INCENDIOS FORESTALES libera MILLONES de TONELADAS de CO2

Las condiciones cada vez más cálidas, secas y vientos extremos podrían ampliar sustancialmente la superficie afectada por los incendios forestales en Europa

El de 2026 ha sido el verano en el que los incendios más se han cebado con España. El de Los Gallardos, en Almería, inició la sucesión. Ese fuego, declarado el 9 de julio, arrasó unas 7.000 hectáreas y costó 14 vidas. En Aragón, el incendio de Tamarite registrado en julio engulló 4.000 hectáreas, aunque ha sido después cuando la Comunidad ha vivido los fuegos más graves de su historia: el de Orés, con unas 15.400 hectáreas afectadas, y el de Las Peñas de Riglos, con casi 15.000. Castilla-La Mancha despide también este verano con un hito en la historia de sus incendios, el firmado en La Mierla, Guadalajara, que ha engullido 32.000 hectáreas. El megaincendio de Burgohondo, Ávila, el peor que se recuerda en Castilla y León, unido al de la sierra oeste de Madrid, ha calcinado casi 38.000. Y con el trauma de Almería aún vivo, Andalucía ha visto arder más de 33.000 hectáreas en Niebla, Huelva.

  • 43 grandes incendios forestales. Hasta la segunda quincena de agosto, casi 255.000 hectáreas de superficie forestal afectada, según el Miteco. De ellas, más de 127.000, de masa arbolada. Pero las hectáreas son sólo la primera unidad de medida; la verdadera dimensión del desastre aparece cuando, una vez apagado el fuego, se empieza a estudiar cuánto costará recuperar aquello que las llamas han destruido. Y más: la factura de los incendios no es el resultado de lo que cuesta apagarlos; es, también, la suma de todo lo que deja de producir el territorio afectado mientras se recupera.

Pero las pérdidas no se limitan al cultivo destruido. El fuego puede engullir también maquinaria, instalaciones, sistemas de riego, forraje o animales y, con ellos, la capacidad productiva de varias campañas. Asimismo, en la ganadería, la desaparición de pastos obliga también a recurrir a alimentación externa mientras se recuperan los terrenos. Por eso, el radio de influencia económico de los incendios es muy superior al meramente físico.

El precio de lo que no tiene precio

Un bosque no vale únicamente lo que pueda obtenerse por su madera. Una de sus funciones principales es la de almacenar carbono de forma natural. Y esa vertiente permite establecer la tercera factura de un incendio forestal. A partir de las estadísticas oficiales que ofrece el sistema Copernicus para los meses de julio y agosto en España, se avanza ya que el total de CO2 equivalente emitido por los grandes incendios estivales es de, aproximadamente, 11,6 millones de toneladas. Esta cifra supone cerca del 3% de las emisiones totales anuales de gases de efecto invernadero que la economía española arroja a la atmósfera y equivale a la contaminación que genera el sector de la aviación nacional durante casi un año.

Un bosque que desaparece deja también de absorber carbono. Y la misma lógica se aplica al suelo. Las llamas consumen también la cubierta vegetal que lo protege frente a las lluvias, aumenta la escorrentía y multiplica la erosión. Así, se pierde suelo fértil y se abre la puerta a la contaminación de las aguas. Porque un suelo desnudo y expuesto a una lluvia intensa que se mezcle con cenizas y sedimentos da inicio a una cadena capaz de trasladar el impacto de un incendio, tiempo después de haber sido extinguido, hasta un embalse o cualquier infraestructura hidráulica.

La lluvia como amenaza final

La factura ambiental de los incendios no termina cuando se apagan las llamas, y las lluvias torrenciales que han afectado en los últimos compases del verano al Mediterráneo han ofrecido un primer anticipo de lo que puede ocurrir. El verano se ha despedido con reventones húmedos que han firmado rachas de hasta 149 kilómetros por hora en localidades de la provincia de Valencia y precipitaciones de más de 276 litros por metro cuadrado en zonas de Tarragona.

  • La Agencia Estatal de Meteorología prevé unos meses de septiembre y octubre más cálidos de lo habitual y con tasas de precipitaciones superiores a lo normal concentradas en determinados días y no distribuidas de forma regular. Esta previsión se cruza con temperaturas marinas de récord en el Mediterráneo occidental y en el Cantábrico; en Dragonera, Baleares, el primero ha registrado la temperatura más alta de la serie histórica, por encima de los 33 grados, y el Cantábrico ha superado por primera vez los 28 años en Guipúzcoa.

El humo que no vemos

Los incendios ya no son un evento estacional aislado; son una crisis recurrente y global. Factores como el abandono rural y el cambio climático como acelerador, nos sitúan en un escenario de vulnerabilidad inédito al que no estamos preparados.

Los bosques son auténticos depósitos de vida, una pieza fundamental del conjunto de ecosistemas que forman nuestro territorio. Además de actuar como reserva de biosfera y fuente de recursos, cumplen otra función invisible, son enormes almacenes de carbono.

  • A lo largo de las décadas, la vegetación y el suelo absorben dióxido de carbono (CO2) de la atmósfera mediante la fotosíntesis, y lo fijan en forma de materia orgánica. Pero cuando el fuego devora el monte, ese equilibrio se rompe de manera drástica. En cuestión de horas, el carbono acumulado durante décadas se libera masivamente. Según un estudio de la Universidad de Lleida, se estima que las emisiones generadas en grandes incendios forestales oscilan entre 13,6 y 70,4 toneladas de CO2 equivalente por hectárea.
  • Según datos de la OMS, los incendios forestales en toda Europa han aumentado un 57 % en los últimos cuatro años. En el caso de España, contamos con una superficie forestal de 28,4 millones de ha, el 55,3% de todo nuestro territorio nacional.

En el año 2025, se registraron un total de 354.747 ha de superficie forestal quemadas por incendios (MITECO), lo que supone un aumento de más del 230% con respecto a la media anual del último decenio.

  • De esta forma, la proliferación de los incendios ha generado además un aumento en la liberación de GEI a la atmósfera. En este sentido, según datos del sistema GFAS (Global Fire Assimilation System) del CAMS, los incendios estivales del 2025 en la Unión Europea y Reino Unido emitieron unas 47,3 Mt de CO2 (cifra récord en 23 años). Sólo la Península Ibérica (España y Portugal), aportaron casi tres cuartas partes del total, con unas 35 MT de CO2

Además, el incendio no sólo genera un aumento de las emisiones, también reduce los sumideros naturales de carbono atmosférico. Una hectárea de bosque absorbe al año entre 3,5 y 6 toneladas de CO2 a través de la fotosíntesis y el crecimiento de la materia vegetal. La masa forestal de España supone un sumidero natural de carbono que almacena anualmente unas 50 Mt de CO2 (datos de 2024). Esta cifra se encuentra en descenso a causa de la pérdida por los incendios.

Para tener una perspectiva de la dimensión, el total de emisiones de GEI de España en el año 2024 es de aproximadamente 267,7 Mt de CO2e (MITECO). Nuestros bosques actualmente sólo son capaces de absorber el 18-20 % de lo que emitimos cada año, y esta cifra se encuentra en peligro de reducirse aún más.

La inacción en inversión y conservación no es neutra: dejar de cuidar el bosque, no invertir en mitigación y prevención de incendios, se traduce en más superficie quemada, más CO2 liberado y una menor capacidad de absorción futura. La falta de gestión preventiva tiene su propia huella de carbono.

Los incendios forestales podrían quemar hasta un 192% más de superficie en Europa

Las condiciones cada vez más cálidas, secas y vientos extremos podrían ampliar sustancialmente la superficie afectada por los incendios forestales en Europa, según las proyecciones de un estudio dirigido por el Instituto de Potsdam para la Investigación del Impacto Climático (PIK) y en el que también ha participado la Sociedad Senckenberg para la Investigación de la Naturaleza, ambas en Alemania.

  • En un escenario de bajas emisiones, los investigadores calculan que, a finales de siglo, se quemaría aproximadamente un 39 % más de superficie al año en comparación con la media actual.

Sin embargo, en un escenario de altas emisiones, el aumento sería de alrededor del 192%. Aunque la reducción de emisiones es fundamental para recudir los impactos de los incendios, los resultados también muestran que las mejoras en la prevención, la detección temprana y la extinción desempeñan un papel clave a la hora de reducir la superficie afectada.

Los países mediterráneos, como España, Italia y Grecia, seguirán afrontando un riesgo de incendios considerable y creciente, especialmente en las regiones montañosas y sus alrededores.

  • El estudio incorpora además un segundo enfoque, desarrollado por los investigadores de Senckenberg, para estimar cómo las medidas humanas de prevención, detección y extinción podrían influir en la evolución de los incendios en un contexto de temperaturas más elevadas.
  • Según las proyecciones, una mejora continuada de la gestión de los incendios podría reducir la superficie quemada en un 92 % en un escenario de calentamiento de 1,8 °C y en un 72 % si el aumento de la temperatura alcanza aproximadamente los 3,6 °C.

La publicación de estos resultados coincide con otra temporada de incendios forestales especialmente grave en Europa.

“Los incendios de Francia, España y Grecia muestran con qué rapidez unas condiciones meteorológicas de calor, sequedad y viento pueden poner al límite a los equipos de extinción y sus recursos”, señala Kirsten Thonicke, científica del PIK y coautora del estudio.

Según el Sistema Europeo de Información sobre Incendios Forestales (EFFIS), hasta el 12 de agosto de 2026 habían ardido alrededor de 550 000 hectáreas en la UE, una cifra que multiplica por aproximadamente 2,5 la superficie media quemada en los últimos 20 años en estas mismas fechas./PUNTOporPUNTO

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