Ayotzinapa deja mal parado a EPN

Los más importantes medios de comunicación internacionales han dado buena cuenta de lo que pasa en México ante la crisis de justicia que se vive por los hechos de Ayotzinapa y Tlatlaya.
Más de uno señala que es tal vez el peor momento de la administración del presidente Enrique Peña Nieto, y en su textos dudan que el mandatario pueda salir airoso del clima de extrema violencia que ha generado el narcotráfico.
Hace unas horas, el destacado analista Fulton T. Armstrong, especialista en asuntos de seguridad latinoamericanos y quien fuera Oficial Nacional de Inteligencia para América Latina del gobierno de Estados Unidos, emitió una de las críticas más realistas del momento que vive nuestro país.
Dijo que la desaparición y aparente asesinato de 43 estudiantes de Iguala, Guerrero, es un duro recordatorio al Presidente de que la reforma económica y el aumento de la inversión extranjera en el sector energético no son suficientes para ayudar al país a superar el flagelo de la violencia de los narcotraficantes.
Afirmó que es lamentable que la policía en Iguala y el alcalde de esa localidad tengan fuertes vínculos con el cártel de Guerreros Unidos, pero que es grave que ellos hayan entregado a los estudiantes al narcotráfico tras un enfrentamiento.
El especialista, quien también fue el responsable de América Latina en el Comité de Relaciones Exteriores del Senado de EU, resaltó los problemas de las autoridades federales para frenar la corrupción y los esfuerzos de Peña Nieto para erradicar la violencia en constante crecimiento.
Señaló que la nueva Gendarmería, que se puso en marcha en agosto pasado con cinco mil elementos de seguridad federales, fue un cuerpo de seguridad ridiculizado fuera de México como insuficiente y tardío.
Es más, añade Armstrong, el afán del gobierno mexicano de arrestar a grandes capos de la droga, no ha eliminado los sistemas de instrumentos subyacentes del tráfico de drogas. Los cárteles, dice, están intactos.
En su duro texto en inglés, recordó que durante la campaña presidencial en 2012, Peña Nieto prometió reducir la violencia, aunque sin obsesionarse con el problema como su predecesor Felipe Calderón.
Sin embargo, cree que tal vez sí debió obsesionarse, ya que su administración ignoró señales claras que han derivado en sucesos como los de Guerrero y resta importancia a otros lugares donde los cárteles están consolidando y ampliando su influencia con los gobiernos.
«El enfoque del Presidente sobre la reforma de la economía y la atracción de la inversión extranjera tiene un sentido estratégico, pero podrían afectarse en el mediano y largo plazo si continúan partes del país envueltas en la violencia».
El experto advierte que aunque hay mérito en la creación de cuerpos de seguridad, la premisa en el actual gobierno es ignorar que el cáncer de la corrupción tiene raíces profundas en todos los niveles que debe ser tratado a la brevedad.
El presidente y la sociedad mexicana —concluyó— parecen no estar a la altura de demostrar que pueden enfrentar el desafío que representa la violencia de los traficantes de droga.
PARA EL REGISTRO ¡Que paradoja! Tenemos asesinatos, o por lo menos un secuestro masivo; tenemos los autores intelectuales señalados; tenemos también a algunos autores materiales, algunos presos, pero oh, ¡no tenemos el cuerpo del delito! Por lo general cuando ocurre un asesinato típico, alguien llega y encuentra un cadáver y después se averigua quién privó de la vida a esa persona, pero en Ayotzinapa todo es al revés, hay 43 personas desvanecidas, otros culpables evadidos y no tenemos los cuerpos del delito. Insólito *** Alguien por ahí nos comentaba que dá miedo la semejanza del episodio de Ayotzinapa con algunos momentos de los hechos trágicos de Aguas Blancas, en los que también se interceptaron a manifestantes para que no llegaran a un lugar que no convenía al poder. La inconformidad crece, con justa razón, y mientras no se encuentre a los estudiantes, no cesará. Gracias. Hasta mañana.
 
 

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