Donald Trump

Donald Trump  es un candidato perdedor. Las encuestas recientes en su propio país reflejan la pérdida paulatina en la intención del voto. Su discurso de animadversión para distintos países, pero particularmente hacia México, lo ha convertido en el enemigo común.

Dice Robert Green en Las 33 Estrategias de la Guerra que la mejor manera de hacer que los soldados trabajen en común y mantengan alta la moral es hacerles sentir que forman parte de un grupo que lucha por una causa valiosa. Así, las redes sociales y los medios están inundados de álgidos discursos sobre la visita de Trump a nuestro país, del autor de la idea de invitarlo y de los resultados de tan lamentable visita.

Siguiendo a Green, la intención es muy simple: distraer a la población de los verdaderos problemas y generar la necesidad humana de sentirse parte de algo más grande que ellos mismos. Y como corolario, la segura derrota de dicho candidato será una victoria del colectivo nacional. Necesaria para nuestra decaída moral.

¿Y los verdaderos problemas nacionales? ¿Dónde está la respuesta de nuestros gobernantes a la desaparición de los estudiantes de Ayotzinapa? ¿Cuáles las razones para los incrementos a la gasolina y energía eléctrica? ¿Cuál es el estado real de la situación de nuestro país en materia económica, de inseguridad, de lucha contra la corrupción y de desarrollo social? ¿Dónde está el informe al que todo gobernante está obligado a rendir a sus gobernados?

Jamás pensé que llegaría a extrañar aquella práctica del “Día del Presidente”, aún con la indeseable parafernalia y besamanos de los cortesanos políticos, pero por lo menos la escucha en cadena nacional, durante 8 horas o más, la comparecencia del gobernante frente a sus gobernados. Hoy sólo hay oscuridad.

 

 

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