Los SISTEMAS ELÉCTRICOS en América LATINA enfrenta RIESGOS OPERATIVOS debido al CLIMA

El aumento de las temperaturas incrementa la evaporación en embalses y acelera el estrés hídrico en regiones ya vulnerables, como el Caribe colombiano, Chile central, Venezuela y el nordeste brasileño.

América Latina nunca había tenido el panorama tan claro para la integración de nuevas fuentes, la digitalización y la interconexión de sus sistemas eléctricos. Las redes inteligentes (smart grids), las subestaciones digitales –infraestructuras modernizadas con equipos inteligentes para monitorizar y controlar la red en tiempo real– y la integración de energías renovables están transformando la forma en que se genera, transporta y consume electricidad en la región.

Sin embargo, y al mismo tiempo, su territorio no había enfrentado simultáneamente tantos factores de riesgo climático y operativo. Y la posibilidad de un nuevo fenómeno de El Niño de gran intensidad vuelve a poner sobre la mesa una pregunta incómoda: ¿pueden las redes modernas evitar grandes apagones en escenarios climáticos extremos?

Apagones recurrentes en diferentes países

Los cortes masivos de energía sufridos el año pasado muestran que incluso sistemas altamente modernizados siguen siendo vulnerables. En febrero de 2025, Chile sufrió uno de los mayores apagones de su historia reciente, afectando más del 90 % de los usuarios del país y paralizando temporalmente sectores estratégicos como la minería. Mientras, Puerto Rico continúa enfrentando interrupciones recurrentes tras años de fragilidad acumulada en su infraestructura eléctrica.

  • Centroamérica también ha experimentado apagones regionales provocados por fallas en líneas de transmisión interconectadas. Incluso Europa, con algunas de las redes más robustas del mundo, ha enfrentado episodios de inestabilidad asociados a múltiples causas como olas de calor, alta penetración renovable y estrés operativo.

La paradoja es que los sistemas eléctricos modernos son más inteligentes, pero también más complejos y sensibles a perturbaciones en cascada. La transición energética y las redes inteligentes no eliminan el riesgo de apagones; en algunos escenarios climáticos extremos podrían incluso aumentar la complejidad y vulnerabilidad del sistema. En una región donde países como Colombia dependen fuertemente de la hidroelectricidad y del gas natural, la combinación entre sequías severas, eventos climáticos extremos y sistemas cada vez más interconectados podría redefinir el concepto de seguridad energética en las próximas décadas.

A corto plazo, la combinación entre una menor disponibilidad de energía firme –la electricidad que el sistema puede garantizar de forma continua y segura incluso durante sequías o condiciones climáticas adversas–, el aumento de la demanda y la vulnerabilidad climática vuelven a traer sobre Colombia una sombra que parecía lejana desde el apagón de 1992. Y que tendrá en vilo a la nación en los próximos meses ante el riesgo de desabastecimiento, como ha reconocido el Ministerio de Minas y Energía.

El cambio climático está redefiniendo el riesgo de un apagón

América Latina posee una de las matrices eléctricas más renovables del mundo y lidera globalmente la integración de energías limpias en el sector eléctrico. La hidroelectricidad, que actualmente representa cerca del 40 % de la generación regional, ha sido históricamente la columna vertebral del sistema energético latinoamericano y continuará desempeñando un papel clave en la transición energética de la región.

En países andinos y amazónicos, grandes embalses han sostenido durante décadas el crecimiento energético regional y permitido reducir la dependencia de combustibles fósiles. Sin embargo, esta ventaja también ha creado una vulnerabilidad estructural: cuando las lluvias disminuyen y los embalses pierden capacidad aunque la demanda sigue creciendo, buena parte del sistema eléctrico entra en tensión.

Estudios recientes advierten que el cambio climático está alterando los patrones de precipitación y aumentando la frecuencia e intensidad de eventos extremos asociados a sequías prolongadas, registrando picos de temperatura de más de 44 °C en el 2025 en Brasil y Paraguay.

  • Colombia es uno de los ejemplos más representativos de esta dependencia, ubicado en el top 3 de países en la región. Cerca de dos tercios de su generación provienen de centrales hidroeléctricas, altamente sensibles a fenómenos climáticos como El Niño, de ahí la urgencia en la diversificación.
  • El país ya experimentó una crisis energética en 1992 y volvió a enfrentar una situación crítica durante la sequía de 2015–2016, cuando la caída de los niveles de los embalses coincidió con problemas operativos en plantas térmicas de respaldo. Centrales que generan electricidad utilizando combustibles como gas, carbón o diésel y que se activan cuando las fuentes hidráulicas no son suficientes.

Resulta una ironía que sean estos combustibles fósiles los que muchas veces terminan evitando racionamientos y apagones durante las temporadas secas.

Las consecuencias de fenómenos cada vez más extremos

La preocupación es que estas condiciones podrían intensificarse en las próximas décadas. El aumento de las temperaturas incrementa la evaporación en embalses y acelera el estrés hídrico en regiones ya vulnerables, como el Caribe colombiano, Chile central, Venezuela y el nordeste brasileño. Investigaciones climáticas recientes muestran que la combinación entre sequías más severas, cambios en los patrones de lluvia y eventos extremos más frecuentes podría reducir la confiabilidad de la generación hidroeléctrica en varios países sudamericanos.

Pero el problema ya no es únicamente de los embalses. Cuando disminuye la generación hidroeléctrica, los países deben recurrir con mayor intensidad a las plantas térmicas de respaldo, especialmente las que dependen de gas natural. En el caso colombiano, esto ocurre en un contexto de creciente presión sobre la disponibilidad de gas, pasando de productores a dependientes de importación de gas con altos costos internacionales y limitaciones en infraestructura de importación y regasificación.

El desafío de la transición energética no es solo generar energía limpia, sino garantizar energía firme y resiliente bajo condiciones climáticas extremas ante una demanda que no se detiene. Chile, Brasil, Argentina y México lideran la integración de fuentes solares y eólicas en su matriz. Sin embargo Colombia y Venezuela, altamente dependiente de las plantas hidroeléctricas, han tenido un ritmo notablemente menor en la aceleración e implementación de estos proyectos.

Las redes inteligentes también pueden ser frágiles

Durante años, la modernización de los sistemas eléctricos se ha asociado con una mayor capacidad de respuesta y confiabilidad. Además, la integración de energías renovables, almacenamiento y generación distribuida está cambiando la arquitectura tradicional de los sistemas eléctricos en todo el mundo.

  • Esta transformación también está aumentando la complejidad operativa. Las redes modernas deben coordinar múltiples fuentes intermitentes, responder rápidamente a cambios en la demanda y mantener estabilidad en escenarios cada vez más dinámicos. Incluso pequeñas perturbaciones pueden propagarse rápidamente a través de sistemas altamente interconectados y desencadenar fallas en cascada.
  • Esto ya ha ocurrido en varios países. El apagón regional de Argentina, Uruguay y Paraguay en 2019 mostró cómo una combinación de fallas operativas y problemas de coordinación puede desconectar millones de usuarios en cuestión de segundos. Algo similar ocurrió en Centroamérica, donde fallas en líneas de transmisión interconectadas provocaron apagones simultáneos en varios países.

En sistemas altamente digitalizados, con integración de sistemas HVDC producto de la conexión de grandes fuentes renovables, la velocidad de operación, protección y automatización se debe estudiar en detalle con suficientes escenarios. Esto es así porque los efectos también pueden amplificar ciertos eventos antes de que los operadores humanos logren reaccionar completamente, particularmente en grandes líneas de transmisión así se cuente con la tecnología más reciente para su teleprotección o esquemas avanzados con ondas viajeras.

Las redes eléctricas modernas son más inteligentes, pero también más sensibles a condiciones extremas y eventos simultáneos. La creciente penetración de generación renovable, además del aumento de la electrificación y la dependencia de sistemas digitales, hacen que la resiliencia ya no dependa únicamente de generar suficiente energía. Ahora también está sujeta a la capacidad del sistema para anticipar perturbaciones, adaptarse rápidamente y evitar que pequeñas fallas se conviertan en apagones masivos.

El desafío ya no es solo generar energía

Nada de lo anterior significa que la transición energética deba frenarse, todo lo contrario, bajo un marco claro de regulación debería motivar su rápida adopción. América Latina necesita acelerar la incorporación de energías renovables para diversificar su matriz energética y disminuir la dependencia de combustibles fósiles importados. Además, tecnologías como el almacenamiento energético, la digitalización y las redes inteligentes pueden mejorar significativamente la eficiencia y flexibilidad del sistema eléctrico.

Sin embargo, la discusión energética ya no puede centrarse únicamente en cuántos megavatios nuevos se instalan. El verdadero desafío es construir sistemas capaces de operar de forma segura bajo escenarios climáticos extremos, incertidumbre hidrológica y condiciones operativas cada vez más complejas. Esto implica fortalecer la transmisión, diversificar fuentes de respaldo, expandir la infraestructura de gas y almacenamiento, e incorporar herramientas avanzadas de monitoreo y análisis predictivo.

Los sistemas eléctricos del futuro deberán ser capaces no solo de producir energía limpia, sino también de recuperarse rápidamente ante eventos extremos y mantener estabilidad en medio de condiciones cambiantes. La pregunta ya no es si ocurrirán nuevos apagones, sino qué tan preparados estarán los sistemas eléctricos para anticiparlos, contenerlos y recuperarse rápidamente cuando ocurran.

¿Sobrevivirán las energías renovables al cambio climático?

Los combustibles fósiles han llevado a un insostenible sistema energético que está poniendo en peligro la vida en la planeta al haber desencadenado el cambio climático. Ahora, la solución, las energías renovables, también se ven afectadas por el calentamiento global y se necesitan nuevas estrategias para maximizar su uso y garantizar la generación de energía.

Pese a ello, la carrera hacia las energías renovables es imparable y, a pesar de los retos que plantea la crisis climática, hay signos de progreso: Los paneles solares empiezan a cubrir los desiertos, las turbinas eólicas salpican las costas y las presas hidroeléctricas aprovechan los caudalosos ríos para producir electricidad limpia.

En 2025, la capacidad mundial de energía renovable creció , según datos de IRENA.

Los datos de la Agencia Internacional de Energías Renovables (IRENA) mostraron que la capacidad renovable mundial en 2025 crecieron 692 gigavatios (GW), lo que representó un incremento anual del 15,5% y un total acumulado de 5.149 GW a nivel global

Mientras que en 2024, los niveles llegaron a 585 gigavatios, lo que representó más del 90 por ciento de toda la nueva potencia añadida en todo el mundo, y la tasa de crecimiento anual más rápida en dos décadas.

Sin embargo, a pesar del empuje que están cobrando las energías renovables, impulsadas por el abaratamiento de la tecnología y la urgente necesidad de reducir las emisiones de carbono, los expertos alertan de la necesidad de tomar precauciones: Dado que las fuentes de energía renovables dependen de las condiciones meteorológicas, el cambio climático está dictando cada vez más, y poniendo en peligro, la producción de energía renovable.

Esta tendencia se acentuó en 2023, marcado por una volatilidad que perturbó la generación de energía renovable en todo el mundo. Las temperaturas se dispararon 1,45 °C por encima de los niveles preindustriales, y el paso de La Niña a El Niño alteró las precipitaciones, los patrones de viento y la radiación solar.

Hamid Bastani, experto en clima y energía de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), ofreció un crudo ejemplo de este impacto. “En Sudán y Namibia, la producción hidroeléctrica se redujo en más de un 50% debido a una pluviosidad inusualmente baja”, declaró en una entrevista con Noticias ONU.

En Sudán, las precipitaciones totalizaron sólo 100 milímetros (menos de cuatro pulgadas) en 2023, menos de la mitad de la media nacional a largo plazo.

“Se trata de un país en el que la energía hidroeléctrica representa alrededor del 60% de la electricidad. Estas reducciones podrían tener implicaciones significativas”, explicó Bastani, señalando que el sistema eléctrico abastece a una población grande y en rápido crecimiento de unos 48 millones de habitantes.

Estos cambios no se limitan a la energía hidroeléctrica. También la energía eólica ha mostrado signos de tensión ante el cambio climático.

  • China, que representa el 40% de la capacidad eólica terrestre mundial, sólo registró un modesto aumento de la producción de entre el 4% y el 8% en 2023, ya que las anomalías del viento interrumpieron la generación. En la India, la producción disminuyó debido a la debilidad de los vientos monzónicos, mientras que algunas regiones de África experimentaron pérdidas aún mayores, con una caída de la producción eólica de entre el 20 y el 30%.
  • En Sudamérica, la balanza se inclinó hacia el otro lado. Los cielos despejados y la elevada radiación solar impulsaron el rendimiento de los paneles solares, sobre todo en países como Brasil, Colombia y Bolivia.
  • De este modo, la región experimentó un aumento de entre el 4% y el 6% en la generación de energía solar, un aumento impulsado por el clima que se tradujo en aproximadamente tres teravatios-hora de electricidad adicional, suficiente para abastecer a más de dos millones de hogares durante un año a un ritmo de consumo medio.

“Este es un buen ejemplo de cómo la variabilidad climática puede a veces crear oportunidades”, explica Roberta Boscolo, que dirige la Oficina de la OMM en Nueva York y anteriormente la labor de la agencia en materia de clima y energía. “En Europa también estamos viendo más días con alta radiación solar, lo que significa que la energía solar se está volviendo más eficiente con el tiempo”.

  • Boscolo y Bastani se encuentran entre los colaboradores de un estudio reciente de la OMM y la Agencia Internacional de Energías Renovables (IRENA) en el que se examina cómo las condiciones climáticas en 2023, determinadas por El Niño, el calentamiento global y los extremos regionales, afectarían tanto a la generación de energías renovables como a la demanda energética en todo el mundo.
  • Boscolo, que lleva años trabajando en la intersección entre la climatología y la política energética, no duda en señalar la vulnerabilidad de las infraestructuras de energías renovables. Las presas, las granjas solares y las turbinas eólicas se diseñan en función de patrones climáticos pasados, lo que las hace susceptibles a los cambios del clima.

Por ejemplo, la energía hidroeléctrica. Las presas dependen de caudales estacionales predecibles, a menudo alimentados por el deshielo o la escorrentía glaciar. “La energía hidroeléctrica aumentará a corto plazo con el deshielo de los glaciares. “Pero cuando desaparezcan los glaciares, desaparecerá el agua. Y eso es irreversible, al menos a escala humana”.

Este patrón ya se está desarrollando en regiones como los Andes y el Himalaya. Si el agua de deshielo desaparece, los países tendrán que cambiar su forma de generar energía o enfrentarse a déficits energéticos a largo plazo.

  • Un informe reciente del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), por ejemplo, señalaba que el aumento del nivel del mar y las tormentas más fuertes suponen riesgos crecientes para las instalaciones de producción de energía, incluidas las granjas solares situadas cerca de las costas.

Del mismo modo, los incendios forestales, cada vez más intensos y frecuentes, también pueden derribar líneas eléctricas y dejar sin luz a regiones enteras, mientras que el calor extremo puede reducir la eficiencia de los paneles solares y poner a prueba la infraestructura de la red, justo cuando la demanda de refrigeración alcanza su punto máximo.

Las centrales nucleares también corren peligro con el cambio climático.

“Hemos visto centrales nucleares que no podían funcionar por falta de agua… para refrigeración”, dijo Boscolo. A medida que las olas de calor se hacen más frecuentes y el nivel de los ríos desciende, algunas instalaciones nucleares antiguas pueden dejar de ser viables en sus ubicaciones actuales.

“Esto es otra cosa que en el futuro habrá que mirar con otros ojos. Cuando diseñamos, cuando construimos, cuando proyectamos infraestructuras de generación de energía, tenemos que pensar realmente en cuál será el clima del futuro, no en cuál fue el clima del pasado”.

El experto subraya que una cosa es cierta: Nuestro planeta se dirige hacia un futuro en el que la electricidad, especialmente la procedente de fuentes renovables, será fundamental.

“Nuestro transporte va a ser eléctrico; nuestra cocina va a ser eléctrica; nuestra calefacción va a ser eléctrica. Si no tenemos un sistema eléctrico fiable, todo se vendrá abajo. Necesitaremos tener esta inteligencia climática cuando pensemos en cómo cambiar nuestros sistemas energéticos y la fiabilidad y resistencia de nuestro sistema energético en el futuro”.

  • De hecho, para adaptarse, ambos expertos hicieron hincapié en la necesidad de adoptar lo que denominan inteligencia climática: la integración de las previsiones, los datos y la ciencia del clima en todos los niveles de la planificación energética.
  • “En el pasado, los planificadores energéticos trabajaban con medias históricas”, explicó Bastani. “Pero el pasado ya no es una guía fiable. Necesitamos saber qué hará el viento la próxima temporada, cómo serán las precipitaciones el año que viene, no sólo cómo eran hace una década”.

En Chile, por ejemplo, la generación hidroeléctrica aumentó hasta un 80% en noviembre de 2023, debido a unas precipitaciones inusualmente altas. Aunque este aumento se debió al clima, los expertos afirman que una previsión estacional avanzada podría ayudar a los operadores de presas a anticiparse mejor a este tipo de fenómenos en el futuro y gestionar los embalses para almacenar agua de forma más eficaz.

Del mismo modo, los trabajadores de los parques eólicos pueden utilizar las previsiones para programar el mantenimiento durante los periodos de poco viento, minimizando el tiempo de inactividad y evitando pérdidas. Los operadores de la red también pueden planificar los picos de energía durante olas de calor o sequías.

“Ahora tenemos previsiones que abarcan desde unos segundos hasta varios meses”, explica Bastani. “Cada una tiene una aplicación específica: desde el equilibrio inmediato de la red hasta decisiones de inversión a largo plazo”.

La inteligencia artificial (IA) está echando una mano: Los modelos de aprendizaje automático entrenados con datos climáticos y energéticos pueden predecir ahora las fluctuaciones de los recursos con mayor resolución y precisión. Estas herramientas podrían ayudar a optimizar cuándo desplegar el almacenamiento en baterías o cambiar la energía entre regiones, haciendo que el sistema sea más flexible y receptivo.

“Estos modelos pueden ayudar a los operadores a anticipar mejor las fluctuaciones del viento, la lluvia o la radiación solar”, explicó Bastain.

  • Por ejemplo, dos recientes proyectos energéticos de la OMM ilustran cómo puede aplicarse la inteligencia artificial a la planificación de las energías renovables en el mundo real. En Costa Rica, la agencia trabajó con las autoridades energéticas nacionales para desarrollar y aplicar un modelo basado en IA para la previsión a corto plazo de la velocidad del viento. La herramienta está ahora integrada en la plataforma interna de previsión energética del Instituto Costarricense de Electricidad, ayudando a optimizar las operaciones en parques eólicos seleccionados.
  • En Chile, otro proyecto se centró en la tecnología solar flotante, utilizando la IA para estimar las tasas de evaporación en los embalses. Los resultados, ahora incorporados a la plataforma oficial Solar Energy Explorer de Chile, mostraron que los paneles solares flotantes pueden reducir la evaporación del agua hasta un 85% en verano, con una media nacional del 77%.

De hecho, la promesa y el reto de una planificación climáticamente inteligente de las energías renovables son más evidentes en el Sur Global. África, por ejemplo, cuenta con uno de los mejores potenciales solares del planeta y, sin embargo, sólo el 2% de la capacidad renovable instalada en el mundo se encuentra en el continente.

Otra medida clave para garantizar la energía limpia en un futuro próximo es la diversificación. Depender demasiado de una sola fuente renovable puede exponer a los países a cambios climáticos estacionales o a largo plazo, explica Bastani.

  • En Europa, por ejemplo, los planificadores energéticos están cada vez más preocupados por el llamado dunkelflaute, un periodo de tiempo nublado y sin viento en invierno que perjudica tanto a la energía solar como a la eólica. Este fenómeno, vinculado a los sistemas de alta presión conocidos como penumbra anticiclónica, ha dado lugar a peticiones de más almacenamiento de energía y energía de reserva.

“Es esencial una combinación diversificada que incluya energía solar, eólica, hidráulica, almacenamiento en baterías e incluso fuentes con bajas emisiones de carbono (como la geotérmica)”, afirma Bastani. “Especialmente a medida que el clima extremo se hace más frecuente”./PUNTOporPUNTO

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