En 2025, la capital de Haití, Puerto Príncipe, fue la urbe con más homicidios del mundo, con cerca de 198 homicidios por 100 mil habitantes
- Datos según la clasificación más reciente de la organización no gubernamental mexicana Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y la Justicia Penal.
Además, llama la atención que la gran mayoría de las 20 ciudades más violentas del mundo se concentran en dos países de América Latina: Ecuador y México.
Disputas territoriales y economías ilícitas
Las disputas territoriales, sobre todo por las rutas de tráfico de cocaína, siguen siendo la principal causa de la inseguridad en América Latina y el Caribe, señala Juliana Manjarrés, investigadora de InSight Crime.
- «La fragmentación de grupos armados, ya sea por el asesinato o la captura de sus líderes, suele desencadenar olas de violencia entre facciones que compiten por el control de una zona», detalla Manjarrés.
La expansión de las economías ilícitas ha generado violencia homicida, como el mercado de metanfetaminas, la extorsión, los préstamos «gota a gota» (créditos ilegales con tasas de interés abusivas y plazos de pago muy cortos), la minería ilegal y el robo de combustible.
- Según la experta de InSight Crime, la militarización y los estados de excepción son factores institucionales que contribuyen a la inseguridad en la región, puesto que «sus efectos suelen ser limitados o incluso contraproducentes».
Atomización de la cadena de narcotráfico
A juicio de Elizabeth Dickinson, subdirectora del Programa para América Latina y el Caribe del International Crisis Group, otro factor que ha contribuido al aumento de la violencia es «el nivel de atomización en la cadena de narcotráfico».
- Hoy día, el crimen organizado se apoya en redes transnacionales. En los numerosos eslabones del narcotráfico – desde la producción de la droga hasta su distribución al consumidor final – pueden participar entre seis y diez organizaciones distintas.
Con ello, explica Dickinson, aumentan las posibilidades de grupos locales de participar en el negocio ilícito y controlar un determinado eslabón.
Aumento alarmante de desapariciones
Por su parte, la investigadora Manjarrés también observa un fuerte aumento de las desapariciones en varios países de la región.
- «Esto podría deberse a un esfuerzo deliberado de las organizaciones criminales, a cambios en las metodologías gubernamentales de registro, o a ambos factores; pero el resultado es que simplemente no sabemos cuántas de las personas desaparecidas fueron víctimas de homicidio», dice.
Esto impide determinar en qué medida un cambio en la tasa de homicidios se debe realmente a una variación real en los asesinatos.
Las ciudades más seguras
Un panorama muy distinto ofrece el Índice de Seguridad 2026 de la base de datos colaborativa Numbeo, cuyos datos se basan en la percepción de los usuarios y no en estadísticas oficiales.
- De acuerdo con esta clasificación, las diez urbes más seguras de América Latina y el Caribe son Querétaro (México).
También está la Cuenca (Ecuador), Florianópolis (Brasil), Ciudad de Panamá (Panamá), Monterrey (México), Medellín (Colombia), San José (Costa Rica), Montevideo (Uruguay), Brasilia (Brasil) y Belo Horizonte (Brasil).
Raíces de la violencia
Independientemente de cuán seguro sea un país, Elizabeth Dickinson, del International Crisis Group, recuerda que el crimen organizado ha penetrado ámbitos que solían considerarse blindados ante este tipo de amenazas.
- «Un gran ejemplo es Ecuador, que hace un par de años tenía uno de los niveles de homicidios más bajos en la región andina y ahora, en solo dos o tres años, ha llegado a ocupar el primer lugar en homicidios» en América Latina, comenta la experta.
De ahí que Dickinson abogue por enfocarse en las raíces de la violencia, aquellos aspectos que aprovecha el crimen organizado para expandirse, como la falta de oportunidades para los jóvenes, la desigualdad y el descontento social.
A pesar de que en países como Haití y Ecuador la situación de la violencia pareciera empeorar de manera continua, Juliana Manjarrés también observa una tendencia positiva en América Latina:
- «A pesar de desafíos como la falta de datos confiables por parte de países con gobiernos autoritarios, los homicidios parecen estar disminuyendo en la región, incluso tomando en cuenta el aumento de las desapariciones».
Crimen y violencia le cuestan a América Latina 3.44% de su PIB
El crimen y la violencia no solo dejan víctimas y daños materiales. También representan un costo para las economías de América Latina y el Caribe, donde los efectos alcanzan a gobiernos, empresas, familias y comunidades.
- Un análisis regional del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) llamado “Los Costos del Crimen y la Violencia: Ampliación y actualización de las estimaciones para América Latina y el Caribe”, estima que los costos directos del crimen llegaron a 3.44% del Producto Interno Bruto (PIB) de América Latina y el Caribe en 2022, una proporción que prácticamente no mostró cambios respecto de años anteriores.
El impacto incluye los recursos destinados a seguridad y justicia, los daños derivados de los delitos y las pérdidas relacionadas con el capital humano. Pero la factura también se extiende a actividades como el turismo, el empleo y la productividad empresarial.
- La violencia, además, modifica la vida cotidiana. El temor puede llevar a las personas a cambiar sus recorridos, limitar actividades de ocio, modificar decisiones laborales o evitar determinados lugares, mientras las empresas enfrentan mayores costos y obstáculos para operar.
La violencia también golpea la economía
- Los efectos indirectos pueden ser todavía más amplios. El análisis señala que mayores niveles de violencia están relacionados con reducciones en la actividad económica, la productividad y la inversión, además de impactos sobre el mercado laboral.
Las empresas ubicadas en entornos con mayor criminalidad pueden enfrentar menores niveles de producción, mayores costos de seguridad y dificultades para expandirse. La percepción del crimen también puede convertirse en un obstáculo para las operaciones empresariales.
- El turismo es otro de los sectores afectados. El análisis regional encuentra una relación negativa entre las tasas de homicidio y la llegada de visitantes, particularmente cuando los niveles de violencia permanecen elevados durante varios años.
En el ámbito laboral, la violencia puede reducir oportunidades de empleo e ingresos. Los efectos también alcanzan a trabajadores calificados e independientes, mientras que en zonas más inseguras algunas personas pueden cambiar de empleo o desplazarse hacia lugares considerados más seguros.
Homicidios, salud y educación: el costo que no aparece en una factura
- El costo de la violencia también se refleja en el capital humano. Los homicidios representan una pérdida asociada a la muerte prematura, mientras que los delitos no letales pueden generar lesiones, afectaciones psicológicas, pérdida de productividad y gastos de atención.
La exposición a hechos violentos también puede afectar a quienes no fueron víctimas directas. El temor, la ansiedad y el estrés pueden modificar la calidad de vida y las decisiones cotidianas de las personas.
- La educación tampoco queda al margen. La violencia relacionada con el crimen puede asociarse con menor asistencia escolar, mayor ausentismo, problemas de rendimiento y abandono de los estudios. También puede dificultar la permanencia de profesores en determinadas zonas.
En la infancia, los efectos pueden comenzar incluso antes del nacimiento. El análisis recoge estudios que relacionan la exposición a violencia durante el embarazo con mayores riesgos de bajo peso al nacer y parto prematuro, particularmente entre poblaciones en condiciones socioeconómicas desfavorables.
Menos confianza y más presión sobre las instituciones
El impacto social también alcanza la relación entre ciudadanos e instituciones. La victimización y la percepción de inseguridad pueden reducir la confianza en la policía, las autoridades y otros organismos públicos.
- La violencia también genera gastos para los gobiernos. Policías, fiscalías, tribunales y sistemas penitenciarios requieren recursos para responder a los delitos, mientras las familias y empresas destinan dinero a medidas de prevención y protección.
- A esto se suma el costo de oportunidad. Recursos económicos y humanos que podrían utilizarse para educación, infraestructura, salud o innovación terminan destinados a prevenir, atender o responder a hechos delictivos.
- El análisis advierte que medir todos estos efectos no es sencillo. Mientras algunos costos pueden calcularse a partir de presupuestos, gastos o pérdidas de ingresos, otros —como el miedo, el estrés o los cambios de comportamiento— son más difíciles de cuantificar.
Por ello, el estudio plantea la necesidad de mejorar la información disponible sobre fenómenos como el crimen organizado y los ciberdelitos, además de fortalecer las metodologías para conocer el impacto real de la violencia en las sociedades.
- El costo directo del crimen en América Latina y el Caribe equivale a 78% del presupuesto público destinado a educación y al doble del gasto en asistencia social. Además, representa 12 veces la inversión regional en investigación y desarrollo.
- En 2022, el sector privado concentró 47% de los costos directos del crimen; el sector público representó 31% y las pérdidas asociadas al capital humano, 22%. El gasto empresarial en seguridad alcanzó 1.6% del PIB en los 22 países analizados.
Por regiones
- El Caribe registró el mayor costo directo, con 3.83% del PIB, seguido de Centroamérica con 3.46%, la región Andina con 3.22% y el Cono Sur con 3.2%.
- El costo económico asociado específicamente a los homicidios representó 0.45% del PIB regional en 2022, frente a un promedio de 0.17% en otras regiones del mundo.
Bajan homicidios, pero suben desapariciones y extorsión
- El balance de seguridad en América Latina durante 2025 mostró una reducción en homicidios en varios países, pero un informe regional señaló cambios en la operación del crimen.
- El estudio “2025 Homicide Round-Up: Beyond the Numbers”, elaborado por InSight Crime, registró descensos en asesinatos en México y otras naciones. Al mismo tiempo, identificó aumentos en delitos que no aparecen en el conteo de muertes.
El documento indicó que organizaciones criminales modificaron sus prácticas para reducir la exposición pública de la violencia.
- Estas dinámicas evitaron registros inmediatos en estadísticas de homicidios. El análisis señaló que la medición basada solo en asesinatos dejó fuera parte de la actividad delictiva en la región.
- En distintos países, autoridades reportaron bajas en homicidios mientras otros indicadores avanzaron. El informe registró esta diferencia como una tendencia regional. También señaló que algunos datos se mantuvieron en revisión por su carácter preliminar.
Centroamérica: tendencia a la baja y datos bajo la lupa
En Centroamérica, Guatemala se mantuvo en un rango de entre 10 y 20 homicidios por cada 100,000 habitantes.
- Esta cifra se alinea con la observación general del estudio, que destaca una disminución en las tasas de asesinatos en la mayoría de los países de América Central y el Caribe durante 2025.
No obstante, el informe advierte que en naciones como El Salvador y Nicaragua, los datos deben tomarse con cautela debido a que se consideran «cifras cuestionables» dentro de la metodología de análisis.
- Al igual que en el resto de la región, se percibe una adaptación del crimen organizado para operar bajo dinámicas menos letales pero igualmente efectivas para el control territorial.
Perú: extorsión en expansión
- Perú registró una tasa de homicidios de 10.7 por cada 100 mil habitantes, con un aumento de 6.3%. El informe ubicó a la extorsión como uno de los principales factores de presión en la población. Este delito se extendió al comercio y transporte.
- El documento indicó que redes criminales ampliaron sus actividades sin depender del aumento de asesinatos. También registró presencia en economías ilegales como la minería ilícita. Estas dinámicas operaron con menor visibilidad en cifras de letalidad.
El cono Sur: los índices más bajos de la región
Por su parte, países como Argentina, Chile y Uruguay registraron los niveles más bajos de violencia letal en el continente, manteniéndose en un rango de entre 0 y 10 homicidios por cada 100,000 habitantes.
- Aunque esta zona de Sudamérica sigue la tendencia de reducción mencionada en el informe de InSight Crime, el análisis subraya que la seguridad regional es hoy un panorama complejo que no puede simplificarse solo con el conteo de muertes.
El estudio resalta que, incluso con tasas bajas, las estructuras criminales han evolucionado para evadir la aplicación de la ley mediante tácticas que trascienden la violencia física directa.
Ecuador: aumento de la violencia letal
- Ecuador alcanzó una tasa de 50.9 homicidios por cada 100 mil habitantes, la más alta del periodo analizado. El informe registró un aumento de 31.2% en comparación con el año previo. Este nivel coincidió con enfrentamientos entre grupos criminales y hechos en centros penitenciarios.
El análisis documentó que operativos de seguridad coincidieron con reacciones de organizaciones delictivas. También registró eventos violentos en distintas zonas del país. Estas condiciones se reflejaron en el incremento de asesinatos.
- El informe de InSight Crime concluyó que el crimen organizado en América Latina ajustó sus tácticas para reducir exposición. El documento señaló que estas prácticas incluyeron desapariciones, extorsión y control territorial. Estas conductas no siempre aparecen en los registros de homicidios.
El análisis indicó que la evaluación de la seguridad requiere integrar más variables. Entre ellas, desapariciones, presión económica y presencia territorial. El reporte señaló que estas dinámicas influyen en la vida diaria y modifican la lectura de las cifras disponibles./PUNTOporPUNTO





















