Liquidación de “El Mencho”: ¿estrategia Soberana o reacción Bajo Presión?

Editorial PUNTOporPUNTO

La muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), ha sido presentada como un parteaguas en la política de seguridad. Sin embargo, el análisis estratégico obliga a formular una pregunta incómoda: ¿se trata del resultado de una política de Estado sostenida o de una reacción condicionada por presión externa?

Fuerza criminal y omisiones acumuladas

  • Durante más de una década, el CJNG evolucionó de estructura regional a conglomerado criminal transnacional. Consolidó control territorial, diversificó mercados ilícitos (fentanilo, metanfetaminas, extorsión, minería ilegal), fortaleció redes financieras y desplegó capacidades paramilitares que desafiaron abiertamente al Estado-Gobierno.

La respuesta institucional fue intermitente. Hubo golpes tácticos, pero no una desarticulación estructural. La expansión ocurrió a la vista de todos. La contención decisiva no llegó en el momento de mayor crecimiento operativo, sino cuando el contexto geopolítico obligó al cambió.

El punto de inflexión: terrorismo y narrativa hemisférica

La designación del CJNG como organización terrorista extranjera —impulsada desde la narrativa de Donald Trump— alteró el marco diplomático. El discurso dejó de centrarse en narcotráfico y pasó a encuadrarse en seguridad hemisférica.

  • Ese cambio semántico no es menor: la categoría de “terrorismo” habilita instrumentos jurídicos y financieros extraterritoriales.
  • Congelamiento de activos, persecución global, presión bancaria y, en el extremo, justificaciones de acción unilateral.
  • El mensaje implícito fue claro: si México no actúa con contundencia, otros podrían alegar legitimidad para hacerlo.

En ese entorno, la operación adquiere otra lectura. No sólo como acción de inteligencia policiaca- militar, sino como movimiento preventivo frente a un escenario de erosión soberana del Estado mexicano.

¿Estrategia o reacción?

El operativo encabezado bajo la administración de Claudia Sheinbaum puede interpretarse como una afirmación de autoridad estatal. Pero el timing sugiere también un cálculo político- comercial: evitar que la narrativa de “Estado omiso” ganara tracción internacional.

  • Más aún, porque el problema no radicaba en ejecutar la operación —que era necesaria— sino en el origen del catalizador delincuencial y el costo poblacional.

Si la intensidad del combate depende de ultimátums externos, la estrategia no es autónoma; es reactiva y el Pueblo termina pagando los platos rotos: poniendo los muertos y de estos ya hay decenas de miles en Semefos y fosas clandestinas.

Golpe táctico vs. desarticulación estructural

La reacción inmediata del CJNG —bloqueos coordinados, ataques selectivos y demostraciones de capacidad descentralizada— evidenció que la estructura no dependía exclusivamente de su líder.

  • La organización funciona bajo lógica celular con mandos regionales y redes financieras resilientes.
  • Eliminar este entramado criminal no equivale a desmantelar la arquitectura nacional y mundial realizada.

La pregunta crítica es: ¿Por qué las redes logísticas, financieras y políticas que sostuvieron y siguen manteniendo viva esa estructura criminal permanecen operativas hasta este momento?

El riesgo doble, no es menor:

1. Interno: fragmentación violenta, disputas sucesorias y aumento regional de homicidios.
2. Externo: consolidación de la narrativa de que México actúa sólo bajo presión.

El verdadero desafío

Si la ofensiva no se traduce en investigaciones patrimoniales profundas, judicialización de redes de protección política y depuración institucional —federal, estatal y municipal—, el vacío narrativo lo llenará la presión extranjera.

  • El precedente histórico es claro: cuando Washington concluye que la corrupción sistémica bloquea la cooperación, activa instrumentos extraterritoriales.
  • Sanciones financieras, terminación de acuerdos comerciales, cancelaciones de visas, investigaciones en cortes federales y señalamientos públicos.
  • En ese punto, el problema deja de ser proseguir con el combate criminal, sin tregua; o se convierte en crisis diplomática de proporciones extraterritoriales.

Ahí reside el dilema para el gobierno de Sheinbaum: recuperar el control del relato mediante resultados estructurales palpables o permitir que otros dicten la agenda, aun cuando esa sea desde Washington o incluso desde Palenque; es decir, desde “la chingada”.

La forma no es fondo

La muerte de “El Mencho” puede ser presentada como victoria operativa. Pero la legitimidad del Estado no se mide por un objetivo abatido, sino por la capacidad de desmontar las redes de impunidad que lo protegieron y permitieron empoderarse hasta construir una red criminal que llegó a todos los continentes del Planeta..

  • Si no hay una purga institucional verificable —incluyendo posibles nexos políticos y financieros— el mensaje será que el Estado mexicano actuó por presión política – comercial, casualidad logística y no por real convicción estratégica.
  • El combate ya no es únicamente contra los cárteles. Es por la credibilidad del sistema político y la solidez de las instituciones republicanas, aquí es donde verdaderamente se está jugando el futuro de la Nación.

La pregunta sigue abierta: ¿fue un acto de soberanía… o una respuesta obligada?, lo cierto es que hay una oportunidad de oro para la Presidenta de cortarse el cordón umbilical, hasta donde tope: Ya que que como dijo el celebre: «estamos hasta la Madre de la persistente Corrupción y el falaz combate a la Impunidad!!

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