Preferencias por el PARTIDO REPUBICANO en EU empiezan a hacer que pierda el control de la CÁMARA de REPRESENTANTES

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Las tendencias a la baja en aprobación presidencial y preferencias por el Partido Republicano empiezan a hacer probable que pierda no sólo el control de la Cámara de Representantes —a pesar de su campaña nacional de redistritación sesgada—, sino también que se le vaya de las manos el del Senado.

  • Donald Trump ha gozado durante casi un año y medio de un poder sin precedentes, con el dominio del Poder Ejecutivo, de las dos ramas del Legislativo e incluso del Judicial, con una extraordinaria supermayoría de seis magistrados favorables frente a tres disidentes.

Sin embargo, desde que tomó posesión, tanto el Presidente como su organización política han descendido por una resbaladilla de popularidad.

En el caso de Trump, de un 52 por ciento de aprobación en enero de 2025 a un 38 por ciento en la actualidad, de acuerdo con la media de encuestas del experto en estadística Nate Silver, consultadas por MILENIO para esta investigación; mientras que sus republicanos pasaron en el mismo periodo de tener una ventaja de casi cuatro puntos sobre sus rivales demócratas a una desventaja de más de seis.

Se da por hecho que, en las elecciones legislativas de medio término, el oficialismo pierde escaños. Y ante la sensible baja en los sondeos, se hizo tan evidente el riesgo de perder la Cámara de Representantes, que Trump convocó a sus copartidarios a evitar —mediante el abuso del poder—, en los estados que gobiernan, a rediseñar, fuera de época, los distritos electorales. Ello, desde luego, con el objetivo declarado de beneficiar a su partido.

Pero no parece suficiente para evitar el descalabro. Se estima que los demócratas tienen tres posibilidades de arrebatarles el control por cada una que los republicanos tienen de retenerlo. Lo que no estaba previsto, además, es que en el Senado, del que se renueva solo la tercera parte de los asientos, la mayoría republicana también estuviera en riesgo.

Cuatro escaños y cambia el Senado

Dado que el vicepresidente tiene un voto de calidad en caso de empate, los republicanos sólo necesitan 50 senadores para ganar los procedimientos, mientras que los demócratas requieren 51. Actualmente, estos tienen 47: necesitan conquistar al menos cuatro puestos.

  • Los pronósticos, en este momento, los colocan justo entre obtener tres y cuatro posiciones. La estimación les da prácticamente las mismas probabilidades de éxito a ambos partidos, 49.8 por ciento para los demócratas y 50.2 para los republicanos.
  • Pero la tendencia del Presidente y su partido se mantiene a la baja. Y a partir del acuerdo de entendimiento con Irán para terminar la guerra que iniciaron Estados Unidos e Israel, todavía tiene 60 días para negociar un acuerdo sobre el programa nuclear iraní que sea mejor que el que alcanzó su predecesor Barack Obama en 2015, el cual Trump rompió en 2018.

O al menos, el mandatario debe lograr convencer al electorado de que ese trato es mejor y que valieron la pena estos años de guerras, bombardeos y gastos milmillonarios, si no quiere perder más apoyo y con ello, asegurar la pérdida del Senado.

¿Texas y Alaska se pintarán de azul demócrata?

“¿Está Trump tratando de hacer que Texas se vuelva azul?”. Porque azul es el color de los demócratas, como rojo el de los republicanos. Así se titula un análisis de Nate Silver sobre la elección de candidato al Senado en ese estado, en la que el Presidente apoyó e hizo ganar al aspirante más ultraderechista y menos popular. Ese postulante enfrentará a un demócrata que ya le saca un 2 por ciento de ventaja y quien podría lograr la hazaña de vencer en esta entidad tradicionalmente conservadora.

  • La de Texas es una de ocho carreras senatoriales que son consideradas battlegrounds o campos de batalla porque son las únicas en las que el resultado no es seguro. Sin embargo, en todas ellas hay cierta ventaja de los demócratas, desde tres que están dentro del margen de error (Alaska, Texas y Maine) hasta Carolina del Norte, que parece casi asegurada con más de 14 por ciento a favor del Partido Demócrata.

De estos ocho estados en disputa, tres ya están en manos demócratas, por lo que necesitan no perder ninguno de esos y, además, ganar al menos cuatro de los restantes cinco. Por ejemplo, basta con que, de esos ocho, no gane Alaska (donde su ventaja es de apenas 1.4 por ciento) y Texas para impedirle tomar el Senado.

Cámara Baja: trapacerías en el mapa electoral

En 1812, Elbridge Gerry, gobernador de Massachusetts, quiso asegurar la victoria de su partido con el diseño de un mapa electoral tan distorsionado y sinuoso que la prensa dijo que parecía una salamandra (salamander, en inglés) y, combinándolo con el apellido del político, introdujo la palabra gerrymander.

Como es una forma de adulterar la voluntad popular, en algunos estados, los demócratas pusieron la distritación en manos de comisiones independientes. Pero los republicanos hicieron lo contrario y, desde que Trump convocó a una campaña nacional de gerrymandering para contener la pérdida de representantes, lo han logrado hacer en ocho estados, para quitarles a los demócratas hasta 16 distritos, mientras que estos sólo lo lograron en dos estados, con seis demarcaciones. El balance neto es de diez a favor de los republicanos.

Pero las estimaciones indican que el desgaste de Trump y su partido permitirá a los demócratas absorber ese golpe y, de todos modos, hacerse con el control de la Cámara de Representantes, con un 71 por ciento de posibilidades de lograrlo frente a un 28 por ciento de los republicanos.

Esto, a casi cinco meses de las elecciones del 3 de noviembre. El Presidente espera todavía tener tiempo para revertir la tendencia… si es que no continúa cayendo./CONGRESO-PUNTOporPUNTO

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