Tsunami electoral, ¿un Nuevo México?

Si tuviéramos que resumir el pasado proceso electoral en una frase sería “no hay mal que dure cien años ni pueblo que lo aguante”, dejando ver que México ya despertó y contra todo pronóstico oficialista mandó al famoso rancho del virtual candidato presidencial ganador en Chiapas, a aquellos que amasaron millonarias fortunas a costa de la Nación, esos mismos cínicos – vende patria.

Son los mismos cacicazgo que se entronizaron por décadas en varias regiones del país, aquellos que han burlado la acción de la justicia y utilizado en su beneficio las malogradas Reformas Estructurales para seguirse empoderando; esos políticos y líderes gremiales que violentan el Estado de Derecho y utilizan las leyes para reprimir a adversarios y la propia comunidad que los eligió.

Esos mismos adalides del cinismo que robaron a mansalva por generaciones, robando hasta el futuro y la ilusión de millones de compatriotas empobrecidos hasta el hartazgo, que hoy mantienen en la miseria al 56% de la población, mientras poco menos del 10% poseen más del 68% de la riqueza nacional. Son las famosas 100 familias y sus súbditos políticos que este 1 de julio perdieron.

Los mexicanos dieron un contundente: Ya Basta, tras doce años de una transición ficticia con los panistas (Vicente Fox y Felipe Calderón), que sólo decepcionaron a millones que ciudadanos con su cambio sin rumbo que carcomió a las instituciones, generando ingobernabilidad al entregar nuestra soberanía nacional a particulares, principalmente a extranjeros.

A la basura se fue 42.5% de los sufragios que logró Vicente Fox en la elección de 2000. En ese entonces el PAN obtuvo 224 diputados y 60 senadores, pero ni así se trabajó por México ni los intereses sociales, pues su mandato estuvo marcado por la frivolidad, las ocurrencias palaciegas, los enjuagues de alcoba y una profunda ambición por hacerse de los bienes del Fobaproa, entre otros.

Después, vino Felipe Calderón con su guerra declarada al crimen, ese del “haiga sido como haiga sido”, que para legitimarse lanzo a la sociedad contra los malos, dejando miles de muertos por toda la República; viudas y huérfanos por doquier, producto de sus excesos etílicos que nos llevaron a una imparable barbarie que suman más de 350 mil muertos y 100 mil desaparecidos.

Tal fracaso derivó en el “nuevo PRI”, que de nuevo nada tuvo y sí mucho de los viejos vicios y excesos, a pesar de estar encabezado por un “joven emanado del Grupo Atlacomulco” que está pronto a terminar su administración como empezó, en el despeñadero. Aquí una reveladora cifra, 35% de los 100 mil habitantes que residen en ese municipio viven en pobreza extrema.

El priismo entendía que el neoliberalismo era su modelo ideal de Nación para preservar su status quo, pero su desmedida voracidad, escándalos de banqueta y desvergüenza de la “nueva generación”: los Duarte, Borge, Sandoval, Lozoya, Robles y Videgaray, que nada les importó el rechazo y estallido social por el “gasolinazo”, hoy en día el pueblo los maldice.

De ahí los pasados resultados electorales que suponen el peor desastre del revolucionario institucional en su historia. José Antonio Meade sólo alcanzó 16% del voto; 6% menos que los que obtuvo Roberto Madrazo en 2006; tampoco el partido tricolor ganó la elección en alguna de las 32 entidades ni logró conseguir uno solo de los 300 distritos electorales del país.

Dicho proceso electoral supuso la derrota para los tres grandes de México, aun así Ricardo Anaya, después de perder el 46% del voto que logró Calderón en 2012, unos 13 millones 878 mil votos, hoy apuesta a seguir administrando los despojos de partido, sin reparar que su derrota se debió en gran medida a la incongruencia de aliarse con partidos contrarios a su ideología: PRD y MC.

Ni hablar del PRD desfondado desde antes por MORENA, todo por la ambición descomunal de su anterior dirigente nacional, Alejandra Barrales, la ex aeromoza metida a política, que tranzo entregar el partido del sol azteca, para hacerse de su candidatura a Jefa de Gobierno, una elucubración que hoy deja a punto  de la extinción a un instituto político que por 20 años dirigió la CDMX.

Ahora bien, los ganadores de este ejercicio democrático son dos: la ciudadanía que harta de las excrecencias políticas de los partidos de siempre optaron por un cambio verdadero, otorgándole una histórica votación del 53% al único candidato que enarboló por décadas el reclamo popular, pues su sola promesa de acabar con la corrupción, la desigualdad y los abusos, unió al pueblo.

Por primera vez nuestra Nación tendrá un Gobierno social, cuya tarea es remendar un siglo de entreguismo a propios y extraños, reconciliar el País, garantizar la justicia social y los derechos humanos, promesas todas de campaña que velaremos se cumplan… Si no que la Nación se lo demande, pero hoy hay esperanza y vale la pena festejar, es un Nuevo México!!!

Twitter@Armando_Alcocer

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