50 años: Fuerzas de Seguridad, oprobio Nacional

A 50 años de la criminal masacre del 2 de octubre de 1968, aún existen grandes pendientes por atender para hacer efectiva la prometida justicia social, verdadera razón de la movilización socio–estudiantil que sigue reclamando igualdad de oportunidades económicas y fin de la represión gubernamental. No como aquella cantaleta oficial que del “loco” Díaz Ordaz, como lo llamó Elena Poniatowska, que rezaba “una intentona comunista para desestabilizar a México”… histórica mentira.

Todo inició con una simple pelea entre preparatorianos, que devino en represión policial. La proximidad de la gesta olímpica mantenía nervioso al “supremo gobierno” que seguía las noticias de Europa, donde allá sí jóvenes realizaron “la Primavera de Praga”, una rebelión comunista; pero en México nunca hubo tal demanda, aunque ambos regímenes compartían igual de totalitarios, con presidentes también iracundos, los caracterizaba oprimir la libertad de expresión.

En aquel momento México vivía el auge de la “modernidad”, iba bien con un desarrollo promedio de 6.8% anual, hoy es menor a 2.0% y tenemos una inflación del triple; había un peso fuerte, controlado: $12.50 por dólar; éramos dueños de los hidrocarburos y con mucha menos deuda externa, pero 50 años después todos los indicadores económicos y sociales manifiestan que no avanzamos sino que retrocedimos a lugares inimaginables: más pobreza, marginación e  inseguridad.

La más reciente encuesta del Pew Research Center revela que más de la mitad de los mexicanos están convencidos que la vida hoy es peor que hace 50 años. La razón: los bajos ingresos y la falta de educación que no han contribuido a mejorar su progreso socioeconómico individual; y como no estar de acuerdo en la encuesta, ahora en materia económica, la deuda pública creció a niveles nunca vistos: 44.5% del PIB, y la inflación subió al 6.37%, la más alta en 2 décadas.

En nuestro país el 43.6% de la población vive en pobreza, lo que significa que 4 de cada 10 habitantes morirán en la miseria. De acuerdo con el CONEVAL, de los 53.4 millones de mexicanos pobres, el 9.4% padece pobreza extrema, esto significa que 21.4 millones de compatriotas no tienen ingresos suficientes para comprar una simple canasta alimentaria al mes, estando condenados a la desnutrición y ser presas de cárteles criminales, a consecuencia de su indigencia.

Nada mejoró sí empeoró, de ahí el resultado electoral del pasado 1 de julio, donde miles salieron a votar contra el Gobierno; no a favor del mejor candidato o proyecto, como sucede en toda democracia madura. Aquí subsiste la política ficción, donde todo se tuerce y corrompe: Cárdenas, 1988; Fernández de Cevallos, 1994; y el colmo, AMLO 2006. En el fondo seguimos presos del perverso sistema que alimenta el fraude electoral: compra de votos y conciencias, manipulación de actas y millonadas de dinero a partidos y la prensa avituallada.

La pérdida acumulada del poder adquisitivo en los últimos 30 años de voraz neoliberalismo, a causa de los tecnócratas en el Poder, es del 80.08%. Expertos del Centro de Análisis Multidisciplinario de la Facultad de Economía de la UNAM señalan que en 1987 se requería laborar 4 horas con 53 minutos para obtener la canasta básica, mientras que en 2017 se necesitaban 24 horas con 31 minutos. Como refirió Jorge Volpi, hoy vivimos en “un México infinitamente más injusto”.

A pesar de los oportunistas líderes políticos que se montan a decir que este 2018 “es la reivindicación de la juventud”, tendríamos que preguntarnos en qué avanzamos. El ciudadano de a píe hoy vive en total indefensión, 2017 cerró como el año más violento de nuestra historia, con una cifra récord de 31 mil 174 homicidios, pero este 2018 los números lo rebasan, más elevada que el registro de 27 mil 213 víctimas en 2011, el año más violento en el sexenio de Calderón.

La tasa de homicidios en el país se disparó a 25 por cada 100 mil habitantes, lo más grave es que la espiral de la violencia durante el presente sexenio tiene otra característica: casi 40% de los homicidios fue contra jóvenes menores de 30 años. Si sumamos el 26.5% de homicidios a personas entre 30 y 39 años, tenemos que 66.5% de asesinatos fue contra personas menores de 40 años, un auténtico “juvenicidio”, como le han llamado los expertos y académicos.

Ejército y policías siguen protagonizando, por acción y/o omisión del moderno exterminio, recordemos a indígenas asesinados en Acteal, los civiles ajusticiados en Tlatlaya y los 43 estudiantes desaparecidos en Ayotzinapa. Las tanquetas en el campus de CU nos escandalizaron en el ‘68, pero ahora parece normal que permanezcan hacinados cientos de cuerpos en cajas de los trailers y el país sea un camposanto, imágenes dantescas que se asemejan al holocausto hitleriano.

Cuál es la diferencia entre los hornos de exterminio en el campo de concentración de Auschwitz, en el Segunda Guerra Mundial; y los pozoleros que derriten cuerpos en acido en México, nada ya que nuestra Nación es un cementerio clandestino; miles de muertos y desaparecidos, en una especie de limpia social, solapada por la propia autoridad, federal, estatal y municipal; recuérdese que tan criminal es quien viola o comete un hecho delictivo, como quien finge desconocerlo.

Aun así, hoy propios y extraños en México; legisladores entrantes y salientes, festinan necias decisiones, como la del improvisado político, el suplente Jefe de Gobierno que recién declaró: “los policías harán uso de la fuerza en legítima defensa, hasta llegar al uso de la fuerza mortal”; es decir, primero mate y luego averigua, o como dijo Porfirio Díaz: “mátenlos en caliente”, aplicándoles la ley fuga a los enemigos del sistema, “siempre es mejor callar al pueblo que oírlo quejarse”.

Expresiones y modos propios del régimen autoritario, de nada sirve quitar y poner placas si la violación a los derechos humanos continúa sistemática, pues detrás de toda opresión reside la corrompida incapacidad para gobernar. Por ello el uso de la fuerza bruta, acreditada al Ejército (SEDENA- SEMAR), ayer orgullo nacional y hoy oprobio del pueblo; donde el Presidencialismo autócrata los ha sobre utilizado, de ahí que para los Ex(crementos) ni perdón y menos olvido… JUSTICIA YA!!!

Twitter@Armando_Alcocer

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