El CALENTAMIENTO GLOBAL intensifica la ECOANSIEDAD y pone en RIESGO el PATRIMONIO CULTURAL

Las consecuencias del cambio climático afectan de manera directa a los sitios de patrimonio cultural en distintas regiones del mundo.

Cuando se habla de los daños del cambio climático, la conversación suele girar en torno a cifras: metros cuadrados destruidos, hectáreas quemadas, millones de dólares en pérdidas materiales. Sin embargo, la crisis climática también erosiona identidades culturales, tradiciones comunitarias y salud mental.

  • La psicóloga clínica e investigadora de salud pública Manasi Kumar, en un artículo publicado en la revista científica Nature, describe lo que escuchó en comunidades costeras de Kenia: pescadores que no solo perdían ingresos por la caída en las capturas de peces, sino también rituales ancestrales, conocimientos transmitidos de generación en generación y el sentido de pertenencia a un modo de vida.

“Lo que temían perder no era solo el ingreso, sino también la estabilidad, la pertenencia y la esperanza en el futuro”, señala Kumar. Ese mismo patrón, añade, lo observó entre trabajadoras de las salinas del estado indio de Gujarat, donde las temperaturas superan los 50 °C durante las olas de calor y la precariedad económica se combina con el estrés crónico.

El cambio climático amenaza obras, museos y tradiciones

El daño no se limita a comunidades rurales o costeras. Según un artículo publicado en The Conversation y firmado por Anthony Schrapffer, director científico del EDHEC Climate Institute, y Camille Angué, directora del mismo instituto, el 43% de los sitios del Patrimonio Mundial de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) en Europa presenta una alta exposición a fenómenos climáticos extremos, inundaciones y aumento del nivel del mar.

  • La amenaza es concreta y ya produce efectos. Una encuesta de museos de arte de Estados Unidos citada por Schrapffer y Angué indica que el 35% de sus directores informó haber sufrido daños relacionados con el clima y el 50% adoptó planes específicos para enfrentarlos. En Francia, el Museo del Louvre transfirió alrededor de 250.000 obras a su Centro de Conservación de Liévin, en Pas-de-Calais, para protegerlas del riesgo de inundación.

El impacto alcanza también al patrimonio musical. Los autores señalan que la madera de abeto de tono del Val di Fiemme, en los Dolomitas italianos, usada históricamente en los violines Stradivarius, está bajo amenaza por el aumento de temperaturas y la proliferación de plagas. Las maderas para arcos e instrumentos de cuerda, a su vez, se vuelven más escasas por el estrés hídrico y la deforestación.

El clima impacta en la salud mental y comunidades vulnerables

En paralelo al daño sobre los bienes culturales, la crisis climática produce efectos psicológicos documentados y crecientes. Un estudio publicado en la revista Atención Primaria sistematiza esos impactos en cinco categorías: eco-ansiedad, estrés postraumático (TEPT), duelo ecológico, depresión climática y ansiedad por desplazamiento.

  • La eco-ansiedad es la ansiedad crónica y persistente ante la crisis climática y sus consecuencias. El estrés postraumático se refiere al trastorno que surge tras vivir desastres naturales como incendios, huracanes o inundaciones. El duelo ecológico describe la tristeza ante la destrucción de ecosistemas y especies, y afecta con especial intensidad a pueblos indígenas y comunidades rurales.
  • La depresión climática se asocia a la percepción de un futuro deteriorado por la inacción política. Y la ansiedad por desplazamiento golpea a quienes abandonan sus territorios por fenómenos extremos, con pérdidas de identidad, desarraigo y aislamiento social.
  • Un estudio realizado en 2021 en jóvenes de 10 países mostró que el 59% de los encuestados se sentía “muy” o “extremadamente” preocupado por el cambio climático, con efectos negativos en su vida cotidiana. Los autores concluyeron que “la ansiedad climática no solo es un fenómeno individual, sino que también refleja una falla en la acción colectiva”.

Otro concepto relevante que aclaran los autores es la solastalgia: “La solastalgia es el sentimiento de angustia cuando tu hogar se destruye a causa de cambios ambientales que no puedes controlar”. Este sufrimiento psicológico es frecuente en comunidades rurales afectadas por la minería o la deforestación.

Las investigadoras del artículo publicado en Atención Primaria señalan también efectos indirectos: las altas temperaturas incrementan la irritabilidad, alteran el sueño e incluso la ideación suicida. La exposición combinada al calor y a contaminantes atmosféricos como las partículas finas (PM2,5) eleva, además, el riesgo de parto prematuro, con las consiguientes complicaciones neurológicas y cognitivas en los recién nacidos.

La preocupación por el clima puede convertirse en acción

Kumar advierte que cuando las políticas climáticas reconocen la salud mental, lo hacen casi exclusivamente desde la adaptación: programas de preparación, primeros auxilios psicológicos y fortalecimiento de los sistemas de salud. Ese enfoque, señala, es necesario pero insuficiente. Hay comunidades que no pueden adaptarse porque su modo de vida ya no es viable, y la respuesta institucional no contempla ese escenario.

Por eso propone que la salud mental no puede seguir como un elemento secundario: los gobiernos deben invertir en ella, los daños deben medirse y las instituciones deben rendir cuentas. Al mismo tiempo, advierte sobre el riesgo de reducir el sufrimiento psicológico a un número: “No todo lo que importa puede reducirse a un precio”. Los efectos emocionales del cambio climático están anclados en relaciones, identidades, historias y lugares, y su valor excede cualquier sistema de contabilidad.

  • Frente a ese panorama, hay señales alentadoras. Fabian Lenhard, investigador del Departamento de Neurociencia Clínica del Instituto Karolinska de Suecia, publicó en The Conversation un artículo que distingue tres tipos de efectos del cambio climático sobre la salud mental: directos (por exposición a fenómenos extremos), indirectos (por pérdida de ingresos, hogares o redes sociales) y psicológicos (por la preocupación sostenida ante el futuro).

Sobre el último punto, aporta una perspectiva que contrasta con las narrativas más pesimistas: las personas que se preocupan por el cambio climático tienden a actuar más a favor del medioambiente, siempre que tengan acceso a soluciones concretas. “Cuando las personas pueden ver maneras reales y prácticas de marcar una diferencia, su preocupación puede convertirse en acción positiva”, indica el experto.

  • Las investigadoras de Atención Primaria van en la misma dirección al proponer el acceso a espacios naturales como intervención terapéutica. Un estudio realizado en Australia con más de 46.000 adultos mayores de 45 años, citado en esa publicación, halló que la exposición a un dosel arbóreo de al menos el 30% se asoció con un 31% menos de probabilidades de sufrir angustia psicológica.

La conclusión es consistente: la salud mental y el patrimonio cultural deben integrarse de forma explícita en los marcos de pérdidas y daños climáticos, en los criterios de financiación internacional y en las políticas de salud pública. Kumar plantea el dilema de fondo: “Cuando compensamos pérdidas, ¿estamos protegiendo solo los activos materiales, o estamos protegiendo las condiciones que hacen posible una vida con sentido?”.

El calor extremo eleva el estrés y la violencia, advierte experto

El aumento de las temperaturas asociado al cambio climático está relacionado con un incremento en el número de suicidios y en los índices de violencia, advirtió Alan Kazdin, investigador de la Universidad de Yale, quien señaló que los fenómenos ambientales y sociales derivados de esta crisis están generando mayores niveles de estrés en la población mundial.

  • Durante la conferencia “Mental health interventions in everyday life: Beyond psychotherapy to reduce mental disorders and improve mental health”, impartida en la Facultad de Psicología de la UNAM, el especialista explicó que a este escenario se suman el aumento de la migración, las inundaciones, huracanes, sismos e incendios, así como el desplazamiento forzado y la inseguridad alimentaria e hídrica.

Kazdin, emérito Sterling de Psicología y Psiquiatría Infantil, señaló además que la contaminación atmosférica y del agua está asociada con incrementos en las tasas de depresión, ansiedad, trastornos del espectro autista y tendencias suicidas.

¿Qué actividades pueden ayudar a reducir los síntomas?

Ante estas condiciones, sostuvo que la atención de la salud mental debe ir más allá de la psicoterapia tradicional e incorporar actividades de la vida cotidiana capaces de reducir síntomas como la soledad, el aislamiento y el estrés.

“Existen actividades de la vida cotidiana que tienen impacto significativo en la reducción de los síntomas de los trastornos psiquiátricos”, expuso, por lo que consideró necesario reconectar a los pacientes con su dimensión más humana.

Puso como ejemplo caminar hacia la oficina, actividad que puede contribuir a mejores estados de salud y mayor empatía. Sin embargo, reconoció que la inseguridad de las grandes ciudades y las largas distancias entre los hogares y los centros de trabajo dificultan esta práctica.

¿Qué herramientas se utilizan para atender los transtornos mentales?

El especialista explicó también que los tratamientos de los trastornos mentales avanzan a partir de una mejor comprensión de sus procesos biológicos y mecanismos, además de incorporar nuevas herramientas tecnológicas.

  • Entre ellas mencionó el uso de inteligencia artificial para el diagnóstico y la personalización de intervenciones, así como chatbots, telemedicina, aplicaciones, internet, servicios de mensajes cortos, realidad virtual y aumentada y robots de asistencia social.
  • Kazdin advirtió que incluso los expertos enfrentan dificultades para identificar cuándo interactúan con una inteligencia artificial y señaló que, en una época marcada por la presión, la violencia y el aislamiento, uno de los principales retos de los psicólogos es alejar a los pacientes con depresión y otros padecimientos mentales del estrés y reconectarlos con su lado más empático y humano.

La directora de la Facultad de Psicología, Magda Campillo Labrandero, destacó que el encuentro tuvo como propósito analizar cómo ampliar el acceso a las intervenciones en salud mental.

Consideró a Kazdin un referente para la psicología contemporánea por sus aportaciones en tratamientos de conducta de niñas, niños y adolescentes, sus investigaciones sobre crianza y sus propuestas para construir alternativas de atención psicológica.

El cambio climático acelera el deterioro de sitios históricos y de patrimonio cultural en el mundo

Las consecuencias del cambio climático afectan de manera directa a los sitios de patrimonio cultural en distintas regiones del mundo. Desde inundaciones en ciudades históricas hasta incendios que amenazan museos y monumentos, la necesidad de nuevas estrategias para preservar estos lugares resulta urgente.

Destaca la vulnerabilidad creciente de estos sitios, considerados durante mucho tiempo símbolos permanentes de los logros humanos. Los desastres impulsados por el clima ponen en riesgo no solo estructuras materiales, sino también tradiciones y memorias asociadas.

  • Diversos sitios como Venecia y la costa de Rapa Nui (Isla de Pascua) enfrentan amenazas directas por el aumento del nivel del mar y la intensificación de fenómenos extremos. En 2019, una inundación sin precedentes cubrió más del 80% de la ciudad de Venecia, lo que llevó al gobierno italiano a declarar el estado de emergencia.
  • La revista Nature divulgó datos sobre el libro The Future of the Past, del historiador Thijs Weststeijn, que analiza cómo el pasado se enfrenta a un futuro cada vez más incierto y propone enfoques para proteger el legado cultural ante los desafíos ambientales actuales.

Ese mismo año y en 2025, los incendios en California avanzaron hacia la Getty Villa en Los Ángeles, que alberga una de las colecciones más relevantes de arte griego y romano. Estas situaciones muestran el nivel de exposición del patrimonio ante el cambio climático.

  • Weststeijn analiza ejemplos donde la relación histórica con el entorno se convierte en una fuente de peligro. Los moáis de Rapa Nui, monumentos emblemáticos, hoy enfrentan la erosión y el avance del mar. El texto señala que comunidades que prosperaron gracias a su cercanía al océano, como las de la costa swahili en África Oriental, ahora ven cómo ese entorno amenaza sus construcciones históricas y su estabilidad cultural.

La obra resalta la paradoja de que los contextos ambientales que favorecieron el desarrollo de estas culturas se transforman en factores de riesgo. Este diagnóstico obliga a repensar las estrategias de preservación ante fenómenos como el deshielo del permafrost y el aumento de la inestabilidad costera./PUNTOporPUNTO

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