La selfie de Guerrero

En toda licenciatura de periodismo los profesores inculcan hasta el cansancio sobre lo ético y no ético de la profesión, y sobre lo correcto y no correcto.
Una de las premisas que debe prevalecer en este sentido es aquella que dice que el periodista es la persona que hace preguntas y no da respuestas; que indaga, pero que no influye con sus actos o dichos sobre un hecho o personaje.
El periodista no solo es imparcial, sino invisible. Siempre debe mantenerse al margen, nunca aparecer y nunca intervenir sobre los acontecimientos de los que realiza cobertura. Esto aplica también a los fotógrafos y camarógrafos.
Dice el reconocido reportero Vicente Leñero que «el periodista es el que investiga, el que no tiene comentario alguno sobre los acontecimientos, y aunque tiene su propia visión, ideología y punto de vista sobre las cosas, su función siempre es de investigar, preguntar y averiguar, es permanecer un poco metido en los acontecimientos, pero a la vez al margen de ellos. Su función es informar y dejar a otros que comenten».
Por eso mismo no terminamos de entender los motivos por los que un grupo de compañeros reporteros, fotógrafos y camarógrafos en Guerrero decidieron tomarse una de las llamadas selfies durante los acontecimientos violentos.
Según lo informado, los colegas que cubren la nota roja en Chilpancingo se tomaron la clásica selfie en pleno incendio que provocaron los normalistas en el Palacio de Gobierno.
Periodistas y fotógrafos publicaron a través de las redes sociales la fotografía frente a la sede del gobierno de Guerrero la cual fue destrozada por los normalistas que exigen la destitución del gobernador del estado Ángel Aguirre Rivero.
No queremos hacer aquí un linchamiento sobre lo hecho por estos periodistas, porque de eso ya se encargaron las redes sociales acusándolos de insensibles, inconscientes y de burlarse de un hecho doloroso.
Solo les recordamos, por si no lo recordaban, que el viernes 26 de septiembre estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa se trasladaron a Iguala para realizar un boteo para la marcha del 2 de octubre. Cuando ya se retiraban del lugar, policías municipales dispararon contra los vehículos y en el lugar fallecieron dos normalistas. Los demás corrieron a protegerse.
Horas después, cuando daban declaraciones a la prensa, fueron atacados nuevamente por elementos de la policía municipal. Ahí detienen a 43 normalistas, a los cuales trasladan en camionetas y patrullas.
El equipo de futbol los Avispones de Chilpancingo también fue agredido, uno de sus jugadores falleció. El saldo de ese día fue de seis muertos y 16 heridos.
A 20 días de esta tragedia siguen desaparecidos 43 estudiantes, hay 22 policías de Iguala consignados, ocho integrantes del grupo Guerreros Unidos detenidos, 14 policías de Cocula también detenidos, y continúan prófugos el presidente municipal con licencia, José Luis Abarca, su esposa María de los Ángeles Pineda y el secretario de Seguridad Pública de Iguala, Felipe Flores Vázquez, presuntos culpables de los hechos.
El acontecimiento es tan grave, que ha conmocionado a la opinión pública nacional e internacional, y es un suceso trascendental para la vida de este país que seguramente marcará un antes y un después.
Las reacciones a la desaparición de los estudiantes han hecho tambalear el gobierno mismo de Ángel Aguirre Rivero, a quien se acusa de omiso ante la penetración del crimen organizado en las instituciones de gobierno.
No compañeros, no se trata de la nota roja que normalmente cubren, sino de un hecho trágico, y por más que le buscamos no encontramos motivos para sonreír ante este triste episodio.
No es bueno que los gobiernos estatales permitan la impunidad y que el crimen los corrompa; no es bueno que un narco-gobierno agreda a estudiantes y los desaparezca; no es bueno que se pretenda callar la voz de normalistas, pero sobre todo, no es bueno que los periodistas, olvidando el sufrimiento de los padres que desesperadamente buscan a sus hijos, tomen el escenario de conflicto y sonrían para la foto. No es ético, ni correcto.
PARA EL REGISTRO ¿Qué pasaría si en México se hubiera presentado el brote de ébola y no en Estados Unidos? ¿Cuál sería el protocolo de los estadounidenses con los vuelos procedentes de su vecino del sur? Los memes en las redes sociales se han dado el festín con esta conjetura, y piden al gobierno de México dar un trato a los vuelos procedentes de EU como el que padecieron los mexicanos en el brote de influenza de hace años. Ni hablar. Gracias. Hasta mañana.
 
 

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