La calculadora favorece a Flávio Bolsonaro para que gane en segunda vuelta el 25 de octubre y se convierta en enero en el segundo presidente de extrema derecha de Brasil, luego del gobierno liderado por su padre, Jair Bolsonaro, de 2019 a 2023.
- Tras dar la sorpresa en primera vuelta al superar a Luiz Inácio Lula da Silva por dos puntos (56 frente a 53 millones de votos), el primogénito del expresidente parte como claro favorito. A Flávio le bastaría con sumar el 40% de los 8.8 millones de votos de los tres candidatos conservadores derrotados. En cambio, Lula enfrenta una remontada casi imposible: retener todo su electorado y captar más del 63% de esos votantes de derecha, o bien movilizar masivamente a los 33 millones de abstencionistas y 6 millones de votos nulos o en blanco.
Es probable que Lula centre su batalla final en invocar el voto de miedo y el entreguismo de Brasil a Estados Unidos, o en defender logros sociales como la reducción de la pobreza; sin embargo, es poco probable que esta estrategia le vaya a funcionar, por los siguientes cinco motivos:
1.- El desgaste de Lula y la sombra generacional
Lula cumple 81 años el 27 de octubre (dos días después de la segunda vuelta), de los cuales acumula casi doce como presidente, que serían 17 años de lulismo si contamos los 5 años de su discípula, Dilma Rousseff, destituida tras un inédito juicio político en el Congreso por el saqueo de Petrobras por parte de dirigentes del PT.
El electorado acusa un cansancio hacia su figura, que se agrava por la falta de un relevo generacional que recuerda al “error Biden”, cuando el presidente demócrata estadounidense se empeñó en ser candidato a la reelección con 82 años.
2.- Fuera de Lula, el desierto; fuera de AMLO, Claudia
Esta omnipresencia de Lula no solo provocó un desgaste político natural, sino la convicción de que fuera de él todo es desierto en el campo de la izquierda.
A diferencia de lo que ocurrió en México, donde Claudia Sheinbaum supo labrarse una imagen potente que no fuese opacada por el hiperliderazgo de Andrés Manuel López Obrador, en Brasil, desde la traumática salida del poder de Dilma Rousseff, Lula no tiene quien le haga la más mínima sombra.
Por el contrario, Jair Bolsonaro supo forjar la imagen de un clan familiar casi mesiánico, capaz de convertir en mártir al expresidente, encarcelado (y ahora por edad en prisión preventiva) por intento de golpe de Estado contra Lula. La mejor jugada política del exveterano militar, nostálgico de la dictadura, es haber nombrado heredero ideológico a su primogénito.
3.- La paradoja de la nueva clase media y la inflación
La tasa de pobreza en el tercer gobierno de Lula (que comenzó el 1 de enero de 2023) cayó del 31% al 27.5%, la cifra más baja desde que hay registros. Ocho millones de brasileños salieron de la pobreza. El dato es relevante si se compara con la otra gran economía sudamericana, la argentina: bajo el gobierno del ultraderechista Javier Milei, la pobreza subió del 28.2% al 32.3% entre enero y junio de 2026.
- Sin embargo, esta reducción de la pobreza en Brasil —mediante el aumento del salario mínimo, programas como Fome Zero y transferencias directas a las familias más necesitadas— no se ha convertido en votos para Lula, a diferencia de lo que ocurre en México, que mantiene a la presidenta Sheinbaum con niveles muy altos de popularidad e intención de voto.
¿Por qué los brasileños no premiaron esta vez en las urnas al presidente? Básicamente, porque no supo controlar el otro pilar que sostiene unos ingresos saludables: la inflación.
Cuando las personas salen de la pobreza extrema o mejoran sus ingresos, sus prioridades dejan de centrarse únicamente en los subsidios básicos e incorporan entre sus exigencias servicios públicos de calidad —educación, transporte y salud—, así como seguridad ciudadana. Este fenómeno se denomina la paradoja de la nueva clase media, que no premia con votos al gobierno que la sacó de la pobreza debido a la carestía de la vida.
A diferencia de México, donde el gobierno consideró una prioridad mantener los precios bajo control, en Brasil no se logró contener la inflación, la cual subió al ritmo del descontento de la clase media urbana, lo que explica en gran parte la derrota del PT en las grandes ciudades; un voto que, al polarizarse en extremo, se trasvasó en masa al partido de Bolsonaro.
4.- La inseguridad ciudadana y el factor 3B
Otro factor fundamental que explica el descontento de la clase media urbana brasileña con Lula es la inseguridad ciudadana. La percepción de que el gobierno petista no hace todo lo posible por combatir el narcotráfico y que la mejor manera de enfrentarlo es con mano dura, quedó patente en la reacción de la sociedad brasileña tras la operación policial en Río de Janeiro contra el Comando Vermelho, ocurrida hace un año por órdenes del gobernador, aliado de Bolsonaro, con el resultado de 120 presuntos integrantes muertos.
- Lejos de suponer un escándalo por la mayor matanza ocurrida en dos favelas, la opinión pública apoyó la dureza de la intervención, alineándose con la posición de numerosos líderes latinoamericanos, como el salvadoreño Nayib Bukele y el ecuatoriano Daniel Noboa, de que la mejor manera de preservar los derechos humanos de los ciudadanos es acabar con los derechos de los criminales.
Aquí es donde entra en juego la fórmula 3B defendida por Bolsonaro: Buey, Biblia y Bala (Boi, Bíblia e Bala):
Buey, por el apoyo al estratégico sector agropecuario brasileño y a los terratenientes, por encima de las leyes medioambientales y aunque suponga la deforestación de la Amazonia.
Biblia, por la convicción del candidato ultraderechista de que, como proclamaba su padre, “Brasil por encima de todo, Dios por encima de todos” y de que los movimientos feministas, abortistas y LGBTIQ+ son contrarios al Evangelio.
Bala, porque defiende la idea de que esa es la mejor manera de defender la patria.
5.- Trump y el factor pendular
Por último, es imposible pasar por alto la injerencia del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en los votantes de Bolsonaro; no solo por la afinidad ideológica, patriótica y religiosa, sino por la descarada intervención de su gobierno, con chantaje arancelario incluido y cancelación de visados a líderes del PT y jueces progresistas.
- Todo ello sin perder de vista el efecto pendular ocurrido en América Latina: primero, la izquierda neomilenial liderada por el venezolano Hugo Chávez, Lula da Silva y los Kirchner en Argentina (con México a contramano con Vicente Fox); luego, la ola azul encabezada por el argentino Mauricio Macri, el chileno Sebastián Piñera, el mexicano Felipe Calderón y Jair Bolsonaro; la segunda ola izquierdista, con el triunfo de AMLO en México, Gabriel Boric en Chile y Gustavo Petro en Colombia; y de nuevo el péndulo a la derecha (mucho más radical) con la llegada al poder de Javier Milei en Argentina, José Antonio Kast en Chile y Abelardo de la Espriella en Colombia.
De confirmarse la victoria de Bolsonaro, Brasil se uniría automáticamente al club de satélites que orbitan en torno a Washington, que son prácticamente todos los países latinoamericanos que han pasado por las urnas en los últimos años, con lo que Trump habrá logrado la joya de la corona sudamericana.
Al mandatario republicano le faltaría para encerrar a todos en su patio trasero, las dos dictaduras izquierdistas de la región —Cuba y Nicaragua— y el país que emerge como la gran excepción y que de momento ha sabido navegar a contramano: México./Agencias-PUNTOporPUNTO























