En agosto de 2026, se desató una grave crisis humanitaria en Ceuta. Alrededor de 72 000 personas, en su mayoría hombres, entraron desde Marruecos en el transcurso de dos días. Más de un centenar se ahogaron al intentar cruzar al territorio español.
- La gran mayoría de los migrantes regresó pronto a Marruecos, pero en la actualidad todavía quedan hasta 5 000 en la ciudad, muchos de ellos menores no acompañados atrapados en un limbo jurídico y político incierto.
En toda Europa, los políticos de extrema derecha han aprovechado la crisis humanitaria en Ceuta como una oportunidad para avivar el racismo y la xenofobia.
- El partido de extrema derecha Vox está avivando los temores ante una “inmigración ilegal, descontrolada y desenfrenada”. La presidenta italiana, Giorgia Meloni, declaró desafiante en X que Italia no “cedería ni un milímetro en materia de inmigración ilegal” y suspendió los acuerdos de Schengen con España.
Esta actitud se refleja de forma más generalizada en el Parlamento Europeo. El Reglamento de Retorno de la UE –un sistema para “devolver” a los nacionales de terceros países, que incluye la detención de personas en centros extraterritoriales durante un máximo de dos años antes de deportarlas– se aprobó en junio. Fue recibida con aplausos y cánticos de “que se los lleven” por parte de los eurodiputados de extrema derecha.
Pero aunque el alarmismo contra los migrantes pueda dar buenos resultados en las urnas, a la larga también perjudicará a Europa. Las políticas migratorias severas no solo impactan en los migrantes y sus familias, sino que también se ha demostrado ampliamente que tienen efectos negativos en las economías nacionales y en la productividad, así como en la nutrición y la salud.
Los migrantes alimentan a Europa
La tragedia de Ceuta fue notable por su alcance y magnitud, pero las circunstancias que la rodearon no lo fueron. Tanto en Europa como en el resto del mundo, los migrantes se están utilizando cada vez más como arma política, a pesar de que son ellos quienes sostienen las infraestructuras y las economías que constituyen la columna vertebral de la vida cotidiana y la salud.
Nuestro proyecto de investigación, titulado FOODCIRCUITS, rastrea los alimentos que se comercializan en Europa y Estados Unidos, con el fin de comprender más a fondo el papel y las experiencias de los trabajadores migrantes. Una de las ramas del proyecto se centra en las cadenas de suministro de cítricos españoles, de importancia mundial, y pone de relieve cómo los migrantes quedan ocultos a la vista en los sistemas transnacionales de producción, transporte y consumo de estas frutas.
- Analizamos los movimientos (a menudo contradictorios) de personas y productos agrícolas por todo el mundo, así como las políticas que regulan la circulación, la legalidad y los derechos humanos y laborales. Gracias a un trabajo de campo original, a largo plazo e in situ, podemos aportar una perspectiva y un contexto muy necesarios a los debates actuales sobre la migración y las controversias que la rodean.
- Numerosas investigaciones han demostrado que los trabajadores agrícolas de todo el mundo están expuestos de forma desproporcionada a condiciones de trabajo peligrosas. Los jornaleros que trabajan en situación informal o irregular se enfrentan a riesgos para la salud que se agravan y que conllevan una mayor exposición a lesiones y a la muerte.
Como cuarto mayor productor agrícola de la UE y uno de los mayores productores de cítricos del mundo, España es muy consciente de su dependencia de los inmigrantes. Oficialmente, representan alrededor del 30 % del total de trabajadores agrícolas. Y un recuento insuficiente de los trabajadores indocumentados hace que esta cifra sea probablemente mucho mayor.
Desde los huertos de frutas de hueso de Lleida hasta los naranjales de Valencia y los extensos campos de fresas de Huelva, los trabajadores migrantes desempeñan un papel fundamental en el abastecimiento alimentario europeo. También son esenciales para el sector agrícola español, cuyo valor asciende a 43 900 millones de euros al año. En Europa, una de cada cuatro frutas frescas que se consumen se produce en España. Esta notable cifra solo es posible gracias al trabajo no reconocido de los jornaleros migrantes.
La regularización masiva en España
El programa especial de regularización de España, puesto en marcha a principios de este año, permitió que casi 1,2 millones de personas indocumentadas solicitaran la regularización y el derecho al trabajo. Esta medida contribuirá a frenar las condiciones laborales de explotación y a mejorar el acceso a la asistencia sanitaria y a otros servicios esenciales para la vida.
El número definitivo de solicitantes fue más del doble de las estimaciones iniciales. Esta demanda tan elevada de vías de regularización pone de manifiesto hasta qué punto los migrantes han quedado ocultos a la sociedad en general y cómo se da por sentado su trabajo.
- Aunque el programa exige que los solicitantes cumplan criterios estrictos, ha sido objeto de críticas por parte de grupos políticos populistas de derecha, que califican el número de solicitudes de “invasión migratoria”.
- Otros países de la UE han llegado incluso a culpar al programa de regularización de la crisis de Ceuta, calificándolo de “factor de atracción” para los migrantes.
Pero desde Ceuta hasta la Península y el resto de Europa, los migrantes son habitualmente utilizados como chivos expiatorios, señalados erróneamente como la fuente de los problemas sociales y empleados para avivar los sentimientos xenófobos con fines políticos. Dado que las valiosas y esenciales contribuciones de los migrantes a la sociedad suelen pasar desapercibidas, debemos analizar con detenimiento y espíritu crítico cuándo y cómo se les empuja al primer plano del panorama informativo.
Europa atribuye a la migración la mayoría de sus problemas
El furor claramente va más allá de los migrantes. Aunque las encuestas indican que el electorado europeo se preocupa profundamente por la migración y desea que se aborde, dichas preocupaciones superan la realidad objetiva. En cambio, el tema se ha convertido en un prisma a través del cual se ven todos los males del continente, un caleidoscopio conveniente del descontento.
Los problemas de esa visión del mundo son innumerables. Sin embargo, hay una razón más profunda, más allá de la continua llegada de migrantes, para la obsesión de todo el continente con los extranjeros: Europa no sabe lo que es.
En los debates europeos, la migración no se plantea como un conflicto que hay que gestionar; ahora se le considera responsable de toda una gama de problemas, desde servicios sociales deficientes hasta el estancamiento salarial y la delincuencia.
- Para el político neerlandés de extrema derecha Geert Wilders, la crisis de vivienda del país y los niveles de deuda se explican mejor por la afluencia de extranjeros. Ese pensamiento ya no se limita a los extremos.
- En Alemania, por ejemplo, el gobierno de coalición del canciller Friedrich Merz ha atribuido el estado ruinoso de muchas de las ciudades del país a los recién llegados.
- Los intentos de verificar la veracidad de tales afirmaciones —sostener que los efectos de la inmigración son ambiguos, o advertir que un continente que envejece necesita nuevos residentes para sostenerse— pasan por alto lo esencial.
Las investigaciones indican que los bastiones más seguros de la extrema derecha se encuentran en regiones con relativamente pocos migrantes, como en el estado alemán de Sajonia-Anhalt, donde el partido Alternativa para Alemania acaba de obtener una victoria aplastante.
Un hogar europeo, clave en el sentido de identidad
Las ansiedades de los europeos sobre la migración parecen flotar cada vez más libremente, una heurística a través de la cual pueden dar sentido a las crisis traslapadas del continente. Este modo de pensar seguirá ocupando la mente europea en el futuro previsible.
La primera razón es externa. Las consecuencias de la desigualdad global ya eran sumamente evidentes en la época de Hobsbawm.
En los 90 notó cómo Europa estaba “rodeada de países pobres con vastos ejércitos de jóvenes, que clamaban por los empleos modestos en el mundo rico que hacen a hombres y mujeres ricos para los estándares de El Salvador o Marruecos”.
Su conclusión fue profética: “Estas fricciones serán un factor primordial en la política, nacional o global, de las próximas décadas”.
De hecho, estas tensiones no han hecho más que acentuarse. Aunque técnicamente la desigualdad global se redujo en los últimos 30 años, este descenso puede atribuirse en gran medida a un solo país: China.
- En general, la brecha en los niveles de vida entre Occidente y el resto aún es vertiginosamente amplia, una realidad innegable de la política global exacerbada por conflictos regionales. Además, esta brecha ha adquirido una nueva y alarmante visibilidad en las pantallas de los teléfonos inteligentes, ahora ampliamente disponibles en todo el mundo en desarrollo.
- La segunda razón es interna. Concebida como un mercado común antes de asemejarse a un Estado, la Unión Europea siempre ha tenido dificultades para articular lo que representaba.
- A fines de la década de 1990, el problema se hizo patente en el diseño de los billetes que conformarían la nueva moneda de la Unión Europea. Al final, el euro lució formas abstractas como arcos y acueductos, en lugar de personajes reconocibles del patrimonio europeo. Para algunos académicos, esto indicaba que la Unión era, por encima de todo, una confederación de consumidores.
En los últimos años, la UE ha emprendido una búsqueda para definir su “hogar europeo compartido”, como lo expresa Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea. Junto con cátedras en estudios de la UE, el brazo ejecutivo del bloque ahora financia iniciativas destinadas a elevar el sentido de identidad de los europeos.
Una fue una campaña muy publicitada de la comisión llamada “Protegemos lo que importa”. Allí, se instó a los ciudadanos a apreciar los principios fundacionales de la unión, como la “libertad de expresión”, la “ciencia libre” y la “libertad de prensa”. Incluso los billetes están listos para una renovación.
Estos esfuerzos resultan indudablemente atractivos para algunos en las asediadas zonas fronterizas del continente, como Ucrania y Georgia, donde los ciudadanos más jóvenes y con mayor nivel educativo todavía perciben una gran promesa en la afiliación europea. Sin embargo, no está claro cuánto pueden lograr tales campañas.
Una serie de crisis —económicas, pero también culturales y sociales— ha hecho que el argumento a favor de la unidad sea más desafiante. Al mismo tiempo, la transformación de muchos países europeos en economías de servicios impulsadas por el turismo no ha hecho sino agravar la desorientación.
Esta incertidumbre sobre el carácter y el futuro del continente resulta sorprendentemente —y tal vez irónicamente— perceptible en la extrema derecha. Uno de los lugares favoritos de Wilders en los Países Bajos es el bosque de cuento de hadas ‘Efteling’, situado en el sur del país. El parque temático, que tiene gnomos, dragones y otras figuras de cuentos infantiles, no es un ejemplo de folclore local, sino un mundo imaginario totalmente ajeno a la historia. La afición de la extrema derecha por El Señor de los Anillos sugiere la misma relación fantástica con la realidad.
Tal vez no debería esperarse coherencia política de un conjunto diverso de 450 millones de personas sin un Estado unitario ni un idioma en común. Sin embargo, el nacionalismo a nivel de los Estados miembros no es menos frágil y, a su vez, depende del fantasma de la migración. Incapaz de desbancar de manera sistémica el poder de Bruselas, la extrema derecha europea se aferra a tácticas antimigrantes para mantener una postura de oposición donde ya no existe tal. Al fin y al cabo, el centro y la extrema derecha han forjado un consenso en torno a un control fronterizo estricto y los intentos de deportación.
El resultado es un tanto enigmático; la migración es atacada desde prácticamente todos los frentes como una amenaza para la identidad de Europa. Sin embargo, en el siglo XXI, no está claro cuál es exactamente.
Al ya no ser la sede de imperios de alcance global, y mucho menos un poder hegemónico mundial, el continente se percibe como prestigioso y provincial a la vez: una potencia cultural que sufre una marginación geopolítica. El europeísmo cívico, a pesar de los mejores esfuerzos de la comisión, resultará un antídoto débil para dichos males. En cambio, le corresponde a la migración llenar el vacío en el centro de la autoimagen de Europa.
Baja la llegada de migrantes por mar a Europa
La Organización Internacional para las Migraciones (OIM) registró una disminución del 39% en la llegada por mar de migrantes y refugiados a Europa entre el 1 de enero y el 15 de septiembre de 2026. Durante ese periodo, arribaron casi 60 mil personas, frente a las 98 mil contabilizadas en el mismo periodo de 2025.
De acuerdo con datos de la OIM difundidos por la agencia EFE, la directora general de la organización, Amy Pope, señaló que las cifras muestran una situación contrastante: aunque el número de llegadas disminuyó, las personas continúan muriendo al intentar cruzar rutas marítimas hacia Europa.
Pese a la reducción en el número de llegadas, la OIM reportó que al menos 2 mil 292 personas murieron o desaparecieron al intentar llegar por mar a Europa durante los primeros ocho meses y medio de 2026.
- La cifra representa un incremento de 14% frente a las cerca de 2 mil víctimas registradas durante el mismo periodo de 2025.
- El comportamiento de los flujos migratorios varió según la ruta. En el trayecto hacia España por el Atlántico y el Mediterráneo occidental, las llegadas disminuyeron 26%, al pasar de 22 mil 855 a 16 mil 794 personas. En esa zona se registraron 879 muertes.
- En el Mediterráneo central, con destino a Italia, los arribos cayeron 55%, hasta 21 mil 393 personas. Sin embargo, las muertes aumentaron de 844 a 996.
Por su parte, la ruta del Mediterráneo oriental hacia Grecia registró 20 mil 428 llegadas, una disminución de 19%, mientras que las muertes aumentaron de 284 a 417.
La reducción en las llegadas, por tanto, no estuvo acompañada de una disminución en las muertes y desapariciones registradas en las rutas marítimas./PUNTOporPUNTO






















