orden internacional basado en reglas consensuadas sobre las ruinas de 1945, podemos defenderlo de personajes con intereses muy oscuros que han iniciado la destrucción de todo ese andamiaje de equilibrios multilaterales que nos regalaron varias décadas de paz.

El destino solo nos alcanzará si renunciamos a escribirlo.

Recibe nuestro boletín informativo, suscríbete usando el formulario