El combustible supera los seis dólares en Estados Unidos, casi el doble que a finales de 2025. México importa alrededor del 37% de lo que consume y enfrenta un dilema: absorber el aumento con subsidios o permitir que llegue a los precios
- El encarecimiento del diésel comienza a convertirse en un nuevo foco de presión para la economía mexicana. El combustible ha superado los seis dólares en promedio en Estados Unidos, frente a los 3,5 dólares registrados en diciembre pasado, un incremento que adquiere especial relevancia para México por su dependencia de las importaciones.
- México compra en el exterior alrededor del 37% del diésel que consume, equivalente a unos 22 millones de litros diarios, explicó Luis Miguel González en entrevista con Ana Francisca Vega en MVS Noticias. El aumento internacional coloca al Gobierno ante una disyuntiva conocida: permitir que el encarecimiento llegue al consumidor y presione la inflación o contenerlo y trasladar el costo a unas finanzas públicas que ya tienen poco margen.
“Si deja que suban los precios, se nota en la inflación; si contiene los precios, se nota en las finanzas públicas”, resumió González.
- El problema adquiere una dimensión mayor porque el diésel no es un combustible cualquiera. Su principal consumidor es el transporte de carga, uno de los engranajes que conecta prácticamente todas las actividades económicas del país. Un incremento en su precio puede trasladarse rápidamente al costo de mover alimentos, ropa y mercancías, además de algunos servicios de transporte.
“Lo delicado de los precios de la gasolina y del diésel es su efecto multiplicador en la inflación”, explicó el analista. Los transportistas pueden absorber una parte del incremento, pero otra termina inevitablemente incorporándose a sus tarifas y, posteriormente, a los precios que pagan los consumidores.
Rusia añade presión al mercado
La escalada no responde únicamente al comportamiento del petróleo. González señaló que también importa la disponibilidad internacional de productos refinados. Rusia es uno de los grandes productores mundiales de diésel y las dificultades para colocar su producción en los mercados internacionales están reduciendo la oferta y presionando los precios.
Donald Trump ha vinculado directamente el encarecimiento con la guerra en Ucrania y ha pedido al presidente Volodímir Zelenski que evite ataques contra refinerías rusas, según las declaraciones reproducidas durante la entrevista.
- Para México, el escenario llega en un momento particularmente delicado. Existe un acuerdo entre el Gobierno y representantes del sector gasolinero para mantener el diésel alrededor de un tope de 27 pesos por litro, un precio que, según González, ya se encuentra aproximadamente 30% por encima del nivel de hace un año, pero que no refleja completamente las presiones internacionales.
El Gobierno ha recurrido además a un subsidio al combustible, una herramienta que permite amortiguar el golpe para consumidores y transportistas, pero que tiene un costo fiscal.
“Al final, el esfuerzo que hace el Gobierno termina reflejándose en finanzas públicas”, advirtió González. Con las cuentas públicas bajo presión, subsidiar más el combustible obliga a responder una pregunta incómoda: “¿De dónde jalas la cobija para proteger esto?”
El riesgo apenas comienza
Las perspectivas tampoco apuntan a una normalización inmediata. Dos regiones fundamentales para el abastecimiento energético mundial, Rusia y Medio Oriente, atraviesan problemas que dificultan anticipar una rápida caída de los precios.
González considera incluso que el movimiento observado recientemente podría no ser el techo. “Aparentemente estamos en el principio de una curva de ascenso”, señaló.
- Para México, eso significa que el dilema se hará más costoso cuanto más dure la crisis. Si el Gobierno mantiene contenido el precio, aumentará la presión sobre las finanzas públicas. Si permite que el mercado internacional se refleje plenamente en las estaciones de servicio, el golpe viajará por las carreteras del país hasta alcanzar prácticamente todos los productos.
El diésel puede subir en una gasolinera, pero su factura termina repartiéndose por toda la economía./Agencias-PUNTOporPUNTO























