EUROPA depende de la ENERGÍA EXTRANJERA; ha desembolsado 127,000 MEUR por importar combustibles

El presidente ruso afirmó que "Europa continúa recibiendo gas natural licuado (GNL) procedente de Rusia", pese a las sanciones impuestas por la Unión Europea en respuesta a la invasión de Ucrania.

La Unión Europea ha desembolsado 127,000 millones de euros adicionales por sus importaciones de combustibles fósiles desde el cierre del estrecho de Ormuz, sin recibir más petróleo ni gas a cambio, informó la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen.

  • La cifra fue presentada el 3 de noviembre durante el encuentro empresarial WinWin, celebrado en Bruselas. Según información de Europa Press, la funcionaria señaló que el encarecimiento de las compras energéticas refleja el costo que enfrenta Europa por depender de suministros provenientes del exterior.
  • Durante su intervención, Von der Leyen explicó que el bloque ha pagado más por los mismos combustibles debido a las alteraciones en los mercados internacionales provocadas por el cierre de esta ruta marítima.

La presidenta de la Comisión Europea utilizó el dato para insistir en que la dependencia del petróleo y el gas importados expone a los países europeos a conflictos y cambios en los precios que no controlan.

¿Por qué es tan importante el estrecho de Ormuz?

El estrecho de Ormuz es un paso marítimo ubicado entre Irán y Omán que conecta el golfo Pérsico con el golfo de Omán y el mar Arábigo. Su ubicación lo convierte en una de las rutas más importantes para el transporte internacional de hidrocarburos.

Antes de la crisis, por este corredor transitaba aproximadamente una quinta parte del petróleo comercializado en el mundo, además de importantes volúmenes de gas natural licuado.

  • Entre los principales exportadores de energía que utilizan esta vía se encuentran Arabia Saudita, Irak, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait y Qatar. Por ello, cualquier interrupción afecta las posibilidades de transportar sus productos hacia los mercados internacionales.

Cuando el tránsito por Ormuz se interrumpe, los compradores deben enfrentar mayores costos y buscar alternativas para conseguir los combustibles que necesitan. El impacto no se limita a los países cercanos al golfo Pérsico, pues los cambios en la oferta y los precios repercuten en otras regiones.

La crisis energética también afecta a los consumidores europeos

El incremento de los costos de importación ya había sido advertido por autoridades europeas antes de que Von der Leyen presentara la cifra de 127,000 millones de euros.

  • El 29 de septiembre de 2026, Associated Press informó que los países de la Unión Europea habían gastado más de 100,000 millones de euros adicionales en importaciones energéticas desde el inicio de la guerra con Irán.
  • En ese momento, el comisario europeo de Energía, Dan Jørgensen, advirtió que el bloque estaba pagando más por sus combustibles sin recibir una cantidad adicional de petróleo o gas.

La presión también llegó a los consumidores. De acuerdo con AP, en algunos países europeos los precios de la gasolina habían aumentado cerca de 50% respecto a los niveles anteriores a la crisis.

Aunque el sobrecosto de las importaciones no equivale directamente a una cantidad que cada hogar deba pagar, el encarecimiento de los combustibles puede trasladarse a distintos sectores de la economía, desde el transporte hasta la producción industrial.

Von der Leyen defiende acelerar la transición energética

La presidenta de la Comisión Europea utilizó el impacto económico de la crisis para respaldar la estrategia del bloque de reducir su dependencia de los combustibles fósiles.

  • Von der Leyen afirmó que Europa mantendrá sus objetivos climáticos y continuará apoyando a las industrias limpias, pese a las dificultades que enfrenta el sector industrial por los costos energéticos.
  • Entre los compromisos que defendió se encuentra la reducción de 90% de las emisiones contaminantes para 2040, en comparación con los niveles de 1990, así como alcanzar la neutralidad climática en 2050.

La funcionaria también destacó que, desde 2021, se han invertido más de 1.2 billones de euros en actividades sostenibles dentro de la Unión Europea. A su juicio, estos proyectos necesitan estabilidad y condiciones que permitan mantener las inversiones a largo plazo.

Otra de las iniciativas mencionadas fue la creación de un banco de descarbonización industrial, con el que la Comisión Europea busca movilizar hasta 100,000 millones de euros para respaldar la transformación de las empresas y el desarrollo de tecnologías menos contaminantes.

La dependencia energética vuelve al centro del debate europeo

El cierre del estrecho de Ormuz evidenció los riesgos que enfrenta una economía que necesita importar grandes cantidades de petróleo y gas para sostener sus actividades.

  • La crisis también reabrió la discusión sobre la capacidad de Europa para garantizar su suministro energético ante conflictos internacionales. Aunque el bloque ha diversificado sus proveedores después de la reducción de sus compras de gas ruso, continúa expuesto a las variaciones del mercado global.
  • Los 127,000 millones de euros adicionales mencionados por Von der Leyen representan el costo acumulado que la funcionaria atribuye al cierre de Ormuz. La cifra no significa que Europa haya recibido más energía, sino que tuvo que destinar más recursos para mantener sus importaciones.

Para la Comisión Europea, reducir esa vulnerabilidad requiere ampliar la generación de electricidad dentro del bloque, fortalecer las fuentes renovables y nucleares y acelerar la transformación de su industria.

La crisis energética en la UE golpea a 50 millones de europeos

La crisis energética en la UE vuelve a amenazar a hogares y empresas. Casi 50 millones de europeos no pueden calentar adecuadamente sus viviendas mientras el precio del gas ronda los 100 euros por megavatio hora y las reservas llegan al invierno por debajo de los niveles del pasado año.

La Unión Europea encara el invierno 2026-2027 con una paradoja energética: Bruselas no espera una falta física de gas o petróleo, pero el encarecimiento de los suministros amenaza con convertir la asequibilidad energética en uno de los principales problemas económicos y sociales del continente. La guerra de Ucrania, las tensiones en Oriente Medio y la menor disponibilidad de GNL han vuelto a disparar la presión sobre los mercados.

Los precios mayoristas del gas europeo han vuelto a superar los 97 euros por megavatio hora y han llegado a moverse por encima de los 100 euros, niveles no registrados desde la gran crisis energética posterior a la invasión rusa de Ucrania.

La situación ha vuelto a colocar el coste de la energía en el centro de la agenda comunitaria. El comisario europeo de Energía, Dan Jørgensen, ha advertido de que cerca de 50 millones de personas no pueden calentar de forma adecuada sus hogares y que la cifra podría aumentar durante el invierno.

  • El problema es especialmente delicado porque Europa ha reducido de manera drástica su dependencia directa de Rusia, pero a cambio ha aumentado su exposición al mercado internacional de gas natural licuado. Antes de la invasión de Ucrania, Rusia aportaba aproximadamente el 45% de las importaciones de gas de la UE. En 2025, su peso había descendido hasta alrededor del 12%.

La desaparición del gas ruso barato transportado por gasoducto ha obligado a recurrir con mayor intensidad a suministros procedentes de Noruega, Estados Unidos, Argelia y otros productores internacionales.

Oriente Medio añade una nueva presión al mercado

La guerra en Oriente Medio ha complicado todavía más el equilibrio energético. Por el estrecho de Ormuz circula cerca del 20% del suministro mundial de GNL, lo que convierte cualquier interrupción de esta ruta en un problema inmediato para Europa y Asia.

  • Entre marzo y junio de 2026, los envíos de GNL procedentes de Catar y Emiratos Árabes Unidos descendieron en unos 35.000 millones de metros cúbicos respecto al mismo periodo del ejercicio anterior.
  • Europa compite ahora directamente con grandes compradores asiáticos por los cargamentos disponibles. Cuando aumenta la demanda en China, Japón o Corea del Sur, o cuando se producen problemas de suministro en Oriente Medio, el precio necesario para atraer metaneros hacia las terminales europeas puede subir rápidamente.

A esta presión se suma el final del acuerdo de tránsito de gas entre Rusia y Ucrania, que expiró el 31 de diciembre de 2024. Esa ruta había transportado alrededor de 15.000 millones de metros cúbicos de gas ruso durante 2024.

Las reservas llegan al invierno con menos margen

El nivel de los almacenes europeos de gas constituye el segundo gran factor de riesgo. A finales de octubre se situaban en torno al 75% de su capacidad, frente al 83% aproximadamente del año anterior.

Las diferencias entre países son importantes:

País / UE Nivel aproximado de almacenamiento
Unión Europea 75%
Alemania 62%
Países Bajos 65%
Italia Más del 90%

 

  • Alemania y Países Bajos afrontan así el invierno con bastante menos margen que Italia. Un episodio prolongado de frío podría obligar a los países con menores reservas a comprar cantidades adicionales de gas precisamente durante los meses en los que el consumo y los precios suelen ser más elevados.

La regulación comunitaria establece un objetivo general de almacenamiento del 90% entre el 1 de octubre y el 1 de diciembre, aunque permite flexibilizarlo cuando las condiciones de mercado o las dificultades técnicas justifican desviaciones.

Una misma crisis con efectos muy diferentes por países

El impacto del precio del gas no es idéntico en toda Europa. La combinación de generación eléctrica de cada país determina cuánto termina repercutiendo el gas sobre las facturas.

En España, el fuerte peso de la energía solar y eólica reduce el número de horas en las que las centrales de gas determinan el precio eléctrico. Italia, en cambio, mantiene una mayor dependencia de esta tecnología y está más expuesta a los movimientos internacionales del combustible.

Alemania y Países Bajos se encuentran en una posición intermedia.

El sistema eléctrico europeo funciona mediante un mercado marginalista: las tecnologías entran progresivamente desde las más baratas hasta las más caras necesarias para cubrir la demanda. La última planta requerida para satisfacer el consumo determina el precio para todo el mercado.

Por ello, cuando una central de gas natural es necesaria para cubrir la demanda, un fuerte incremento del combustible puede trasladarse al precio de la electricidad aunque gran parte de la generación proceda de renovables, nuclear o hidráulica.

Redes y almacenamiento, el cuello de botella europeo

Una de las soluciones estructurales pasa por mejorar las interconexiones eléctricas entre los Estados miembros. Una red europea más integrada permitiría que los países con excedentes de electricidad renovable barata exportaran energía hacia aquellos con menor producción.

  • El problema es que todavía existen cuellos de botella tanto entre países como dentro de los propios sistemas nacionales. La falta de capacidad puede impedir que la electricidad barata llegue hasta los principales centros de consumo.
  • El almacenamiento constituye el otro gran desafío. Las baterías y el bombeo hidráulico permiten acumular electricidad durante los periodos de elevada producción renovable y utilizarla cuando cae la generación solar o eólica.

Mientras Europa no disponga de suficiente capacidad para cubrir esos picos, las centrales de gas seguirán teniendo un papel decisivo en el sistema.

Europa acelera la salida del gas ruso

La estrategia europea incluye además la desaparición progresiva de las importaciones procedentes de Rusia. Los contratos de largo plazo de GNL ruso dejarán de poder utilizarse desde enero de 2027, mientras la eliminación del gas transportado por gasoducto continuará posteriormente.

El objetivo es reducir la dependencia exterior mediante una combinación de proveedores alternativos, ahorro energético, renovables, electrificación e inversiones en redes.

El dilema vuelve a ser el calendario. Las ayudas directas pueden aliviar inmediatamente las facturas, mientras que construir parques renovables, baterías, interconexiones y nuevas redes necesita años y grandes cantidades de inversión.

  • Europa afronta así un invierno en el que la preocupación principal no parece ser quedarse físicamente sin energía, sino el precio necesario para garantizarla. Con el gas cerca de los 100 euros, unas reservas inferiores a las del pasado invierno y millones de hogares con dificultades para afrontar sus facturas, la capacidad de la UE para combinar protección social y transformación energética vuelve a estar a prueba.

Putin afirma que Europa sigue dependiendo del gas ruso 

El presidente ruso afirmó que «Europa continúa recibiendo gas natural licuado (GNL) procedente de Rusia», pese a las sanciones impuestas por la Unión Europea en respuesta a la invasión de Ucrania.

Según Putin, los suministros representan el 20% del mercado europeo de este hidrocarburo, aunque no precisó las rutas por las que llega el combustible tras los daños sufridos por los gasoductos Nord Stream en 2022.

El mandatario también responsabilizó a Europa de sus actuales dificultades económicas por intentar reducir su dependencia energética de Moscú./PUNTOporPUNTO

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